Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo – Ciclo B

5 junio 2018

Reflexionando sobre Mark 14:12-16, 22-26

De vez en cuando me gusta hacer un inventario del cuerpo que Dios me dio, y en esta gran fiesta te recomiendo que hagas lo mismo. He decidido que por fin dejare de lamentarme por todos los estragos que causa la edad. Al inspeccionar lo que queda del cuerpo que Dios me dio (después de tomar en cuenta todas las cicatrices, que son considerables) me asombro de que tan bueno ha sido mi cuerpo conmigo.

Todavía poseo todas mis extremidades, dos de cada órgano que traen uno extra por si acaso, un corazón que funciona, pulmones, y aunque pierdo las llaves todavía me acuerdo para que son, así que estoy en buena forma. Puedo moverme de aquí para allá, y lo mejor de todo, atrapar a mis sobrinos y sobrinas y arrebatarles un abrazo y eso es para mí es mejor que poder correr cualquier maratón.

¿Y que tal tú? ¿Puedes llenarte con una actitud de gratitud por los ojos que ven, los oídos que oyen, los corazones que aman? De eso se trata esta fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo. Después que los romanos destruyeron su cuerpo, nuestro Dios, quien precisamente se dedica de sacar vida de la muerte, lo resucitó, y lo ascendió a la gloria.

Nosotros los que comemos de su cuerpo y bebemos de su sangre compartimos esta transfiguración durante nuestras vidas. Cierto, nuestros oídos empeoraran con la edad. Pero los oídos de nuestros corazones, con el tiempo, aprenderán a discernir las cosas que importan, las cosas que nos traen el bien y no el mal durante todos los días de nuestras vidas.

¿En qué maneras continua tu cuerpo sirviéndote bellamente? No te preocupes. El Cuerpo de Cristo dentro de ti hará más de lo que tu puedas pedir o imaginar.

 ¿Por cuáles madureces espirituales agradeces más hoy?

Kathy McGovern ©2018

Kathy McGovern © 2014-2015

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Solemnidad del Santísimo Espíritu Santo – Ciclo B

26 mayo 2018

Es la Solemnidad de la Santísima Trinidad, y una vez más es tiempo para reflexionar acerca del Poder de los Tres. Recientemente aprendí que el triangulo es la figura geométrica más poderosa del mundo. Cualquier fuerza que se le aplique es igualmente distribuida a los tres lados. Los puentes y los edificios que cargan mucho peso poseen elementos estructurales construidos sobre triángulos.

¿Qué no te recuerda eso a la Trinidad? El amor del Padre, la gracia y la paz del Hijo, y la fraternidad del Espíritu Santo son igualmente fuertes. Imagínate como sería vivir con solo dos de ellos, y no el tercero. Necesitamos cada “lado” de la Trinidad para fortalecernos cada día.

Los escritores de ficción saben que las historias más fuertes involucran tres personajes protagónicos para lograr una tensión descentrada, desnivelada.  Lo que El Viento se Llevo utilizó a Scarlet, Rhett, y Ashley Wilkes para lograr un contorno de tragedia griega. ¿Qué sería de Harry Potter sin Harry, Hermione, and Ron viajando juntos por Hogwarts?

Y luego hablemos de grupos musicales. Veamos. Tenemos a las Hermanas Andrews, los Hansons, el Trio Kingston y los Supremes. Apuesto a que a ti se te ocurrirán muchos más. (Me parece que ya hablamos de los Tres Tenores el año pasado.)

En las Olimpiadas se otorgan medallas en oro, plata y bronce. Cuando pensamos del futuro decimos que somos optimistas, pesimistas, o promedio. Nuestros niveles de dolor son altos, medianos y bajos. Los tres colores primarios son rojo, amarillo y azul. La harmonía más básica en la música  involucra la tercer nota en la escala.

El concepto de la Santísima Trinidad nos habla porque está en nuestro ADN (otros tres) aquí en el planeta tierra, el cual, por supuesto, es la tercer roca desde el sol.

¿Con cuál persona de la Trinidad te identificas más?

Kathy McGovern ©2018

 

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Domingo de Pentecostés – Ciclo B

22 mayo 2018

Reflexionando sobre Acts 2: 1-11

 Ven, Espíritu Santo.

Como un viento poderoso, ronda sobre Corea del Norte y los Estados Unidos.

Como lenguas de fuego, llueve

Sabiduría y Buen Consejo,

Entendimiento, y Fortaleza

Devoción, y, por supuesto, Temor de Dios.

 

Ven, Espíritu Santo.

Tal como lo hiciste en la creación,

Muévete sobre las aguas.

Aplaca lo volcanes y los terremotos,

Los huracanes y los tornados, Las lluvias violentas

Y las sequías mortales

 

Ven, Espíritu Santo.

Sana a los heridos de mente y de cuerpo.

Transforma nuestros corazones.

Transforma nuestras leyes.

Transforma nuestras vidas.

Renuévanos, Espíritu, haznos tus servidores.

Y después levántanos mientras renovamos la faz de la tierra.

 ¿En qué manera trabajas para servir al Espíritu Santo?

 

Kathy McGovern ©2018

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La Ascensión del Señor – Ciclo B

12 mayo 2018

Reflexionando sobre Acts 1: 1-11

Veamos, Iglesia. Es hora de hacer nuestra novena anual de Pentecostés. Tal vez ya comenzaste la tuya el jueves pasado (durante la Ascensión oficial, la cual la mayoría de nosotros ahora celebramos durante el domingo antes de Pentecostés). De cualquier modo, ahora nos toca entregarnos en cuerpo y alma a orar por las necesidades de nuestras familias, nuestras ciudades, nuestro país y nuestro mundo. Comencemos orando por nuestras madres, las que viven y las que ya han fallecido.

Hablando de las madres, recordemos como María y los discípulos realizaron la primer novena de Pentecostés. Ellos permanecieron en Jerusalén durante los ocho días entre la Ascensión y el día de Pentecostés, orando para que el Espíritu descendiera sobre ellos. Después de aquel evento, la fortaleza para perseverar en la oración fue concedida a todos nosotros. Cada año se nos presentan más y más oportunidades para asociarnos con el Espíritu Santo y renovar la faz de la tierra.

¿Por qué cosas estás rogándole al cielo durante esta novena? Yo tenía mi lista muy bien hecha, toda concerniendo los problemas domésticos de violencia de armas, asistencia para aquellos que sufren de enfermedades mentales, la cultura degradante que derrocha la sexualidad la cual conduce a embarazos no deseados y luego al aborto. Proseguía con la lista de enfermedades por las cuales imploro haya cura y eso me llevó a buscar en google “las peores enfermedades del mundo.” Esa resulto ser una búsqueda muy nefasta, pero te la recomiendo si tu lista resulta ser demasiado corta.

Existen abusos a los derechos humanos alrededor del mundo que imploran justicia y alivio. Esta solo es una lista para principiantes. Búscate un compañero de oración y golpeen las puertas del cielo. Ora por el Reino de Dios, y por la gracia de lograr que ese reino venga a nosotros.

¿Cuáles tres cosas encabezarán tu lista de oraciones durante esta novena de Pentecostés?

Kathy McGovern ©2018

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Sexto Domingo de Pascua – Ciclo B

7 mayo 2018

Reflexionando sobre I John 4: 7-10

¿Alguna vez has tenido que esforzarte mucho para amar a los que no son “amorosos” en tu vida? Probablemente sea más realista admitir que en algunos momentos, en ciertos días, cualquiera de nosotros somos pocos amorosos. Esta carta de Juan el día de hoy nos brinda la energía que necesitamos para tener gracia y paciencia en aquellas situaciones que pueden ser tan difíciles. Es tan fácil.

Piensa por tan solo un momentito en todas las maneras en las que Dios te ha amado. Cuando te sientas tentado a decir algo desagradable, solamente recuerda las miles de ocasiones cuando  las personas se portaron más amablemente contigo de lo que realmente te merecías. Cuando quieres evitar contacto visual con aquel hablador compulsivo, recuerda la paciencia interminable que aquellos que te amaban tuvieron contigo durante tu irritante adolescencia.

A veces la manera más rápida de refrescarnos la memoria acerca de cuanto Dios nos ama es simplemente mirar por la ventana. ¡Ay caramba! Fíjate como cambió tu calle de la noche a la mañana. Los arboles que ayer estaban desnudos de repente se llenan de brotes verdes. Las florecitas rosas y blancas decoran los árboles de manzanas. Las flores de la primavera comienzan a asomarse de entre la tierra, y toda la creación canta de gozo con la nueva vida. Oh, sí. El amor de Dios jamás pasará desapercibido.

Pues, tal como dice la carta de Juan, ¡no es que nosotros hayamos amado a Dios, sino que Dios nos amó a nosotros!   San Ignacio en sus Ejercicios Espirituales, nos aconseja pongan atención. ¡Observen a su alrededor! ¡Respiren! Respiren el amor de Dios que les rodea, en su esposo dormido, sus hijos saludables, su salud restaurada, su trabajo significativo. Solamente respira lleno de gratitud, y de ahí vendrá la fuerza que fluye para ayudarte a amar a los demás. Es fácil.

¿Qué es lo que inmediatamente te viene a la mente cuando recuerdas el amor que Dios tiene hacia ti?

Kathy McGovern ©2018

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Quinto Domingo de Pascua – Ciclo B

28 abril 2018

Reflexionando sobre Acts 9: 26-31

Mi amiga Joni tenía una placa que colgaba encima de su chimenea y que decía: Señor, gracias por todo lo que sé hoy. Y perdóname por todo lo que pensaba saber ayer. Me acuerdo de Saúl, heredero de ciudadanía romana y perfecto descendiente de linaje judío, el fariseo que era hijo de un fariseo, echando fuego por la boca mientras que marchaba convencido de su rectitud hacia Damasco para arrestar a cualquier cristiano que ahí viviese.

He aquí un tipo que sabia lo que era correcto y lo que era incorrecto, quien estaba dentro y fuera. No había ningún otro perseguidor de la nueva iglesia tan fiero como él. Y a pesar de esto, cuando lo rodeo un resplandor de luz desde el cielo y lo tiró al suelo, tuvo la gracia de preguntar. -¿Quien eres tú?- Y escucho, -Soy Jesús, a quien persigues.-

Y eso fue todo. Toda la historia se ladeo en ese momento cuando Saúl, el trilingüe judío defensor de la Ortodoxia, ese que se sentía tan cómodo en las grandes ciudades como en las tierras baldías ignoradas, no incorporadas y sin ley del extenso imperio romano, le preguntó a Jesús por su identidad. Pasó el resto de su vida en sinagogas y cortes de la ley, en mercados gentiles y prisiones desoladas, contándole a todo el mundo que iba conociendo acerca de esa identidad. No existen records de el evento, pero podemos sentirnos seguros de que hasta a sus ejecutores les predicó acerca de Jesús mientras que se preparaban para darle con la espada en la cabeza.

Él lo arriesgó todo para que nosotros pudiésemos conocer a Jesús. Gracias, San Pablo. Nos has mostrado como admitir que a veces estamos equivocados.

¿Qué ejemplo puedes dar de haber tenido la humildad para admitir que estabas equivocado?

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Cuarto Domingo de Pascua – Ciclo B

21 abril 2018

Reflexionando sobre John 10: 11-18

Tengo otras ovejas que no pertenecen a este redil. ¿A que no le asientan bien a tu alma estas palabras?  Recuerdo esas noches angustiosas de mi juventud, cuando oraba por todos aquellos alrededor del mundo que morirían esa noche e irían al infierno porque nunca nadie les hablo de Jesús. A pesar de tener solo diez años yo ya sabía en ese lugar profundo y cálido donde habitan la gracia y la verdad en nuestros corazones, que Dios es mucho más grande que eso.

El documento Pastoral del Vaticano II Gaudium et Spes (La Iglesia en el Mundo Moderno) le pone palabras a nuestras intuiciones acerca de quienes podrían ser las ovejas en los pastizales de Jesús.

Deberíamos creer que el Espíritu Santo en alguna forma que solo Dios conoce le ofrece a todo el mundo la oportunidad de asociarse con su misterio Pascual. (22)

En el sexto libro clásico de Alegoría Cristiana de C.S. Lewis Las Crónicas de Narnia: La Travesía del Explorador del Amanecer- Que libro tan hermoso, mi favorito de los siete- el odioso e insufrible primo Eustace tiene un encuentro aterrador con un dragón, y es salvado por un León. Inmediatamente se siente mal acerca de su comportamiento en el pasado, y le pide a sus primos Lucy y Edmond que lo perdonen, y que le cuenten más acerca de este León (El Cristo) ¿Ustedes lo conocen? Les pregunta Eustace.

Sí, le contesta Edmond. Yo lo conozco. Pero él me conoce mejor a mí. Ah! qué tan hermoso. Dios está cerca de nosotros y nos conoce mejor de lo que lo podamos conocer a Él. Pero existe, desafortunadamente, una advertencia: Aunque el Señor está en lo alto, se fija en el hombre humilde, y de lejos reconoce al orgulloso.(Salmo 138:6)

¿Qué haces para que Dios no te reconozca desde lejos?

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Tercer Domingo de Pascua – Ciclo B

14 abril 2018

Reflexionando sobre Luke 24: 35-48

¿Cómo es que no me había dado cuenta de que las dos primeras lecturas del evangelio que escuchamos en las liturgias dominicales de la temporada Pascual-El domingo de la Divina Misericordia y el de hoy, el tercer domingo de Pascua- ambas cuentan de cómo Jesús le pide a sus discípulos que toquen sus heridas? La sección de la semana pasada era de Juan y contaba como Tomás necesitaba tocar las heridas de Jesús para poder realmente creer que él había resucitado de entre los muertos. La sección de esta semana de Lucas nos relata la aparición de Jesús a los Once, y como ellos quedan pasmados cuando Jesús los invita a tocar sus heridas.

“Tóquenme para que vean,” les dice, “y entonces les mostró sus manos y sus pies.” Al leer ambas hoy, siento tanta ternura hacia Jesús, El Crucificado. Aun ahora, resucitado y glorificado, su humanidad es aparente. ¿Será posible que Jesús el Resucitado esta todavía tan enamorado de nuestra naturaleza humana que desea que sus amigos compartan lo terrible de su experiencia? ¿Será posible que él, tal como todo ser humano que ha vivido, necesite que sus seres queridos toquen su dolor y realmente comprendan lo que sufrió?

Como siempre sucede con Jesús, pone patas arriba nuestro entendimiento acerca del sufrimiento. Tal vez NO es santo mantener nuestras heridas escondidas para no perturbar a la gente. Tal vez lo más santo sería decir, cuando nos encontramos desconsolados, “Ayúdame. Estoy herido. Acabo de romperme el brazo.” Y, por supuesto, el clamor mucho menos socialmente aceptable, “Ayúdame. Estoy herido. Alguien acaba de romperme el corazón.”

¿Y qué otra cosa nos enseño Jesús ese día? Nuestros amigos confían mucho más en nosotros cuando estamos dispuestos a mostrarles nuestras heridas.

 ¿Cuáles heridas que has mantenido escondidas necesitarás sacar a la luz del día?

Kathy McGovern ©2018

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Domingo de la Divina Misericordia – Ciclo B

10 abril 2018

Reflexionando sobre John 20: 19-31

Si batallas para comprender la veracidad de la resurrección, considera dos cosas. Primeramente, después de la resurrección, todos los DOCE (excluyendo a Judas) viajaron a los rincones más recónditos del mundo, llenos de verdadera convicción de que habían visto al Señor Resucitado. Cada uno de ellos sabía perfectamente bien lo que le esperaba, y aun así todos decidieron ir. Tal era la fe de aquellos que miraron morir a Jesús, y vieron la tumba vacía, y experimentaron la Divina Misericordia. La fe de la Resurrección nos transforma a todos.

Y la segunda cosa es quizás igualmente convincente. En las primeras comunidades cristianas, aquellos que tenían propiedades o viviendas las vendían, y las ganancias eran distribuidas entre ellos según la necesidad de cada uno. Imagínate eso.  Esos primeros cristianos CREÍAN TANTO en la resurrección que vendían sus pertenencias y compartían todas las cosas en común, esmerándose en cuidar a los necesitados. La fe de la Resurrección no busca nada más que amar.

Si observas a las mujeres y a los hombres en las comunidades religiosas verás esta fe del primer siglo. Imagínate como sería trabajar toda la semana para después poner tu pago en un fondo común. Cada uno saca del fondo solo lo que necesita, aunque por supuesto algunos miembros necesitarán más que otros, y así es como sobrevives, cada día por el resto de tu vida. La fe de la Resurrección es más fuerte que la muerte.

Quizá por esta razón fue que Tomas debió poner sus manos en las heridas de Cristo. Ya se sospechaba, al ver el gozo y la fuerza de aquellos que lo habían visto a Él, que su vida por siempre sería transformada si él creía. El simple hecho de tocar Sus heridas fue su boleto de entrada de primera clase a la comunidad de los martirizados. A la fe de la Resurrección eso no le preocupa.

¿Qué experiencia de Divina Misericordia has tenido este año?

Kathy McGovern ©2018

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Domingo de Pascua – Ciclo B

31 marzo 2018

Reflexionando sobre John 20: 1-9

Probablemente esta será la Pascua más inquietante que he tenido. El clima está tan extraño. Las balaceras en las escuelas ahora suceden a un índice de una vez por semana, y tal parece, que nosotros tal como la rana en el agua, nos hemos estado ajustando, ajustando, hasta que de repente nos encontraremos atrapados en una olla hirviendo de la cual ya no habrá escape.

Si existe alguna imagen que me levante el animo en este momento es esta: María Magdalena CORRIÓ a contarles a los demás que Jesús ya no estaba en la tumba. Imagínatela. No sabemos que edad tenia ella.

Puede que fuese una adolescente. Y apuesto a que sí lo era.

Todos hemos visto imágenes de adolescentes corriendo,  huyendo para salvar la vida cuando hay ataques en sus escuelas. Los hemos visto salir de sus escondites, formados en línea con sus brazos en el hombro del estudiante de enfrente, mientras que los policías armados cuidadosamente buscan al tirador entre ellos.

Y, que Dios nos ampare, hemos visto a los aterrorizados y agradecidos padres, corriendo a encontrarse con ellos, los brazos abiertos para recibir a sus bebés, desbordados de alegría de que sus hijos están a salvo, abrumados de dolor por los padres que no fueron tan afortunados.

Esas son nuestras imágenes del Viernes Santo. Pero permite que esta imagen de Pascua trabaje en ti. María Magdalena CORRIÓ de la tumba. CORRIÓ a encontrar a Pedro. Y ella sigue CORRIENDO.

Esta chica que se quedo valientemente al pie de la cruz fue la primer testigo de la resurrección y está CORRIENDO lo más rápido que puede en dirección tuya, gritando, ¡La tumba está vacía! ¡Corre conmigo! ¡Corre para cambiar los corazones de los que no lo quieren ver! ¡CORRE para cambiar las mentes de aquellos que no hablarán por Él!

CORRAN, ustedes Los Alegres. CORRAN.

¿Estás dispuesto a CORRER para proclamar la resurrección?

Kathy McGovern ©2018

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