Decimo-Cuarto domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A

8 julio 2017

Reflexionando sobre Matthew 11: 25-30

Mi insignificante caminata de seis cuadras parece ser de seis millas cuando lo hago en la hora más caliente del día, que parece ser a todas horas.  Siempre comienzo tempranito en la mañana, con una chaqueta ligera y una botella de agua.  Después de tres cuadras ya traigo la chaqueta amarrada a la cintura, y para cuando llego a la casa la botella de agua parece pesar toneladas.

Mi fantasía siempre es la misma, que mi esposo me acompañe en su bicicleta y cargue la chaqueta y la botella, y finalmente me cargue a mí hasta la línea de meta.  De alguna manera siempre me las arreglo para terminar- este poco ejercicio que es- pero nunca lo he hecho sin desear que alguien viniera conmigo para hacerlo más fácil.

Que carga tan pesada llevaban los judíos en los tiempos de Jesús.  Trabajaban largas horas bajo el sol del desierto, y una gran porción de lo que ganaban iba directo a los romanos.  También se encontraban agobiados con las cargas de la ley mosaica, la cual había sido recibida con mucho gozo siglos antes en el Monte Sinaí, pero ahora se había convertido en imposible de cumplir por causa de todos los cientos de adiciones y legalidades que se le fueron agregando con el paso del tiempo.

Qué alivio tan enorme fue el evangelio para los discípulos, y para todos aquellos de nosotros que llevamos cargando demasiadas cosas encima.  En el calor del verano es mejor viajar a lo ligero, y no hay nada más ligero que el yugo del perdón y el amor incondicional que Jesús quiere poner en nuestros hombros, mientras que remueve el peso del remordimiento y el arrepentimiento.

¿Estás agobiado por llevar una carga muy pesada y ruegas a Dios que te dé alivio?  Yo oro para que el Cuerpo de Cristo esté de camino hacia ti, justo a la vuelta de la esquina, listo para cargarte, a ti y a todas tus cosas, para cruzar la línea de meta.

¿Cómo ayudas a aquellos que llevan grandes pesos encima a llevar sus cargas?

Kathy McGovern ©2017

Kathy McGovern © 2014-2015

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Decimo-Tercer domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A

1 julio 2017

Reflexionando sobre 2 Kings 4: 8-11, 14-16a

¿Podré hacer algo por ella?  Me encanta esto.  Elíseo visita a esta familia tan a menudo que la “mujer de influencia” (también esto me encanta) arregla un cuarto para él en la azotea, con una cama y una mesa, y apuesto a que también una fruta y un panecito para la mañana.

Elíseo, quien es muy bien conocido, y tal vez, está un tanto acostumbrado a estas delicadezas, ve a esta mujer bondadosa tal por lo que es- llena de gracia, atenta, trabajadora- y se pregunta si hay algo que podrá hacer por ella.

¿Alguna vez te ha sorprendido la bondad de alguien que te vio por lo que eres, y realmente comprendió el esfuerzo que tú haces por mantener a los demás cómodos?  Tanto de lo que hacemos en la vida es invisible a todos menos a Dios.  Esa atención extra que el ingeniero pone en construir ese puente para que no solamente sea adecuado, sino realmente seguro, me viene a la mente.  Nadie se fija en la manera en que él revisa tres veces las cosas para que estén bien, pero la vida es mejor porque él lo hace.

Yo tengo un oncólogo quien es meticuloso, tan amoroso en el cuidado que les da a sus pacientes que bromeo con él y le digo que tal vez después de salvar mi vida también puede cambiarle el aceite a mi auto.  ¿Qué podré hacer por él?   Siempre me pregunto.

Me encantan las personas en este mundo que ven a otras personas luchando contra alguna enfermedad mental y dicen, “¿Podremos hacer algo por ella?”  En muchas parroquias existe un puesto en el personal que se dedica a fijarse en las necesidades de las personas que están confinados en casa, los inmigrantes, las familias jóvenes que batallan para ajustarse a la vida con un nuevo bebe en casa, y se preguntan, “¿Podremos hacer algo por ellos?”

¿Y tú qué?  ¿Podremos hacer algo por ti?  Dios quiere saber.  Todos queremos saber.

¿Alguna vez te has fijado en alguien, y has actuado inmediatamente para ayudarles?

¡FELIZ DIA DE LA INDEPENDENCIA A TODOS!  QUE DIOS BENDIGA A ESTADOS UNIDOS

Kathy McGovern ©2017

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Décimo-Segundo domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A

28 junio 2017

Reflexionando sobre Jeremías 20: 10-13

Oh, Jeremías.  Usualmente te comprendemos.  Te oyes justo como nosotros nos oíamos cuando teníamos más o menos quince años.  En ese entonces sabíamos que cada una de nuestras palabras, cada comportamiento, estaba siendo juzgado por nuestros “amigos” y usado como tema de conversación en la fiesta de piyamas a la que no fuimos invitados.  Como duelen los recuerdos todavía.

Tú eras un hombre joven, tal vez hasta un adolecente, cuando escribiste, “Todos los que eran mis amigos ahora están buscando una mancha en mí.”  Resulta que no eras un paranoico.  Tus amigos ESTABAN hablando de ti a tus espadas.  Ellos hablaban de tus advertencias proféticas acerca de la destrucción de Jerusalén, y hablaban del pasado recordando como SIEMPRE estuviste adicto al drama, SIEMPRE te preocupabas demasiado, SIEMPRE buscabas toda la atención.

Sí, tú tenías razón y ellos estaban equivocados.  Y tu oración- tan llena de la dolencia de una persona joven- fue contestada.  Ellos murieron, y tú viviste.  Pero apuesto a que, el ver a tus amigos ser torturados y asesinados, o tomados en cautiverio, no fue tan placentero como tú creías que lo sería.  Apuesto a que le rogaste a Nabucodonosor que los liberara.  ¿Pero él no era el tipo razonable que habías esperado que fuese, o sí?

Probablemente no habías escuchado todavía el salmo responsorial de hoy, ya que ese salmo no tomaría su forma final hasta que no regresasen a Jerusalén  los nietos de aquellos que fueron sacados a la fuerza ese día.  Déjame te lo recuerdo ahora: El Señor escucha a los pobres, a aquellos que son suyos él no los olvida. (69:33).

Es una bendición ser pequeño.  Es una bendición ser humilde.  Ese tipo de pobreza nos pone directamente en el centro del corazón de Dios.  Que suertudo eres tú.

¿Qué recuerdos tienes del gran amor de Dios durante algún tiempo donde te estaba haciendo humilde?

Kathy McGovern ©2017 

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La Solemnidad del Santisimo Cuerpo y Sangre de Cristo – Ciclo A

17 junio 2017

Reflexionando sobre John 6: 51-58

La historia que me contó mi amigo John de cuando iba a los juegos de futbol americano con su papá me viene a la mente cada año durante este día de fiesta.  “Nunca dejaré de comprar mis boletos de temporada.  Voy a todos los juegos.  Es el lugar donde mi papá y yo tenemos nuestras mejores conversaciones.”

Su papá falleció hace treinta años.  Cuando John estaba chico, él y su papá disfrutaban todos los rituales del Día del Juego- la misa, el desayuno, conducir hacia el estadio, encender el asador, hamburguesas, y futbol americano.  Conversaban, y comían, y compartían los triunfos y las humillaciones del juego.  Y la siguiente semana, si el equipo estaba en casa, lo hacían todo de nuevo.

John sufrió muchísimo cuando su papá falleció en la primavera de 1990.  Él era su mejor amigo.  Habían construido tantos recuerdos.  Nunca más lo volvería a ver.

Excepto, por supuesto, los domingos por la tarde, en el sol y el viento y el frio, y en los hot dogs y la cerveza, y en las porras y en los abucheos, y en los recuerdos que son tan reales que John siente que su papá está allí al lado de él durante cada juego.  Él va a ver a su papa, para realmente sentir su presencia.

Existen muchas cosas que activan nuestros sentidos y nos pueden transportar.  Piensa en el humo de una pipa.  ¿Puedes olerlo?  Yo sí puedo, y de repente mi abuelito está conmigo.  Una canción de los Beach Boys en un día de verano puede traernos a nuestros amigos de la infancia hasta donde estemos.  Estas señales hacen que el Pasado esté realmente en el Presente.

Como católicos, nosotros entendemos eso.  Cada domingo nos ponemos en la actitud de Recordar a Aquel que nos amó hasta su muerte.  En la Eucaristía el Pasado Amado se convierte en una Presencia Real.  Esta es la fiesta que nos dice quienes somos.

¿Cuáles experiencias sensoriales te traen al pasado de vuelta?

Kathy McGovern ©2017

 

Kathy McGovern © 2014-2015

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Solemnidad de la Santisima Trinidad – Ciclo A

12 junio 2017

Reflexionando sobre 2 Cor. 13: 11-13

 Realmente fue un golpecito pequeño en la defensa del auto.  Yo iba en la rampa para  entrar a la autopista, y pues como que dudé.  (En este momento estarás pensando en como detestas  cuando los otros conductores dan toda indicación de que van a arrancar y no lo hacen.)

Y que me pega por atrás.  Furioso, salió de su camioneta y se vino corriendo hacia mi auto, gritando lleno de frustración.  Unas cuantas palabrotas después se puso a hablar por teléfono, llamándole a la policía.

Entonces le pregunte a quien pensaba que le iban a dar la multa.  “Ya lo sé,” me dijo.  “Me la van a dar a mí porque yo te pegué por atrás.”  Como ninguno de nuestros autos fue dañado, le pregunté si no podría llamarles otra vez y decirles que ya habíamos arreglado las cosas entre nosotros y que continuaríamos nuestros caminos para no seguir obstruyendo la rampa.  “No,” me dijo, ya mucho más calmado, “es la ley.  Necesito reportar esto.”

Mientras que el oficial obtenía nuestra información le pregunté- para ahora ya nos hablábamos por nuestros nombres de pila- si podría decirle al oficial que yo no quería que le dieran multa ya que iba TAN DESPACIO que ninguno de los dos sufrimos daño ni fuimos lastimados cuando me pegó.  “¿Harías eso?” me preguntó.

Fue tan fácil.  El oficial estuvo de acuerdo que había sido tan pequeño el incidente que no se requería de una multa.  Y el tipo que estaba gritando hacía un rato me dijo, “Kathy, lo siento.” Y dos extraños se abrazaron en la rampa y siguieron sus caminos para tener, ciertamente, un muy lindo día.

Pónganse de acuerdo unos con otros.  Vivan en paz.  Y el Dios del amor y de la paz estará con ustedes.

¿Qué oportunidades aprovechaste esta semana para traer paz a tu mundo?

 

Kathy McGovern ©2017

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Secuencia de Pentecostés 2017 – Ciclo A

5 junio 2017

Reflexionando sobre Acts 2: 1-11

Al principio no les entendíamos para nada.

¿Qué eran estas declaraciones-

estas lenguas habladas salidas de sus labios,

Hacia la calle

Hacia el mundo?

 

Mas con el tiempo, nuestros oídos tapados se abrieron.

Vimos como los enemigos se hablaban entre ellos

Y aquellos que estaban enemistados

Unían sus manos en amistad.

 

Vimos como se construyeron hospitales, y los enfermos sanaron.

Y vimos a Francisco y Clara, Vicente y Luisa,

Francisco de Sales y Juana de Chantal,

Benedicto y Domingo e Ignacio, Catalina y Juana e Isabel

A Los Juanes contemplativos y a las poderosas Teresas,

 

¡Y a nosotros mismos – sí, a nosotros mismos!- Perdonando Radicalmente

Escuchando Radicalmente

Comprendiendo Radicalmente

A aquellos que no ven las cosas como las vemos nosotros.

 

Y así, con un viento poderoso, un nuevo cielo y una nueva tierra comenzaron a tomar forma.

Y desde entonces no existen lenguajes “extranjeros”.

Y desde entonces todos hablamos un solo lenguaje

El lenguaje del Espíritu Santo

El primer lenguaje, el único lenguaje

El lenguaje del Amor.

 

 

Kathy McGovern ©2017

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La Solemnidad de la Ascensión – Ciclo A

28 mayo 2017

Reflexionando sobre Acts 1: 12-14

Se me vino un pensamiento muy audaz a la cabeza el otro día.  ¿Qué si el Espíritu Santo puede hacer cosas maravillosas y asombrosas en nuestras vidas, sin que ni siquiera tengamos que hacer oración para pedírselas?  A veces me pregunto si el fuerte instinto católico de trabajar por la justicia y la paz nos mantiene en un estado de alerta 24 horas del día 7 días por semana.   Estoy consciente de que se me olvida que el Espíritu Santo sigue realizando milagros que no tienen nada que ver con mis esfuerzos.  Claro.

Sabes, no es como si hubiésemos hecho tantas obras buenas que Dios decidió regalarnos este maravilloso mundo como recompensa.  Antes de que cualquier humano tuviese vida, el Espíritu se movía sobre las aguas.  El Espíritu estaba allí al principio del principio, realizando el milagro de la vida, y los ríos y las montañas, y el sol y la luna, y por supuesto, nosotros  Y fue la gloriosa iniciativa de Dios de trabajar en concierto intimo con María lo que trajo al Salvador a este mundo.  El Espíritu Santo vino sobre ella, y no tuvo que ver con ninguna buena obra que alguien hubiese hecho.  Fue el poder grandioso de Dios, y el “sí” de la Santa Madre, lo que nos salvó.

Pienso acerca de estas cosas en esta semana antes de Pentecostés.  ¿Qué si Dios está realizando un milagro en tu vida ahora mismo?  ¿Qué si el Espíritu Santo está sanando de la adicción a un ser querido, o salvando un matrimonio, o atrayendo a un hijo adulto de regreso al consuelo de la Iglesia?  ¿Qué si Dios esta contestando las oraciones que ya hacían abandonadas y que habías dado por perdidas porque decidiste que la respuesta de Dios era un “no”?  La Palabra “Espíritu” significa “aliento.”   Te reto a que tomes nota de lo que Dios está haciendo en tu vida.  Te va a dejar sin aliento.

Piensa en este ultimo año.

¿Qué ha hecho el Espíritu en ti que tal vez no has notado todavía?

 

Kathy McGovern ©2017

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Sexto Domingo De Pascua

22 mayo 2017

Reflexionando sobre Acts 8:5-8, 14-17

Mi muy estimado nuevo cristiano,

Te vi la semana pasada en misa. ¿Cómo no reconocerte?  Tenias ese porte de gozo y profunda paz que viene de Jesús.  Hace un mes, en la Vigilia Pascual, entraste, con lagrimas resbalándote por las mejillas, directamente a la fuente bautismal, hiciste tus promesas bautismales, recibiste agua, aceite, y luz, tu rostro reflejaba la profunda serenidad que trae el haber buscado y encontrado a El que te ama más allá de lo que las palabras pueden expresar.

¡Este proceso de recibir al Espíritu Santo es intenso!  Y tú también eres intenso.  Todos nos fijamos en la manera en la que escuchas las escrituras-especialmente estas escrituras de Pascua, que se tratan completamente de TI y del amor que los primeros discípulos tenían por aquellos que por primera vez oían acerca de Jesús, y de que fue crucificado (1 Cor. 2:2), y que resucito (Mat 28:6), y que vive radiantemente en aquellos que creen (Hechos 8:17).

Pero debo preguntarte, simplemente porque este mundo no da la paz que yo veo en tu rostro: “¿Cómo ha cambiado tu vida desde que fuiste bautizado hace un mes?”

“Maravilloso.  Estamos tan felices.  Fuimos bautizados juntos, toda nuestra familia.  Y ahora recibimos la Comunión juntos.  Nos sentimos tan bendecidos.”

Para aquellos de nosotros a los que nuestros padres llevaron al frente como bebes, y que crecimos en la iglesia, este es el tiempo de agradecer.  Nosotros no tuvimos que luchar para obtener lo que nuestros nuevos cristianos han finalmente recibido.

¿Tenemos el mismo gozo de los que han sido recientemente bautizados?  El versículo de la primera lectura de Pedro de hoy debe ser nuestro: Siempre estén listos para dar una explicación a cualquier que les pregunte cual es la razón de su esperanza (3:15).

Cómo estás cooperando con la gracia para estar lleno del Espíritu Santo?

Kathy McGovern ©2017 www.lahistoriayusted.com

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Quinto Domingo De Pascua – Ciclo A

15 mayo 2017

Reflexionando sobre John 14:6

Si me vez conduciendo en estos días probablemente comenzarás a preocuparte por mi salud mental.  Es porque estoy escuchando la tercera y más chistosa novela de Charles Dickens, La Vida y las Aventuras de Nicholas Nickleby.  Hay partes de este libro que son tan graciosas que me rio a carcajadas, yo solita en el auto.

Hay en el libro, por supuesto, adultos crueles que oprimen a niños huérfanos e inocentes.  Pero, ay, que tan geniales son los adultos del libro que modelan las palabras de Jesús en el evangelio de hoy: “Quien cree en mi hará las obras que yo hago.”

En un mundo de avaros y grasosos psicópatas que acechan las calles de Londres, conocemos a los hermanos Cheeryble, un par de hombres de negocio millonarios de edad media quienes viven todos los dones del Espíritu Santo, y dedican su vida alegremente a llevar a cabo los actos corporales de misericordia.

Es tan sanador observar su bondad y consideración el uno para el otro.  Estos dos hermanos se aman el uno al otro.  Les desborda la gratitud por su visión de negocios, la cual les ha creado una fortuna que se deleitan en compartir con cualquiera que se cruce en su camino.

Por alguna razón todavía se sorprenden de que cualquier niño fuese lastimado en su amada ciudad.  Ninguna persona con hambre era recibida con algo más que la más cálida amistad.  Se puede encontrar empleos, se puede encontrar un departamento, se puede encontrar comida y chimeneas y ropa nueva.

Dickens nos permite imaginarnos un mundo donde todos se comportan con un amor increíble y apasionado, haciendo las obras que Jesús hizo.  Los dos hermanos presagian, yo sospecho, a su posterior e inmortal personaje Ebenezer Scrooge, quien despierta justo a tiempo para darse cuenta de que la humanidad si se suponía ser de su incumbencia.  También es de nuestra incumbencia, por supuesto.  ¿Cómo le va con su incumbencia?

En esta temporada de Pascua, ¿Cómo estás haciendo las obras que Jesús hizo?

Kathy McGovern ©2017

Kathy McGovern © 2014-2015

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Cuarto Domingo De Pascua – Ciclo A

7 mayo 2017

Reflexionando sobre Jn. 10:1-10

He venido a que tengan vida, y que la tengan en abundancia.  ¿Quién puede resistirse a El que nos promete esto a cada uno de nosotros?  Yo no puedo.  Nunca he podido resistirme a Jesús, y esta gracia me ha traído solo bendiciones cada día de mi vida.

Imagínate a Jesús, usando el lenguaje de la crianza de ovejas, tratando de atraer a los Fariseos a esta vida nueva que es su herencia.  Les recuerda de la puerta en el redil, y como las ovejas no entraran hasta que el portero les abra.  Los Fariseos solo se le quedan viendo.  Bueno, les dice, tratemos con esto:  las ovejas solamente seguirán al buen pastor.  Ellas solo conocen la voz del pastor que realmente se interesa por su bienestar, y no seguirán a los ladrones y bandidos.  Los Fariseos ponen mirada de bobos.  Simplemente no comprenden nada de esto.

MIREN, les dice Jesús impacientado.  YO SOY LA PUERTA DEL REDIL, SU ESPERANZA, SU SEGURIDAD, SU PAZ.  No se los puede decir más claramente que eso.  ¿Pero como puede ser él el tan esperado Mesías cuando no tiene ejercito, ni generales a quienes mandar, cuando rompe la ley del día de descanso, cuando dejo libre a esa adultera, y cuando come y bebe con pecadores?

Oh, les dice Jesús, si tan solo escucharán hoy mi voz.  Les estoy llamando- es a TI a quien le esta hablando, por cierto.  Cava hondo.  Escucha con todo tu corazón.  Desconéctate de todo el clamor de esta cultura que mata nuestras almas.  Si me buscas, dice Jesús, me encontrarás.  Si me buscas con todo tu corazón me dejaré encontrar por ti.

¿Vida en abundancia?  O, sí.  Llámanos por nuestro nombre, Buen Pastor.  Te oímos fuerte y claro.

¿En que maneras estás sintonizándote a la voz de Jesús?

Kathy McGovern ©2017

 

Kathy McGovern © 2014-2015

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