Tiempo Ordinario – Ciclo A

Vigésimo-Cuarto Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A

16 septiembre 2017

Reflexionando sobre Matthew 18: 21-35

Los padres saben muy bien de lo que se trata la historia del deudor que no quería perdonar a su propio deudor.  ¿Cuántos millares de veces han perdonado los papás y las mamás a su hija antes de que ella salga de la preparatoria porque el amor los hace comprenderla y darle una segunda oportunidad?  Pero deja que se les pase ir a uno de sus juegos de futbol y ella no los perdonará por décadas.  Esas son las matemáticas extrañas de los hijos y los padres, las cuales dan un circulo total cuando los hijos tienen hijos propios.  Y esa es la misma matemática extraña de las escrituras de hoy.

El deudor del rey le debe diez mil talentos, lo cual equivale a 6 billones de dólares hoy en día.  Y el deudor del deudor le debe una millonésima de eso- lo que sea que equivalga.  Tú deberás hacer las cuentas, yo no puedo, pero sea lo que sea, él no se lo perdonará y manda al deudor a la cárcel.  Que coraje.

Una amiga me compartió esta historia hace muchas décadas, y nunca la he olvidado.  Su hijo e hija, siempre mejores amigos, por alguna razón habían tenido un desacuerdo y no se habían hablado por un mes.  Por algo que hizo su hijo, su hija anunció que jamás lo perdonaría porque le había mentido.  La respuesta de mi amiga no tiene precio:

¿En serio?  A mi me ha mentido cada miembro de la familia en algún momento a través de los años, y todavía me ves aquí, haciéndoles la cena y llevándolos a todos lados.  Te he perdonado a ti y a tu hermano al menos mil veces.  ¿Qué yo soy la única aquí que sabe perdonar?

Que metáfora para el amor de Dios, el cual nos regala nuevas misericordias cada mañana.  Perdona a alguien hoy.  Haz que tu mama se sienta orgullosa de ti.

¿En que maneras estás consciente de que has sido perdonado por otros?

Kathy McGovern ©2017

Kathy McGovern © 2014-2015

Vigésimo-Tercer Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A

13 septiembre 2017

Reflexionando sobre Matthew 18: 15-20

Es una idea apestosa del todo, ¿qué no?  Si me siento lastimada porque mi amiga fue a tomarse un cafecito con otra amiga nuestra y no me invitaron, ¿Se supone que tengo que ir a decirle, como una bebe llorona, “Lastimaste mis sentimientos”?   Prefiero hacer cualquier otra cosa.

De hecho, HARE cualquier otra cosa.  Me comportaré distante y fría con ella la próxima vez que la vea.  Y  sí, probablemente le diré a alguna otra amiga algo así: “Algunas amigas son menos leales que otras.”  Entonces tendré que contarle de cómo mi amiga me invito a tomar un café y después me canceló para irse con otra amiga.

¿Te fijaste en lo que sucedió aquí?  Una pequeña, entendible reunión entre dos amigas se convirtió en un motivo de dolor- y digámoslo como es- una ultra sensible tercera amiga, quien intensifico la situación al imponer una confusa distancia emocional y, finalmente, contar una mentirota acerca de la ofensa original.

¿Hay alguien que realmente ha intentado hacer lo que dice el evangelio que hagamos cuando se trata de resolver un conflicto entre amigos?  Imagínate esto: voy con mi amiga y le digo, “No puedo creer que a mi edad todavía pueda sentirme celosa acerca de estas cosas, pero realmente me sentí lastimada cuando te reuniste con____ y no me incluiste.”  Entonces ella probablemente diga, “!No!  ¿De verdad?  Me siento terrible.  No había visto a ____ desde que falleció su papá y quería tener una oportunidad de ponernos al corriente.  Me encanta pasar tiempo contigo.  ¿Podemos ponernos de acuerdo para reunirnos?”

Te apuesto lo que quieras que una conversación que al principio parece apestosa termina siendo adorable.  Y nadie tiene que terminar en el juzgado ni nada parecido.  Recordemos este ejemplo conforme se acercan los días festivos de estar con la familia.

¿Alguna vez te has acercado a un amigo pacíficamente para hablarle de algo que te haga sentir mal?

Kathy McGovern ©2017

Kathy McGovern © 2014-2015

Vigésimo Segundo Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo A

2 septiembre 2017

Reflexionando sobre Matthew 16: 21-27

Recuerdo exactamente donde estaba el día que me di cuenta de que aquellos que dan su vida al servicio del evangelio no viven en una burbuja mágica de seguridad (como Pedro pudo haber imaginado que Jesús lo hizo). Estaba de pie en el campus de la Universidad de Notre Dame, dentro del campo magnético de la Cúpula de Oro y el Tocar a Jesús, hablando con mi brillante mentora Barbara Budde (ahora directora de la Oficina de Preocupaciones Sociales de la diócesis de Austin, Tx) .

Mirando hacia atrás, no puedo creer que todavía estaba sosteniendo la esperanza de que las cosas malas nunca le pasaría a la gente buena. De alguna manera había visitado la Casa de Ana Frank en Amsterdam, y el campo de concentración de Dachau en Alemania, y nunca comprendí plenamente que el mal puede tocar a la gente más inocente. Pero cuando las cuatro mujeres de la iglesia norteamericanas fueron violadas y asesinadas en El Salvador el 2 de diciembre de 1980, el último clavo fue clavado en el ataúd de mis deseos.

-Estas mujeres estaban con los más pobres de los pobres -dije-. Su respuesta aún me enfurece: “Y fueron horriblemente asesinados por ello”.

Sospecho que Peter estaba empezando a salir de su pensamiento mágico también. Herodes había matado a Juan el Bautista, y ahora Jesús estaba profetizando su propia tortura y muerte. ¡Pero Jesús era el Hijo de Dios! ¿No le daría cierta amnistía desde la cruz?

Pobre Pedro. Vería a su Señor crucificado. ¡Pero también lo vería levantado! Tanto tiempo pasó en el corazón de Pedro entre aquel día y aquel, treinta años más tarde, cuando él mismo fue estirado boca abajo en la cruz de Nerón.

¿De qué manera fortalece el valeroso martirio de Pedro?

Kathy McGovern © 2017

Kathy McGovern © 2014-2015

Vigésimo-Primer Domingo De Tiempo Ordinario – Ciclo A

29 agosto 2017

Reflexionando sobre Matthew 16: 13-20

Que bueno que Jesús no les dio las llaves del reino.  Solo Dios sabe por donde las hubieran dejado.  De hecho, si de casualidad te encuentras un llavero con un corazón rojo que tiene grabado The Story and You  ¿Me dejas saber por correo electrónico?  Lo he buscado por todos lados.

Aunque no hablaba literalmente cuando le dio las llaves a Pedro, Jesús estaba usando el lenguaje del hogar, la familia.  Aquí están las llaves de la casa, le dijo a Pedro.  Cuídala de los ladrones y de los saqueadores. 

Mantenla abierta a todos los que me busquen.  Mantenla limpia, y deja que circulen bastante aire fresco y luz solar.  Y mantén las luces encendidas, por favor.  Jamás permitas que mi Iglesia sea un lugar de oscuridad.

Vivimos en un tiempo cuando las luces, literalmente, se están apagando en muchas iglesias por todo el mundo.  En lugares de persecución, como Iraq y Siria, los cristianos han huido en cantidades históricas.  En 1999, yo estaba con un grupo de peregrinos que visitaban a una familia cristiana en Belén quienes tenían un negocio de cantería (albañiles de piedra) que operaban desde-imagínate esto- los tiempos de Jesús.

Habían vivió en el mismo vecindario desde el tiempo de Cristo.  Cinco años después regresamos a visitarlos.  Ya no estaban.

Por otro lado, en las comunidades prosperas del oeste, el evangelio parece estar perdiendo su poder de atraer a la gente a los edificios de las iglesias.  Pero he aquí el detalle: el edificio no es la iglesia.  La Iglesia es el edificio.  Y necesitamos estar los unos con los otros- para cantar, y orar, y oír las escrituras, y ser restaurados por la Eucaristía- para así poder construir el reino del cual las llaves jamás estarán perdidas.

¿En que maneras estás ayudando a “mantener las luces encendidas” en tu parroquia?

Kathy McGovern ©2017

Kathy McGovern © 2014-2015

Vigésimo Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A

20 agosto 2017

Reflexionando sobre Matthew 15:21-28

Ella es como una Mamá Oso, esta mujer.  No sabe ni pizca acerca de Moisés o de los profetas.  Pero sí sabe que su hija está siendo atormentada por un demonio,  y que Jesús tiene la habilidad de sanarla.  ¿Tú crees que el cielo o el infierno impedirán que ella logre su propósito?  ¿Impedirán que tú logres tu propósito, si tu hija está desesperadamente enferma y Jesús va pasando por ahí?  No lo creo.

Lo chistoso es que, Jesús es también una Mamá Oso.  Tan ferozmente como ella ama a su hija, Jesús todavía le ama más.  ¿Crees tú que el infierno o el cielo evitarán que la cure?  Jamás de los jamases.

Pero a veces él utiliza una situación para enseñarle a los presentes- por ejemplo, a esos discípulos que le exigían que se deshiciera de esa madre fastidiosa- una que otra cosa acerca de la fe.  Es tan fascinante que sus amigos más cercanos, esos que habian soportado tanto a su lado, todavía no entendieran que su poder y su gracia son para TODOS los que crean.  De alguna manera, después de todo este tiempo, ellos todavía querían que la salvación fuese solamente para los judíos.

Así que Jesús se apodera de este momento para enseñarles una lección y permite que esta mujer llena de fe, esta marginada, tome el papel principal y sostenga con él un diálogo que va dirigido para nada a él, sino a los discípulos.  Él sabe algunas cosas acerca del amor de una madre.   ¡Miren quien es su mamá!  Él le permite a ella “enseñarle” a él- y a todos los que estaban escuchando- acerca del amor misericordioso de Dios para TODA la gente.

Me encanta imaginar a los discípulos sorprendidos.  Pero más que eso me encanta imaginar a la madre y a Jesús, y al abrazo de oso que se deben de haber dado después de que el demonio abandonó a su hija.

¿De qué maneras has sido una “Mamá Oso” cuando has orado a Jesús por tus seres queridos?

Kathy McGovern ©2017

Kathy McGovern © 2014-2015

Decimo-Noveno Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A

20 agosto 2017

Reflexionando sobre Matthew 14: 22-33  

Se me ocurre algo.  ¿Qué tal si la verdadera razón por la cual Pedro saltó al agua hacia los brazos de Jesús no fue por haber tenido el suficiente valor para hacerlo, sino porque tuvo demasiado miedo para quedarse?

Debió haber recibido muchos aplausos cuando regresó al barco, la tormenta ya calmada, Jesús finalmente de nuevo con ellos después de habérselas arreglado solos toda la noche.

¡Uf!  ¡Pedro, eso es valor!    ¡Me encantaría tener tu fe!  Cierto, dudaste por un momento, pero que valentía la tuya saltar del barco e ir hacia Jesús!

Para entonces, Pedro se debe haber estado aguantando una carcajada, y pensando, ¿En serio?  ¿Pensaron que era valiente?  Solamente trataba de salvar mi propio pellejo.

Yo se que he recibido mucho alago en mi vida por “ser valiente” de cosas que cambiaría en un segundo si pudiese.  Las cosas que realmente podría cambiar siguen igual, porque estas cosas requieren verdadero valor.

Pero debemos darle crédito a Pedro por esto:  cuando tuvo la opción de regresar a la seguridad de la barca o tratar de alcanzar a Jesús, él trato de alcanzarlo con todas sus fuerzas.  Esa es la fe dura como la piedra (Petra o Pedro) en la cual se construyó nuestra iglesia.  Cuando Pedro, asustadizo como un gato como a menudo era, tuvo la opción entre el barco detrás de él o Jesús en frente de él, el tomó la decisión correcta.

Esa fue la verdadera gracia de esa noche en el mar.  Pedro nos mostró en cual dirección ir cuando las olas nos envuelven.  La próxima vez que estés en una tormenta, inténtalo.  Te lo prometo que encontraras las fuerzas para alcanzarlo.

¿En qué maneras has tratado de “alcanzar” a Jesús?

Kathy McGovern ©2017

Kathy McGovern © 2014-2015

La Fiesta de La Transfiguración del Señor – Ciclo A

5 agosto 2017

Reflexionando sobre Matthew 17:1-9

“Una día, cuando estaba sirviendo en Iraq, un pájaro que nunca antes había visto pasó volando justo enfrente de mí y se me quedó viendo.  En ese momento supe que regresaría a casa sano y salvo.”

“Un día, cuando mi mamá estaba agonizando, recibí una llamada de un amigo que no había visto desde  la preparatoria.  Todavía recuerdo como se me puso la piel de gallina, al darme cuenta de que Dios estaba muy cerca de mí.”

Oh, las cosas que recordamos.  Estos son verdaderos “momentos de encuentro con Dios” que mis estudiantes han compartido conmigo a través de los años.  Tienen dos cosas en común.  Primero, esta experiencia consoladora les vino durante un tiempo de gran estrés en la vida de la persona.  Segundo, aunque solo les pasó una vez, nunca lo olvidaron, ni siquiera después de toda una vida.

¿Fueron avistamientos de Dios?  Bueno, ciertamente no fueron visiones de un Jesús transfigurado en una montaña.  Pero sus efectos fueron los mismos.  Consagramos esos momentos en ese lugar sagrado donde aguardamos lo asombroso.  Les construimos “casas de campaña” a nuestros recuerdos de los encuentros con lo Divino para poder revisitarlos durante todas nuestras vidas.

Los tres discípulos en el monte Tabor conocían algo del estrés.  Habían dejado atrás sus vidas para poder seguir al Rabino.  Las hostiles autoridades judías y los romanos, les seguían los pasos de cerca.  La siguiente vez que estarían solos con Jesús sería en Getsemaní.  Con que razón se querían quedar en la montaña.

¿Pero que hay de aquellos que honestamente reportan que nunca jamás han sentido la cercanía de Dios?  No se preocupen.  Las escrituras cuentan de varias personas que presenciaron milagros reales, y después se olvidaron de ello y se decepcionaron de la bondad de Dios.

Al final, es el continuo vivir en una gozosa esperanza lo que nos lleva a la meta final.

 ¿Cómo vas a buscar la presencia consoladora de Dios en tu vida hoy?

Kathy McGovern ©2017

Kathy McGovern © 2014-2015

Decimo-Séptimo Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A

31 julio 2017

Reflexionando sobre Matthew 13:44-52

Es tan interesante observar a los pájaros en nuestro vecindario.  Parecería que andan visitando, platicando con sus amigos desde los arboles, o  relajadamente flotando por ahí, haciendo figuras de ocho en el cielo, llevando lombrices y otros tesoros a sus nidos.

De eso se trata.  Si quieres encontrar el tesoro escondido, deberás ponerte en posición de encontrarlo.  Y luego viene la parte de discernir lo que es realmente valioso.  La leche descremada, cantaban Gilbert y Sullivan, muy a menudo se hace pasar por crema.

Si queremos algo lo suficientemente estamos dispuestos a comprar un terreno entero para poder apoderarnos de ese tesoro que sabemos esta escondido ahí.  Pero los grandes regalos como un conyugue amoroso, amigos fieles, familias amorosas y excelentes empleos requieren de nuestra devota atención.  No podemos botarlos por ahí y esperar que estén esperándonos cuando decidamos regresar por ellos.  Los más grandes tesoros requieren de nuestros más grandes esfuerzos.

La fe es así.  Una fe madura, una fe edificante que resiste el paso de toda una vida es la perla de gran valor, pero tenemos que mantenernos en el juego para poder tenerla.  Como los pájaros que circulan la comida que han estado observando desde lejos, los humanos también necesitan acercarse a lo que realmente los alimenta.

Los católicos de hoy están viviendo una explosión espiritual.  Existen al menos veinte grandes publicaciones, impresas o en línea, que nos ofrecen reflexiones profundas del evangelio de cada día del año.  Abundan las clases y los retiros.  Hay muchos directores espirituales disponibles.  ¿Tienes hambre?  Desciende de picada y vente a desayunar.

 ¿En que maneras mantienes tu fe viva y alimentada?

Kathy McGovern ©2017

Kathy McGovern © 2014-2015

Decimo-Sexto Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A

22 julio 2017

Reflexionando sobre Matthew 13: 24-33

¿Qué tipo de persona se mete en el campo del vecino y planta maleza?  Es un ejemplo impactante de la capacidad de maldad que tenemos los humanos.  Mi papá me contaba historias similares acerca de las “guerras lácteas” durante la Gran Depresión, cuando las lecherías rivales perseguían los camiones de leche de la competencia e introducían gusanos en la leche que los otros entregaban a las casas de los ricos de Denver.  La lechería de mi abuelo perdió su contrato con Molly Brown de esta manera.

En el cine es fácil analizar los corazones de aquellos que se dedican a cosas tan obviamente malvadas.  Los tipos malos saben que son tipos malos, y se cuentan a ellos mismos cuentos de crímenes imaginados en su contra para poder convencerse de robar un banco o asesinar a alguien por paga.

¿Qué tipo de cuentos se cuenta la gente mientras se mete a la casa de alguien para robar, o arrebatarle los ahorros de toda la vida a los ancianos?  Si estuviesen dispuestos a cavar más profundo, admitirían que alguien tiene algo que ellos desean, y que el daño colateral que resulta de obtener eso es, pues, desafortunado.

Pero nunca lo admitirán, por supuesto.  Hasta la gente virtuosa inventa razones totalmente transparentes para justificar su egoísmo.  Si pudiésemos ver solo esa realidad- que cada uno de nosotros es capaz, a veces, de comportamientos que nos colocan de lleno en la columna de los “tipos malos”- que gracia sería eso.  Imagínate como sería este mundo si la gente que planta semillas de maleza en los campos se detuviera a pensar, “Espera.  ¿Qué estoy haciendo?”

Todos nosotros estamos trabajando para convertirnos más y más en el campo fértil que nos fue plantados durante nuestro bautismo, y con un respiro de bondad, soplar lo demás lejos.

¿Cómo está el fruto que ha dado tu vida venciendo algún acto pasado de egoísmo?

Kathy McGovern ©2017

Kathy McGovern © 2014-2015

Decimo-Quinto Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A

19 julio 2017

Reflexionando sobre Matthew 13: 1-23

Palabras, palabras, palabras.  A diferencia de Eliza Doolittle, a mi nunca me cansan las palabras.  Las adoro- palabras gordas, palabras flacas, palabras chistosas, y mis favoritas, palabras encantadoras.

Los palos y las piedras pueden rompernos un hueso, pero las palabras siempre nos pueden sanar.  Y como la lluvia que cae y nunca regresa al cielo sin haber nutrido la tierra, una palabra a tiempo y bien dicha a un niño del siglo pasado todavía está dando fruto en este siglo.

Una palabra bondadosa es como la semilla fecunda en la parábola de Jesús.  Simplemente sigue dando cosecha tras cosecha.  Ahora, en la mitad del verano, cuando los cultivos crecen y crecen sin parar- y al par crece la siempre fértil maleza- es una acción santa recordar las palabras buenas que han sido plantadas dentro de nosotros a través de los años, y como esas palabras nunca han dejado de protegernos y darnos sombra de las palabras feas y malvadas que han viajado a su lado en nuestros corazones a través de nuestras vidas.

He aquí unas palabras que me fueron dichas en algún punto de mi vida que me son tan deliciosas hoy como lo fueron hace décadas cuando por primera vez las escuche:

¡Ja!  Eres muy graciosa.

Eres mi mejor amiga.

Cuéntanos otra vez esa historia.

Te amo.

¿Te casarías conmigo?

También hay, por supuesto, palabras dolorosas, palabras criticas, pero esas palabras que al principio te lastiman como maleza también a menudo pueden comportarse como semillas fecundas.  Así es el misterio de la gracia de la humildad; si estamos abiertos a recibirla, puede producir también un excelente fruto.

¿Todavía estás hirviendo por una palabra dolorosa que te dijeron hace mucho tiempo?  Pídele a Dios que te traiga a la memoria los cientos de palabras fructíferas que también han ayudado a formarte.  El amor triunfa sobre la maleza.

¿Cuáles son algunas de tus palabras favoritas que te hayan dicho en tu vida?

Kathy McGovern ©2017

Kathy McGovern © 2014-2015

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