Tiempo Ordinario – Ciclo A

Trigésimo-segundo Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A

12 noviembre 2017

Reflexionando sobre 1 Thessalonians 4: 13-18

¿Alguna vez te has imaginado tu propia muerte?  Es difícil hacerlo.  Podemos imaginarnos, tal vez, nuestro funeral, y quizás hasta las enfermedades que van a finalmente acabar con nosotros.  Pero de veras imaginar ese ultimo aliento de nuestro estado despierto nos parece tan raro como el hecho de morir- el estrellarse en el suelo al caerse de un edificio alto- en nuestro estado de sueño.  El subconsciente lo resiste con todas sus fuerzas.

La verdad es que, de algún modo, creemos que estaremos aquí para leer nuestro propio obituario.  No sabemos todavía exactamente como sucederá, pero los humanos vivimos en una disonancia cognitiva acerca de nuestras propias muertes.

Pablo era un “bebe cristiano” cuando escribió su primer carta a los Filipenses. Esto sucedió muy temprano durante su propia vida como creyente, y escribía para aliviar las ansiedades de otros nuevos cristianos.

Aparentemente se había desparramado un rumor de que Jesús ya había regresado, y aquellos que se murieron antes de su regreso (o no vivían en Jerusalén) se habían perdido de la segunda venida y por ende no experimentarían el cielo.

Que terrible rumor.  Pablo les ofrece una confianza detallada acerca de cómo sucedería “el final de los tiempos”- y seguramente él creía que esto sucedería antes de que él mismo muriera- y esta confianza tenía como propósito asegurar a la comunidad de que el Dios del Universo los encontraría, aunque murieran antes de que Cristo regresara a la tierra de nuevo.

En menos de veinte años, los dos, San Pablo y San Pedro fueron martirizados en Roma.  No fue hasta que los dos lideres de la fe cristiana murieron que la gente se dio cuenta de veras que la Segunda Venida podría no estar muy cercana.  Fue entonces que San Marcos comenzó a escribir lo que sería el primer evangelio.  La Segunda Venida fue retrasada, sí, pero las Buenas Nuevas apenas comenzaban.

¿Cómo te estás preparando para tu muerte y al mismo tiempo viviendo una vida abundante?

Kathy McGovern ©2017

Kathy McGovern © 2014-2015

Trigésimo-primer Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A

4 noviembre 2017

Reflexionando sobre Matthew 23: 1-12

En mi mundo, los humildes están por todos lados, y su intención es seguir siendo humildes.  Desearía conocer a alguien arrogante para poder imaginarme como sería su transformación a la humildad. Pero a mi alrededor solo tengo el tipo de personas opuesto.

En el Facebook mi humilde amiga pregunta si hay alguien disponible para servir en el Albergue de Ancianos esta semana.  En la parroquia, la lista de aquellos dispuestos a llevar alimentos a los que están confinados en casa es casi más larga de la lista de los que necesitan ese servicio.  La interminable buena voluntad y el ingenio de tanta gente que conozco quienes trabajan para aliviar el sufrimiento del mundo no solo es inspiradora, sino que transforma mi corazón.

Aunque, sí tengo dos amigas que a menudo hablan acerca de su compromiso con las tantas organizaciones a las que dedican su tiempo en servir.  Desearía que más gente hiciera esto.  El mantenerte en silencio acerca del generoso regalo que les das a tus nietos con tu tiempo, o de tus visitas semanales al asilo, o del tiempo que pasas cuidando niños para las familias que se encuentran atrapadas en trabajos de bajos sueldos, nos roba al resto de nosotros la oportunidad de ser retados a abandonar nuestra zona Netflix de comodidad.

Me encanta escuchar a las personas hablar de las diferentes formas que han descubierto de ayudar al mundo.  Si eso es presumir, ¡entonces más fuerza para los presumidos!   Necesitamos sus historias y sus testimonios desesperadamente.  Me imagino al cielo como simplemente más de eso mismo:  personas amorosa dedicándose por la eternidad a amar a otras personas.  Pero no quiero asomarme desde afuera, preguntándome porque nadie me mencionó que estaban haciendo estas cosas que nunca se me hubieran ocurrido a mí, porque las personas que las estaba haciendo eran demasiado humildes para hablarme de esas cosas.

¿Qué sorpresas te has llevado recientemente al descubrir las buenas obras de los demás?

Kathy McGovern ©2017

Kathy McGovern © 2014-2015

Trigésimo Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A

3 noviembre 2017

Reflexionando sobre Matthew 22: 34-40

Mis amigos Jen y Paul tienen un par de ADORABLES mellizos , y se sorprendieron y deleitaron al darle la bienvenida al gracioso Max hace dos años.  Y luego, hace un mes, llegaron a casa del hospital con- ya lo adivinaste- un segundo par de niños mellizos.  Sí, son cinco niños menores de cuatro años.

Sophia lloró al principio al darse cuenta de que está rodeada de puros hermanos, pero su mellizo, Lucas, la consoló diciéndole esto:  No te preocupes, apuesto a que la siguiente vez que mamá tenga mellizos van a ser niñas.   Aja.

El lugar más feliz del universo es el sillón de la sala, donde duermen los bebes y los tres hermanos “mayores’ se acurrucan para leer cuentos.  Aunque su biblia ilustrada no cuenta la historia del terrible Rey Herodes, Sophia y Lucas se la saben, y ahora me dicen todo lo que ellos harían para proteger al niñito Jesús de ese horrible rey.

“Si el niñito Jesús estuviera aquí,” dice Lucas, “Y el Rey Herodes me preguntara donde está, yo le señalaría para otra dirección y le diría, “Está ALLÁ.”  Y Sophia agrega, “ Y yo nunca, nunca permitiría que él encontrara al Niñito Jesús.  Jesús es bueno, y el Rey Herodes es muy malo.”

Son puramente adictivos, estos cinco hermosos niños, y sus corazones son de la forma perfecto para Jesús.  Me recuerdan una parte de una oración que cada Judío debe orar todos los días por la mañana y por la tarde, y la parte que Jesús, el judío perfecto, recitó para el maestro de la ley: Debes amar a Dios con todo tu corazón con toda tu alma y toda tu mente.

No es para nada difícil, amar a Dios con todo lo que tenemos.  Solo debemos encontrar al niño de cuatro años que llevamos dentro, listo para amar a Dios con todo lo que somos.

¿Tienes un momento en el día cuando te siente más cerca de amar a Dios con todo tu corazón tu alma y tu mente?

Kathy McGovern ©2017

Kathy McGovern © 2014-2015

Vigésimo-Noveno Domingo De Tiempo Ordinario – Ciclo A

24 octubre 2017

Reflexionando Sobre Isaiah 45: 1, 4-6

¿Alguna vez has tenido una charla con alguien que pensabas que conocías, para darte cuenta de que realmente no lo conocías, y luego terminar siendo buenos amigos?  ¿Alguna vez te has metido al salón de clases equivocado y luego has terminado matriculándote en esa clase en vez de la clase que habías planeado inicialmente?

Hay historias que contar acerca de cada una de estas situaciones.  Son historias verídicas de “accidentes” que cambian vidas, las cuales me han compartido mis estudiantes a través de los años.  El Rey Ciro de Persia, cerca del año 538 A.C, podría identificarse con esto.

Él era un tipo que no sabia nada acerca de los judíos o de su extraordinaria historia.  Acababa de hacer trizas al gran ejercito de Babilonia y expulsó a todos sus reyes.  Este conquistador mundial condujo un censo rápido de la población del territorio que acababa de conquistar y se dio cuenta de que habían grandes números de comunidades judías que habían salido de Judá durante el horrorizarte asedio del Rey Nabucodonosor hacía ya cincuenta años.

Casi como un detalle extra les dijo, “Váyanse ya.  Llévense todos los tesoros que se les arrebataron de su Templo cuando Nabucodonosor tomo poder.  Reconstruyan sus vidas y su Templo.  Y recen por la Familia Real y por mí.

Así fue como el rey Gentil empezó a ser llamando “el Ungido de Dios” por el profeta Isaías.  Accidentalmente cayó dentro de la historia de la salvación y la cambió para siembre.  ¿Cómo hubiese podido imaginarse que  él estaba enviando al Pueblo Elegido de Dios de vuelta a casa para reconstruir su territorio, y con el tiempo, ser el hogar de Jesús de Nazaret?

¿Cómo, de hecho, podrías tú saber si Dios esta trabajando por medio de ti para hacer el bien?  Invita a Dios a que te use como una vasija.  Y luego prepárate a tomar tu lugar en la historia al lado del Gran Rey Ciro.

Kathy McGovern ©2017

Kathy McGovern © 2014-2015

Vigésimo-Octavo Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A

14 octubre 2017

Reflexionando sobre Phil. 4: 12-14, 19-20

Se oye tan simple cuando lo dice San Pablo: He aprendido el secreto de comer bien y de tener hambre, de vivir en abundancia y en necesidad.  Cierto.  Es verdad que muchos de nosotros vivíamos con mucha más simplicidad cuando éramos jóvenes.  Casi todos hemos elegido tener casas más grandes y mejores aires acondicionados, y tal vez muchos de nosotros hasta nos asombramos de recordar que vivíamos en una casas que tenía un solo baño.

De hecho, me sorprende que tan bien se adaptan los estudiantes de primer año de universidad a sus diminutos dormitorios, especialmente después de haber crecido con una recamara propia, una nevera repleta y su propio auto.  Lo que hace que la austeridad de un dormitorio universitario sea divertido, por supuesto, es la proximidad de los amigos a todas horas, y también vivir solos por primera vez.

Pero ¿podrías hacerlo de nuevo?  San Pablo dice que él sí.  Él dice que él puede estar cómodo en todo tipo de circunstancias, aunque tenga frio o calor, hambre o con panza llena, viva en un cuarto calentito o en la calle.  Lo que le permite soportar (y hasta encontrarlo divertido) es ver la gracia de Dios en acción en todo tipo de circunstancias.

Este es el “secreto” que él ha descubierto.  Es ese versículo poderoso que es el favorito de muchos: “Todo lo puedo en Cristo que me sostiene (Filipenses 4:13).  ¿Te lo has memorizado, lo has puesto en tu espejo, lo has convertido en calcomanía para tu auto?  Si no has hecho tuyo este versículo, inténtalo y ve si te queda. (No se va a repetir en las lecturas por otros tres años, así que hoy es el día de grabar esta escritura en tu corazón.)

¿Qué reto en particular está Cristo fortaleciendo dentro de ti en este momento?

Kathy McGovern ©2017

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Vigesimoséptimo Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A

13 octubre 2017

Reflexionando sobre Phil. 4: 6-9

Que carta tan hermosa.  Imagínate vivir en Filipos alrededor del año 54 d.C.  Situado solo a diez millas tierra adentro del Mar Agano, tu ciudad es una ciudad llena de orgullo, nombrada en honor a Filipo de Macedonia (padre de Alejandro el Grande).  El ejercito Romano es muy visible, es parte de la vida diaria aquí.  Pero tú eres cristiano, creyente en “El Camino,” bautizado por Pablo cuando vino de visita hace varios años.

De hecho, Filipos fue la primer ciudad europea en ser evangelizada por Pablo, y él ama a tu comunidad profundamente.  En su carta los llama “su gozo y su corona,” y dice que ustedes serán la comunidad de la cual presumirá cuando esté en el cielo con Jesús.  (2:16).  Él se ha mantenido en contacto a través de los años, y ahora, escribiendo cadenas de cartas desde Efesio, les ha enviado esta carta de amor.

Tú en especial reflexionas acerca de las ultimas líneas, su típica conclusión cálida.  Los exhorta, en la confusión de la predicación contradictoria de otros cristianos quien recientemente los han visitado desde Jerusalén, a siempre regresar a su formula cuando busquen la verdad.

¿Es verdadero?  Sí.  ¿Es honorable?  Sí.  ¿Es justo?  Siempre.  ¿Es puro?  Hermosamente lo es.  ¿Es adorable?  Tu corazón se levanta cuando lo recuerdas.  ¿Está lleno de gracia? El comportamiento de tus compañeros cristianos te llena de orgullo.  ¡Que si es excelente− claro que sí!  Y digno de alabanza−¡para siempre! Entonces piensen en estas cosas. Cuando intentes descifrar la verdad de las mentiras de la cultura, usa esto como tu examen.

A, y sí, sigan haciendo lo que Pablo les dijo.  Eso es todo.  Este es el mensaje.  Y empiezas as sentir como la paz de Dios te llena por dentro.

Usando esta lista: ¿Qué tal estás haciendo?

Kathy McGovern ©2017

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Vigésimo-Sexto Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A

1 octubre 2017

Reflexionando sobre Matt. 21: 28-32

Lo que me asusta más que la gente que dice “Sí, haré lo que Dios me pide” y luego no lo hacen, son aquellos que se muestran indiferentes porque piensan que es lo que Dios les pide que hagan.   Me duelen los padres quienes, atrapados en la ola de shock inicial que causó la epidemia de SIDA en los ochentas, no apoyaron a sus hijos moribundos como ciertamente lo hubieran hecho hoy.  No sabían que hacer, y pensaban que Dios requería que no hicieran nada.  Cuanto no añorarán una oportunidad de amar a sus hijos una ves más como hubieran querido amarlos entonces.

Me asustan aquellos que creen que conocen la voluntad de Dios tan claramente que estrellan aviones contra edificios porque esto, claramente, es lo que Dios les está pidiendo que hagan.  Cuando las motivaciones secretas se confunden con la Voluntad Divina, el terror siempre reina.

Mi amigo Dan Pierce, divino tenor y compositor, fue misionero con el maravilloso y efectivo grupo evangélico Jóvenes con Misión.  Su trabajo era a veces peligroso, como cuando fueron a Rusia en los sesentas y exitosamente contrabandearon biblias en la Plaza Roja.   Hoy están presentes en todo el mundo, gentil y creativamente ganando almas para Cristo.  Le pregunté una vez que pensaba que sería la manera más efectiva de atraer a la gente a Jesús, y su respuesta fue inmediata: “Amor radical.  Solamente ama a la gente, no solamente a los que quieres evangelizar, pero a todos en tu vida, con amor radical.”

¿Y la manera menos efectiva?  “La observas todo el tiempo en las misiones.  Palabras y comportamientos no amorosas.  Estilo militar de adherirse a las reglas.  Modelar el separatismo en vez de la inclusión.  El mundo está lleno de gente que va demasiado de prisa a hacer la voluntad de Dios.  Y Dios viene justo detrás de ellos, tratando de detenerlos.”

¿Qué partes de tu vida están definitivamente en harmonía con la voluntad de Dios?

Kathy McGovern ©2017

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Vigésimo-Quinto Domingo De Tiempo Ordinario – Ciclo A

29 septiembre 2017

Reflexionando sobre Matt. 20:1-16a

No pienses más en esos jornaleros que trabajaron todo el día.  Los comprendemos.  Los entendemos.  Nosotros SOMOS ellos.  Dios es justo.

En lugar de eso, imagínate que tú fuiste uno de los que llegó tarde.  Te quedaste dormido.  Ordenaste una pizza, te pusiste a ver la telenovela y se te fueron las horas.  Como a eso de las 3pm te diste una ducha, y te presentaste a trabajar como a las 4:30.  Hagámoslo más interesante y agreguémosle que era el día MÁS temido en la oficina, y el MÁS estresante, el que requiere de todos los trabajadores.  Elijes ese día para presentarte al trabajo al final del día y poner tu única hora de trabajo riguroso.

¡Híjole! Aquí viene la jefa.  Llamémosle Susana.  Susana le agradece a todos por su arduo trabajo en este día tan pesado.   Distribuye los bonos.  Y tu agachas la cabeza.  Ahora que estás aquí desearías haber llegado ms temprano y haber trabajado todo el día.  Se siente el compañerismo de tu equipo, y tú te lo estás perdiendo.  Se están riendo acerca de algún acontecimiento del día, y tú tampoco serás parte de eso.  Y aquí viene tu miserable bono, probablemente el mismo volante con un cupón para ahórrate $2 en cortes de césped que te dejaron en la puerta de tu casa ayer.

¿QUÉ?   ¡Un viaje de diez días en un crucero de lujo por Hawái!!  ¡Y trae tu nombre!  Y una amable nota de agradecimiento por tu arduo trabajo de una hora.

Nadie en toda tu vida te ha mostrado tanta bondad desmerecida.  Tu cuerpo entero se estremece de gratitud, al darte cuenta del indudable y extremo amor de Dios por ti.

Todos hemos experimentado eso.  Sabemos como se siente.  Nosotros SOMOS los que llegaron tarde.  Dios es misericordioso.  AMEN.

¿Cuáles experiencias de bondad desmerecida has tenido en tu vida?

Kathy McGovern ©2017

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Vigésimo-Cuarto Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A

16 septiembre 2017

Reflexionando sobre Matthew 18: 21-35

Los padres saben muy bien de lo que se trata la historia del deudor que no quería perdonar a su propio deudor.  ¿Cuántos millares de veces han perdonado los papás y las mamás a su hija antes de que ella salga de la preparatoria porque el amor los hace comprenderla y darle una segunda oportunidad?  Pero deja que se les pase ir a uno de sus juegos de futbol y ella no los perdonará por décadas.  Esas son las matemáticas extrañas de los hijos y los padres, las cuales dan un circulo total cuando los hijos tienen hijos propios.  Y esa es la misma matemática extraña de las escrituras de hoy.

El deudor del rey le debe diez mil talentos, lo cual equivale a 6 billones de dólares hoy en día.  Y el deudor del deudor le debe una millonésima de eso- lo que sea que equivalga.  Tú deberás hacer las cuentas, yo no puedo, pero sea lo que sea, él no se lo perdonará y manda al deudor a la cárcel.  Que coraje.

Una amiga me compartió esta historia hace muchas décadas, y nunca la he olvidado.  Su hijo e hija, siempre mejores amigos, por alguna razón habían tenido un desacuerdo y no se habían hablado por un mes.  Por algo que hizo su hijo, su hija anunció que jamás lo perdonaría porque le había mentido.  La respuesta de mi amiga no tiene precio:

¿En serio?  A mi me ha mentido cada miembro de la familia en algún momento a través de los años, y todavía me ves aquí, haciéndoles la cena y llevándolos a todos lados.  Te he perdonado a ti y a tu hermano al menos mil veces.  ¿Qué yo soy la única aquí que sabe perdonar?

Que metáfora para el amor de Dios, el cual nos regala nuevas misericordias cada mañana.  Perdona a alguien hoy.  Haz que tu mama se sienta orgullosa de ti.

¿En que maneras estás consciente de que has sido perdonado por otros?

Kathy McGovern ©2017

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Vigésimo-Tercer Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A

13 septiembre 2017

Reflexionando sobre Matthew 18: 15-20

Es una idea apestosa del todo, ¿qué no?  Si me siento lastimada porque mi amiga fue a tomarse un cafecito con otra amiga nuestra y no me invitaron, ¿Se supone que tengo que ir a decirle, como una bebe llorona, “Lastimaste mis sentimientos”?   Prefiero hacer cualquier otra cosa.

De hecho, HARE cualquier otra cosa.  Me comportaré distante y fría con ella la próxima vez que la vea.  Y  sí, probablemente le diré a alguna otra amiga algo así: “Algunas amigas son menos leales que otras.”  Entonces tendré que contarle de cómo mi amiga me invito a tomar un café y después me canceló para irse con otra amiga.

¿Te fijaste en lo que sucedió aquí?  Una pequeña, entendible reunión entre dos amigas se convirtió en un motivo de dolor- y digámoslo como es- una ultra sensible tercera amiga, quien intensifico la situación al imponer una confusa distancia emocional y, finalmente, contar una mentirota acerca de la ofensa original.

¿Hay alguien que realmente ha intentado hacer lo que dice el evangelio que hagamos cuando se trata de resolver un conflicto entre amigos?  Imagínate esto: voy con mi amiga y le digo, “No puedo creer que a mi edad todavía pueda sentirme celosa acerca de estas cosas, pero realmente me sentí lastimada cuando te reuniste con____ y no me incluiste.”  Entonces ella probablemente diga, “!No!  ¿De verdad?  Me siento terrible.  No había visto a ____ desde que falleció su papá y quería tener una oportunidad de ponernos al corriente.  Me encanta pasar tiempo contigo.  ¿Podemos ponernos de acuerdo para reunirnos?”

Te apuesto lo que quieras que una conversación que al principio parece apestosa termina siendo adorable.  Y nadie tiene que terminar en el juzgado ni nada parecido.  Recordemos este ejemplo conforme se acercan los días festivos de estar con la familia.

¿Alguna vez te has acercado a un amigo pacíficamente para hablarle de algo que te haga sentir mal?

Kathy McGovern ©2017

Kathy McGovern © 2014-2015

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