Domingo Reflexiones

31o Domingo en Tiempo Ordinario – Ciclo B

3 noviembre 2012

Es noviembre, el mes en que los Santos hacen su marcha a nuestra conciencia y la tocan en diferentes maneras. Sospecho que la hermosa Letanía de los Santos de Jim Becker, está buscando la manera de aparecer en la liturgia de este domingo. Invocar a los santos ya no es solo para la Vigilia Pascual.

Qué alivio saber que contamos con amigos en lugares altos. Desde los comienzos de la fe Cristiana han tenido una cierta seguridad de que aquellos que se nos han adelantado en el viaje (particularmente los que sufrieron el martirio de la espada) estaban en comunión con ellos.

El mes inicia con las celebración de los Santos, y al siguiente día, recordamos inmediatamente a todas las almas que han partido hacia Dios antes que nosotros. La mayor7a de las personas tienen la certeza de que no estamos solos en este universo, que nos encontramos acompañados, como lo dice en Hebreos, por una” inmensa nube de testigos” (12, 1-2). Existe algo en nosotros que innatamente alcanza a aquellos cuyas vidas en la tierra estuvieron inmersas en Dios, y a quienes llamamos cuando sentimos que nuestras vidas en la tierra se cruzan con la de ellos.

Los Santos patronos de todos nuestros terrenos esfuerzos—perdida de fe, perdida de salud, perdida de llaves—han sido muy identificados debido a que hubo algo en sus vidas, en uno u otro lado del cielo, que le permitieron algún tipo de victoria sobre estos enemigos terrenales.

Imagina como sera ese día cuando lleguemos jubilosos al cielo, y encontrarnos con las sonrisas de los mártires en nuestra querida muerte, quien nos ama en ambos lados de la tumba. Hasta entonces, vivamos en el misterio de su presencia con nosotros aquí en la tierra. ¡Hombres y mujeres santas, oren  por nosotros!

¿Te mantienes cerca de tu Santo Patrono?

Inscríbete hoy mismo y únete a la conversación.

Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Sylvia Gould

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Kathy McGovern © 2014-2015

Fiesta de Cristo Rey del Tiempo Ordinario

20 noviembre 2010

Reflexionando sobre Lucas 23:35-43

Creo que tenemos que admitir que se veía venir desde el principio. Hace un año que se le comenta en el Evangelio de Lucas, y si hubiéramos prestado atención lo habríamos notado entonces, allí mismo, en el segundo capítulo. Pero estábamos distraídos por las historias del nacimiento glorioso, el anuncio del ángel Gabriel a María y los pastores corriendo hacia Belén para ver las cosas que había sucedido.

Jesús, acuérdate de mí

Tendríamos que haberlo visto venir, esa muerte horrible y aterradora. El día en que entró en Jerusalén montado en un burro y sus seguidores cantaron hosannas nos debió de haber sacudido la memoria. ¡Paz en el cielo y gloria en las alturas! Ellos estaban cantando exactamente lo que los ángeles cantaron en la noche de su nacimiento. Algo destinado desde antes de todas las cosas sucedía ante nuestros ojos.

Y el Rey de Reyes se encuentra clavado en una cruz. Él lucha, grita, se retuerce en la agonía. Y ahora que recuerdo el profeta Simeón mientras sostenía al niño Jesús en el Templo: María, una espada te atravesará el corazón también. ¡Ah! Supimos todo el tiempo que esto habría de venir.

Pero ahora, la gracia entra en el corazón de un crucificado junto a él. La tortura de la cruz se abre un lugar que ha crecido fuerte en su corazón. En sus últimos momentos se reconoce la imagen del Dios invisible, el mismo Cristo, que vino al mundo para librarnos de las tinieblas. ¡Jesús! exclama. ¡Acuérdate de mí cuando estés en tu reino!

Y entonces, en ese momento, el Rey crucificado le promete el paraíso el día de hoy. Y somos nosotros los que, a esta distancia de dos mil años, conocemos el final de la historia, esperamos alegremente frente a la tumba vacía.

Compartiendo la Palabra de Dios en el Hogar:

¿En qué momento de tu vida has rogado a Jesús que te recuerde?

Y TÚ ¿qué opinas sobre esta pregunta ó sobre las lecturas de hoy, ó sobre las columnas del año pasado? ¡Las conversaciones sagradas están encendiendo el fuego de Pentecostés!

Inscríbete hoy mismo y únete a la conversación.

Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Wendy Feliz


Kathy McGovern © 2014-2015