Pascua – Ciclo A

Quinto Domingo de Pascua – Ciclo A

19 mayo 2014

Reflexionando sobre I Peter 2: 4-9

Nos encontramos en la época de desastres climáticos ahora. Aquí en Colorado estamos orando para que las inundaciones que causaron desniveles el año pasado no allanen el camino para cuando la nieve de este año se derrita y cause corrientes en esas mismas áreas.

El autor de la segunda  lectura de hoy  también sabia del trauma que causa  ver el hogar destruido. Imagine vivir en Jerusalén alrededor de 40 años después de la resurrección. Los judíos “zelotes”- entiéndase terroristas- habían emboscado y asesinado a suficientes soldados romanos a finales de los 60s como para atraer la ira y el poder militar del imperio romano directo a Jerusalén.

Si ha estado alguna vez en Roma, visite el Arco de Tito para ver  la descripción del triunfal saqueo de Jerusalén en el año 70, y los vasos sagrados (y de los prisioneros encadenados) traídos de vuelta a Roma. La Ciudad de Jerusalén se dejó en llamas, y su gran templo, como lo profetizo Jesús, quedó sin una piedra en pie.

Ahora imagina a este autor del Nuevo Testamento de pie en medio de los escombros ardientes, observando la piedra angular del Templo yaciendo en ruinas, y llegando a esta conclusión: Jesús es la Piedra Viva, la Piedra que da vida y da significado a un mundo que muere. Y nosotros somos las piedras vivas, las piedras que permanecen en prefecta simetría e intimidad con la Piedra Viva.

709,634 días después, las piedras muertas del Templo del Gran Herodes todavía se encuentran ahí. Nunca han sido movidas. Mientras tanto, la obra de las piedras vivientes de la mayoría de las tradiciones religiosas- hospitales, escuelas, centros para refugiados, hospicios, obras de caridad de todo tipo, compañía para aquellos que son pobres, y la predica de la Buena Nueva- reúne impulsos y energía cada segundo de cada día.

Me fascina ser una piedra viviente de un edificio que nunca morirá.

¿De qué manera experimentas tu fe como una piedra viviente?

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Sylvia Gould

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Kathy McGovern © 2014-2015

Cuarto Domingo de Pascua – Ciclo A

10 mayo 2014

Reflexionando sobre John 10:1-10

Hace algunos años, mientras manejaba cerca del Campo del Pastor, un grito salió de uno de los peregrinos. “¡Detenga el autobus! ¡Hay un pastor real! ¡Y un cordero real!” Y todos saltamos fuera del autobus y tomamos fotografias de los atónitos pastores, a quienes seguramente les parecio raro que unos extraños encontaran su ocupación tan fascinante.

Eso es una muestra de qué tan alejados estamos de las imágenes rurales que Jesús utilizó abundantemente. Al notar a un verdadero pastor con un verdadero cordero- y fuera de Belen, nada menos- nosotros citadinos, urbanos del siglo 21 desesperados por encontrar una conexión con Jesús, estábamos emocionados hasta los huesos.

¿Quién puede imaginar lo que nos perdemos cuando leemos los evangelio, y las hermosas imágenes de Jesús que eran tan familiares a su audiencia, y tan desconocidas a nosotros? Y por perdernos de tantas imágenes del pastor, nos perdemos también de esta hermosa parte: Jesús no es solamente el Pastor, es también la Puerta para el redil.

Eso significa que Jesús nos protege como lo hace un fiel pastor al proteger a sus ovejas. Una vez que se encuentran en el redil, se coloca a la entrada y su cuerpo sirve como puerta. Si existe algun peligro, sus ovejas se esconden detrás de él. Si merodeadores llegan al redil, lo hacen sobre el cadaver del pastor.

Todos deberíamos de experimentar esa clase de amor. Todos deberíamos saber, desde el vientre de nuestras madres, que estamos a salvo. Deberíamos nacer en un mundo ansioso por protegernos y amarnos. No deberíamos temer a los ejercitos reunidos en nuestras fronteras, o a las bombas, o a los transbordadores.

El mundo es un lugar peligroso. Escondete en Jesús, el Pastor de las almas.

¿De que manera te sientes a salvo en el amor de Dios?

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Sylvia Gould

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Kathy McGovern © 2014-2015

Tercer Domingo de Pascua – Ciclo A

5 mayo 2014

Reflexionando sobre Luke 24: 13-35

Mientras más aprendo sobre Jesús, mas comprendo el por qué, incluso en la mañana de Pascua, aun después de escuchar las historias sobre una tumba vacía, los discípulos de Jesús regresaron a su casa en Emaus con gran tristeza.

Teníamos la esperanza de que él seria el que libertaria a Israel, le dijeron al Desconocido que viajaba con ellos. El no liberó a Israel después de todo. No levantó un ejército, no pidió a los truenos que bajaran del cielo para que hicieran pagar a los romanos por sus horrendas atrocidades. No ayudó a Israel a deshacerse del opresor.

¿Qué tan bueno puede ser un redentor que no nos libera de los romanos? ¿No puede ver Dios- a Dios no le importa- que nos torturen y nos maltraten, y que nos mantengan en desesperante pobreza? ¿Qué tan bueno es un redentor que ama hasta el final, incluso ama a aquellos que lo torturan y matan tan injustamente? ¿Quien necesita a un redentor como él?

¡Nosotros!

Los cielos se abrieron, y los ángeles movieron la piedra. La tumba ya estaba vacia, aunque la piedra la había mantenido cerrada hasta ese momento. ¿Quién necesita a un Dios como el?

¡Nosotros!

Nuestros corazones ardian en nuestro interior mientras el Desconocido nos explicaba las escrituras, pero al final le reconocimos cuando tomo, y bendijo, y partió, y compartió el Pan  con nosotros. ¿Quién necesita a un redentor como ese?

¡Nosotros ¡

Ahora y por siempre. Amén.
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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Sylvia Gould

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Kathy McGovern © 2014-2015

Domingo de la Divina Misericordia – Ciclo A

27 abril 2014

Reflexionando sobre John 20: 19-31

 ¿Por qué está  Tomás dando vueltas de todos modos? Ha escuchado todos los reportes. Sabe que Maria Magdalena encontró que la piedra había sido movida. Sabía que la tumba estaba vacía. Y ciertamente conoce la historia de que Jesús se le apareció a otros discípulos esa misma noche, cuando desafortunadamente él no estaba presente.

 Tomás no se  lo cree. A él no lo van a tomar por tonto. A menos que toque por sí mismo las heridas- bueno, tal vez no llegaría tan lejos, pero sabes lo que quiere decir-no se va a dejar engañar por la histeria y conspiración masiva para creer.

Entonces, ¿por qué se encuentra ahí todavía, asociado con una comunidad de fe?

Claramente él es más sofisticado de lo que ellos son, más conocedor del mundo, menos susceptible a la esperanza cuando es evidente que no hay esperanza, y con todo, él tiene el corazón roto. Su amado amigo ha sido torturado y asesinado, y al morir, se llevó consigo todos los sueños de Tomás a la tumba.

Y hay algo más. Tomás ha estado tratando de reprimir el aumento de su  ritmo cardiaco. He aquí su secreto: él quiere desesperadamente que sea verdad. Y esa es la razón por la que no se puede separar de los que ya creen. Llévense sus historias locas lejos de aquí, les dice. Por favor, guarden las historias locas para ustedes.

Tal vez conozcan a alguien como él. Tal vez ustedes sean como él. Así que manténganse cerca de los que creen. Guarde las locas historias en lo profundo de su Corazón. Y después espere a que Él se coloque muy cerca de usted, invitándole a tocar sus heridas.

 ¿De que manera el mantenerte cerca de los que creen ha fortalecido tu fe?

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Sylvia Gould

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Kathy McGovern © 2014-2015

Domingo de Pascua – Ciclo A

20 abril 2014

Reflexionando sobre Matthew 28: 1-10

Si usted atendió a la Vigilia de Pascua el Sábado Santo, seguramente escucho la fascinante y detallada historia de Mateo sobre la resurrección. Es solo aquí que aprendemos que hubo un “gran terremoto” cuando el Ángel del Señor descendió de los cielos y, como si matara a una mosca, quitó la piedra  que trataba de mantener a Jesús encadenado a la muerte.

¡Y María Magdalena y “la otra María” de hecho se dieron cuenta de esto! ¡Este es el único reporte en los cuatro evangelios en donde se habla de los testigos que vieron rodar la piedra que cubría la tumba! Los enormes guardias romanos  que estaban colocados a la entrada de la tumba se llenaron de tal terror al ver al ángel,  cayeron desmayados al instante.  ¡Pero no las mujeres! Ellas se mantuvieron de pie y observaron- sin desmayar, pero llenas de la fe que solo puede venir del Amor.  Ellas amaban a Jesus. Ningún ángel las apartaría de él.

Y por su Amor a él, es que pudieron ser testigos del evento más grande de toda la historia.

En este día, Domingo de Pascua de 2014, te hago esta invitación: enamórate de él. Suaviza tu corazón. Entra a la tumba y fíjate que esta vacía. Entra a una vida en Cristo y observa que esta llena hasta rebozar con gracia y amor por ti. Lo prometo.

Los guardias pudieron haber sido testigos también. Pero en vez de ello, ayudaron a iniciar los rumores de que los discípulos de Jesús habían robado el cuerpo  para tener una explicación sobre la tumba vacía cuando la gente llegara a comprobar por sí mismos lo que había pasado.

El mundo es como en esos días. Existen muchas explicaciones para esa tumba vacía. A excepción de esta: los primeros cristianos gustosamente aceptaron el martirio porque habían visto, y creído completamente, que su AMADO los estaba esperando al otro lado de la sepultura.

¿Qué es lo que te impide enamorarte?

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Sylvia Gould

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Kathy McGovern © 2014-2015

El Cuerpo y la Sangre de Cristo – Ciclo A

27 junio 2011

Estoy consciente de que nunca he sabido lo que realmente es tener hambre, siempre hay comida donde quiera que estoy y puedo comer cuando me plazca. Pero cuando escucho a Moisés decir: “Él te dejó Te hizo pasar necesidad, te hizo pasar hambre, y luego te dio a comer maná… quería enseñarte que no sólo de pan vive el hombre, sino que todo lo que sale de la boca de Dios es vida para el hombre.” sí que me resuenan esas palabras. Casi toda mi vida de adulto me la he pasado contado calorías, y parándome de la mesa con muchísimo trabajo, siempre peleándome con mis deseos de seguir comiendo. Así que creo saber lo que es estar hambriento, estar obsesionado con la comida al punto de soñarla.

Hoy Moisés le dice al pueblo hebreo que vivió y padeció hambre junto a él en el desierto durante todos esos años que recuerden lo que pasaron cuando dependían completamente de Dios para el asombroso ‘maná’ – una comida desconocida para sus padres- que bajaba del cielo seis días a la semana para curarles su hambre.

Hasta allá te puede llevar el hambre – lo suficientemente débil para aceptar el regalo de la sanación que tan solo Dios puede proveer. Este maná no era a lo que ellos estaban acostumbrados, vino del cielo y probablemente era algún tipo de condensación chiclosa. Ellos estaban agradecidos al aceptarlo y sus cuerpos se fortalecieron gracias a éste alimento, y no hay constancia alguna que nadie haya muerto durante esta temporada de cuatro años.

Así que en este día de agradecimiento, nos acercamos hambrientos hacia el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Recordamos nuestra hambruna y al Único que la puede curar. ¡Ven a la fiesta!

¿Puedes recordar alguna experiencia del poder de la Eucaristía en tu vida?

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Wendy Feliz

Kathy McGovern © 2014-2015

El Cuerpo y la Sangre de Cristo – Ciclo A

18 junio 2011

Estoy consciente de que nunca he sabido lo que realmente es tener hambre, siempre hay comida donde quiera que estoy y puedo comer cuando me plazca. Pero cuando escucho a Moisés decir: “Él te dejó Te hizo pasar necesidad, te hizo pasar hambre, y luego te dio a comer maná… quería enseñarte que no sólo de pan vive el hombre, sino que todo lo que sale de la boca de Dios es vida para el hombre.” sí que me resuenan esas palabras. Casi toda mi vida de adulto me la he pasado contado calorías, y parándome de la mesa con muchísimo trabajo, siempre peleándome con mis deseos de seguir comiendo. Así que creo saber lo que es estar hambriento, estar obsesionado con la comida al punto de soñarla.

Hoy Moisés le dice al pueblo hebreo que vivió y padeció hambre junto a él en el desierto durante todos esos años que recuerden lo que pasaron cuando dependían completamente de Dios para el asombroso ‘maná’ – una comida desconocida para sus padres- que bajaba del cielo seis días a la semana para curarles su hambre.

Hasta allá te puede llevar el hambre – lo suficientemente débil para aceptar el regalo de la sanación que tan solo Dios puede proveer. Este maná no era a lo que ellos estaban acostumbrados, vino del cielo y probablemente era algún tipo de condensación chiclosa. Ellos estaban agradecidos al aceptarlo y sus cuerpos se fortalecieron gracias a éste alimento, y no hay constancia alguna que nadie haya muerto durante esta temporada de cuatro años.

Así que en este día de agradecimiento, nos acercamos hambrientos hacia el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Recordamos nuestra hambruna y al Único que la puede curar. ¡Ven a la fiesta!

¿Puedes recordar alguna experiencia del poder de la Eucaristía en tu vida?

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Wendy Feliz

Kathy McGovern © 2014-2015

Pentecostes Domingo de Pascua – Ciclo A

11 junio 2011

PENTECOSTÉS

¡Espíritu Santo ven!

Ven Espíritu y haznos tuyos por completo.

A las tierras inundadas, manda alivio.

En dónde falle la fe, manda alivio.

Donde los tornados matan y destruyen

Déjate sentir con tu tranquila presencia.

Vuelve a tocar a los desempleados

Con tu gran fuerza para que encuentren esa puerta abierta.

Y donde los asesinos acechan y matan

Tráelos a la luz del día.

Toca también nuestros corazones, rezamos para encontrar

Las maneras en que te damos la espalda.

Los ojos vendados, el corazón endurecido,

Ayúdanos Espíritu, para que veamos también nuestras faltas.

¡Renueva la tierra, renuévanos a todos!

¡En el nombre de Jesús te lo imploramos!

¿De qué manera sientes que los dones del Espíritu están vivos en ti?

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Wendy Feliz

Kathy McGovern © 2014-2015

La Ascensión del Señor – Ciclo A

4 junio 2011

Reflexionando Sobre Evangelio segun San Mateo 28:16-20

Antes que nada, creo que debemos hablar sobre la extraña desconexión entre lo que cuenta Lucas sobre la Ascensión en la primera lectura de hoy (Hch 1:1-11) y lo que cuenta Mateo en el Evangelio de hoy (28:16-20). Aunque no lo dice literalmente, el lugar de la Ascensión en Hechos de los Apóstoles tuvo que haber sido en Jerusalén. ¿Por qué? Pues, porque se les ordenó no salir de Jerusalén hasta que el regalo del Padre (el Espíritu Santo) se derramara sobre ellos. Así que la Ascensión tuvo que haber ocurrido en Jerusalén.

Pero Mateo narra que los Once discípulos se reunieron en Galilea para el gran mandato de Jesús. Fue en una montaña —lo cual por supuesto nos recuerda el monte Sinaí y la montaña de las Beatitudes— en donde Jesús prometió que estaría con nosotros por siempre, aún al final de los tiempos. El Evangelio de Marcos (16:7) todo comienza cuando el ángel, en la tumba vacía, le pide a la mujer que le diga a los discípulos que fueran a Galilea, donde verían al Señor Resucitado.

Lo interesante de todo esto es que pareciera que en el Evangelio de hoy, Jesús se les aparece como una manifestación ya después de haber ascendido. No hay mención alguna, como en los Hechos de los Apóstoles y como en el Evangelio de Lucas (24: 36-53), de Jesús ascendiendo al cielo mientras ellos lo observaban.

Así que aún en los recuerdos más antiguos de la Iglesia, los detalles sobre cuándo y dónde Jesús ascendió al cielo están envueltos deliberadamente en un misterio. Que metáfora tan perfecta para nuestras propias vidas. Las locas predicciones del fin del mundo continuarán pasando, pero nuestra intuición y la seguridad de que nuestro Cristo está con nosotros siempre, aún hasta el final, sigue viva.

¿De qué manera experimentas que Él está “contigo siempre”?

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Wendy Feliz

Kathy McGovern © 2014-2015

Sexto Domingo de Pascua – Ciclo A

28 mayo 2011

Reflexionando sobre Primera Epistola de San Pedro

…estén siempre dispuestos para dar una respuesta a quien les pida cuenta de su esperanza.

Que frase tan  hermosa, ¿no crees? El autor de la segunda lectura de hoy les habla a los primeros conversos a la fe, urgiéndoles a tener lista, una buena respuesta sobre el porqué de su esperanza en medio de ese aterrorizante mundo del primer siglo.

Me gusta pensar en esos primeros cristianos, según cuenta la tradición, cada uno de los apóstoles (excepto Judas) nombrados en los Evangelios, experimentaron tortura, y la mayoría de ellos hasta el martirio, debido a su esperanza en Cristo. Ellos “llevaron a Cristo” durante los años más violentos del Imperio Romano. Se enfrentaron a Nero y Trajano y Domiciano, y a menudo sus propios carceleros terminaron convirtiéndose a través de ellos, acompañándolos a la muerte.

Recientemente vi la hermosa película “De Dioses y Hombres”, ésta cuenta la verdadera historia de ocho monjes cistercienses que eligieron quedarse con sus amigos musulmanes en una aldea de Argelia en el 1997. Dos testigos que sobrevivieron los ataques contaron sus memorias de las agonizantes reuniones de la comunidad que se llevaron a cabo antes del secuestro y asesinato del resto de los miembros.

¿Por qué eligieron estos monjes quedarse allí cuando sabían que sus vidas estaban en un peligro inminente? Sabemos por parte de los sobrevivientes que el amor de Cristo los llevó a quedarse allí. Su amor por los vecinos, a quienes curaron y cuidaron, y con quienes trabajaron hombro a hombro, les dio la fuerza para enfrentar los radicales asesinos ‘Islamistas’ cuando vinieron a su encuentro una noche fría y oscura.

El Cristo que los llamó hacia Él mismo fue la razón de sus esperanzas, y la esperanza no decepciona.

Y TÚ ¿qué opinas sobre esta pregunta ó sobre las lecturas de hoy, ó sobre las columnas del año pasado? ¡Las conversaciones sagradas están encendiendo el fuego de Pentecostés!

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Wendy Feliz

Kathy McGovern © 2014-2015

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