Pascua – Ciclo A

Secuencia de Pentecostés 2017 – Ciclo A

5 junio 2017

Reflexionando sobre Acts 2: 1-11

Al principio no les entendíamos para nada.

¿Qué eran estas declaraciones-

estas lenguas habladas salidas de sus labios,

Hacia la calle

Hacia el mundo?

 

Mas con el tiempo, nuestros oídos tapados se abrieron.

Vimos como los enemigos se hablaban entre ellos

Y aquellos que estaban enemistados

Unían sus manos en amistad.

 

Vimos como se construyeron hospitales, y los enfermos sanaron.

Y vimos a Francisco y Clara, Vicente y Luisa,

Francisco de Sales y Juana de Chantal,

Benedicto y Domingo e Ignacio, Catalina y Juana e Isabel

A Los Juanes contemplativos y a las poderosas Teresas,

 

¡Y a nosotros mismos – sí, a nosotros mismos!- Perdonando Radicalmente

Escuchando Radicalmente

Comprendiendo Radicalmente

A aquellos que no ven las cosas como las vemos nosotros.

 

Y así, con un viento poderoso, un nuevo cielo y una nueva tierra comenzaron a tomar forma.

Y desde entonces no existen lenguajes “extranjeros”.

Y desde entonces todos hablamos un solo lenguaje

El lenguaje del Espíritu Santo

El primer lenguaje, el único lenguaje

El lenguaje del Amor.

 

 

Kathy McGovern ©2017

Kathy McGovern © 2014-2015

La Solemnidad de la Ascensión – Ciclo A

28 mayo 2017

Reflexionando sobre Acts 1: 12-14

Se me vino un pensamiento muy audaz a la cabeza el otro día.  ¿Qué si el Espíritu Santo puede hacer cosas maravillosas y asombrosas en nuestras vidas, sin que ni siquiera tengamos que hacer oración para pedírselas?  A veces me pregunto si el fuerte instinto católico de trabajar por la justicia y la paz nos mantiene en un estado de alerta 24 horas del día 7 días por semana.   Estoy consciente de que se me olvida que el Espíritu Santo sigue realizando milagros que no tienen nada que ver con mis esfuerzos.  Claro.

Sabes, no es como si hubiésemos hecho tantas obras buenas que Dios decidió regalarnos este maravilloso mundo como recompensa.  Antes de que cualquier humano tuviese vida, el Espíritu se movía sobre las aguas.  El Espíritu estaba allí al principio del principio, realizando el milagro de la vida, y los ríos y las montañas, y el sol y la luna, y por supuesto, nosotros  Y fue la gloriosa iniciativa de Dios de trabajar en concierto intimo con María lo que trajo al Salvador a este mundo.  El Espíritu Santo vino sobre ella, y no tuvo que ver con ninguna buena obra que alguien hubiese hecho.  Fue el poder grandioso de Dios, y el “sí” de la Santa Madre, lo que nos salvó.

Pienso acerca de estas cosas en esta semana antes de Pentecostés.  ¿Qué si Dios está realizando un milagro en tu vida ahora mismo?  ¿Qué si el Espíritu Santo está sanando de la adicción a un ser querido, o salvando un matrimonio, o atrayendo a un hijo adulto de regreso al consuelo de la Iglesia?  ¿Qué si Dios esta contestando las oraciones que ya hacían abandonadas y que habías dado por perdidas porque decidiste que la respuesta de Dios era un “no”?  La Palabra “Espíritu” significa “aliento.”   Te reto a que tomes nota de lo que Dios está haciendo en tu vida.  Te va a dejar sin aliento.

Piensa en este ultimo año.

¿Qué ha hecho el Espíritu en ti que tal vez no has notado todavía?

 

Kathy McGovern ©2017

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Sexto Domingo De Pascua

22 mayo 2017

Reflexionando sobre Acts 8:5-8, 14-17

Mi muy estimado nuevo cristiano,

Te vi la semana pasada en misa. ¿Cómo no reconocerte?  Tenias ese porte de gozo y profunda paz que viene de Jesús.  Hace un mes, en la Vigilia Pascual, entraste, con lagrimas resbalándote por las mejillas, directamente a la fuente bautismal, hiciste tus promesas bautismales, recibiste agua, aceite, y luz, tu rostro reflejaba la profunda serenidad que trae el haber buscado y encontrado a El que te ama más allá de lo que las palabras pueden expresar.

¡Este proceso de recibir al Espíritu Santo es intenso!  Y tú también eres intenso.  Todos nos fijamos en la manera en la que escuchas las escrituras-especialmente estas escrituras de Pascua, que se tratan completamente de TI y del amor que los primeros discípulos tenían por aquellos que por primera vez oían acerca de Jesús, y de que fue crucificado (1 Cor. 2:2), y que resucito (Mat 28:6), y que vive radiantemente en aquellos que creen (Hechos 8:17).

Pero debo preguntarte, simplemente porque este mundo no da la paz que yo veo en tu rostro: “¿Cómo ha cambiado tu vida desde que fuiste bautizado hace un mes?”

“Maravilloso.  Estamos tan felices.  Fuimos bautizados juntos, toda nuestra familia.  Y ahora recibimos la Comunión juntos.  Nos sentimos tan bendecidos.”

Para aquellos de nosotros a los que nuestros padres llevaron al frente como bebes, y que crecimos en la iglesia, este es el tiempo de agradecer.  Nosotros no tuvimos que luchar para obtener lo que nuestros nuevos cristianos han finalmente recibido.

¿Tenemos el mismo gozo de los que han sido recientemente bautizados?  El versículo de la primera lectura de Pedro de hoy debe ser nuestro: Siempre estén listos para dar una explicación a cualquier que les pregunte cual es la razón de su esperanza (3:15).

Cómo estás cooperando con la gracia para estar lleno del Espíritu Santo?

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Quinto Domingo De Pascua – Ciclo A

15 mayo 2017

Reflexionando sobre John 14:6

Si me vez conduciendo en estos días probablemente comenzarás a preocuparte por mi salud mental.  Es porque estoy escuchando la tercera y más chistosa novela de Charles Dickens, La Vida y las Aventuras de Nicholas Nickleby.  Hay partes de este libro que son tan graciosas que me rio a carcajadas, yo solita en el auto.

Hay en el libro, por supuesto, adultos crueles que oprimen a niños huérfanos e inocentes.  Pero, ay, que tan geniales son los adultos del libro que modelan las palabras de Jesús en el evangelio de hoy: “Quien cree en mi hará las obras que yo hago.”

En un mundo de avaros y grasosos psicópatas que acechan las calles de Londres, conocemos a los hermanos Cheeryble, un par de hombres de negocio millonarios de edad media quienes viven todos los dones del Espíritu Santo, y dedican su vida alegremente a llevar a cabo los actos corporales de misericordia.

Es tan sanador observar su bondad y consideración el uno para el otro.  Estos dos hermanos se aman el uno al otro.  Les desborda la gratitud por su visión de negocios, la cual les ha creado una fortuna que se deleitan en compartir con cualquiera que se cruce en su camino.

Por alguna razón todavía se sorprenden de que cualquier niño fuese lastimado en su amada ciudad.  Ninguna persona con hambre era recibida con algo más que la más cálida amistad.  Se puede encontrar empleos, se puede encontrar un departamento, se puede encontrar comida y chimeneas y ropa nueva.

Dickens nos permite imaginarnos un mundo donde todos se comportan con un amor increíble y apasionado, haciendo las obras que Jesús hizo.  Los dos hermanos presagian, yo sospecho, a su posterior e inmortal personaje Ebenezer Scrooge, quien despierta justo a tiempo para darse cuenta de que la humanidad si se suponía ser de su incumbencia.  También es de nuestra incumbencia, por supuesto.  ¿Cómo le va con su incumbencia?

En esta temporada de Pascua, ¿Cómo estás haciendo las obras que Jesús hizo?

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Cuarto Domingo De Pascua – Ciclo A

7 mayo 2017

Reflexionando sobre Jn. 10:1-10

He venido a que tengan vida, y que la tengan en abundancia.  ¿Quién puede resistirse a El que nos promete esto a cada uno de nosotros?  Yo no puedo.  Nunca he podido resistirme a Jesús, y esta gracia me ha traído solo bendiciones cada día de mi vida.

Imagínate a Jesús, usando el lenguaje de la crianza de ovejas, tratando de atraer a los Fariseos a esta vida nueva que es su herencia.  Les recuerda de la puerta en el redil, y como las ovejas no entraran hasta que el portero les abra.  Los Fariseos solo se le quedan viendo.  Bueno, les dice, tratemos con esto:  las ovejas solamente seguirán al buen pastor.  Ellas solo conocen la voz del pastor que realmente se interesa por su bienestar, y no seguirán a los ladrones y bandidos.  Los Fariseos ponen mirada de bobos.  Simplemente no comprenden nada de esto.

MIREN, les dice Jesús impacientado.  YO SOY LA PUERTA DEL REDIL, SU ESPERANZA, SU SEGURIDAD, SU PAZ.  No se los puede decir más claramente que eso.  ¿Pero como puede ser él el tan esperado Mesías cuando no tiene ejercito, ni generales a quienes mandar, cuando rompe la ley del día de descanso, cuando dejo libre a esa adultera, y cuando come y bebe con pecadores?

Oh, les dice Jesús, si tan solo escucharán hoy mi voz.  Les estoy llamando- es a TI a quien le esta hablando, por cierto.  Cava hondo.  Escucha con todo tu corazón.  Desconéctate de todo el clamor de esta cultura que mata nuestras almas.  Si me buscas, dice Jesús, me encontrarás.  Si me buscas con todo tu corazón me dejaré encontrar por ti.

¿Vida en abundancia?  O, sí.  Llámanos por nuestro nombre, Buen Pastor.  Te oímos fuerte y claro.

¿En que maneras estás sintonizándote a la voz de Jesús?

Kathy McGovern ©2017

 

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Tercer Domingo de Pascua – Ciclo A

2 mayo 2017

Reflexionando sobre Luke 24: 13-35

Mi esposo Cleofás y yo decidimos irnos de Jerusalén.  Estábamos desgarrados.  Habíamos puesto nuestras esperanzas en que Jesús, nuestro amado amigo, liberaría a Israel.  Pero en vez de eso, los Romanos lo crucificaron.  Los Romanos son unas bestias.

Nuestro grupo pasó las siguientes horas todos amontonados, aterrorizados de los soldados.  Esta mañana, tres de los discípulos fueron a la tumba con especias para ungir su cuerpo.  ¡Regresaron corriendo con el cuento más descabellado!  ¡Venían gritando que su cuerpo ya no estaba, que había resucitado!  Y hasta Pedro corrió a la tumba y encontró los paños de la envoltura del cuerpo tirados dentro de la tumba vacía.

La gente está llorando y riéndose y gritando y cantando, -¡Resucitó!-  Pero nosotros no somos tontos.  No lograrán que nos hagamos ilusiones.  El grupo de Jerusalén puede continuar con su gozo.  Nosotros lo vimos crucificado.  Él no tuvo ningún poder sobre los Romanos.   Después de todo, él no era al que tanto habíamos esperado.

Pero he aquí esto.  En el camino de regreso a Emaús, un desconocido se nos apareció por el sendero.  Nos preguntó por qué llorábamos.  ¿Cómo es que él no sabía?  Comenzamos a contarle desde el principio, desde aquel día hace tres años cuando por primera vez oímos hablar de Jesús, y fuimos a encontrarle, y nos enamoramos tanto de él.  Le contamos acerca de los amigos que hicimos, los amigos que pensamos serían amigos para siempre.  Nos sentimos bien al contarle la historia.  De hecho, nuestros corazones ardían dentro de nosotros al solo recordarlo.

Ese desconocido sabia escucharnos muy bien.  ¡Ja!  ¿Cómo fue que no lo reconocimos?  ¡Era Jesús!  Como siempre, pensamos que nos alejábamos de él, pero él estuvo en el camino con nosotros todo ese tiempo.

¿Cómo es que recordar la Historia nos acerca más a Jesús?

Kathy McGovern ©2017

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Domingo de la Divina Misericordia – Ciclo A

22 abril 2017

Reflexionando sobre Actos 2: 42-47

 Yo sé lo que estás pensando.  ¿Tenían todas sus pertenencias en común?  Vaya,  simplemente no podrías hacer eso.

Claro que podrías.  Lo hiciste en tu niñez.  ¿Fue tan terrible?

Hace poco tiempo mi esposo Ben renovó nuestro sótano.  Nuestra amiga Karen nos preguntó si podía vivir ahí por un tiempito.  Calculamos lo bueno de compartir nuestra pequeña casita con ella- risas todos los días, y el comienzo de la hora feliz de las seis de la tarde- y lo malo.  Es chistoso, no me acuerdo de que era lo malo.

Al principio todos nos comportábamos terriblemente amables.  Su vida era solo de ella.  Hacíamos como que no nos fijábamos cuando llegaba.  Cocinábamos nuestras cenas separadas y le asignamos un pequeño espacio en el refrigerador y un solo estante la gaveta.  Esto era un arreglo formal y temporal.  Con el tiempo su suerte cambiaría y ella podría mudarse a un encantador, solitario condominio.  ¿Qué no es ese el sueño americano?

Pasaron nueve años.  Todas nuestras suertes cambiaron.  Recordamos la manera que solíamos vivir cuando éramos niños, compartiendo armarios y ropa y tendederos.  Todavía sospecho que se quedó con dos parejas de dos calcetines míos.  Ya nadie sabe a quién le toca el turno de comprar la leche.  Ninguno de nosotros recuerda como solíamos vivir.

Hoy, en el Domingo de la Divina Misericordia, se va a casar y se va a ir.  Estamos destrozados.  Ahora se separaran todos los bienes.  ¿La cafetera?  De ella.  ¿La licuadora?  Mia.  ¿El perro?  Nuestro.

Una despiadada batalla de custodia por venir.

¿Los corazones?  Sobrecargados de gratitud por esta amiga que estuvo dispuesta a compartir todas las cosas en común con nosotros.  Así es el reino de El que ha resucitado.

¿Qué recuerdos felices tienes de haber compartido cosas en común?

Kathy McGovern ©2017

 

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La Resurrección del Señor – Ciclo A

19 abril 2017

Reflexionando sobre Actos10: 34 A, 37-43

 Mi sacrificio de este año para la Cuaresma fue el usar menos agua- bañarme más rápido, y tener consciencia del agua que desperdicio a diario.  A mil millas de distancia, y sin haberlo planeado, mi hermana eligió el mismo sacrificio, pero cada día al terminar su muy corta ducha, ella hace una oración por alguien, conocido o no conocido, quien necesite una dosis extra de amor y gracia ese día.

Dios, quien no está limitado por el tiempo o el espacio, contestó sus oraciones y los de billones de personas antes y después de ella.  En esa mañana de Pascua, Dios le dio a toda la creación, por la eternidad, una “dosis extra de amor y de gracia.”

La Pascua, y no el Viernes Santo, se encuentra en el centro del corazón de Dios.  Dios no creó la muerte.  Dios hizo la vida, y nos la dio, ajustada y rebosante, exactamente como lo expresan nuestros altares de Pascua el día de hoy.  Colores preciosos, fragancias divinas, vida nueva brotando de las tumbas frías del invierno- este es nuestro Dios, cantándole a nuestras almas para que salgan de sus duros cascarones y diciéndonos, “Háganse mis socios, amen y protejan este mundo despampanante, y les mostraré El que ha Resucitado en los frutos de la tierra y el trabajo de las manos humanas.”

Jesús no necesitaba de una tumba vacía para romper las cadenas de la muerte.  El que calmó al mar y expulsó a los demonios no necesitaba de una piedra removida para poder llenarse de gloria.  Su cuerpo resucitado fue en beneficio de aquellos, que limitados por el tiempo y el espacio, necesitaban a un Jesús en cuerpo, levantado de los muertos y comiendo y bebiendo con ellos.

Nosotros que no fuimos testigos oculares no debemos sentirnos rechazados; nosotros sabemos donde encontrar a nuestro Señor Resucitado.

 ¿En que partes radiantes de tu vida encuentras a nuestro Jesús Resucitado?

Kathy McGovern ©2017

 

Kathy McGovern © 2014-2015

Solemnidad de la Ascensión del Señor

1 junio 2014

Reflexionando sobre Matthew 28:16-21

Señor, ¿es ahora cuando vas a restablecer el reino a Israel? Incluso al momento de su ascensión los apóstoles no lograban entender. Aún tenían la esperanza de que Jesús se estuviera preparando para formar un ejército y expulsar a los romanos de Palestina. ¡Y ellos eran los testigos! Habían presenciado su crucifixión, vieron la tumba vacía, lo habían visto días después de su resurrección, y todavía seguían creyendo que la mayor obra de su vida consistía en reunir a un ejército y librar a Israel de los odiados invasores romanos.

Eso requeriría de un gran poder, de muchos ejércitos. Pero nada como el poder que pronto estarían experimentando. Desde el cielo, Jesús estaba a punto de enviarles al Espíritu Santo, cuyo fuego ardería —aún arde—hasta los confines de la tierra. Y ciertamente, llegó el día en que los romanos salieron de Israel, solamente para ser reemplazados por otros extranjeros, y en la actualidad las guerras siguen causando estragos sobre la tierra que Jesús amaba.

Pero los dones que el Espíritu Santo derramó sobre la Iglesia naciente solo nueve días (novena) después de la Ascensión son tan poderosos hoy como lo eran entonces. Que esos dones enciendan el mundo en llamas una vez más, y que aquellos que aterrorizan, y torturan, y traen guerra a la tierra sean convertidos totalmente por el amor radical que solo proviene del Espíritu de Dios.

¿De qué manera  el Espíritu Santo me insta a tener sueños más grandes, para construir un cielo nuevo y una nueva tierra?

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Sylvia Gould

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Kathy McGovern © 2014-2015

Sexto Domingo de Pascua – Ciclo A

24 mayo 2014

Reflexionando sobre John 14: 1-12

En verdad me agrada la película Cielo es Real, claro que cuando la busque en google encontré toda clase de opositores. Por supuesto, los ateístas la encontraron ridícula. Algunos protestantes fundamentalistas la están boicoteando porque muestra  en el cielo a mucha “gente equivocada”, gente que nunca aceptó públicamente a “Cristo como su Salvador Personal”. Algunos otros fundamentalistas católicos se muestran  recelosos del relato del niño y su visita al cielo debido a que él no tiene un recuerdo vívido sobre la presencia de Maria en ese lugar.

El libro también me gustó, la incredulidad del ministro metodista padre de Colton y, curiosamente, la hostilidad de la congregación hacia la historia de la experiencia del niño de cuatro años. La más vergonzosa clase de cristiano, a su modo de ver, es aquel que cree en cosas mágicas sobre el cielo, y en un Dios real que gobierna ese lugar. Los cristianos sofisticados ya han superado eso.

Creo que al autor del Cuarto Evangelio, al que nombramos el evangelio de Juan, también le gustaría la película, especialmente el final. Todd, padre de Colton hizo a su quejumbrosa congregación una serie de preguntas. ¿Cuál es la voluntad de Dios? Que nos amemos unos a otros. ¿Por qué? Porque Dios es amor, y aquellos que permanecemos en el amor permanecemos en Dios. ¿Y en donde se manifiesta la voluntad de Dios? En la tierra como en el cielo. Ese es un perfecto resumen del evangelio de Juan.

Conclusión: El amor es el Puente entre el cielo y la tierra. Dios, expresa el ministro, mostró a Colton lo que todos necesitamos saber acerca del cielo: que es amor, solamente y siempre amor. Las personas que amamos en la tierra serán amadas en el cielo.

No hemos sido abandonados como huérfanos aquí en la tierra. Más bien, estamos conectados, a través del Cuerpo Místico, en la tierra como lo estaremos  en el cielo.

¿De qué manera sientes la conexión con tus seres queridos en el cielo?

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Sylvia Gould

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Kathy McGovern © 2014-2015

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