Tiempo Ordinario – Ciclo A

Cuarta Semana del Tiempo Ordinario – Ciclo A

29 enero 2011

Reflexionando Sobre Evangelio según San Mateo 5:1-12a

Varias veces he tenido la bendición de experimentar el ser pobre de espíritu. Una vez canté durante toda una boda con la falda enganchada en mi media, o la vez que tomé un hermoso chaleco de seda en el salón de belleza y cuando mi estilista me empezaba a lavar la cabeza, una señora mayor muy dulce, me tocó en el hombro y me dijo, “querida, me parece que te pusiste mi blusa”.

Puedo continuar indefinidamente, mi vida es una serie de momentos horribles que me han traído ésta auto revelación: mi vida es una mentira.

Esta es precisamente la bendición, el reino de Dios es simplemente esto: una profunda y alegre conciencia de que Dios es Dios, y yo no. Reginald Fuller, estudioso de las Escrituras, dijo después de haber estudiado las lecturas de hoy, leyendo de  Sofonías y el Evangelio de las Beatitudes, “en el día del Señor la única seguridad es la humildad”. No que nos odiemos a nosotros mismos, o que nos demos por el pecho, pero tan solo estar conscientes de que en cualquier momento, el mundo verá que Nuestra vida es tan solo una mentira. Pero Dios nos levanta y nos fortalece.

Trata de recordar alguna experiencia de mucha humillación, mantenla ahí, deja que se lleve tu aliento una vez más. Inclina tu cabeza bajo su terrible peso, ahora tápate con ella como si fuera un abrigo, una protección de los fríos vientos de seguridad, arrogancia, superioridad, dominio. Permite que ésta bendición te caliente como si tomaras licor de menta junto al fuego. Dios es Dios y tu no eres. ¡Que alivio,  se me quita un peso de encima, que Bendición!

¿De qué manera has sido bendecido por una experiencia de humildad?

Y TÚ ¿qué opinas sobre esta pregunta ó sobre las lecturas de hoy, ó sobre las columnas del año pasado? ¡Las conversaciones sagradas están encendiendo el fuego de Pentecostés!

Inscríbete hoy mismo y únete a la conversación.

Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Wendy Feliz

Kathy McGovern © 2014-2015

Tercer Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo A

22 enero 2011

Reflexionando Sobre Evangelio según San Mateo 4:12-23, Primera Epístola a los Corintios 1:1-3

Me pregunto que se sentiría abandonar todo. Por ejemplo, que estés junto con tu hermano en el bote de pescar de tu papá, preparando las redes, y que viniera el Rabino, se acercara al bote y les hablara a cada uno por su nombre. ¿Qué se sentiría si tan solo saltaras del bote y lo siguieras?

Ellos dejaron sus redes detrás

O qué tal si fueras un recaudador de impuestos para el gobierno romano, cobrando dos para ellos y uno para ti, y el Rabino pasara por tu cubículo.  ¿Cómo sería si tan solo te vas y lo sigues,  aunque el dinero aún esté en tu escritorio?

O qué tal si estuvieras en el medio de una discusión con tu hija, y tú estás en lo correcto y ella no, y ésta fuera finalmente tu oportunidad de quitarle esa sonrisa de burla de la cara, pero llegó el Rabino y miró directo en tu corazón y te detuviste, te mordiste la lengua y escuchaste – realmente la escuchaste y te pusiste en su lugar, ese lugar de completa ausencia de poder.

O qué tal si a alguien que le gusta hablar de sus candidatos y su posición sobre la reforma migratoria, y en vez de sentir como se acelera tu corazón y tu cara se pone roja, en vez de decir ¡Yo apoyo a Obama! O ¡Yo apoyo a Palin!, el Rabino entró y de inmediato sentiste los miedos y frustraciones de tu amigo, y dejaste de discutir y empezaste una verdadera amistad basada en realmente escuchar y realmente oír.

Y qué tal si el Rabino caminara hacía ti en este preciso momento, llamándote por tu nombre. Mi opinión es que si estás leyendo esto, él ya lo hizo.

¿De qué manera sientes que te sometes a la voluntad del Rabino?

Y TÚ ¿qué opinas sobre esta pregunta ó sobre las lecturas de hoy, ó sobre las columnas del año pasado? ¡Las conversaciones sagradas están encendiendo el fuego de Pentecostés!

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Wendy Feliz

Kathy McGovern © 2014-2015

Segundo Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo A

17 enero 2011

Reflexionando Sobre Evangelio según San Juan

En la primera semana después de Navidad es entretenido reflexionar sobre las fechas que la Iglesia ha elegido para recordar la concepción y el nacimiento de Jesús y María. La festividad de la Anunciación es el 25 de marzo, así que por supuesto Jesús nace exactamente nueve meses después. El cumpleaños de María es el 8 de septiembre, que también son exactamente nueve meses después de su concepción el 8 de diciembre. Vaya, que exactitud. Así terminan todos los embarazos, exactamente después de nueve meses, ¿o no?

Que puede disminuir, y se puede aumentar.

Pues como las fechas reales se desconocen, la Iglesia utiliza esta oportunidad para enseñarnos algo de teología. Uno de los momentos más hermosos en el calendario litúrgico es la celebración del nacimiento de Juan el Bautista, ese personaje clave del Nuevo Testamento de quien hablamos nuevamente en el Evangelio de hoy.

Ya que María visitó a Elizabeth cuando su prima tenía 6 meses de embarazo y se quedó tres meses hasta el nacimiento (Lc 1:26-56), nos dice que Juan el Bautista nace en los días del solsticio de verano (Junio 24). Así que al momento que los días empiezan a disminuir el gran heraldo viene al mundo – para que yo disminuya y él acreciente- y mientras los días empiezan a aumentar (Diciembre 25) la Luz de las naciones nace.

Me encanta cuando la Escritura y el año litúrgico se besan.

Y TÚ ¿qué opinas sobre esta pregunta ó sobre las lecturas de hoy, ó sobre las columnas del año pasado? ¡Las conversaciones sagradas están encendiendo el fuego de Pentecostés!

Inscríbete hoy mismo y únete a la conversación.

Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Wendy Feliz

Kathy McGovern © 2014-2015