Navidad – Ciclo B

El Bautismo del Señor – Ciclo B

11 enero 2015

Reflexionando sobre Mark 1: 7-11 

Me imagino que hay cosas que nos llevan cerca de la bienaventuranza del cielo. Un buen libro y una llama de fuego en una noche fría tienen que ser un resquicio del cielo. Hundiendo a ti mismo en el río Jordán para el arrepentimiento de los pecados que nunca cometer es otro encuentro con lo Divino.

¿Eh? Bueno, no es que lo que ha pasado? Jesús, el que era sin pecado, se permitió ser bautizado por Juan, de arrepentimiento del pecado. En lo humilla y teniendo en nuestra forma humana por completo, Jesús salió del agua y directamente a la visión beatífica. Él vio los cielos abiertos y el Espíritu desciende sobre él. Y oyó la voz del Padre que lo reclame como el Hijo Amado. Un vistazo de los cielos, de hecho.

A veces, cuando el sol está brillando y estoy en el porche con un libro, estoy bastante seguro de que el cielo y la tierra han tocado. Pero mi marido, que visitó recientemente la India, informa que vio el cielo y la tierra se encuentran cuando una mujer de morir en la calle se acercó a tomar el pan que le ofreció. Ella lo miró a los ojos y encontró a su corazón, deseando ser conocido.

Nunca ha sido testigo de la miseria de los demás tan agudamente. Él nunca ha experimentado la cercanía de Dios tan profundamente. En ese momento, se abrió el cielo, el Espíritu descendió, y oyó una voz que decía: “Este es mi hija amada. Mantenga su mirada “.

Todos los días tenemos la oportunidad de dividir el velo que parece dividir el cielo y la tierra. A menudo es nuestra comunión con otro que lleva el cernido Espíritu, y la voz de Dios en nuestros corazones nos nombrando como amada.

¿Cuándo ha experimentado el encuentro entre el cielo y la tierra?

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)
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Kathy McGovern © 2014-2015

Solemnidad de la Epifania del Senor – Cycle B

5 enero 2015

Reflexionando sobre Matthew 2: 1-12

Y volvemos ahora a la hermosa historia de los reyes magos del Oriente. Y nuestras preguntas se levantan tan seguras como la Estrella.

¿Cómo es que ellos observaron cuando surgió la Estrella? ¿Cómo es que ellos, unos gentiles que no sabían nada del esperado Mesías, dejan todo para buscar al recién nacido Rey de Judea? Y, la pregunta más difícil: si la Estrella se cernía sobre la casa en donde la Sagrada Familia pernoctaba en Belén, sin que ninguno de los judíos en la Ciudad de David lo notara, ¿cómo es que los gentiles lo notaron, cómo fue que la vieron claramente desde tan lejos y encontraron al Mesías por la Luz que emanaba de la estrella?

Sn Mateo (el único de los cuatro escritores del Evangelio que conoce esta historia de la Epifanía) dice a  su comunidad Judío/Cristiana algo verdaderamente hermoso: aquellos que buscan a Jesús seguramente lo encontrarán, ya sea que haya nacido en la línea sanguínea correcta o no.

Pero después surgen nuestros propios cuestionamientos: ¿por qué es la fe un don puro para algunos, que la cultivan y alimentan a través de sus propias vidas, y sin embargo algunos otros no les importa lo necesario como para buscarla? ¿Por qué muchos de nosotros, como los Reyes Magos, intuimos su cercanía y salimos a su encuentro? ¿Y otros (tal vez, nuestros hijos) no han sido lo suficientemente curiosos o no han experimentado el deseo necesario como para buscar a quien tan intensamente los busca a ellos?

Los judíos en Belén esperan al Mesías, y sin embargo, no vieron su Estrella. ¿La Luz de Cristo brilla lo suficientemente intensa en nosotros como para atraer a aquellos que nunca lo han buscado?

¿En dónde observas la Luz brillando intensamente hoy?

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Kathy McGovern © 2014-2015

La Fiesta de la Sagrada Familia – Ciclo B

28 diciembre 2014

Reflexionando sobre Colossians 3:12-21

¿Conseguiste todo lo que quería para Navidad este año? Porque estoy seguro que vi más regalos para ti, oculto bajo el árbol y escondido en lugares secretos donde puede encontrarlos en el momento perfecto.

Aquí hay uno dirigido a usted de “compasión sincera”. Te sentirás tu escapada a corazón abierto como te sientes “” con pasión “la lucha diaria de un miembro de la familia cuya adicción ya ha tensado los lazos de amor en su familia. Está bien. Siente que la ternura y el amor por su familiar roto una vez más. Es Navidad para ellos también, con todas sus promesas de Dios con nosotros.

Este próximo regalo va con ella, por lo que se abre “amabilidad” también. Esto es un regalo perfecto para usted, ya que le mantendrá sorprendiendo a todo el año! Esté atento a la bondad de una hermana que envía la tarjeta de cumpleaños más divertido, o la paciencia de los padres que nunca deja de creer en ti, y confiar en que va a tirar de su vida juntos.

Aquí está un regalo de valor incalculable: la humildad. Se presentará en la forma de tu dulce esposo sacar la basura todos los días, sin decir una palabra. O tal vez será su hijo adulto, llamando para decir: “Recuerda lo difícil que luché para conseguir que me dejes pasar el rato con mis amigos cuando yo tenía catorce años? Nunca te he dado las gracias por la celebración de su tierra y mantenerme a salvo “.

Hay muchos más regalos, y ellos vendrán de seres queridos que no son de su familia biológica, pero con los que se han creado lazos de amor tan fuerte. Es una familia santa, este Cuerpo de Cristo. Feliz Día de Fiesta.

¿Cómo está trabajando para fortalecer los lazos familiares?

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La Solemnidad de María, la Madre de Dios – Ciclo B

1 enero 2012

Reflectionando sobre Evangelio según San Lucas 2:16-21

Una Víspera  de Navidad, mientras me encontraba en una peregrinación a Israel, mi esposo y yo realizamos una caminata memorable a Belén desde el Potrero del Pastor. Este es el potrero que rememora el lugar sagrado en donde los pastores—ese grupo que era considerado tan impuro que su testimonio no fue aceptado en la corte—vieron al ángel, quien les confió la noticia más importante en la historia de la humanidad. Entonces, los cielos se abrieron y vieron “una multitud de seres celestiales” alabando a  Dios.

Ben y yo decidimos seguir sus huellas desde el Potrero del Pastor esa tarde de Víspera de Navidad. “Caminamos presurosos” esas tres millas, las cuales gradualmente se hacían más pronunciadas conforme se avanzaba a la Iglesia de la Natividad. Casi sin aliento y con pletóricos corazones, entramos a la iglesia que, en diez horas más, para la misa de media noche, estaría repleta de peregrinos de todas partes del mundo. Pero en ese momento, estábamos solos. Bajamos las oscuras escaleras que dirigen a la antigua gruta en donde los pastores encontraron a “Maria y a José, y al infante recostado en el pesebre.” Entonces esos pastores, esos “ilegales”, les comunicaron lo que les habían dicho sobre Jesús.

Qué paz tan grande experimentamos ahí en esa gruta esa Víspera de Navidad. Mientras salíamos del frio diciembre, prometíamos acrecentar nuestro propio testimonio sobre Jesús, y trabajar más fuerte por la paz en la tierra, y por la buena voluntad hacia todos nuestros hermanos.

¿Existen lugares en tu corazón que no te permiten comprender a un Dios que ama a todas las personas?

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Sandy Gould

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Kathy McGovern © 2014-2015

Solemnidad de la Natividad – Ciclo B

26 diciembre 2011

Reflexionando sobre Evangelio según San Lucas 2: 1-14

Estábamos discutiendo  cuando sucedió. Estábamos vigilando  los campos en donde vivimos. El nuevo empleado, el que acababa de salir de uno de los calabozos en la prisión de Herodes, comenzaba a sacar a las ovejas fuera del agua. Al principio, esto provocó el enojo del resto de nosotros ya que habíamos planeado pasar la noche ahí, bebiendo vino y contando historias de los buenos tiempos que pasamos en el norte de Jerusalén.  Y de repente, no era  noche, y no era día. Solo era LUZ, LUZ en todas partes.

Y esta LUZ estaba justo ahí en donde habíamos estado discutiendo. Estábamos aterrados. De alguna manera escuchamos  a esta LUZ hablar. Y nuestro temor se desvaneció cuando escuchamos de este Bebé, de este Salvador, que acababa de nacer a solo tres millas en Belén.  Y después, Oh, después el cielo era cubierto, desde cada rincón, con estos ENORMES, HERMOSOS mensajeros de LUZ. Y Oh, la música. Trata de imaginar el sonido más dulce que jamás hayas escuchado, saliendo de la LUZ hacia cada rincón del firmamento.

¡Gloria a Dios en lo alto de los cielos! ¡Y Paz! ¡Paz ¡ ¡Paz!

No recordamos haber corrido. No pudimos detenernos hasta que Lo encontramos, pero nos pareció como si Él nos hubiera encontrado a nosotros. Él estaba ahí, este Niño celestial, durmiendo en un pesebre en la parte trasera de un establo. Gritamos lo que vimos en el firmamento, y lo que la LUZ nos habló sobre EL. Y nos arrodillamos frente a este Niño y a Su madre. Y nada volvió a ser igual.

Y al salir, notamos que la Hermosa Madre veía embelesada al Bebé, y nos preguntamos qué es lo que estaba mirando.  Se encontraba tan serena cuando salimos.

¿Qué misterios de tu propia vida “ponderas en tu corazón?


Kathy McGovern © 2014-2015