Cuaresma – Ciclo A

Segundo Domingo de Cuaresma – Ciclo A

19 marzo 2014

Reflexionando sobre Matt. 17: 1-9

He pensado mucho últimamente en “papi hambre”, el termino para toda una generación de hombres y mujeres jóvenes que crecieron sin un padre en casa. Las prisiones están llenas de ellos- hombres que no tuvieron un padre quien los amara y buscaron a “papi amor” participando en las pandillas, y las mujeres que compran armas para hacer felonías y se ponen en gran riesgo en manos de peligrosos hombre quienes les brindaron la atención que necesitaban.

La otra parte de la historia es el padre desinteresado, violento, y degradado cuya presencia fría y sin amor sirve como modelo a muchos niños y adultos. Papi no puede decir “Buen trabajo, estoy orgulloso de ti” porque nunca lo escucho de su propio  padre. Escarba la superficie en la vida de un hombre crónicamente depresivo de cualquier edad, y a menudo encontraras a un padre emocionalmente inexistente en el centro de sus heridas.

Pero no Jesús. Desde el momento de su bautismo en el Jordán hasta el momento dela  revelación en la transfiguración en el Monte Tabor, el Padre le dice a Jesús quien es El: Mi Hijo amado en quien tengo mis complacencias.

¿No sería este mundo un lugar diferente si los niños, jóvenes en particular, escucharan esto de sus padres regularmente? Si, este es mi hijo amado. ¡Me hace sentir orgulloso todos los días!

Este es el pedacito de cielo del  que aprendemos primeramente en los evangelios; Jesús es el Hijo amado del Padre celestial quien lo reclama, y lo nombra, y está muy complacido con él. Es ese conocimiento profundo de ser eternamente amado lo que fortalece a Jesús para regresar al Tabor y enfrentar a Jerusalén y a su destino.

¿De qué manera presencias a “papi hambre” en el mundo?

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Sylvia Gould

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Kathy McGovern © 2014-2015

Primer Domingo de Cuaresma – Ciclo A

14 marzo 2014

Reflexionando sobre Gen. 2:7-9; 3:1-7

¿Que puede haber en una mentira para que resulte mucho más cómoda que la verdad? Pienso que cualquier mentira que corrobora nuestros más secretos deseos-y que por cierto es lo  que eventualmente nos mata- encontrará siempre un lugar de bienvenida en nosotros.

El enemigo comienza con una mentira al sugerirle a Eva que Dios le ha prohibido todos los arboles del jardín. Oh no, dice Eva, solamente de la que está en medio.

¿En serio? No lo puedo creer. Estoy indignado por ti. ¿Porque no DEBERIAS tenerlo todo?

¿Y sabes qué? Hay una parte en nosotros que piensa que si deberíamos tenerlo todo. Solo dame una razón, cualquier razón, del porque debería de consumir mucho más de la parte que me corresponde de los recursos mundiales y daré un respiro de alivio. Ningún punto opuesto de vista encontrara un oído más atento.

O sugiere, como lo hizo la serpiente, que debería de dudar de los demás, que me están dejando fuera de la jugada a propósito, o que mi experiencia es mucho más exquisitamente dolorosa que  el resto de la humanidad, y que amorosamente alimentare esa mentira por el resto de mi vida.

Esa Mentira Original, que se nos está secretamente excluyendo por un Dios conspirador- y agrega que también lo han hecho un padre, o maestro, o compañeros de trabajo, o amigos- es nuestra Herida Original. Y nosotros voluntariamente abrimos esa herida una y otra vez.

Un millón de años después el Tentador  dijo las mismas mentiras a Jesús. Pero el nuevo Adán rechazó a Satán, y a sus obras, y a todas sus promesas bacías. Y al final de esos cuarenta días nos reuniremos en la fuente de la Pascua, renovaremos nuestras promesas bautismales, y rechazaremos al  padre de la Mentira una vez más.

¿Que mentiras has resuelto rechazar esta Cuaresma?

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Sylvia Gould

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Kathy McGovern © 2014-2015

Domingo de Ramos o de la Pasión – Ciclo A

17 abril 2011

Reflexionando Sobre Evangelio según San Mateo 26:14-27:66 or San Meteo 27:11-54

A ver, ¿en confianza, podemos hablar de algo? ¿Es ese el salmo responsorial de hoy, Dios mío, Dios mío, por que me has abandonado? Lo cantamos una y otra vez después de la primera lectura, y luego lo tenemos que escuchar de nuevo en la lectura de la Pasión del Evangelio de Mateo, cuando Jesús recita ese mismo Salmo (22) durante su último aliento mientras agonizaba sobre la Cruz.

¡Ay! Como detesto eso, me duele cada vez que lo escucho, y tengo que contemplar que Jesús, en sus últimos momentos experimenta la traición del Padre. Pero finalmente, después de años de malestar con ese imagen de la muerte de Jesús, aprendí algo que curó ese dolor de inmediato, como me hubiese gustado que alguien me dije lo que ahora les digo:

En su agonía, Jesús, el judío comienza diciendo en voz alta ese salmo conocido del lamento, ¿Dios mío, Dios mío, por que me has abandonado? Varias mujeres miran desde la distancia, ellas lo han seguido desde que salió de Galilea hasta llegar a Jerusalén. Ellas de seguro se saben este salmo, y al igual que en la sinagoga respondieron a su clamor recitando el resto del salmo, sí los 31 versos que le siguen, incluyendo el triunfante final, cuando aquel que sufre proclama que todos han de proclamar al Señor a las generaciones venideras, sobre su justicia hacía un pueblo aún por nacer. Amén.

Jesús los fieles sabemos que no fuiste traicionado, que el gran amor del Padre será proclamado a todas las generaciones para siempre. Con su último aliento él recita el salmo 22, sabiendo que aquellos que lo ‘miran desde la distancia’ –y también nosotros- contestaremos respondiendo el resto del salmo en su lugar. Jesús sabe como termina, y como todo habrá de terminar. Por los siglos de los siglos. AMÉN.

Y TÚ ¿qué opinas sobre esta pregunta ó sobre las lecturas de hoy, ó sobre las columnas del año pasado? ¡Las conversaciones sagradas están encendiendo el fuego de Pentecostés!

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Wendy Feliz

Kathy McGovern © 2014-2015

Quinto Domingo de Cuaresma – Ciclo A

10 abril 2011

Reflexionando Sobre Evangelio según San Juan11:1-45 or 11:3-7, 17, 20-27, 33b-45

A través de los años he tenido el privilegio de visitar Tierra Santa en varias ocasiones, pero el único recuerdo que he conservado de mis peregrinaciones lo tengo colgado en la pared, justo encima de una foto de la boda de mis padres el 31 de Octubre de 1938. Ellos me sonríen, este par de jóvenes, hermosos, recién casados llenos de esperanzas, en ropas de uso diario común en las bodas de le época de la depresión.

¿Acaso se pudieron haber imaginado lo que les deparaba el futuro? La guerra en Europa apenas empezaba, tanto ellos como todos los que conocían cambiarían debido a ella. Al cabo de diez años llegarían por fin sus hijos y eventualmente su robusta juventud se vencería ante la edad. Perderían a sus padres y familiares.  Ellos inculcarían la fe en sus hijos y esa fe los sostendría cuando su propio hijo se fue a la guerra.

Los hermosos novios ya no están. Pero sus hijos viven, recordándolos, amándolos, sabiendo que cuando les llegue su hora los volverán a ver. Cuando Lázaro escucho la voz de Jesús llamándolo desde afuera de la cueva el salió de allí, de esa tumba obscura. Yo he visto esa tumba, he tomado una antorcha y he bajado hasta sus entrañas, e imaginado la voz de Jesús, llamando hasta las profundidades ¡Lázaro! ¡Sal! Y el hombre muerto salió.

Así que es de aquí que lleve a casa el único recuerdo, un pequeño mosaico que dice “Betania”. El cual protege a aquellos recién casados en la pared, y a todos sus hijos y nietos de quienes tengo fotos alrededor. Cuando nuestros cuerpos mortales encuentren la muerte, encontraremos un hogar eterno en el paraíso.

¿Cómo crees que haya sido para Lázaro el salir de la tumba?

Y TÚ ¿qué opinas sobre esta pregunta ó sobre las lecturas de hoy, ó sobre las columnas del año pasado? ¡Las conversaciones sagradas están encendiendo el fuego de Pentecostés!

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Wendy Feliz

Kathy McGovern © 2014-2015

Cuarto Domingo de Cuaresma – Ciclo A

2 abril 2011

Reflexionando Sobre Evangelio según San Juan 9:1, 6-9, 13-17, 34-38

La gran sorpresa del Evangelio de hoy está en la última línea. Pero Jesús ¿acaso estás tratando de sugerir que nosotros somos los ciegos? Porque nosotros sabemos de la forma en que Dios ha organizado el mundo. Las cosas buenas le pasan a los buenos y las personas malas pues son ciegas de nacimiento. Bueno, tal vez este muchacho no es directamente responsable de su ceguera, pero sus papas han debido ser pecadores, ¿correcto? Y nosotros estamos seguros que Tu eres un pecador porque ¡te atreviste a curar en sábado!

Vaya, como que las respuestas de ellos se parecen mucho a las nuestras. Decimos lo mismo cuando escuchamos sobre algo terrible que le ha pasado a alguien que conocemos, ¿no crees? ¡Ay sí!, que pena que tiene cáncer de pulmón, pero lo más seguro es que fumaba, lo bueno es que yo no fumo así que nunca sufriré de cáncer de pulmón. ¡Ay sí!, que tristeza que haya sufrido ese accidente, pero te apuesto a que no llevaba su cinturón de seguridad, lo bueno es que yo siempre me pongo el cinturón de seguridad así que nunca sufriré un accidente.

Existe algo en nosotros que necesita encontrar la razón por la cual cosas malas le pasan a gente buena, porque nos aterra aceptar que nos pudiera pasar a nosotros también. Si podemos admitir eso, es posible que también estemos listos para aceptar que Dios puede sacudirnos de nuestro cinismo, quitarnos las capas de falsa valentía y realmente sanarnos. No es un truco, o una conspiración tramada hace años para hacernos creer que el hombre era ciego cuando en realidad siempre había podido ver. Sus padres no tomaron parte en esa conspiración, ni tampoco él. Ese hombre a quien ellos llaman Jesús, lo tocó y ahora puede ver.

Si no podemos creer eso, somos aún más ciegos que el hombre que nació ciego y puede ahora ver.

¿De qué manera has experimentado el toque sanador de Jesús en tu vida?

Y TÚ ¿qué opinas sobre esta pregunta ó sobre las lecturas de hoy, ó sobre las columnas del año pasado? ¡Las conversaciones sagradas están encendiendo el fuego de Pentecostés!

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Wendy Feliz

Kathy McGovern © 2014-2015

Tercer Domingo de Cuaresma – Ciclo A

26 marzo 2011

Reflexionando Sobre Evangelio según San Juan 4: 5-15, 19b-26,39a, 40-42

Un domingo, hace más de treinta años, me sentía muy preocupada por la caída de la una vez fuerte comunidad parroquial que disfruté por más de una década. Un nuevo párroco había llegado y en unos pocos meses la misa de domingo que siempre se llenaba, que era tan vibrante y cálida se deterioró por completo. La mayoría de mis amigos con quien compartía después de misa se habían ido a otras parroquias. Fue una experiencia muy dolorosa.

Ese domingo en particular pasé a visitar un amigo, él siempre se pasaba las horas de la mañana en oración y leyendo las escrituras. Hablamos por un momento sobre como había reducido el número de personas de las parroquias y lo aburrido de las prédicas del nuevo párroco, entonces nos quedamos en silencio por unos minutos.

¿Qué estás leyendo hoy? pregunté. Él miró la biblia sobre la mesa, abrió el cuarto capítulo del Evangelio de Juan y leyó el pasaje sobre la mujer samaritana que retó a Jesús diciendo: Nuestros ancestros oraban en esta montaña, pero ustedes dicen que el lugar para orar es Jerusalén.

Vaya, así que las preguntas sobre quien tiene la mejor parroquia vienen por lo menos desde el día que Jesús fue al encuentro de esta mujer desesperanzada, en medio del calor de ese día, en un pozo que su gran ancestro Jacob había cavado. Jesús la invitó a ser amiga suya y ella dejó todo atrás para decirle al mundo sobre él. Eso es lo que llamo verdadera oración, en Espíritu y en verdad.

¿Hay maneras en que puedas ayudar a construir tu parroquia y comunidad?

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Wendy Feliz

Kathy McGovern © 2014-2015

Segundo Domingo de Cuaresma – Ciclo A

19 marzo 2011

Reflexionando Sobre Génesis 12:1-4a

Señor, todo lo que pedimos es que nos hables tan claro como le hablaste a Abraham. Pídenos que vayamos a nuevas tierras y empezaremos a empacar de inmediato. Envíanos a Egipto en medio de la crisis y compraremos el primer vuelo. Ven a nuestra puerta con dos ángeles a tu lado y prepararemos un banquete para ti. Tan solo háblanos Señor, estamos tan confundidos.

Haré de ti una nación grande

¿Cómo podemos discernir la voluntad de Dios? Dios nos habla mediante nuestra propia historia, nuestros recuerdos, nuestro entendimiento. San Ignacio de Loyola nos aconseja prestar atención a las cosas que nos dan paz, que nos dan energía, o que nos hacen infelices, o nos llenan de culpa. Parafraseando un viejo refrán: ¿te duele cuando eres cínico, o egoísta, o haragán? Entonces deja de hacerlo.

¿Te sientes bien cuando paras en seco una conversación que se están convirtiendo en chisme y malicia? Entonces hazlo más a menudo. ¿Se alegra tu espíritu cuando eres el primero en disculparte, o si tomas la iniciativa para la reconciliación? Entonces sospecho que has entrado en el pleno corazón de Dios.

Igual que Abraham y Sara, nosotros descansamos en una tierra que Dios nos muestra a lo largo de nuestras vidas. Es una tierra marcada por errores y amargos arrepentimientos, pero llena de gracia y sanación gradual. Presta atención a las cosas que te hacen verdaderamente feliz, verdaderamente en paz. A los 75, Abraham vivió cien años más al discernir la llamada de Dios. Sigamos escuchando.

¿En qué momentos sientes la mayor conexión con Dios?

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Wendy Feliz

Kathy McGovern © 2014-2015

Primero el domingo de Cuaresma – Ciclo A

12 marzo 2011

Reflexionando Sobre Génesis 2:7-9; 3:1-7, Evangelio según San Mateo 4:1-11

Lo que una serpiente engañosa que serpiente fue. Hizo su apariencia en el Jardín (que permitió que él en empiece con?) y empezara a mentiras en seguida. Eso es la cosa acerca de enemigos. Toman una mentira y llegan sin ayuda para expresar en otras palabraslo tan suena como la verdad. Quizá saben que preferimos que la mentira para empezar con.

Cuando la serpiente se encontró primero con Eve él encuadró su pregunta/mentira magistralmente: ¿Qué? ¿Dios le dijo que usted no podría comer de cualquiera de los árboles en el Jardín? Pero Eve corrigió al Enemigo. No, podemos comer de todos los árboles menos el uno en el centro. Si comemos de que nos moriremos.

Ahora aquí está algo usted nunca oirá de un mentiroso: Usted me agarró. Trataba de revolver algún drama, pero supo la verdad y usted supo que yo no lo relacionaba correctamente y usted me clavó. Perdón. Astillaré lejos bajo mi piedra y nunca le molestaré otra vez.

Pero no. La serpiente apareció el calor diciendo una mentira más grande, que se cayó en orejas receptivas de Eve: ¡Usted cosa pobre! ¡Usted ciertamente no se morirá! ¿No se da cuenta de usted que si come de este árbol usted será tan sabio como Dioses? Es la víctima aquí y yo acabo de ultrajar para usted.

Un millón de años luego el Tentador probó los mismas mentiras en Jesús. Pero el nuevo Adam rechazó a Satanás, y todo sus trabajos, y todo sus promesas vacías. Y a fines de estos cuarenta días que reuniremos en el Tipo de letra de Pascua, renovaremos nuestras promesas bautismales, y rechazaremos al Mentiroso una vez más.

¿Qué mentiras se resuelve rechazar esta Cuaresma?

Y TÚ ¿qué opinas sobre esta pregunta ó sobre las lecturas de hoy, ó sobre las columnas del año pasado? ¡Las conversaciones sagradas están encendiendo el fuego de Pentecostés!

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Wendy Feliz

Kathy McGovern © 2014-2015

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