Tiempo Ordinario – Ciclo B

Sexto Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo B

16 febrero 2018

Reflexionando sobre Mark 1: 40-45

He tenido tantos momentos de gracia en mi vida, pero algunos de los más significativos rodean a las cientos de parejas con quienes he trabajado para planear música hermosa para sus bodas. Al parecer, las novias eran hermosas, pero el evangelio de hoy trae una directamente a mi corazón.

Ella era una belleza sureña rubia de ojos azules. Trabajó rigurosamente para usar ese impresionante vestido de novia de tamaño dos. Todos sus amigos que compartieron este día con ella eran igual de hermosos, igualmente hambrientos, igual de perfectos cuidados y masajes y peinado.

Y en el día de su boda, esta espléndida y adorable novia, enamorada de su novio y enamorada de Jesús, llegó con una ampolla de fiebre que le rezumaba en el labio superior. Ningún maquillaje podría ocultarlo. Nadie podía pretender que no estaba allí. Excepto, por supuesto, esta querida novia. Ella saludó a cada invitado con la calidez y la confianza de alguien que sabe que la aman totalmente, por dentro y por fuera. Ella presentó a su apuesto novio en la habitación. Estaba tan enamorado y adorado como en cualquiera de sus citas perfectas, hechas para la televisión.

Nunca la olvidaré. Ella me enseñó, a través de su vulnerabilidad, que nuestras “leprosas” pueden desafiar la perfección que creemos que estamos presentando al mundo.

Parecía entender esta profunda verdad: somos amados, salvajemente, locamente, de todos modos. El Novio conoce nuestras cicatrices profundas y ocultas. El Sanador quiere tocar las furiosas llagas en nuestras almas. Él quiere sanar nuestros resentimientos, nuestros corazones rotos, nuestras adicciones.

Algunas leprosas estallan hoy y desaparecen mañana. Pero las lesiones reales son las que llevamos dentro. Así que aquí está la pregunta: ¿queremos ser sanados? Oh, sí, Dios, sí. ¿Sería hoy demasiado pronto?

¿Puedes recordar un momento en que una desfiguración superficial te trajo a un amor más profundo de Cristo?

Kathy McGovern © 2018

 

Kathy McGovern © 2014-2015

Quinto Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B

3 febrero 2018

Me encantaría que pudiesen ver el banquete de genialidad que devoro cada semana al contemplar las lecturas dominicales.  Primero me dirijo a Words of Grace (palabras de gracia) y leo fascinantes reflexiones que iluminan, reducidas a 130 palabras escrupulosamente editadas.  Me encanta la variedad diversa de escritores espirituales en Give us this Day (Danos hoy) .  Esta semana, por supuesto, buscaron a Kathleen Norris para que diera su opinión acerca de los sufrimientos de Job.  Ella es la experta de la cristiandad en el tema de la tristeza del alma.

Nunca me pierdo las reflexiones sobre las escrituras de la Universidad de San Luis.  John Pilch aborda el tema acerca de que tipos de fiebre pudo haber sufrido la suegra de Pedro.  Reginald Fuller nos muestra la conexión ingeniosa entre las escrituras, y que tan bellamente el salmo de hoy- el sana los corazones destrozados y venda sus heridas- presenta al desalentado Job así como también a esa jubilosa mujer quien, en cuanto es sanada, inmediatamente se incorpora y empieza a servir.

El gran académico Dennis Hamm, SJ, nota que para Jesús lo más importante son las relaciones.  Si hay sufrimiento o enfermedad o posesión demoniaca en la vida de alguien a quien él ama- y ese serias TÚ, por cierto- Él tiene toda la intención de quedarse ahí, de posar sus manos sobre ti y decirte “Levántate.”

Intento tener la mente completamente abierta frente a estos académicos tan profundos, pero una vez que me dirijo a John Kavanaugh, SJ, me rindo.  Él apunta su flecha de entendimiento directo a mi corazón, y siempre me perfora.  El argumento contundente de esta semana es: El llamado de los lastimados no es solamente un problema que debemos resolver o evitar; es una invitación al poder redentor del amor. 

Inmediatamente se me vienen a la mente una docena de experiencias de mi vida solo de esta semana que ilustran eso, y al sentir la deliciosa experiencia del Sanador que permanece a mi lado me siento una vez mas como nueva.

¿En que maneras has estado consciente de que Cristo permanece contigo esta semana?

Kathy McGovern ©2018

Kathy McGovern © 2014-2015

Cuarto Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B

30 enero 2018

Reflexionando sobre Mark 1: 21-28

¿Qué quieres con nosotros, Jesús de Nazaret?  ¿Acaso has venido a destruirnos?

Por algún motivo yo me identifico con ese espíritu impuro.  Casi puedes escuchar el miedo, el aferramiento, el terror que el espíritu siente al saber que las cosas como estaban iban a cambiar drásticamente a manos de Aquel quien realmente se interesa de corazón por nuestro bienestar.

¿Por qué será que cuando alguien nuevo entra a un coro y viene a los ensayos, la tensión es evidente?  ¿Será que esta nueva voz cambiará la dinámica y el sonido del grupo? (¿Y por cierto, por qué debemos preocuparnos por eso?)

Válgame, yo tengo en la mente varios rincones que quiero que sigan siendo solo míos, y me siento muy incomoda cuando Jesús manda al evangelio hacia ellos, retándome a que deje de acaparar mi tiempo, a preguntarme por qué no tengo amigos discapacitados, o ancianos, o enfermos, o que vivan en la calle.

¿Has venido a destruirme? Mi diminuta voz apenas puede murmullar la pregunta mientras que me escondo detrás de mis libros.  que se marche Dios.  Esa es mi oración, ¿pero a quién? Al mismo Dios que quiere sembrar el caos en mi cómoda vida.

Pero suficiente con lo mío.  Hablemos de TI (por favor).  ¿Estás tratando de proteger una relación desordenada con el alcohol, o la comida, o los fármacos?  ¿Te estás aferrando a ciertas relaciones con personas de las cuales la gracia de Dios te está activamente fortaleciendo para dejar?

Imagínate que tan amenazador sería si Jesús el Sanador entrase en una casa de crack, una tienda de pornografía, un centro de abortos, y le dijese a los demonios que ahí habitan, “!Silencio! ¡Salgan de ahí!”

Imagínate, de veras imagínate.

¿Qué hábitos pecaminosos temes que Jesús venga a destruir en tu vida?

Kathy McGovern ©2018

Kathy McGovern © 2014-2015

Tercer Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B

20 enero 2018

Reflexionando sobre Joan 3: 1-5, 10

Mientras que Jonás refunfuñaba bajo el árbol que Dios tan generosamente hizo crecer para él para luego dejarlo secar, dejándolo sin sombra que lo protegiese del abrazador sol- podemos imaginarnos su monologo:

Yo se que es políticamente incorrecto de mi parte, pero ¿qué no habrá alguien más que esté en desacuerdo con este Dios que parece de tan pocas agallas? Esos ninivitas aterrorizaron a toda la nación de Samaria- ¡a nuestros propios parientes!-¿y ahora todo lo que deben hacer es quedarse sin desayunar y revolcarse en un cilicio y cenizas para que todo quede perdonado?  ¿Y que si ya “le creen a Dios”?  Yo le creo bastante a Dios, pero aun así tuve que cumplir mi condena en el estomago de esa bestia.  No hubo trato preferencial para mí.

Tal parece que tienes que ser un asirio asesino y saqueador para conseguir la compasión de Dios.  El resto de nosotros tenemos que ser fieles y justos todas nuestras vidas- ¡y somos el pueblo elegido, ni más ni menos!  Pero estos asquerosos, no circuncidados ninivitas reciben toda la atención y el perdón de Dios.

Voy a decirlo sin tapujos: necesitamos a un Dios quien distribuya justicia en lugar de esta misericordia de bebe llorón.  Quería meterme en un agujero cuando me di cuenta de que, después de solo un día, esos cobardes comenzaron a llorar y admitir que eran pecadores.  Yo había preparado treinta y nueve sermones y solo tuve la oportunidad de darles uno.

Vaya.  Tal parece que soy un excelente predicador.  Solamente una discurso de fuego y azufre y toda la nación cae de rodillas.  Si te pones a pensar, ¡hasta el ganado esta ayunando!  Tengo un gran futuro como la mano derecha de Dios.  Lo primero que le voy a exigir a  Dios es que ya abandone todo ese lio del perdón.  Que los haga sudar.  Por cierto, ¿qué le pasó a ese árbol?

¿Puedes recordar alguna ocasión en la cual tu resentimiento por la misericordia de Dios te trajo más miseria a ti?

Kathy McGovern ©2018

 

Kathy McGovern © 2014-2015

Segundo Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo B

17 enero 2018

Reflexionando sobre1 Samuel 3: 3b-10, 19

¿Cómo estás durmiendo en estos días? ¿Es usted quedarse dormido y dormir fácilmente a través de la noche? ¿O es que, como el niño Samuel, a menudo despierta con la sensación de que usted está siendo llamado, y luego no puede volver a dormir hasta que finalmente reconoce que Dios es el que te está empujando?

Tal vez tus sueños están donde Dios está revelando un camino para usted. Si tienes un sueño, tal vez se repite el uno donde usted se olvidó de ir a clase durante todo el semestre y ahora es el momento de tomar las finales, o los tan urgente como los sueños que me alertó sobre una masa ovárica de diez centímetros en 2004, es posible que Dios está usando su subconsciente para guiarlos y sanar.

Luego, por supuesto es simplemente el dar vueltas que va con la búsqueda de la paz nocturna con conflictos diurnas. ¿Cuánto tiempo más se puede morder la lengua en el trabajo? ¿La nueva generación de graduados de conseguir el trabajo que ha sobresalido por un año? Por lo demás, habrá alguno de la etapa de generación de más edad a un lado para que sus propios hijos pueden encontrar un trabajo significativo?

Y hablando de los niños, es lo que quita el sueño preocupante que no son felices, no son saludables, y probablemente no continuar la fe que ha sostenido toda su vida? Eso es un montón de sueño para perder más de las preocupaciones que han mantenido a los padres despiertan siempre, incluyendo, muy probablemente, el suyo propio.

Pero aquí está el secreto. En todas sus luchas medianoche, Dios está allí. Podría ser que Dios te está ayudando en la resolución de problemas. O, simplemente, posiblemente, Dios os llama. En ese caso, lo único que hay que hacer es despertar a ti mismo y decir: “Habla, Señor. Estoy escuchando “.

¿De qué manera usa Dios el sueño que lo cure?

Kathy McGovern ©2018

 

Kathy McGovern © 2014-2015

La Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo – Ciclo B

27 noviembre 2015

Reflexionando sobre John 18: 33b-37

Muchas veces deseo no sentirme tan cómoda en este mundo.  Cuando oigo a Jesús decirle a Pilato “Mi reino no es de este mundo”, me siento quisquillosa, porque mi reino si es de aquí.  Me encantan todas las cosas de este mundo, que algún día llegarán a su fin- de hecho, ya están llegando a su fin.

Me encantan las duchas calientes, y las tibias cobijas, y las montañas de libros.  Me encantan las mañanas frescas de noviembre, y las crujientes tardes de noviembre.  Adoro a cada uno de mis preciosos amigos, especialmente aquellos que son de mi edad y que comparten los mismos recuerdos y los cuales han tenido la misma vida privilegiada que yo.

Me encanta sentirme estupendamente bien cada día, y estoy muy profundamente agradecida de que todos mis familiares estén bien.  Adoro a cada hermoso niño en mi vida.  Adoro mi parroquia, mi trabajo, mi casa, y mi perro.  Me encanta decirle a mi dulce esposo al menos cien veces al día cuanto lo amo.

Y todo eso, por supuesto, esta llegando a su fin con cada respiro.  Odio eso.

Jesús amaba estas cosas también.  Ciertamente Jesús amaba a su mama, y a José. El tenía un gran numero de amigos queridos, doce de los cuales el eligió para vivir con ellos tres años.  A él le encantaba subirse en la barca y ensenar.  Él amaba su vida, con toda y su doliente belleza y exquisita añoranza.

Pero cuando llego el día de su terrible inquisición a manos de Pilato, el día para el cual nació y para el cual llego a este mundo, El Príncipe de Paz reconoció que su reino no está aquí.

Todavía no.  Pero según se acerca el Adviento, renovemos nuestros votos para vivir con el propósito de hacer llegar al Reino de Dios.

¿En que maneras te sientes como si este mundo no fuera tu hogar?

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Kathy McGovern © 2014-2015

XXXIII Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B

18 noviembre 2015

Reflexionando sobre Mark 13: 24-32

Me pregunto si todavía lo podre localizar.  A.  Aquí esta.  Un retrato muy antiguo y descarapelado se encuentra al fondo de mi archivo titulado “Literatura Apocalíptica”.  Ojeo los papeles del Libro de Daniel, con sus grandes historias de ángeles en el horno ardiente, y leones hambrientos que se acostaron a dormir a los pies de Daniel en su guarida.  Me encantan estas historias, escritas en un tiempo de gran peligro, acerca del poder salvador de Dios.

Y también, por supuesto, esta mi grueso, jugoso archivo  del libro de Revelación.  Lagos de fuego.  Siete sellos y siete trompetas.  Los cuatro jinetes.  Una nueva Jerusalén.

Me encanta como se oye eso.  Si alguna vez ha existido una ciudad, con su historia asediada, que implora ser hecha nueva, esa sería Jerusalén.

Conservo el hermoso retrato, me fue obsequiado por un devoto cantante evangélico de Oklahoma hace ya cuarenta años.  Fue tomado durante un tornado.  Después que lo revelaron, la familia creyente se quedo sin aliento.  Ahí, en medio de las nubes profundamente oscuras, hay una figura vestida de blanco, justo ahí, en medio de la tormenta.

He sostenido ese retrato muy de cerca de través de los años, a través de tiempos de enfermedades estremecedoras y perdidas devastadoras.  Tal vez sea un truco de la luz.  Tal vez sean los vapores dando vueltas alrededor del torbellino.  Pero yo elijo creer que la imagen es una de tantas interminables señales para nosotros de la cercanía de Dios.

Verán al hijo del Hombre venir de entre las nubes, se lee en el borroso subtitulo, escrito en un antiguo letrero, décadas antes de que existiera la computadora personal.  Mi experiencia me obliga a agregar las palabras de Jesús durante su ascensión. “Y por mi parte yo estaré con ustedes todos los días, hasta el final del mundo.”

¿Qué momentos de su vida recuerda usted como claras señales de la presencia consoladora de Dios?

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Kathy McGovern © 2014-2015

XXXII Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B

10 noviembre 2015

Reflexionando sobre Mk. 12: 38-44

En un tiempo de mi vida, fue un gran placer para mi llevar a cinco hermosas niñas a misa cada domingo.  Eran mejores amigas, y todas afirmaban que querían aprender más acerca de Jesús.  Hoy me avergüenzo de pensar en que tan ignorante de la cultura fui al pensar que Zeenat, quien venía de una familia musulmana religiosa, y Jeanette, quien tenía padres vietnameses y Budistas, realmente querían venir a misa para poder aprender del catolicismo. 

Ellas iban porque querían ayudarle a su amiga, a quien sus padres no querían llevar a la iglesia, para poder hacer su Primera Comunión en la primavera.  Se deleitaban en todo el amor que recibían los domingos por la mañana.  También era un descanso bendito de toda la desolación de las viviendas de gobierno donde vivían.  Después de misa, jugábamos en el patio de juegos de la iglesia, y a todas las cinco les encantaba venir a mi oficina en la Arquidiócesis, donde jugaban en frente de las estatuas y hacían hermosos dibujos en el pizarrón. 

Cuando llegó el gran día, mis sobrinas de bautismo me hicieron un cartelón lleno de colores para la mesa.  Zeenat decoró el pastel y el pasillo.  La parroquia le hizo a Tamara una fiesta inolvidable, y mi hermano-fotógrafo tomó fotos impresionantes que espero aun cuelguen de su pared.

Juntas, le ofrecimos lo mejor que nos permitió nuestra pobreza.  Yo no tenía mucho, pero tenía un auto y tenía el tiempo.  La parroquia no tenía mucho, pero tenía un párroco generoso y feligreses nobles quienes las llenaron de amor y amistad verdadera.  Las niñas también tenían muy poco, pero se presentaron cada domingo, y dieron lo mejor de ellas mismas.

Varias distintas tradiciones de fe dieron, de muy poquito, para ofrecerle a Tamara una gran celebración.

¿alguna vez has sido testigo de la gran riqueza de aquellos que son pobres?

Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

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Kathy McGovern © 2014-2015

XXXI Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B

2 noviembre 2015

¿A que no te encanta tener amigos con influencias?  Yo he tenido a San Antonio en llamada automática desde que me di cuenta de que si dices “Tony, Tony, ven aquí.  Algo se me perdió y no lo encuentro.”  ¿Existirá algún santo que sea aclamado mas que San Antonio?  ¿Cómo le hacen los no Católicos para encontrar cualquier cosa que se les pierde?

Esta cosa tan católica que tenemos con los santos no es algo que se inventó un clericó de alta orden.  La sensación de que aquellos que vivieron antes que nosotros marcados con la señal de la fe todavía están entre nosotros, ayudándonos y amándonos, viene de los principios de la Cristiandad.

En el año 165 A.D, cando Policarpo, el obispo de Esmirna, fue quemado en la hoguera y luego apuñalado a muerte, un acto de amor espontaneo se desato en un anfiteatro.  Aquellos que lo conocían se apresuraron para obtener algo de su cuerpo- su cabello, sus huesos, su ropa- para poder tocar algo que hubiese sido parte de él.  Esto comenzó la reverencia hacia los santos, la cual es una de las carismas que define al Catolicismo.

Sería genial si aquellos que escriben en internet y aseguran que “los católicos idolatras” adoran a los santos consultaran a un Católico, cualquier Católico, antes de escribir tales afirmaciones.  Veneramos a los santos.  Nombramos a nuestros hijos con nombres de santos para que se sientan cerca de  alguien heroico todos los días.   Y les pedimos que oren por nosotros, tal como les pedimos a nuestros amigos vivos que oren por nosotros también.  ¿Por qué no pedirle a alguien que ya está en la Presencia Divina que ore por mi?

No adoramos a los santos.  Pero si San Antonio puede ayudarme a encontrar mis lentes, pues ciertamente le mando hacía el cielo una buena porra.  ¡Felices Fiestas!

¿Actualmente cual es su santo favorito?

 

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Kathy McGovern © 2014-2015

XXX Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B

26 octubre 2015

Reflexionando sobre Mk. 10: 46-52

Uno de los comentarios más profundos durante la visita del papa vino de alguien- no recuerdo quien fue- en las noticias escritas, quien observo que el papa parecía estar solo pasando el tiempo durante sus visitas con dignatarios, viendo su reloj hasta que era hora de irse con aquellos a quienes él añoraba ver.  Al ver su cara iluminarse en la presencia de aquellos que son pobres en este mundo, aquellos que son económicamente vulnerable, aquellos que enfrentan la vida cada día con incapacidades, es obvio que esos que luchan en este mundo están en el centro de su corazón.

No creo que los apóstoles entendieron porque Jesús estaba en Jericó.  Dado los cientos de kilómetros que caminaban con él, es fácil asumir que estaban fuertes y en buena forma física.  No creo que ellos entendían que Jesús veía sus luchas.  El no los eligió a ellos, y saber esto los hubiese sorprendido, porque fuesen los más fuertes y los más inteligentes.  Los eligió no porque fueran enteros, sino porque sabía que estaban rotos.

Y así, cuando el hombre ciego llamo a Jesús, aquellos hombres rotos lo callaron.  ¡No molestes a Jesús! Él es importante, y tú no!  De algún modo no se daban cuenta de que, a pesar de todo lo que conocían de él, que Bartimeo fue exactamente a quien Jesús había venido de tan lejos a ver.

Así es que, permítame preguntarle.  ¿Qué le duele hoy? ¿Dolor en la parte baja de la espalda?  ¿Asma? ¿Ansiedad? Padres ancianos que lo están agotando con sus necesidades físicas?  ¿Hijos que no quieren ir a la iglesia? Usted es exactamente a quien Jesús vino a ver.

¿Qué quieres que haga por ti?  Pregunta.  Dígale.  Entonces tenga valor, levántese, Jesús lo está llamando.

La iglesia existe para ayudar y sanar.  ¿Cómo puede usted reclamar esa ayuda para usted mismo?

Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

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Kathy McGovern © 2014-2015

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