Tiempo Ordinario – Ciclo B

La Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo – Ciclo B

27 noviembre 2015

Reflexionando sobre John 18: 33b-37

Muchas veces deseo no sentirme tan cómoda en este mundo.  Cuando oigo a Jesús decirle a Pilato “Mi reino no es de este mundo”, me siento quisquillosa, porque mi reino si es de aquí.  Me encantan todas las cosas de este mundo, que algún día llegarán a su fin- de hecho, ya están llegando a su fin.

Me encantan las duchas calientes, y las tibias cobijas, y las montañas de libros.  Me encantan las mañanas frescas de noviembre, y las crujientes tardes de noviembre.  Adoro a cada uno de mis preciosos amigos, especialmente aquellos que son de mi edad y que comparten los mismos recuerdos y los cuales han tenido la misma vida privilegiada que yo.

Me encanta sentirme estupendamente bien cada día, y estoy muy profundamente agradecida de que todos mis familiares estén bien.  Adoro a cada hermoso niño en mi vida.  Adoro mi parroquia, mi trabajo, mi casa, y mi perro.  Me encanta decirle a mi dulce esposo al menos cien veces al día cuanto lo amo.

Y todo eso, por supuesto, esta llegando a su fin con cada respiro.  Odio eso.

Jesús amaba estas cosas también.  Ciertamente Jesús amaba a su mama, y a José. El tenía un gran numero de amigos queridos, doce de los cuales el eligió para vivir con ellos tres años.  A él le encantaba subirse en la barca y ensenar.  Él amaba su vida, con toda y su doliente belleza y exquisita añoranza.

Pero cuando llego el día de su terrible inquisición a manos de Pilato, el día para el cual nació y para el cual llego a este mundo, El Príncipe de Paz reconoció que su reino no está aquí.

Todavía no.  Pero según se acerca el Adviento, renovemos nuestros votos para vivir con el propósito de hacer llegar al Reino de Dios.

¿En que maneras te sientes como si este mundo no fuera tu hogar?

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Kathy McGovern © 2014-2015

XXXIII Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B

18 noviembre 2015

Reflexionando sobre Mark 13: 24-32

Me pregunto si todavía lo podre localizar.  A.  Aquí esta.  Un retrato muy antiguo y descarapelado se encuentra al fondo de mi archivo titulado “Literatura Apocalíptica”.  Ojeo los papeles del Libro de Daniel, con sus grandes historias de ángeles en el horno ardiente, y leones hambrientos que se acostaron a dormir a los pies de Daniel en su guarida.  Me encantan estas historias, escritas en un tiempo de gran peligro, acerca del poder salvador de Dios.

Y también, por supuesto, esta mi grueso, jugoso archivo  del libro de Revelación.  Lagos de fuego.  Siete sellos y siete trompetas.  Los cuatro jinetes.  Una nueva Jerusalén.

Me encanta como se oye eso.  Si alguna vez ha existido una ciudad, con su historia asediada, que implora ser hecha nueva, esa sería Jerusalén.

Conservo el hermoso retrato, me fue obsequiado por un devoto cantante evangélico de Oklahoma hace ya cuarenta años.  Fue tomado durante un tornado.  Después que lo revelaron, la familia creyente se quedo sin aliento.  Ahí, en medio de las nubes profundamente oscuras, hay una figura vestida de blanco, justo ahí, en medio de la tormenta.

He sostenido ese retrato muy de cerca de través de los años, a través de tiempos de enfermedades estremecedoras y perdidas devastadoras.  Tal vez sea un truco de la luz.  Tal vez sean los vapores dando vueltas alrededor del torbellino.  Pero yo elijo creer que la imagen es una de tantas interminables señales para nosotros de la cercanía de Dios.

Verán al hijo del Hombre venir de entre las nubes, se lee en el borroso subtitulo, escrito en un antiguo letrero, décadas antes de que existiera la computadora personal.  Mi experiencia me obliga a agregar las palabras de Jesús durante su ascensión. “Y por mi parte yo estaré con ustedes todos los días, hasta el final del mundo.”

¿Qué momentos de su vida recuerda usted como claras señales de la presencia consoladora de Dios?

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Kathy McGovern © 2014-2015

XXXII Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B

10 noviembre 2015

Reflexionando sobre Mk. 12: 38-44

En un tiempo de mi vida, fue un gran placer para mi llevar a cinco hermosas niñas a misa cada domingo.  Eran mejores amigas, y todas afirmaban que querían aprender más acerca de Jesús.  Hoy me avergüenzo de pensar en que tan ignorante de la cultura fui al pensar que Zeenat, quien venía de una familia musulmana religiosa, y Jeanette, quien tenía padres vietnameses y Budistas, realmente querían venir a misa para poder aprender del catolicismo. 

Ellas iban porque querían ayudarle a su amiga, a quien sus padres no querían llevar a la iglesia, para poder hacer su Primera Comunión en la primavera.  Se deleitaban en todo el amor que recibían los domingos por la mañana.  También era un descanso bendito de toda la desolación de las viviendas de gobierno donde vivían.  Después de misa, jugábamos en el patio de juegos de la iglesia, y a todas las cinco les encantaba venir a mi oficina en la Arquidiócesis, donde jugaban en frente de las estatuas y hacían hermosos dibujos en el pizarrón. 

Cuando llegó el gran día, mis sobrinas de bautismo me hicieron un cartelón lleno de colores para la mesa.  Zeenat decoró el pastel y el pasillo.  La parroquia le hizo a Tamara una fiesta inolvidable, y mi hermano-fotógrafo tomó fotos impresionantes que espero aun cuelguen de su pared.

Juntas, le ofrecimos lo mejor que nos permitió nuestra pobreza.  Yo no tenía mucho, pero tenía un auto y tenía el tiempo.  La parroquia no tenía mucho, pero tenía un párroco generoso y feligreses nobles quienes las llenaron de amor y amistad verdadera.  Las niñas también tenían muy poco, pero se presentaron cada domingo, y dieron lo mejor de ellas mismas.

Varias distintas tradiciones de fe dieron, de muy poquito, para ofrecerle a Tamara una gran celebración.

¿alguna vez has sido testigo de la gran riqueza de aquellos que son pobres?

Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

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Kathy McGovern © 2014-2015

XXXI Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B

2 noviembre 2015

¿A que no te encanta tener amigos con influencias?  Yo he tenido a San Antonio en llamada automática desde que me di cuenta de que si dices “Tony, Tony, ven aquí.  Algo se me perdió y no lo encuentro.”  ¿Existirá algún santo que sea aclamado mas que San Antonio?  ¿Cómo le hacen los no Católicos para encontrar cualquier cosa que se les pierde?

Esta cosa tan católica que tenemos con los santos no es algo que se inventó un clericó de alta orden.  La sensación de que aquellos que vivieron antes que nosotros marcados con la señal de la fe todavía están entre nosotros, ayudándonos y amándonos, viene de los principios de la Cristiandad.

En el año 165 A.D, cando Policarpo, el obispo de Esmirna, fue quemado en la hoguera y luego apuñalado a muerte, un acto de amor espontaneo se desato en un anfiteatro.  Aquellos que lo conocían se apresuraron para obtener algo de su cuerpo- su cabello, sus huesos, su ropa- para poder tocar algo que hubiese sido parte de él.  Esto comenzó la reverencia hacia los santos, la cual es una de las carismas que define al Catolicismo.

Sería genial si aquellos que escriben en internet y aseguran que “los católicos idolatras” adoran a los santos consultaran a un Católico, cualquier Católico, antes de escribir tales afirmaciones.  Veneramos a los santos.  Nombramos a nuestros hijos con nombres de santos para que se sientan cerca de  alguien heroico todos los días.   Y les pedimos que oren por nosotros, tal como les pedimos a nuestros amigos vivos que oren por nosotros también.  ¿Por qué no pedirle a alguien que ya está en la Presencia Divina que ore por mi?

No adoramos a los santos.  Pero si San Antonio puede ayudarme a encontrar mis lentes, pues ciertamente le mando hacía el cielo una buena porra.  ¡Felices Fiestas!

¿Actualmente cual es su santo favorito?

 

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Kathy McGovern © 2014-2015

XXX Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B

26 octubre 2015

Reflexionando sobre Mk. 10: 46-52

Uno de los comentarios más profundos durante la visita del papa vino de alguien- no recuerdo quien fue- en las noticias escritas, quien observo que el papa parecía estar solo pasando el tiempo durante sus visitas con dignatarios, viendo su reloj hasta que era hora de irse con aquellos a quienes él añoraba ver.  Al ver su cara iluminarse en la presencia de aquellos que son pobres en este mundo, aquellos que son económicamente vulnerable, aquellos que enfrentan la vida cada día con incapacidades, es obvio que esos que luchan en este mundo están en el centro de su corazón.

No creo que los apóstoles entendieron porque Jesús estaba en Jericó.  Dado los cientos de kilómetros que caminaban con él, es fácil asumir que estaban fuertes y en buena forma física.  No creo que ellos entendían que Jesús veía sus luchas.  El no los eligió a ellos, y saber esto los hubiese sorprendido, porque fuesen los más fuertes y los más inteligentes.  Los eligió no porque fueran enteros, sino porque sabía que estaban rotos.

Y así, cuando el hombre ciego llamo a Jesús, aquellos hombres rotos lo callaron.  ¡No molestes a Jesús! Él es importante, y tú no!  De algún modo no se daban cuenta de que, a pesar de todo lo que conocían de él, que Bartimeo fue exactamente a quien Jesús había venido de tan lejos a ver.

Así es que, permítame preguntarle.  ¿Qué le duele hoy? ¿Dolor en la parte baja de la espalda?  ¿Asma? ¿Ansiedad? Padres ancianos que lo están agotando con sus necesidades físicas?  ¿Hijos que no quieren ir a la iglesia? Usted es exactamente a quien Jesús vino a ver.

¿Qué quieres que haga por ti?  Pregunta.  Dígale.  Entonces tenga valor, levántese, Jesús lo está llamando.

La iglesia existe para ayudar y sanar.  ¿Cómo puede usted reclamar esa ayuda para usted mismo?

Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

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Kathy McGovern © 2014-2015

XXIX Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B

19 octubre 2015

Reflexionando sobre Mark 10: 25-35

Ellos eran algunos de los hombres más sofisticados del mundo en los mil novecientos treintas.  Altamente estimados profesores de lenguaje y filosofía, docenas de sacerdotes Jesuitas eligieron dejarlo todo atrás para poder vivir y morir en los hogares comunales de los Indios Huron de Ontario, Canadá.  Ocho de ellos serian horriblemente martirizados a manos de los ancestrales enemigos de los Huron, los Iroqueses.

-¿Qué esperas de el sacerdocio?- Le preguntó el obispo a Isaac Jogues en su día de ordenación en 1636.  –Etiopia, y martirio,- contesto el nuevo misionero. –Te equivocas,- dijo el obispo.  –Morirás en Canadá.- Pero, tal fue que se equivocó.   Isaac Jogues, después de servir tres años en la misión Canadiense, fue capturado por los Iroqueses en 1642, horriblemente torturado, y después forzado a ser esclavo en su aldea en lo que hoy en día es la parte alta de Nueva York.

Después de trece meces de servicio brutal, escapó y llegó a Francia.  Ahí, fue la novedad de Paris.  La reina se arrodillo delante de él y beso sus manos destrozadas.  Los devotos hacían línea afuera de la iglesia para recibir su bendición.  Sus diarios- algunos de donde sacamos las cartas más hermosas de ese periodo de la historia- fueron los libros mejores vendidos por toda Francia.

Esta celebridad, escribió, fue peor tortura que lo que tuvo que soportar en manos de los Iroqueses.  Él añoraba no ser servido, sino servir, y dar su vida para pagar el precio de salvar la de otros.  Y así lo hizo, regreso a Nueva York, y en ese día de 1646, fue decapitado por un valiente Iroqués, su cuerpo fue arrojado al Rio Mohawk.  Años después ese valiente se entrego a los Franceses, pidiéndoles el bautismo.

¿De que maneras ha sido usted convertido por aquellos que viven no para ser servidos, sino para servir?

Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

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XXVIII Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B

12 octubre 2015

Reflexionando sobre Wisdom 7:7-11

Sabiduría. No pensamos en ella tan a menudo, pero cada uno de nosotros nos comportamos según la sabiduría que hayamos obtenido- o trágicamente, no obtenido- en nuestra juventud. El ancestral escritor del Libro de la Sabiduría valoraba la sabiduría mas que cualquier otra posesión. ¿Por qué? Porque si aprendes a ser sabio en algunas cosas, todo lo demás se te dará.

Las familias tienen ciertas características de Sabiduría que se pasan de generación a generación. Nunca te quejes acerca del resultado de un juego (o un examen, o una calificación en la escuela). Sé el primero en felicitar al adversario, ya sea que ganes o pierdas. ¿Una de tus compañeras de clase kindergarden está batallando para aprender la destreza de atarse las correas de los zapatos? Amablemente muéstrale como aprendiste tú, y quédate con ella hasta que lo aprenda. Estas lecciones en la sabiduría prepara a los niños para una vida feliz. Aprende la sabiduría temprano en la vida y así te llegara aun más sabiduría.

Mi dicho favorito acerca de la Sabiduría viene de mi abuelo irlandés, y me lo transmitió cuando yo era una adolecente acomplejada. Kathleen, no tendrías que preocuparte tanto de lo que la gente piensa de ti, si tan solo supieras lo poquito que piensan en ti.

!Ay! Eso fue horrible, ¿que no? Pero es una verdad muy edificante para el carácter. Al menos que seamos, por decir, el mariscal de campo de cierto equipo de fútbol, muy probablemente la gente que nos rodea no está obsesionada con lo que hicimos ayer, o lo que haremos hoy. Que tan liberador es eso. Que sabio será el que realmente lo aprenda.

Otro dicho de la Sabiduría me viene a la mente. Si no puedes decir algo amable, mejor no digas nada. Nunca dejes que se meta el sol mientras aun estés enojado, recoge tu propio tiradero.

Que tan desesperadamente necesita la raza humana hoy en día de la sabiduría. Dama Sabiduría, venga a nosotros.

¿Cuáles son los dichos de Sabiduría preferidos de su familia?

Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

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Kathy McGovern © 2014-2015

XXVII Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B

3 octubre 2015

Reflexionando sobre Genesis 2: 18-24

Que historia tan encantadora-aunque un poco siniestra- compuso el autor del Génesis para enseñarnos como el hombre y la mujer vinieron al mundo.  Es encantadora porque nos damos cuenta que no era bueno que Adán estuviese solo.  Él necesitaba una compañera apropiada.  Es aterradora porque Dios, aparentemente le presento todo tipo de opciones—aves, ganado, animales salvajes- con la esperanza de que Adán dijese, -Ese es el ganador.  ¡Con ese me quedo!

Esa es una de las muchas pistas humorosas que Génesis nos da de que estas historias primordiales son realmente historias sagradas presentadas a travez de profundos símbolos culturales.  Los antepasados entendían que el escritor simplemente estaba mostrando la inmensa creatividad de Dios al mostrar la gran diversidad de las creaciones de Dios.  Yo se que no podría dormir en la noche si realmente creyera que el Amo del Universo trato de lograr que Adán se interesara en una oruga como su apta compañera  de vida.

Hay otras secciones cómicas de Génesis también, que muestran el agudo entendimiento que tenia el autor acerca del corazón humano  Cuando Dios confronta a Adán y a Eva acerca de su desobediencia al comerse el fruto prohibido, su respuesta fue clásica.  La mujer me hizo que la comiera, dijo Adán.  La serpiente me hizo que la comiera, dijo Eva.  La serpiente, curiosamente, tan platicadora que había estado, decide quedarse callada, probablemente porque no hay nadie mas a quien posiblemente echarle la culpa.

Cuando estemos, con la Gracia De Dios, disfrutando una eternidad de Paz Perfecta, será fascinante hablar con esos brillantes autores de las historias del Génesis.  Apuesto a que nos sorprenderemos mucho de cuanto mas sofisticados y entendidos son que nuestros escritores contemporáneos.  La serpiente, asumo, no estará presente para esa conversación.

¿Cuál es su historia favorita del libro del Génesis?

Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

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Kathy McGovern © 2014-2015

XXVI Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B

26 septiembre 2015

Hoy celebramos a un santo que es uno de los personajes más importantes de la historia de la iglesia, y a pesar de eso, muchos de nosotros sabemos muy poquito acerca de él; es San Vicente de Paul.  Vamos a tomarnos un momento para recordarlo.

Tal parece que su razón principal para convertirse en sacerdote (en el año 1600) era para tener una vida cómoda.  ¿Se imaginan cuanto rechazaría nuestro Papa Francisco a un clérigo así? Su conversión sucedió después de haber escuchado la confesión de lecho de muerte de un pobre sirviente de su empleadora, la Condesa de Gondi.  Se conmovió tanto por él que dedico su vida a servir a los esclavos galeotes del Norte de África, victimas de la guerra, y a aquellos que eran pobres en diferentes maneras.

Valla que eso suena conocido.  Este santo francés, y su gran amigo San Luis de Marrilla, estarían ahí en el frente hoy en día, alimentando y consolando y vendando las heridas de aquellos millones que están escapándose de Siria e Iraq y África justo en este momento.

San Luis fundo las Hijas de la Caridad como la primer comunidad de mujeres no enclaustradas “las cuales tienen su convento en el lugar donde se tratan a los enfermos, y su capilla es la iglesia parroquial, y su encerramiento es las calles de la ciudad.”

La carta de Santiago hoy protesta en contra de los ricos que le roban a los pobres.  Pero el trabajo salva-vidas que San Vicente de Paul estableció en la Francia del siglo 17 dependía de la fiel y consistente generosidad de los ricos.  Tenia amigos cercanos que eran adinerados, y amigos que eran pobres.  Lo mismo que Jesús.

Le doy gracias a Dios por bendecir con riquezas a todos aquellos tan amorosamente las regalan.

¿Alguna vez has considerado hacerte miembro de la Sociedad de San Vicente de Paul?

Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

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Kathy McGovern © 2014-2015

XXIII Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B

8 septiembre 2015

Reflexionando sobre Mark 7: 31-37

Hay tantas cosas que nos indican que el Reino de Dios todavía no ha llegado.  La guerra, y las miserias que la acompañan y causan estragos alrededor del mundo, es la misma tristeza que mata el alma, no importa cual medio uses para leer al respecto.

Nos sentimos distanciados de esto, gracias a Dios.  Pero las enfermedades y los problemas de la salud siempre están enfrente de nosotros, tal parecería que ya deberíamos haberlos dominado.  Pero, a pesar de toda nuestra tecnología mágica, esos que son ciegos, cojos, o sordos, o que sufren de autismo, o devastadoras enfermedades mentales, todavía son testigos de que el Reino de Dios aun no ha llegado.

Yo creo que podría ser la razón por la cual Jesús gimió volteando hacia el cielo y aclamo ¡Ephphatha!  ¡Ábrete!  Me lo imagino, con sus dedos en los oídos del hombre que era sordo, aclamando a su Padre desde las profundidades de su alma:  Padre, mira a todos estos que están enfermos y que sufren.  Ten misericordia de estos hijos.  Abre sus oídos.  Abre sus ojos.  Permite que sean sanados.  El Reino de Dios esta aquí.

E inmediatamente los oídos del hombre fueron abiertos.  El Reino se abrió paso.

Y sigue abriéndose paso.  Isaías se podría leer así en la actualidad: Entonces el polio y las paperas y la varicela serán eliminadas de la tierra.  Entonces los que tienen dolor tendrán alivio, y aquellos que necesitan riñones nuevos los recibirán. 

De hecho, si tuviésemos la voluntad, podríamos erradicar la malaria de la faz de la tierra.  Tal vez por eso fue que Jesús gimió.  Les estaba rogando a aquellos que han visto destellos del reino a que se unan con él para hacer que el reino llegue.

¿Cuáles avances en la medicina han hecho que tu vida sea más fácil?

Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

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Kathy McGovern © 2014-2015

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