Navidad – Ciclo A

La Epifanía del Señor – Ciclo A

9 enero 2017

Reflexionando sobre Mt. 2: 1-12

Han habido algunas personas desequilibradas que se han sentado en tronos durante la historia, pero ninguno tan loco como Herodes el Grande.  Mateo nos ofrece una narrativa oscura de la manera malévola en la cual Herodes trató de engañar a los Magos para que regresaran a Jerusalén con las instrucciones de GPS que lo llevarían directo al nuevo rey de los Judíos.

Para que también yo pueda adorarle, les dijo.  Esa debe haber sido la primera indicación que tuvieron de que lo más sabio sería regresar por la dirección opuesta.

La historia del masacre de los Santos Inocentes no salió de la nada.  Herodes- tan neurótico de perder su estatus real que llego a asesinar a su esposa Mariamne y a varios de sus hijos porque ya sea que se temía que estaban tramado contra él o que realmente estaban tramando contra él- fue una figura espantosa en el mundo antiguo.

Un maestro en la construcción, si.  Pero era tan odiado por sus súbditos que, cuando se cayo de la camilla donde lo cargaban unos esclavos para llevarlo a su palacio de verano en un sofocante día, tardo tiempo en volver en si.  Pronto, ellos- cuidadosa y entonces eufóricamente- comenzaron a celebrar lo que pensaban había sido su fin.

Pero los rumores de su muerte fueron exagerados, y cuando despertó cantando y yéndose de parranda pronunció lo siguiente: Les ordeno que en el día de mi muerte, todos los ancianos de los Judíos en Jerusalén sean llevados al Herodion y sean asesinados.  De esa manera me podre asegurar de que haya verdadero duelo por mi muerte. 

Benditamente, su hermana vivió más que él y canceló esa sentencia de muerte.  Que todos los lideres del mundo experimenten la epifanía que trajo a extranjeros que vinieron de tan lejos, pero a la misma vez esquivaron al rey que vivía a cinco millas de distancia.

¿Hay algunos regalos importantes que te estás perdiendo por culpa de tus propios complejos?

Kathy McGovern ©2017

 

Kathy McGovern © 2014-2015

La Solemnidad de María – Ciclo A

30 diciembre 2016

Le hice un pequeño video de recuerdo a mi sobrino esta Navidad.  Aparentemente se comprometió para casarse hace unas semanas.  Aja.  Su papa y nosotros sus tíos y tías que lo adoramos lo vimos en el Facebook, donde también leímos acerca de la celebración que le prosiguió, donde “todos nuestros amigos y familiares vinieron a felicitarnos.”

Mmm.  Aparentemente este dulce, y generalmente atento niño se olvido de este lado de su familia.  Y por eso le hice el video, donde podrá ver fotografías de sus familiares, que datan hasta casi la guerra Civil, y muchas fotos de él mismo con su papá y nosotros, durante todas las Navidades de su vida.

Mientras que veo estas fotos, y leo la escritura del evangelio de hoy, me siento especialmente conmovida por María, quien, después que se fueran los pastores, “guardó todas estas cosas, reflexionándolas en su corazón.”  En el corazón de María veo a mi querida madre, orgullosa de sostener a cada uno de sus nuevos bebes, asistiendo a cada juego, parada junto a nosotros en cada logro.  Como María, yo sé que mi mamá también “reflexionaba en su corazón” acerca de cada uno de sus hijos mientras nos convertíamos en adultos.

Hay tantos padres hoy en día que atraviesan tremendos momentos de crisis con sus hijos.  Sus amados hijos experimentan lo que es el sufrimiento de un divorcio, o una debilitante enfermedad mental.   Muchos de ellos, a pesar  de tener tantos “amigos” de Facebook, están solos y aislados.  Y no, aunque  nuevos estudios muestren que la asistencia a la iglesia es mejor para tu ritmo cardiaco que dejar de ir a la iglesia e irte a correr un maratón, esta generación tan consciente de la salud no está interesada en participar.

Hoy, en este Día Mundial de la Paz y la Solemnidad de María, ponemos a todos nuestros hijos, y a sus hijos, en el corazón de Dios.  Ese es un lugar infinitamente más seguro que Facebook.

Kathy McGovern ©2017

 

Kathy McGovern © 2014-2015

La Natividad del Señor – Ciclo A

24 diciembre 2016

Reflexionando sobre Luke 2: 1-14

Sucedió de noche, nos dice San Lucas.  Los pastores estaban cuidando a sus rebaños de noche cuando el cielo se llenó de ángeles.

Los Magos, dice San Mateo, vieron una Estrella y la siguieron por setecientas treinta noches, finalmente encontraron al Niño en Belén de noche.  Cuando Herodes planeo matar a todos los niños de dos años o menos, los Magos y José tuvieron sueños de noche que los advirtieron que debían huir.  José entonces se llevo al niño y a su madre de noche y huyeron a Egipto.

La gente que caminaba en la oscuridad fueron aquellos que vieron la gran Luz.

Dios creó la noche primero, y después el día.  La noche es esencial para los sueños, para dormir, para sanar, para que el inconsciente se cargue las pilas, se renueve, y vuelva a comenzar.  La noche es cuando el alma sale.

Es Navidad, esa fiesta nocturna en el solsticio del invierno.  Las noches son largas y profundas en nuestro hemisferio occidental.  O, y cuanto las necesitamos.

Permanezca en estas noches.  Descanse en estas noches.  Saque a toda la familia en piyamas y vayan a ver las luces navideñas, que son opacas de día pero hermosamente vivas de noche.

Mantenga la temporada Navideña. Canten villancicos para sus oraciones vespertinas.  Memorícense “Noche de Paz” y dejen que su profundidad los sostenga mientras duermen.  Deje que su alma sepa cual es su valor.

Este no es tiempo ordinario.  Esta es la oscura, sagrada noche de Navidad.  En la quietud y la oscuridad podemos percibir que Él viene a encontrarnos, viene a vivir con nosotros, viene a estar con nosotros.

Oh, pequeño pueblo de Belén, las esperanzas y los miedos de todos estos años se encuentran en ti esta noche.

¿Qué tradiciones comenzarás este año que celebren el regalo de la noche?

Kathy McGovern ©2016

Kathy McGovern © 2014-2015

Festividad de la Sagrada Familia de Jesús, María y José – Ciclo A

31 diciembre 2013

Reflexionando sobre Matthew 2:13-15, 19-23

Descanso en la huida a Egipto-Olivier Merson 1869

Algo muy interesante se encuentra escondido en la historia del evangelio hoy, en la historia del retorno de la Sagrada Familia a la “tierra de Israel”. Estamos más familiarizados con las historias navideñas de Lucas, movilizados por el censo que los llevo a Belén, en donde Jesús nació en una cueva porque “no había lugar para ellos en la posada”, y su retorno a casa en Nazaret.

Pero al leer más detenidamente los primeros dos capítulos del evangelio de Mateo, traiciona una diferencia significativa en las dos historias. Aquí no hay viaje a Belén en ningún momento. José vive ahí y ha llevado a María a su casa. Cuando los magos los encuentran, la estrella esta posada sobre la “casa” en la que viven. Ellos huyen de Herodes hacia Egipto, y cuando regresan tienen la intención de establecerse en Belén. Es por el hecho de sentirse atemorizados por Arquelao que viajan al norte de Galilea. Eligen establecerse en una pequeña aldea llamada Nazaret.

Sin embargo, no existe mención alguna de esta aldea en ninguna parte del Antiguo Testamento. La palabra “Nazaret”, o “nazar”, significa “consagrado” o “separado”. ¿Podría ser que los judíos que habitaban ese lugar en las décadas anteriores al nacimiento de Jesús intencionalmente nombraron al pueblo “Nazaret” ya que creían que el Mesías saldría de sus filas, que fueron consagrados y separados de los demás? Consecuentemente, ¿podría ser que José y María eligieron esa villa porque sabían que, ciertamente, llevaban al Mesías en sus brazos?

Lucas y Mateo tienen diferentes recuerdos sobre la fecha en la que la Sagrada Familia llegó a Nazaret, pero la teología es la misma: El largamente Esperado esta aquí.

¿Qué historias familiares parecen tener conflicto en tu mesa de Navidad?

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Sylvia Gould

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Kathy McGovern © 2014-2015

Tercer Domingo de Adviento – Ciclo A

14 diciembre 2013

Reflexionando sobre Mat. 11: 2-11

La Espera. Es insoportable. Y no me refiero a la espera usual: como hacer fila, o en el tráfico, o en la oficina del médico. Esas son esperas que ayudan a formar nuestro temperamento y nos brindan diariamente una oportunidad para orar por todas las personas, las que llegaron a la oficina de correos antes que nosotros, por las que están soñando despiertos cuando se hizo el cambio en la señal del semáforo, por los que estaban recibiendo malas noticias de su médico mientras nosotros leíamos revistas en la sala de espera.

Hoy estoy hablando de la clase de espera que es realmente dolorosa. Como la de esperar que el medicamento par alas nauseas funciones cuando tienes gripe estomacal. O como cuando esperar a que la puerta de tu estacionamiento funcione cuando tus adolescentes están con dos horas de retraso. O cuando esperas los resultados de la biopsia realizada a ese lunar de bordes irregulares.

Parece que toda la creación se agita en un constante estado de espera. Las ardillas son buenas para la espera. Almacenan semillas y nueces debajo de sus nidos a finales del verano, después se despiertan de su sueño durante el invierno para comer lo que sabiamente han almacenado. Los osos son expertos en esto también. Almacenan grasa corporal antes del invierno, y después entran en estado de hibernación en un sueño tan profundo, que no despiertan hasta la primavera. Después toman su propio rumbo. Están famélicos a causa de los meses de espera.

Y no te atrevas a mencionar la palabra “espera” a las mariposas. Ellas son las superestrellas de la creación en cuanto a espera se refiere.

Juan el Bautista, encerrado en la prisión de Herodes, sabía que se acercaba el final de su espera terrenal. Envió a sus discípulos para que vieran y escucharan al Único a quien los profetas habían anunciado.

Ve y cuenta a Juan lo que has visto. El ciego ve, el cojo camina, los pobres han recibido la Buena Nueva que se les predicó.

La noche oscura se ha marchado. Al fin inició un día brillante.

¿Qué es lo que tu estas esperando?

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Sylvia Gould

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Kathy McGovern © 2014-2015

La Fiesta del Bautismo del Señor – Ciclo A

8 enero 2011

Reflexionando sobre Evangelio según San Mateo 3: 13-17

Fuimos testigos de como los tres años pasado Él estuvo esperando junto al resto de los pecadores para también ser sumergido en las frías aguas del Jordán. Apenas era el comienzo de la temporada de sequía, así que el rio estaba a rebosar y llevaba corrientes muy fuertes. Hemos venido a ver a Juan, y a escucharlo predicar sobre el arrepentimiento. él nos recuerda de Elías, viéndolo así en el desierto con su vestido de pelo de camello discutiendo precisamente con aquellos que se creían el pueblo favoritos de Dios.

Ahora es nuevamente la temporada de sequía, Juan ha estado muerto por un largo tiempo, decapitado por el rey que no le gustó ser llamado pecador. Juan sabía los riesgos.

Piénsalo, Jesús siempre estuvo con los pecadores. Cuando apenas era un niño él tuvo visitantes del oriente que ni siquiera eran judíos.  Él buscó a sus discípulos en botes de pescadores en vez de buscarlos en el templo. Él comió con un recaudador de impuestos y hasta con prostitutas, y ahora él ha sido crucificado junto a dos pecadores, uno a cada costado.

Es como si Él quisiera que sepamos, desde ese día de su bautismo, que Él está con nosotros siempre, aun cuando pisamos sobre las frías aguas y esperamos por redención.

Compartiendo la Palabra de Dios en el Hogar:

¿De qué forma utilizas las gracias de tu bautismo?

Y TÚ ¿qué opinas sobre esta pregunta ó sobre las lecturas de hoy, ó sobre las columnas del año pasado? ¡Las conversaciones sagradas están encendiendo el fuego de Pentecostés!

Inscríbete hoy mismo y únete a la conversación.

Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Wendy Feliz

Kathy McGovern © 2014-2015

Fiesta de la Epifanía – Ciclo A

1 enero 2011

Reflexionando Sobre Isaías 60:1-6. Evangelio según San Mateo 2:1-12

Cada vez más nos encontramos mirando al cielo, estos últimos dos años nos hemos sentido atraídos a esta Estrella en particular, esta Luz en particular. Nos llama directamente, incluso en la luz del día, y por la noche nos llama hacia ella con tal intensidad que una noche decidimos seguirla.

Su luz nunca se atenuó, y de hecho sentimos su calor y curación con tanta fuerza que nos hizo parte de ella, y nosotros mismos empezamos a brillar con una luz que nunca supimos poseíamos.

Llegamos a Jerusalén y nos encontramos en la tierra de los judíos, los pueblos antiguos de los que tanto había oído hablar. ¿Dónde está el Rey recién nacido? le preguntamos, pues nosotros también lo hemos estado esperando. El rey Herodes, aquel asesino cuyas malas acciones también habían llegado a nosotros en el este, nos llamó y nos dijo que lo buscáramos en la pequeña ciudad de Belén. ¡Belén! ¡La misma ciudad donde su gran rey David había nacido! Entonces la estrella apareció y nos llevó a la casa donde se encontraban el pequeño rey y su madre.

Resplandecíamos ante lo que presenciaban nuestros ojos, nuestros corazones latían y rebosaban de alegría. Hemos ofrecido nuestros regalos al Rey que nos llamó de una tierra lejana, de nuestra soledad y la oscuridad, a su luz maravillosa.

Desde entonces hemos sido diferentes. Nuestra tristeza, nuestro vacío, nuestras adicciones, nuestros rencores, nuestra falta de esperanza por el mundo y por nosotros mismos, todo eso se desvaneció cuando encontramos lo que nuestros corazones habían estado buscando.

Nosotros no regresamos con Herodes. Nos fuimos a casa por otro camino. Esto es lo que significa ser transformado por la Luz.

Compartiendo la Palabra de Dios en el Hogar:

¿De qué manera has dejado todo para encontrarlo a Él?

Y TÚ ¿qué opinas sobre esta pregunta ó sobre las lecturas de hoy, ó sobre las columnas del año pasado? ¡Las conversaciones sagradas están encendiendo el fuego de Pentecostés!

Inscríbete hoy mismo y únete a la conversación.

Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Wendy Feliz

Kathy McGovern © 2014-2015

El Nacimiento de Nuestro Señor – Ciclo A

25 diciembre 2010

¿Recibiste todo lo que esperabas en esta Navidad? Porque estoy segurísima que vi otros regalos para ti, escondidos debajo del árbol en un lugar secreto donde los podrás encontrar cuando sea el momento perfecto.

Sí, aquí está uno con tu nombre es “Compasión de corazón”, este regalo se abrirá por sí mismo. Sentirás como se abre tu corazón y empiezas a sentir “apasionadamente” la lucha diaria de un familiar que con su addición ha roto los lazos de amor en tu familia. Todo está bien, siente la ternura y amor por tu triste familiar una vez más. También es Navidad para ellos, con todas las promesas de que Dios está con nosotros.

Este regalo que sigue viene también con el anterior, así que también abre “Bondad”. Este es el regalo PERFECTO para tí porque ¡te seguirá sorprendiendo a lo largo del año! Está pendiente de ese desconocido que te dirá: “Puedo ver que tienes prisa y que solo tienes un par de artículos, pásate en frente de mí”. Se mostrará en esa carta sorpresa de gratitud de un viejo amigo, o el dulce regalo de tu esposo que saca la basura día tras día sin decir una palabra. O tal vez será tu hijo adulto que te llama y dice: “Recuerdas las muchas discusiones que tuvimos porque no me querías dejar salir con mis amigos cuando tenía apenas 14 años, nunca te he agradecido porque te mantuviste firme y te aseguraste que estuviera a salvo”.

Hay muchos más regalos, y todos tienen tu nombre. Todos vienen de Emanuel, quien promete estar contigo en cada lucha y cada alegría del nuevo año. ¡Feliz Navidad!

Compartiendo la Palabra de Dios en el Hogar:

¿Cuál es tu recuerdo favorito de la presencia de Dios contigo?

Y TÚ ¿qué opinas sobre esta pregunta ó sobre las lecturas de hoy, ó sobre las columnas del año pasado? ¡Las conversaciones sagradas están encendiendo el fuego de Pentecostés!

Inscríbete hoy mismo y únete a la conversación.

Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Wendy Feliz

Kathy McGovern © 2014-2015