Navidad – Ciclo C

Solemnidad de la Epifanía del Señor – Ciclo C

9 enero 2019

Estamos en la preciosa fiesta de la Epifanía. Es hora de encender una fantástica lucecita. ¡Oíste bien…se  trata de ti! Tú eres el que encenderá esa luz en tu familia, tu clase, tu parroquia, tu oficina, tu sitio de trabajo.

Pero observa bien a quien me refiero. ¡Tú ya lo sabías! Probablemente lo has sabido toda la vida, o al menos desde el día de tu confirmación, que tú eres aquel que trae la luz, el cual con su generosa y buena disposición hace que esta jornada peregrina sea mucho más fácil para otras personas.

St. Teresa of Calcutta nos suplicó que “fuéramos la expresión viviente de la bondad de Dios.”

Ese eres tú. Piensa en todas las caridades que pueden continuar su obra gracias a tu generosidad. Piensa en la buena enseñanza que has dado para educar a los niños en la fe. Piensa en las maneras que has consolado a los dolientes, y has visitado a los enfermos, y dado de comer a los hambrientos.

Piensa en tu presencia en la Misa, y la confianza que ella crea en la comunidad de tu parroquia. Piensa en las maneras que has orado por los enfermos y los moribundos. Piensa en las maneras que personalmente has acompañado a tus seres queridos durante su transición de la vida a la eternidad.

No lo puedes ver, pero tú eres tu propia constelación. No tienes idea de cuanta gente ha visto tu Estrella—tu calor, tu invitación amigable a la amistad, tu ayuda en tiempos de necesidad—y han sido íntimamente atraídos a Aquel que es Luz de Luz.

¿Acaso no es una gran bendición ser parte de la Constelación de Cristo? Cada oscuridad que se te presenta la transformas en luz. Tú eres el cometa luminoso de perdón, gozo, amistad, y esperanza.

¿Y qué dices del día en que tú y Jesús se vean cara a cara? Hazte a un lado Nova, y conoce a Súper Nova.

¿Cuál es la luz más grande que iluminas en el mundo?

Kathy McGovern ©2019

Kathy McGovern © 2014-2015

Fiesta de la Sagrada Familia – Ciclo C

9 enero 2019

A mí me parece que esta es una fiesta dolorosa para muchos católicos. ¿Cuántos de nosotros tenemos esa clase de “sagrada” familia que hace años imaginábamos que existía (pero que de alguna forma nunca existió)?

Esa “sagrada” familia incluía una mamá, un papá, al menos algunos niños, ah sí, y todos iban felices a la iglesia los domingos.  Los chicos se casaban con otros católicos cuando crecían, y estas otras familias tenían niños que alegremente crecían en la fe.

De alguna forma pensamos que este modelo—aunque realmente a veces no era realista—resistiría todas las turbulencias de nuestras vidas. Por supuesto que no funcionaba así. ¿Acaso existe algún lector hoy que pueda decir que su familia ha seguido este camino a la perfección?

Conozco una parroquia que te rompería el corazón. Los esparcidos adultos quienes asisten a la primera misa del domingo son tan devotos y educados como cualquier otros feligreses que pudieras encontrar. Los del coro son los mismos que han cantando consistentemente juntos desde los años sesenta.

Son excelentes lectores y educadores religiosos. Se han graduado de la Escuela Bíblica Católica y de la Escuela de Catequesis. Han mantenido sus matrimonios amorosos y devotos por toda una vida. Sin embargo no hay ninguna familia que no tenga un hijo adulto en las calles, perdido entre la población vagabunda, por causa del azote de las drogas y el alcohol.

El suicidio es por lo menos un evento mensual ahí. Los abuelos lloran por sus nietos no bautizados, a quienes ellos están criando ya que sus propios hijos están perdidos.

Desde luego que estos son los ejemplos extremos del dolor que algunas familias católicas experimentan. El reto para la familia católica “promedio” es el confiar en que Dios está vivo y activo en las vidas de todos nuestros seres queridos, sin importar que tan “activa” sea su vida de fe.

¿Cuáles son los aspectos más sagrados y felices de tu familia?

Kathy McGovern ©2018

Kathy McGovern © 2014-2015

El Bautismo de Nuestro Señor – Cycle C

9 enero 2016

Mis amigos Mary Ann y David hacen la fiesta más fabulosa de la Epifanía cada año.  Es una tradición que comenzó hace décadas.  Ninguno de nosotros puede recordar una temporada Navideña que no haya sido marcada por esta reunión anual de cientos de amigos que se reúnen alrededor del gran piano, a cantar harmonías de cuatro partes, a disfrutar bebidas deliciosas y a probar de docenas y docenas de galletas por las cuales, y por tantos otros increíbles talentos, Mary Ann es famosa.

Pero no será por los dos fantásticos arboles de Navidad, o por los cientos de luces por toda la casa y en la entrada de autos, o por el calor de tantos amigos queridos que yo tanto recordaré este año.  Será por una conversación  que tuve con una de sus más antiguas amigas, que me recordó que ella no asistió a la fiesta del año pasado.  ¿Porque?  Por que tuvo que padecer nueve horas en cirugía el día anterior para que le extirparan el cáncer del pulmón. 

Me quede atónita.  Yo no sabía esto.  –¡Pero luces tan saludable!  – le dije.  –O, – Me contesto, – Me siento fabulosa.   Mary Ann y David me alojaron en el cuarto de visitas (donde cuidaron a la madre de Mary Ann por los varios últimos años de su vida) y me bañaron de amor.  Me alimentaron, me cuidaron, y me recupere divinamente.  He tenido un año maravilloso.-

Ella tuvo cáncer del pulmón, y tuvo un año maravilloso.  Solamente piensen en eso.  Cada uno de nosotros tiene el poder de traer tanta misericordia a la vida de alguien más que, después de un año de lucha, puedan decir, -Tuve un año maravilloso.-  Imagínate ser bautizado en esa misericordia cada día.  Imagínate extender esa misericordia. 

Este va a ser un año maravilloso.

¿ En que maneras ya has experimentado la misericordia este año?

Kathy McGovern ©2016

Kathy McGovern © 2014-2015

Solemnidad de la Epifanía de Nuestro Señor – Ciclo C

5 enero 2016

Reflexionando sobre Matthew 2: 1-12

Polvo de estrella.  Resulta que todos estamos hechos de el.  Casi todos los elementos de la Tierra fueron formados en el corazón de una estrella.  ¿Cómo?  Cuando una enorme estrella explota, carbón, oxigeno y nitrógeno son despedidos en el universo, proveyendo los bloques para construir los planetas, y las plantas, y la vida humana.  Todo dentro de nosotros está formado por polvo de estrella residual, y aquí viene la mejor parte:  tu tienes material en ti tan antiguo como el universo.

Así que considera esto:  cuando esos apasionados astrólogos vieron La Estrella, pudo haber sido el polvo de estrella dentro de ellos, depositado en ellos a través de eones, desde el día que Dios llamo al mundo a la existencia, que gritó –¡te reconocemos!  ¿Estamos hechos de Ti!  Literalmente te hemos añorado, en cada célula de nuestro ser, desde el principio del tiempo!-

Cada uno de nosotros carga a esos Reyes Magos en nuestro ADN.  También nosotros estamos hechos del material que ve a la Estrella y dice –Si, fui creado para buscarte a Ti y para encontrarte a Ti.  Nada en mi vida me va a satisfacer hasta que lo haga.-

Y ahora les pregunto, buscadores de Estrellas: ¿En donde se sienten más completamente ustedes mismos, más totalmente en casa?  Permítanse esta epifanía: solo sabiendo lo que realmente sabes que es cierto encontraras la paz que viene de Dios, quien formó el mundo desde el principio del principio.  Si estás respirando, entonces tu eres polvo de estrella, y no te sentirás en casa hasta que encuentres la Estrella.

Joni Mitchell acertó.  Somos polvo de estrella, somos dorados, somos carbón de un billón de años de edad.  Y debemos lograr meternos de vuelta en el Jardín.

¿En cuales maneras tienes la sensación de que perteneces a Dios?

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Kathy McGovern © 2014-2015

La Natividad de Nuestro Señor Jesucristo – Ciclo C

27 diciembre 2015

Aquí te va una pregunta.  ¿Cuál de las personas en la historia de Navidad eres tú?  Te prometo que tú tienes parte en esta narración inspirada.  Así es como las historias más magnificas del mundo deben funcionar, y la historia del nacimiento de Cristo está ciertamente atada a la narrativa de su resurrección como la más grande historia que se haya contado.

Llegue a la conclusión hace muchos años de que yo sin duda soy los pastores.  Tal como a ellos, se me anunciaron las buenas noticias, y he pasado el resto de mi vida apresurada, corriendo para dar certeza por mi misma (lo cual he hecho), y entonces “haciéndolo saber” a cualquiera que este dispuesto a escuchar.

¿Eres un inconformista, alguien que dice la verdad sin importar las consecuencias?  Hola, Juan el Bautista.  ¿Te deleitas en ser el proveedor de consuelo y muy buenas noticias?  ¡Bienvenidos, Ángeles!

¿Eres alguien que busca la Verdad, aunque este fuera de su zona de comodidad, y está dispuesto a viajar grandes distancias para encontrarla?  Pásale a la pastorela, Rey Mago.

O tal vez te encuentras en uno de los personajes más oscuros esta Navidad.  ¿Estas paranoico de perder tu poder y estatus estos días?  ¿Tienes miedo que un empleado más joven y carismático quiera tu trabajo?  Bueno.  Lo siento decirte que el Rey Herodes tenía las mismas sospechas.

Aquí les va una buena.  ¿Eres un cargador de Cristo, alguien que trae bondad y luz a todos los que les rodea? Respira hondo.  Tu eres María, la Madre de Jesús, quien trajo a Cristo al mundo.

Observa la escena del nacimiento y encuéntrate a ti mismo en ella.  En tu corazón, reconocimiento.  Y en la tierra, paz.

Cuéntale a un ser querido quien eres en la Historia de la Navidad.

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Kathy McGovern © 2014-2015

El Bautismo Del Senor – Ciclo C

13 enero 2013

Reflexionando Sobre Luke 3: 15-16, 21-22

Feliz Año Nuevo a todos!

El otro día mi esposo y yo llevamos a caminar a nuestra perra Gracie al parque. Pasamos varias casas de nuestro vecindario, de pronto, por alguna razón recordé que nuestros amigos vivían en una de las casas que acabábamos de pasar. Mira, le dije a Ben, “ahí es la casa de Denny”. Y ahí, se encontraban sus preciosos nietos  agitando frenéticamente sus manos por la ventana, y gritando “Feliz Año Nuevo”.

Los saludamos y sonreímos mientras caminábamos, y nos preguntábamos sobre la inusual coincidencia de que, sin haberlos visto en la ventana y sin haberlos escuchado llamándonos, volteamos a donde se encontraban justo a tiempo para ver su cálido saludo.

En el bautismo de Jesús, los cielos se abrieron, la voz del Padre se escuchó, y el Espíritu Santo de hecho apareció en forma de una paloma. Sin embargo, Lucas no dice quién vio a la paloma, o quién escuchó la voz. Sucedió, lo sabemos. Pero, ¿quien, además de Jesús (y el evangelista, quien es inspirado por el Espíritu) tenía ojos para ver y oídos para escuchar?

Si pudiéramos entrenar nuestros ojos y oídos, apuesto a que podríamos ver los cielos abrirse, y escuchar la voz desde el cielo. Esta aparición de la Santísima Trinidad – EL Hijo saliendo del agua, el Espíritu Santo reposando como una paloma, el Padre hablando desde los cielos – no fue un evento aislado. Cristo está siempre con nosotros cuando caemos y nos levantamos, el Espíritu Santo nos está señalando continuamente el camino de la paz, y el Padre siempre nos está hablando.

O para ponerlo de otra manera, amor y consuelo y sabiduría están constantemente saludándonos a través de silenciosas ventanas. Toma un momento para voltear a verlas y darte cuenta de esto.

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Sylvia Gould

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Kathy McGovern © 2014-2015

Solemnidad de La Epifania – Ciclo C

5 enero 2013

Reflexionando Sobre Is. 60: 1-6

En esta preciosa festividad de la marea Navideña en la que recordamos la manifestación de Cristo a todas las naciones, me pregunto si pudiéramos tomar unos minutos y dejar volar nuestra imaginación a lugares que tal vez no nos hemos permitido llegar por muchos años. Deja que tu corazón se consienta a si  mismo en este sentido:

¿Cómo seria si los Estados Unidos de Norte América fueran como la estrella de Belén? ¿Y si nuestro país radiara tanta luz, tanto calor, tanta justicia, tanta compasión, tanta fortaleza de carácter, que la Gloria del Señor pudiera brillar sobre nosotros?

¿Y si las naciones caminaran bajo nuestra luz? ¿Y si todas las personas del mundo, que comparten el mismo sol y la misma luna, (incluso estoy imaginando a las miserables, famélicas multitudes en Corea del Norte, que  no tienen acceso al mundo exterior) observaran semejante sabiduría tan refulgente en nosotros que literalmente encendiera los cielos y señalara a todas las personas la dirección hacia la paz?

¿Y si nosotros, la ciudad situada en la colina, el modelo mundial de todos los grupos étnicos que viven unidos, cambiara de tal manera por los horrores de la violencia contra los niños en este país y todos dejásemos nuestras agendas de lado hasta que cada niño (y también, los padres y hermanos y primos y tías y tíos y amigos de cada niño) estuviese a salvo esta noche?

La divina sabiduría quedaría impactada, pero nosotros somos la nación ponderosa que ayudó a salvar al mundo hace solo 70 años. Salvamos al mundo de los Nazis. ¿Podremos salvarnos a nosotros mismos también?

Por supuesto que podemos. Oh estrella Milagrosa, guíanos hacia tu luz perfecta.

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Sylvia Gould

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Kathy McGovern © 2014-2015

La Solemnidad de María, la Madre de Dios – Ciclo C

31 diciembre 2012

Una Víspera  de Navidad, mientras me encontraba en una peregrinación a Israel, mi esposo y yo realizamos una caminata memorable a Belén desde el Potrero del Pastor. Este es el potrero que rememora el lugar sagrado en donde los pastores—ese grupo que era considerado tan impuro que su testimonio no fue aceptado en la corte—vieron al ángel, quien les confió la noticia más importante en la historia de la humanidad. Entonces, los cielos se abrieron y vieron “una multitud de seres celestiales” alabando a  Dios.

Ben y yo decidimos seguir sus huellas desde el Potrero del Pastor esa tarde de Víspera de Navidad. “Caminamos presurosos” esas tres millas, las cuales gradualmente se hacían más pronunciadas conforme se avanzaba a la Iglesia de la Natividad. Casi sin aliento y con pletóricos corazones, entramos a la iglesia que, en diez horas más, para la misa de media noche, estaría repleta de peregrinos de todas partes del mundo. Pero en ese momento, estábamos solos. Bajamos las oscuras escaleras que dirigen a la antigua gruta en donde los pastores encontraron a “Maria y a José, y al infante recostado en el pesebre.” Entonces esos pastores, esos “ilegales”, les comunicaron lo que les habían dicho sobre Jesús.

Qué paz tan grande experimentamos ahí en esa gruta esa Víspera de Navidad. Mientras salíamos del frio diciembre, prometíamos acrecentar nuestro propio testimonio sobre Jesús, y trabajar más fuerte por la paz en la tierra, y por la buena voluntad hacia todos nuestros hermanos.

¿Existen lugares en tu corazón que no te permiten comprender a un Dios que ama a todas las personas?

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Sylvia Gould

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Kathy McGovern © 2014-2015

Festividad de la Sagrada Familia de Jesús, María y José – Ciclo C

29 diciembre 2012

¿No te gustaría saber más sobre la Sagrada Familia? Nos encantaría saber más acerca de José, el protector silencioso de María y de Jesús. El no pronuncia una sola palabra en las escrituras, con todo, su docilidad al aceptar la milagrosa obra de Dios, y su papel divino en esa revelación, lo forjan como el modelo perfecto de todo padre de familia. Imagina un mundo en donde los niños, especialmente los hijos varones,  no tengan ese “hueco de figura paterna” en sus corazones que debería ocupar todo padre.

La más antigua representación artística de María es un fresco, s. 150 D.C., En las Catacumbas de Priscila en Roma. Es tan conmovedor observarla, acunando a Jesús maternalmente, en este antiguo muro en donde los mártires de Roma esculpieron su fe. Por aquellos tiempos apareció un libro, El Primer Evangelio de Santiago, el cuál fue amado inmediatamente por las comunidades Cristianas en Roma. Aunque nunca fue aceptado como parte del canon en el Nuevo Testamento, planeaba dar un contexto histórico sobre María y José que ansiamos tener aún hoy día.

Cuando los veamos en el cielo, podremos hacerles todas las preguntas del mundo.

¿Qué es lo que más te gustaría preguntarles a José y a María?

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Sylvia Gould

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Kathy McGovern © 2014-2015

El Nacimiento de Nuestro Señor – Ciclo C

26 diciembre 2012

¿Recibiste todo lo que esperabas en esta Navidad? Porque estoy segurísima que vi otros regalos para ti, escondidos debajo del árbol en un lugar secreto donde los podrás encontrar cuando sea el momento perfecto.

Sí, aquí está uno con tu nombre es «Compasión de corazón», este regalo se abrirá por sí mismo. Sentirás como se abre tu corazón y empiezas a sentir «apasionadamente» la lucha diaria de un familiar que con su addición ha roto los lazos de amor en tu familia. Todo está bien, siente la ternura y amor por tu triste familiar una vez más. También es Navidad para ellos, con todas las promesas de que Dios está con nosotros.

Este regalo que sigue viene también con el anterior, así que también abre «Bondad». Este es el regalo PERFECTO para tí porque ¡te seguirá sorprendiendo a lo largo del año! Está pendiente de ese desconocido que te dirá: «Puedo ver que tienes prisa y que solo tienes un par de artículos, pásate en frente de mí». Se mostrará en esa carta sorpresa de gratitud de un viejo amigo, o el dulce regalo de tu esposo que saca la basura día tras día sin decir una palabra. O tal vez será tu hijo adulto que te llama y dice: «Recuerdas las muchas discusiones que tuvimos porque no me querías dejar salir con mis amigos cuando tenía apenas 14 años, nunca te he agradecido porque te mantuviste firme y te aseguraste que estuviera a salvo».

Hay muchos más regalos, y todos tienen tu nombre. Todos vienen de Emanuel, quien promete estar contigo en cada lucha y cada alegría del nuevo año. ¡Feliz Navidad!

¿Cuál es tu recuerdo favorito de la presencia de Dios contigo?

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Sylvia Gould

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Kathy McGovern © 2014-2015

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