Tiempo Ordinario – Ciclo C

Nuestro Señor, Jesucristo, Rey del Universo – Ciclo C

21 noviembre 2016

Reflexionando sobre Luke 23: 35-43

Supongo que era inevitable.  Mi esposo Ben, quien no le teme ni a la altura ni a la profundidad, ni a las regulaciones de OSHA, se cayó 15 pies de una escalera mientras que estaba pintando una casa en una área económicamente baja la semana pasada.  A pesar del dolor intenso que tiene al recuperarse de la quebradura de la cadera, una mano, y la escapula, los dos estamos sin habla con tanta gratitud de que no haya sufrido parálisis o daño cerebral.  De hecho, pudo haber sido fatal porque, como le dijo Butch a Sundance, la caída por si sola podría haberte matado.

Al mismo tiempo que lo llevaban en ambulancia al hospital, una brigada de bomberos estaba apagando un incendio en la misma calle.  Una madre soltera y sus tres niños estaban pagando $1,500 por mes para vivir en un apartamento de una recamara, que ahora se consumía en llamas.  Jesús, acuérdate de ellos.

Viendo los resultados de las elecciones en el hospital el martes en la noche, vimos a los que lloraban, a los que celebraban, a las convulsiones de ira y felicidad.  Jesús, acuérdate de nosotros.

Mientras que Ben soportaba el dolor más tarde esa semana en casa, vimos a los Guerreros Heridos en el día de los Veteranos, enfrentando vidas como doble-amputados, muchos viviendo con dolor intenso, minuto a minuto.  Jesús acuérdate de ellos.

Sucediendo paralelamente a esa historia habían docenas de historias de sequias, fuegos forestales, asesinatos en masa.  Jesús acuérdate de ellos.

Existe una cantidad inmensa de gente de quien Jesús se tiene que acordar, cada hora de cada día.  Que gran consuelo saber que Cristo nuestro Rey sabe lo que es estar en agonía, ser torturado y asesinado por gente que no sabía lo que estaba haciendo.

Pero nosotros si sabemos lo que hacemos, y en este día de fiesta nos proponemos usar nuestras vidas para ofrecer sanación y amor compasivo, en memoria de Jesús.

¿Qué bondad harás está semana, en memoria de Jesús?

Kathy McGovern ©2016

 

Kathy McGovern © 2014-2015

Trigésimo-tercer Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo C

14 noviembre 2016

Reflexionando sobre Malachi 3: 19-20a

Solamente hemos tenido dos mañanas realmente frías, y aun así ya extraño el sol.  Quiero sentarme en la playa y sentir sus rayos celestiales.  Quiero sentarme en el porche a leer bajo su cálida luz.  Quiero un verano eterno.

Pero claro que este planeta necesita el invierno.  Las inundaciones y los incendios y las sequías son todas señales de las temperaturas aceleradas.  Podría ponerme camisetas y pantalones carpís todo el año, pero felizmente los cambiaría por chamarras y guantes si eso garantizara la restauración de la capa polar y el final de las sequías alrededor del mundo.

Es un tanto espeluznante que Malaquías , profetizando el final de los tiempos, dice que vendrán días como un horno encendido, mientras que los malvados serán quemados vivos.  Tuvimos unos días- más bien unas semanas- el verano pasado, cuando parecía que esa profecía se estaba realizando.

Oímos de Malaquías hoy, y de la sección apocalíptica del evangelio de Lucas, porque el año litúrgico está llegando a su final.  No se va calladamente, gradualmente dando paso a un dócil y gentil adviento.  Las lecturas del final del año litúrgico son cacofónicas y aterrorizantes.  Predicen cambios terribles en el clima, las agonías de la guerra, y terremotos y hambrunas que suena como las noticias actuales más populares de CNN.

Pero lo que no te dicen en CNN es esto:  hay un Dios amoroso que está con nosotros, en hornos ardientes y tundras Árticas.  Un vistazo a la larga historia ciertamente te dirá que lo soportaremos.  A pesar de nuestra voluntaria ignorancia y nuestro cegador egoísmo- y una atroz temporada de elecciones- la vida todavía es sostenida cada segundo por un Creador quien es bueno

Así es que ten paz.  Reúsalo, recíclalo y redúcelo.  A, y si, confía en Dios.

¿Cómo enfrentas tus miedos al mantenerte fuerte en tu fe?

Kathy McGovern ©2016

 

 

Kathy McGovern © 2014-2015

Trigésimo-Segundo Domingo De Tiempo Ordinario – Ciclo C

5 noviembre 2016

Reflexionando sobre Luke 20: 27-38

 Existe algo en nosotros que recuerda lo infinito.  Mi pasaje favorito del Antiguo Testamento captura esto de una manera hermosa:  Él, en el momento preciso todo lo hizo hermoso: puso además en la mente humana la idea de lo infinito (Eclesiastés 3:11).   Añoramos ver por nosotros mismos esos destellos del cielo- una mirada cálida de un ser querido que se ha marchado para estar con Dios, o tal vez esa historia de una experiencia cerca de la muerte que suena como tan cierta.  Pero aunque no experimentemos esas gracias en particular,  lo cercano de la eternidad está aquí mismo, en nuestra memoria y en nuestras almas.  Fuimos hechos para el cielo.

Pero también estamos hechos para la tierra, porque es aquí donde forjamos el material que llevaremos a la eternidad.  En la hermosa parábola de C.S. Lewis “El Gran Divorcio”, observamos ese insoportable dilema.  El Cielo está justo ahí, solo a unos pasos del autobús que lleva a aquellos atrapados en el limbo de la indecisión.  Todo lo que uno tiene que hacer es bajarse del autobús.  El problema está en que, el cielo es tan solido, tan real.  El pasto es como navajas para aquellos que intentan llevar su egoísmo y suciedad y chismes, y mezquindad al cielo.  Ellos tendrán que renunciar a esas cosas si quieren caminar en la fuerza de la Presencia Divina.

Esa es otra parte de la eternidad que ya experimentamos aquí en esta vida: el “musculo de la memoria” que se forma cuando llegamos a ser eso que fuimos hechos para ser.  Cuando aplastamos la tentación en el suelo, cuando defendemos la justicia, cuando fortalecemos los músculos de la compasión y la honestidad, sentimos que nos estamos poniendo en forma para la firmeza del celo.  Todos los santos van al gimnasio para ponerse suficientemente fornidos para la eternidad.  Solo hazlo.

Kathy McGovern ©2016

 

 

Kathy McGovern © 2014-2015

Trigésimo-primer Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo C

1 noviembre 2016

Reflexionando sobre Luke 19: 1-10

Podemos discutir acerca de Zaqueo todo el día.  Los judíos lo aborrecían, ya que se ganaba la vida cobrando los impuestos que exigían los gobernantes Romanos.  Pero algunos lo defendían, argumentando que si los judíos no pagaban sus impuestos, entonces los violentos Romanos los forzarían ellos mismos.  Zaqueo simplemente mantenía a los judíos vivos y a salvo al ayudarles a cumplir las exigencias que se les imponían.  Esa es otra manera de verlo.

Y luego tenemos esto: Los compañeros de Jesús en su larga jornada de Galilea hasta Jerusalén eran personas fieles y devotas, quienes, podemos asumir, hubieran estado FASCINADOS de que Jesús les hubiese llamado y dicho que iba a cenar con ellos esa noche.  ¿Y a quien le concede esa inmensurable gracia?   Al corto en estatura, increíblemente odioso cobrador de impuestos que se sube a un árbol por impulso y obtiene la mejor vista que cualquier persona presente.  Eso no es justo.

Pero esto es lo que Zaqueo siempre tendrá a su favor: Él quería saber quien era Jesús. Piensa en todas esas personas que piensan que ya tienen a Jesús bien comprendido.   En él no existe ningún  misterio para ellos.  Ellos han desarmado los milagros, buscado por google la “cultura” acerca de él, y, tal vez tristemente, lo han guardado junto con todos sus sueños de niñez.

¿Sabes que?

Zaqueo vivía en este mismo tipo de mundo.  Los profetas y los que querían ser Mesías se vendían diez por un tostón.  Sus empleadores Romanos eran hombres de negocios sínicos quienes ciertamente se hubieran burlado de Jesús y su lastimoso acompañamiento.  Pero aun así, él lo arriesgó todo y trepó en el árbol, porque, sin importar que ridículo se iba a ver él, quería ver a Jesús.

Eso lo pone muy a la delantera del juego en el mundo en que vivimos hoy.

¿Cómo puedes inspirar a alguien a quien amas que quiera ver a Jesús?

Kathy McGovern ©2016

Kathy McGovern © 2014-2015

Trigésimo Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo C

29 octubre 2016

Reflecting on Lk. 18: 9-14

El fariseo y el recaudador de impuestos tienen algo sagrado que enseñarnos.  Debemos atesorarlo.  El darnos cuenta de que podríamos ser los fariseos, aquellos que piensan (secretamente, por supuesto) que somos más merecedores que los demás de la misericordia de Dios, es una gracia por si sola.  El más seguro y rápido camino a la misericordia de Dios es el estar profundamente conscientes de que la necesitamos.  Apuesto a que la mayoría de los lectores inmediatamente se identifican con el humilde “pecador,” sin jamás darse cuenta de que el fariseo es más parecido a su verdadera identidad.

Intenta recordar un tiempo cuando el pecado te hizo humilde.  Tal vez uno de los pecados mortales te tiene atrapado, y toda una vida de rabia, por ejemplo, te lleva a golpear el cofre del auto descompuesto de otra persona durante la hora del trafico.  O tal vez, como yo, te encuentras intencionalmente ciego al pecado mortal de la avaricia, y después de haber utilizado mucho más de los recursos que le pertenecen al resto del mundo te hayas vuelto dependiente y débil.

Es un regalo precioso el hacernos humildes, el bajar la cabeza ante Dios y decirle, “Señor, te doy gracias porque ya me pusiste al descubierto.  Te doy gracias porque ahora el mundo sabe lo que tú siempre has sabido.  Quiero cambiar en lugar de mantener la careta de ser menos pecador de lo que realmente soy.  Humildemente me doy cuenta de que no estoy engañando a nadie, especialmente a ti.  Ten misericordia de mi, un pecador.”  El reconocer y nombrar lo pecadores que somos no nos hace sentir bien, pero nos cambia.  Nos empuja más cerca al cielo, donde los pecadores son bienvenidos todos los días.

¿Cómo me ha cambiado el darme cuenta del pecado que hay en mi?

Kathy McGovern ©2016

Kathy McGovern © 2014-2015

Vigésimo-Noveno Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo C

22 octubre 2016

Reflexionando sobre Lk. 18: 1-8

Mi esposo Ben y yo seremos guías de un peregrinaje a Lourdes y Fátima esta semana.  Le he preguntado a todas las personas con las que he hablado recientemente como puedo orar por ellos mientras estemos ahí.  Me es conmovedor darme cuenta de que a mucha gente nunca se le ocurre orar por ellos mismos.  Siempre, por sus hijos, y es triste ver que tan similares son las oraciones.  Por favor ore para que mis hijos regresen a la iglesia.  Por favor oren para que mis nietos sean bautizados.  Por favor ore para que mi hijo obtenga un empleo.  Por favor ore para que la depresión de mi hija se mejore.  Por favor ore para la sanación de la adicción a las drogas de mi nieto. 

Mi oncólogo, un doctor inteligente, cálido y chistoso que siempre se pone corbatas encantadoras y nunca parece tener ninguna prisa, tiene un poster impresionante en su oficina del centro de Cáncer Rocky Mountain.  Ante un fondo azul oscuro, un magullado pero fornido roble se sostiene contra el viento y el frio.  El texto dice: No ores para tener una vida fácil.  Ora para ser una persona fuerte.

¿Qué significa ser una persona fuerte?  Esa viuda que se adentra en las puertas de la ciudad, nunca ofreciendo un soborno, nunca perdiendo la esperanza de que será escuchada y conseguirá justicia, ella si que es una persona fuerte.  Imagínate lo que toma, no tener influencias, ni grupos especiales abogando por ti, solamente tu fe en que el juez escuchará tu causa y te encontrara merecedora.

Jesús debe haber visto a los ciegos, a los que morían de hambre, a los moribundos todos los días.  Y aun así, nos pide que  nunca dejemos de rogarle a Dios que nos de lo que necesitamos.  Se una persona fuerte, parece decirnos.  Y nunca dejes de creer. 

Ayúdanos a orar por ti mientras estamos en nuestro peregrinaje. 

Tómate un momento para pedirle a Dios la sanación que necesitas.

Kathy McGovern ©2016

Kathy McGovern © 2014-2015

Vigésimo-octavo Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo C

11 octubre 2016

Reflexionando sobre Lk. 17: 11-19

Que tan preciosos son esos momentos en los que nos damos cuenta de quien realmente nos ama.  Casi siempre sentimos esa emoción de reconocer esto cuando la gente mas cercana que tenemos hace algún gesto de bondad hacia nosotros que nos dice –Todavía eres amado por mi.-  Pero a veces nos llega ese destello de bondad de alguien que ni siquiera ha estado en nuestro radar.  Regocijándonos en el brillo de esa sorprendente calidez, nos apuramos a mandar esa notita de gracias, o encontramos el numero telefónico para llamar y decirles que tan maravillosamente nos sentimos por ese inesperado toque de bondad que nos fue otorgado.

Naamán, un comandante del ejercito de Siria, sintió un impacto de amor sorprendente cuando finalmente escuchó al profeta Eliseo, aquel famoso Israelita a quien había viajado para ver, esperando una cura para su lepra.  Al principio se portó arrogante.  ¿Qué?  ¿Estás seguro que no necesito tragarme una poción horripilante, o ofrecerte un rebaño de ganado?  Si fuese tan fácil como nadar en el rio, lo podría haber hecho en casa.   Pero Eliseo lo logró, y cuando Naam salió del Jordan, sano, se llenó de asombro y gratitud.

El Samaritano, uno de los diez que fue sanado por Jesus, sintió ese mismo impacto de reconocimiento.  ¡Oh!  Él me ama.  Este es Jesús, un hombre a quien nunca antes había conocido, un extranjero, y me ama.  ¿Existira algún tipo de conexión más intima con lo divino que el sentirse querido y cuidado—lo cual solo puede traer sanación—por otro miembro de la raza humana?  Yo pienso en estos dos extranjeros hoy mientras leo otra historia de terror proveniente de Aleppo, o de los refugiados Sirios escapándose para salvar sus vidas.  Oh, Jesus, muéstranos como amar.

¿Cómo vas a sorpreder a alguien con amor hoy?

Kathy McGovern c. 2016

 

Kathy McGovern © 2014-2015

Vigesimoséptimo Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo C

1 octubre 2016

Reflexionando sobre Habakkuk 1: 2-3, 2: 2-4

Y yo que creía que fue Oprah Winfrey quien inventó las cartulinas de visión.  Me refiero a esos collages de fotos y frases positivas acerca del empleo o del auto o el éxito que vas a lograr en el futuro.  Resulta que el profeta Habacuc promovió las cartulinas de visión allá por el siglo siete antes de Cristo, y él ordenaba que las visiones se gravaran tan claramente que “un mensajero pudiera correr con ellas.” Eso significa que, en las redes sociales del mundo antiguo, el mensaje sería lo suficientemente grande para que la gente lo pudiese leer mientras que el mensajero lo llevaba corriendo a cargas de pueblo en pueblo.

Existen miles de personas valientes que escribieron sus visiones y luego pasaron sus vidas trabajando para lograrlas.  Bartolomé de las Casas- 1484-1566- era un fraile Dominico quien se aterrorizó de presenciar las atrocidades de genocidio y esclavitud cometidas en contra de los indios nativos del Caribe.  Pero él no comenzó así.  Él mismo era dueño de esclavos.  Una vez que se convirtió de ese pecado, sugirió que trajeran esclavos de África en vez de esclavizar a los Indios.  Finalmente, se convirtió también de ESE pecado y se trasformó en un ardiente oponente de todas las formas de esclavitud.

Habacuc comprendía que las visiones de justicia toman tiempo.  En nuestras vidas estamos viendo las convulsiones de la cultura alrededor de temas que constituyen (y deben ser castigados por) asalto sexual, o el asesinato de los delfines que son legalmente protegidos, o la caza y asesinato de elefantes por su marfil.  Estos son solo algunos de los temas- y nisiquierea están en mis primeros diez- por los cuales oramos para que las siguientes generaciones digan, -¿En serio?  ¿Ustedes realmente hicieron eso?-  Así es que anímense, y sean fuertes.  Si la visión se tarda, espérenlaSeguramente llegará (Habacuc 2:3).

¿Qué visión de justicia te pasas la vida anunciando?

Kathy McGovern ©2016

Kathy McGovern © 2014-2015

Vigésimo-Sexto Domingo De Tiempo Ordinario – Ciclo C

28 septiembre 2016

Reflexionando sobre Luke 16: 19-31

La semana pasada meditamos acerca del papel tan importante que tienen los empresarios éticos en crear empleos.   ¡Vaya!  Yo no soy una de ellos- así que eso me quita la obligación.  Y justamente cuando pensé que podría abrir tranquilamente el evangelio otra vez, ¡saz!  Ahí está Lázaro- no el mismo hombre a quien Jesús resucitó de los muertos en el evangelio de Juan- sino el pordiosero, hambriento, enfermo, sentado justo afuera de mi casa.  El evangelio de Lucas se parece mucho a este mendigo.  Se sienta a las puertas de nuestros corazones, pidiéndonos sin cesar que le presentemos atención.

¿A que no te encanta que Lázaro tiene nombre pero el hombre rico no?  Él, quien está sin nada en este mundo, se le otorga eso que es tan valioso en su cultura y la nuestra,  un nombre que lleve su recuerdo hacia el futuro.  Y el hombre rico no tiene nombre porque –trago saliva- ¿Tal vez debemos insertar nuestros propios nombres ahí?

El difunto, y magnifico John Kavanaugh, hizo bellamente esta conexión.  El sugirió que el “gran abismo” entre las tormentas del infierno y la felicidad del cielo existe hoy en día en la desigualdad de la riqueza entre aquellos quienes son jefes de corporaciones, quienes acumulan gratificaciones de millones de dólares, y esos que cosen la ropa que llena sus tiendas, actualmente ganando 56 centavos la hora.  No tenemos que ir muy lejos, tan solo podemos ver en nuestras propias ciudades americanas el abismo que se extiende desde el 1%- ¡un gran numero de los cuales se agrupan en una sola cuadra de Manhattan!- y los trabajadores pobres, quienes claramente no se están beneficiando de la “recuperación.”

Desearía tener aquí suficiente espacio para nombrar a tantos amigos que tengo, a quienes sus vidas de gran caridad sin interés propio les ofrecen este gran consuelo:  ellos esperan compartir el banquete celestial con aquellos amigos quienes alguna vez se sentaron a la puerta de sus casas.

¿Quién es el Lázaro en tu vida de quien te has hecho amigo?

Kathy McGovern ©2016

 

Kathy McGovern © 2014-2015

Vigésimo-Quinto Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo C

17 septiembre 2016

Reflexionando sobre Luke 16: 1-13

Mmm.  Estoy viendo el billete de dólar que acabo de sacar de mi cartera.  Ciertamente, todavía esta ahí.  En Dios confiamos.  Estoy un tanto sorprendida de que todavía no lo han removido.  Antes de leer el libro de Robert Lupton “Desintoxicación de la Caridad: Como sería la caridad si nos importaran los resultados” hubiese bromeado de que realmente es un dicho perfecto para nuestro mundo de consumidores.  El dinero es nuestro Dios, y en él confiamos.

Pero ahora veo las cosas de una manera distinta, y la historia del “sirviente injusto” no me sorprende tanto como me sorprendía antes.  La verdad es que la gente de negocios brillante e innovadora quienes “sirven a la riqueza” son exactamente lo que este mundo necesita.  Necesitamos celebrar y apoyar (y ocasionalmente incluir en nuestras oraciones generales) a la gente de negocios, porque el método más efectivo de aliviar la pobreza es el desarrollo económico.

Todos tenemos nuestras frustraciones con la tecnología, pero los campos tecnológicos han creado más riqueza (y trabajos) en nuestro mundo que todas las caridades que han existido.  La pobreza extrema se ha reducido por más de la mitad en la ultima década porque China y La India- quienes representan la más grande concentración de pobreza global en el mundo- se han convertido en jugadores económicos mayores en tecnologías que han creado niveles incomparables de empleos para sus 2.5 millones de habitantes.

Aun así, sus éticas de negocios, como las del sirviente injusto, necesitan ajustes enormes.  Pero en pasos pequeños de justicia económica han dado grandes avances hacia la mejoría.  ¡Que asombroso que Jesús sabia de estos principios básicos de los negocios!  Involucre a aquellos que saben hacer dinero, y póngalos a trabajar creando el reino de Dios.

¿En que forma está su negocio invirtiendo dinero y talento en crear justicia económica?

Kathy McGovern ©2016

Kathy McGovern © 2014-2015

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