Cuaresma – Ciclo C

Domingo De Ramos de La Pasión del Señor – Ciclo C

19 marzo 2016

Reflexionando sobre Luke 22: 14-23: 56

 Es raro, las cosas de las que te acuerdas.  Estoy segura de que he estado más sedienta, o he tenido más calor, o más dolor de lo que sentí aquel abrasador Viernes Santo hace muchos años.  Pero el hecho de cargar cuatro bolsas de mandado mientras subía muchos escalones a las tres de la tarde en ese particular día me permitió percatarme de esa fracción del dolor del Calvario, y en ese día me di cuenta de que tan central en nuestra fe es el Sirviente que Sufre.

No es que el Padre lo requiera.  Es que nosotros requerimos a un Dios que conozca la sed, que conozca el dolor, que conozca el terror, que nos conozca a nosotros.  No puedo pensar en una experiencia de dolor que Jesús no halla conocido, y eso me da mucho consuelo.

Él conoció de las cosas pequeñas- como el ardor de los brazos después de cargar unas cuantas bolsas al subir muchos escalones- porque él soportó las cosas grandes, como cargar un madero de cruz mientras subía el cerro del Calvario.

Él sabia del dolor que sufrimos cuando nuestros amigos no nos aman, porque la noche antes de morir, Pedro, flaqueando ante las preguntas de una sirvienta en el patio de Caifás, negó que lo hubiese conocido.

¿Tienes asma?  Jesús sabe lo que es luchar por alcanzar resuello.  Fue en la particular tortura de la crucifixión en la que la victima eventualmente se asfixia de jalarse hacia arriba para alcanzar aire, y entonces dejarse caer otra vez.

Algún día los pequeños dolores de nuestras vidas serán magnificados.  Las decadencias de la ancianidad nos harán caer de rodillas, y oraremos una vez más, Jesús, acuérdate de mi.

Y entonces el que fue obediente hasta la muerte, hasta la muerte en una cruz, nos dirá, -Este día, tú estarás conmigo en el Paraíso.-

 ¿Qué sufrimiento en particular de tu propia vida también sufrió Jesús?

Kathy McGovern ©2016

Kathy McGovern © 2014-2015

Quinto Domingo de Cuaresma – Ciclo C

14 marzo 2016

Reflexionando sobre John 8:1-11

 Que no se te escape el tema oculto en las tres maravillosas lecturas de hoy.  La iglesia las ha elegido cuidadosamente.  Esa pobre mujer que fue arrastrada hasta donde estaba Jesús para que él la condenara- los fariseos sabían que no podían matarla, por supuesto, pero querían que todos presenciaran a Jesús desafiando las escrituras que decían que ella debería- ciertamente morir- con seguridad no había salida para ella.  Ella tenia de frente a los fariseos cargando las piedras, y detrás a su pasado difícil.  Y ahí, escribiendo en la tierra, estaba el Rabí.  Ella pronto comprendería que él, quien tenía por segundo nombre MISERICORDIA, era su salida.

¿No te encantaría saber lo que Jesús estaba escribiendo?  Sugiero que fue derechito a las escrituras y escribió el versículo que oímos hoy de Isaías: No recuerden los eventos del pasado; no consideren las cosas que sucedieron hace tanto tiempo; vean, que estoy creando algo nuevo!  ¿Se dan cuenta?

O tal vez estaba escribiendo lo que su gran apóstol, San Pablo, diría después a los Filipenses: Olvídense de lo que quedo atrás; esfuércense por lo que está por venir.

Jesús nos tenia en mente mientras escribía, de eso estoy segura.  Nos ruega que recordemos la misericordia de Dios en el pasado, y que no recordemos las injusticias y perdidas y penas que nos han clavado en la tierra, dejándonos incapacitados de movernos hacia enfrente.

No sabemos lo que le sucedió después a la mujer “descubierta en el adulterio.”  ¿Se pasó el resto de su vida amargamente recordando esa experiencia humillante?  ¿O valientemente entró en su nueva vida, llena de la gracia y siempre recordando su encuentro con Jesús?

Dios siempre esta haciendo algo nuevo en tu vida.  ¿Te das cuenta de ello?

¿Qué tan abierto estás a la gracia de “no recordar los eventos del pasado”?

Kathy McGovern ©2016

Kathy McGovern © 2014-2015

Cuarto Domingo de Cuaresma – Ciclo C

7 marzo 2016

Reflexionando sobre Luke 15:1-3, 11-32 

Por más de veinte años, la diócesis de Saginaw, Michigan estuvo encabezada por el brillante y sabio Obispo  Ken Untener.  Él era conocido como el gran reconciliador.  Las heridas no infectaban a su diócesis.  Tu verás porque en esta pieza hermosa, El Padre que Perdona- Con el Giro de una Madre, el cual generosamente me han permitido re-publicar para uso de una única vez aquí.

Mientras que el padre y el hijo mayor están discutiendo en el patio trasero, la madre sale y dice –Ahora si que he tenido suficiente.-

A su marido: – Tu siempre has favorecido a nuestro hijo menor y lo sabes.  Nuestro hijo mayor trabaja muy duro todos los días y tú lo das por dado.  Raramente te oigo decir –gracias- al menos que sea para los trabajadores.  Ya es hora de que empieces a pensar en tu familia, para variar.-

Entonces al hijo mayor: – Y tú… siempre el mártir.  Actúas como si fueras el único que le echa todas las ganas.  Bueno, yo también lo tengo que hacer y también todos los demás.  Es hora que aprendas a aguantarte y a sobrellevar las cosas de la vida que son injustas.  Deja ya tu berrinche tonto.-

Entonces ella va por el hijo menor.  – Y tú, el principito echado a perder- ahí celebrando y ni siquiera se te ha ocurrido pensar en tu hermano y pedirle perdón por haberlo dejado con todo el trabajo.  Es hora que te des cuenta que todo el mundo no da vueltas alrededor de ti.-

Entonces a los tres: -Arreglen sus diferencias en otro momento.  Tenemos visita, así que entren ahí y compórtense como una familia en vez de actuar como niños de tres años.-

La reconciliación puede ser complicada.  Pero esa no es excusa para no reconciliarse.

 ¿Tienes algún pleito continuo en tu familia que necesita el amor duro de una mama?

 Re-impreso de The Little Black Book basado en las escrituras del Obispo Ken Untener. Aprende mas en  www.littlebooks.us 989-797-6653

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Tercer Domingo de Cuaresma – Ciclo C

29 febrero 2016

Reflexionando sobre Exodus 3: 1-8a, 13-15

Mi sobrino, criado en un hogar Católico y rodeado de familiares y amigos practicantes del Catolicismo, disfruto al máximo sus doce años de escuelas Católicas.  Después de la preparatoria se fue a una universidad estatal con varios de sus amigos de la infancia. Lo visité en la universidad para su cumpleaños en abril, y, mientras que me daba un paseo por las instalaciones, le pregunté, -¿Dónde esta la iglesia Católica?-

Pude haberle hablado en Swahili.  Después de ocho meses en la universidad, compartiendo con sus amigos católicos, a ninguno de ellos se les había ocurrido preguntar acerca de una iglesia donde pudieran seguir conectados con la fe que con tanto cuidado y amor se les había inculcado.

Existen tantas zarzas ardiendo en fuego alrededor de ellos- clases fascinantes que pudiesen haber encendido sus intelectos y añoranzas para buscar al Gran Diseñador, chicos de su edad de diferentes religiones que pudiesen haber estimulado grandes conversaciones acerca de la fe, y, tal parece una comunidad Católica vibrante en el campus universitario. 

Pero nada de eso los fascino lo suficiente como para hacerlos que se acercaran, a investigar, a descalzarse y pararse humildemente ante el Misterio.  Eso es lo que hace que el suelo sea sagrado- cuando la Chispa Divina finalmente se conecta con nuestra propia añoranza, y no podemos contenernos a nosotros mismos de acercarnos. 

Yo pienso acerca de esa zarza ardiendo en el desierto, completamente consumida con Dios.  Sospecho que debió haber estado ardiendo desde el comienzo de los tiempos, esperando  a que alguien atrapara su luz y fuese inescapablemente atraído a ella.

El mundo está cargado con la grandeza de Dios, escribió  Gerard Manley Hopkins.  A, si.  Pero la gracia sobre la gracia todavía arde en el desierto, esperándonos a que tengamos suficiente frio, suficiente soledad, -no lo suficiente-  suficiente para descalzarnos y escuchar.

¿Dónde están los lugares de suelo sagrado- lugares de relacionarte con Dios- para ti?

Kathy McGovern ©2016

 

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Segundo Domingo de Cuaresma – Ciclo C

22 febrero 2016

Reflexionando sobre Luke 9: 28b-36

Me pregunto que pensarían cuando Jesús los llevó hacia el Monte Tabor a orar.  -¿En serio Rabí?- Santiago y Juan seguramente exclamaron, -¿Qué no podemos orar aquí abajo?-

-Escúchame, Maestro,- Tal vez trato de convenserlo Juan, -Nos espera un largo camino.  Si tú insistes en que vayamos a Jerusalén, lo cual como ya sabes yo no aconsejo que hagamos, podremos orar nuestra tefillah aquí y descansar.-

No se debieron haber sorprendido cuando Jesús siguió caminando.  Después de todo, ¿Qué no Moisés subió al monte de Sinaí dos veces?  Y hablando del Monte Sinaí, ¿qué no fue ahí donde Elías oyó a Dios hablarle en la suave brisa?

Así que por supuesto que subieron a la montaña.  Jesús estaba escalando, y, habiendo sido invitados a compartir esa intimidad, ellos jamás pudieron haberse quedado atrás.

Yo escale una montana una vez.  Hasta hoy ha sido la experiencia más aterrorizante de mi vida.  Atrapada en el lodo y el frio, con una cadera artrítica y un corazón Muy Asustado, nunca hubiese podido llegar a los lugares más altos sin la ayuda de mi esposo y varios amigos.

¿Valió la pena?  Pregúntale a Pedro, Santiago, y a Juan.  Gracias a su disposición de escalar con Jesús, ellos lo vieron transfigurado, su divinidad totalmente revelada, y oyeron al Padre hablar.  Y si, Moisés y Elías aparecieron, también, dándole consuelo a Jesús para enfrentar lo que estaba a punto de suceder en Jerusalén.  Y si.  Valió la pena.

También para mi valió la pena.  Todos deberíamos tener tales recuerdos, de tus seres queridos sacándote de la profundidad y Habacuc 3:19 llevándose a cabo en tu vida: -Porque el Señor me da fuerzas; da a mis piernas la ligereza del cierto y me lleva a alturas donde estaré a salvo.-

¿Alguna vez has leído la clásica historia Cristiana “Hinds’ Feet in High Places (Piernas como de Ciervo en lugares Altos)  Te dará fuerzas.

Kathy McGovern ©2016

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Primer Domingo de Cuaresma – Ciclo C

14 febrero 2016

Reflexionando sobre Luke 4: 1-13

De nuevo estamos en la cuaresma, gracias a Dios.  En una cultura de excesos y prosperidad, yo no tengo la disciplina de imponerme un ayuno de cualquier tipo en cualquier otra parte del año.  Y de verdad, quiero que la Pascua realmente signifique algo.  Durante estos días fríos me doy cuenta de cuanto añoro el sol, y las flores, y el brotar de los azafranes.  Pero aquí en la oscura mitad del invierno es bueno recordar que las semillas de la Pascua están firmemente plantadas en la Cuaresma, y así que, una vez más, volteo mi rostro hacia Jerusalén y la Cruz.

El otro problema es que ya no tengo muy claro que es la tentación.  (Y sé que la misma tentación es el puerto de entrada para sus tantos entretenidos disfraces.)  Pero esto si se:  cada vez que oigo a Satanás diciéndole a Jesús que todos los reinos del mundo- piensa en eso por un momento- se le han dado a él, me da un escalofrió.  Y mi visión borrosa se aclara inmediatamente. 

¿Por qué?  Porque sé que el espacio entre lo que soy y lo que quiero ser, se cierra un poquito más cada vez que le niego al Autor de todas las Mentiras cualquier poder o gloria.  ¿Cómo se atreve a decirle al Autor del Amor que todos los reinos del mundo son suyos, para ganárselos por medio de los pecados mortales que son el odio, la envidia, la avaricia y la violencia?

No el reino de mi corazón. No el reino de mi vida.  La Palabra de Dios está muy cerca de ti, en tu boca y en tu corazón.  Solo tienes que llevarla a cabo.

Quizá no pueda definir la tentación, pero la reconozco en cuanto la veo.  Y me quedo junto a Jesús.

¿De qué maneras retaras al Autor de Las Mentiras esta cuaresma?

Kathy McGovern ©2016

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Domingo de Ramos – Ciclo C

25 marzo 2013

Reflexionando Sobre Luke 22:14-23:56

Peter denies Christ by Rembrandt. Canvas, 1660. Amsterdam, Rijksmuseum

Ven conmigo por un momento. Quiero mostrarte algo. Quédate aquí conmigo en el patio de Caifás, el sumo sacerdote. Los guardias del templo acaban prendieron a Jesús. ¿Has oído todo lo que conmoción cuando le llevaban desde el monte de los Olivos? Ahora ya lo tengo en la casa. Véase que el hombre de allá, el uno con el acento? Fue uno de los seguidores de Jesús. Pero sigue negando el tiempo. Deje que le pregunte a un tercero: Ciertamente que estaban con él, porque tú también eres galileo, ¿no? No, dice, no sé lo que estás hablando.

¿No lo oyes? El canto del gallo? Y mira ahora! No es Jesús, mirando por la ventana, mirando a su amigo. ¿Cuál es ese mensaje que pasa entre ellos? Jesús puro amor en sus ojos. Pero los ojos de su amigo empiezan a enrojecer, y corre lejos del fuego, lejos de Jesús, llorando tan fuerte que todavía se le oye.

Escuche. El sonido de su llanto se funde en los sonidos de las oraciones de Jesús-es que el Salmo 88? – Que está de pie encadenados en la mazmorra en las cuevas apenas debajo de nosotros.

Dos mil años después, millones de creyentes siguen llegando a este lugar. Gallos aún gallo en el patio. Peregrinos todavía subir abajo, abajo en el hoyo donde Jesús fue encadenado la noche antes de morir. Y el sonido de Pedro llorando cumple con los nuestros.

¿Por qué la Iglesia recuerda a Pedro como su primer líder después de su terrible traición?

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Sylvia Gould

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Kathy McGovern © 2014-2015

Quinto Domingo de Cuaresma – Ciclo C

18 marzo 2013

Reflexionando Sobre John 8: 1-11

Sin Salida. Eso debio haber pensado ella. La mujer, a mitad del área del templo debió estar segura de que no había salida alguna para ella. Los Fariseos la tenían acorralada, necesitaban un sacrificio humano para  atrapar a Jesús violando la Ley.

Jesús, quien conoce el significado de las palabras misericordia, no sacrificios, es la escapatoria para la mujer. El parece completamente desinteresado en los detalles. Simplemente promulga este desafío: Bien, aquel de ustedes que nunca haya pecado, de un paso adelante y arroje la primera piedra. Por supuesto, todos se marcharon, y cuando vuelve la mirada, se sorprende de ver a la mujer aun en ese lugar. El no podría estar menos interesado en condenarla que en ese momento.

El alma de Jesús clamó a su alma, y la salida era clara. Misericordia.

Otra salida, por supuesto, mil doscientos años antes, cuando Dios dividió el Mar y los hijos de Abraham marcharon a través de el sin mojarse los pies, con el agua como pared a su derecha y a su izquierda. Si se hubieran quedado en tierra, hubieran sido asesinados por el Faraón. Si se hubieran arrojado a las aguas se habrían ahogado. Así que Dios creó una nueva salida, una tercera salida, al abrir un camino para ellos en el mar para que pudieran “pasar”.

¿Crees que no hay salida para ti, que no hay perdón, que no hay oportunidad para dejar tu mal comportamiento, tus malas decisiones, o prioridades equivocadas que ahora te han atrapado? Aquí esta una carta especial de amor de parte de Dios para ti: No recuerdes las cosas pasadas. No pienses en las cosas del pasado. Mira, estoy haciendo algo nuevo. Observa.

Y todos observaremos y oraremos contigo.

¿De qué manera le has brindado una salida a un semejante?

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Sylvia Gould

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Cuarto Domingo de Cuaresma – Ciclo C

11 marzo 2013

Reflexionando Sobre Luke 15:1-3, 11-32

Una de las cosas que disfruto sobre este foro, es la idea de hablar sobre libros. También es injusto, ya que tengo que compartir lo que estoy leyendo mientras que el lector no lo hace. Sin embargo, el sitio que acompaña a esta columna, www.lahistoriayusted.com , está abierta a todos los lectores del país para que se unan y conversen unos con otros sobre lecturas espirituales (o de cualquier índole) que se encuentren leyendo en esos momentos. Por favor, visiten nuestro sitio y únanse a la conversación en línea.

En estos momentos, el libro que mantiene mi atención es Tatuajes en el Corazón de Gregory Boyle, S.J. Son las memorias en el ministerio que este Jesuita fundó para los diez mil miembros de  bandas dentro de los límites de la parroquia en donde el sirve, en la parte Central Sur de Los Ángeles.

Al centro de cada historia hay un tema: el perdón es la única cosa que nos puede sanar, siempre. El P. Boyle ha presidido  más de una centena de funerales de niños que el amaba y que habían sido asesinados por niños que el también amaba. (Y después, esos mismos niños eran asesinados por las “familias” de los difuntos, y el miserable vórtice de violencia solo crecía y se hacia mas extenso).

El misterio Pascual (de Resurrección), el cual es el centro de nuestra fe, dice lo siguiente: ¿Tu padre te golpea?  Tú nunca, nunca debes golpear a tus hijos. ¿Tu hermano fue asesinado por un miembro de alguna banda? No debes nunca vengar su muerte, más bien ora por sus asesinos. ¿Tu hijo te ha causado vergüenza derrochando su herencia y llevando una vida disoluta? Esperarás por el a la entrada de la ciudad y correrás a su encuentro cuando, medio muerto de hambre y humillado, regrese a ti.

Esa icónica historia sobre el perdón es la que todos necesitamos tatuar en nuestros corazones.

¿Has experimentado la reconciliación este año?

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Sylvia Gould

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Tercer Domingo de Cuaresma – Ciclo C

4 marzo 2013

Reflexionando Sobre Luke 13: 1-9

Es el tercer Domingo de Cuaresma, y el perdón esta en marcha. Las próximas tres semanas nos brindan esas grandes historias de amor radical que son el distintivo de la época Cuaresmal en el Ciclo C—la clemente segunda oportunidad ofrecida a la Higuera Estéril, al Hijo Prodigo, y a la Mujer Adultera. Las dos primeras historias son parábolas del evangelio de San Lucas, y la tercera es un suceso registrado en el evangelio de Juan, el cual los eruditos sospechan fue originalmente contado por Lucas. Su extraordinaria compasión por una mujer atrapada en una cultura inmoral es mas parecida a la manera de San Lucas y queda perfectamente en el Ciclo C.

Realmente me reflejo en la higuera improductiva de hoy. Existen tantas áreas de mi vida que continúan agotando a todos a mi alrededor, y al mismo tiempo no produzco fruto alguno. (No nos preocupemos por los detalles,¿les parece?) Año tras año tomo la resolución de comer menos, ser menos descuidada, ser mas puntual, depender menos en la bondad de los demás y mas en mi propia disciplina. (Esta bien, esos son los detalles.)

Puedo escuchar a esa higuera estéril gritar, en el secreto lenguaje de los arboles, “ ¡Alto! ¡Por favor! Trabajare arduamente. Tomare menos y daré mas. Por favor, dame una segunda oportunidad. No quiero morir.” Y daremos un enorme suspiro de alivio con la higuera cuando el Jardinero—si, el Mismo que planto el Jardín original—promete sacrificar sus propios esfuerzos para salvar la vida de la higuera. Se otorga una segunda (millonésima) oportunidad.

Pero, ¡Observa! El renuevo se abre. La trompeta suena. Es el tercer Domingo de Cuaresma, y ya que el perdón ha superado a la justicia, la Resurrección esta en marcha.

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Sylvia Gould

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Kathy McGovern © 2014-2015

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