Cuaresma – Ciclo C

Domingo de Ramos de La Pasión de Nuestro Señor – Ciclo C

13 abril 2019

Reflexionando sobre Luke 22: 14-23:56

¿Cómo comienza Jesús su entrada a la ciudad de la muerte?  Ha estado en camino hacia Jerusalén por los últimos diez capítulos del evangelio de Lucas. Esta jornada debe haberle tomado varias semanas. ¿O tal vez años? ¿O tal vez toda su vida? ¿O comenzó esta Jornada con la creación del mundo, y culminó en el Calvario, y encontró su pleno significado muy cerca de Gólgota, en una tumba nueva que sería usada solo por un momento?

Habiendo hecho la jornada para la cual nació, por la cual vino al mundo, Jesús se detuvo a las afueras de la ciudad y les dio instrucciones a dos de sus discípulos de ir por un burrito—un animalito de paz—y les dijo que lo desataran y se lo trajeran para hacer su entrada en Jerusalén.

Imagínate eso. El dueño del burrito atado ve a dos personas desatándolo, y llevándoselo. Les pregunta, “¿Por qué se llevan mi propiedad?” Le contestan, como si esto resolviera todo, “El Maestro lo necesita.” Y ya. La criatura que cargará a Jesús para que entre en la ciudad que lo asesinará se va con los discípulos. Tal parece que el dueño comprende perfectamente. Podemos imaginárnoslo de rodillas mientras que les entrega su burrito a estos dos servidores del Maestro.

En nuestras vidas, la muerte y el sufrimiento, la resurrección y la vida siempre andan rondándonos. Jesús siempre viene de camino hacia nosotros, dándonos instrucciones de donde encontrar lo que es “nuestro” para podérselo entregar a él y así extraer vida de entre nuestras muertes.

¿Esa calidez y esa fe fuerte como una roca que has estado escondiendo para que otros no vean quien realmente eres? Tendrás que hacer entrega de todo eso. El Maestro lo necesita.

¿En qué formas es tu vida un Hosanna que viene desde lo más profundo de tu corazón?

Kathy McGovern ©2019 Translation: Deisy Andrew

Kathy McGovern © 2014-2015

Quinto Domingo de Cuaresma – Ciclo C

11 abril 2019

Reflexionando sobre Isaías 43: 16-21

Dirijamos nuestra mirada por un momento a la primera lectura (Isaías 43: 16-21). Todos los días leemos acerca de los suicidios que cometen tantos jóvenes atormentados quienes desesperadamente necesitan de esta escritura.

Hace algunos años me atacó una repentina infección de estafilococo. Al medio día estaba yendo a almorzar con una amiga. A las 3 de la tarde estaba en una sala de emergencias, gritando. Meses después, y tras cinco hospitalizaciones, por fin me liberé de la infección. Pero el shock de la experiencia me dejó sumamente alterada.

Una amiga sicóloga me ofreció un nevó tratamiento para el trastorno de estrés postraumático. Por un periodo de tres meses, trabajó conmigo, colocándome pequeños electrodos en la palma de cada mano. Me invitó a recordar la escalofriante experiencia de sentirme indefensa y llena de dolor. El electrodo en una mano pulsó ligeramente.

Después me invito a pensar en mis lugares seguros, mis lugares queridos, y le dio al electrodo un pulso más fuerte en la otra mano. Al pasar del tiempo el pulso del electrodo en esa palma fue incrementado hasta el punto que superó la fuerza del pulso de la otra palma. Ella forjó un camino en mi cerebro—un pasaje a través del Mar, Isaías nos diría—que disminuyó la memoria del terror y aumentó mi espíritu de paz.

Ya no pienses más en cosas del pasado, oramos por aquellos que han presenciado balaceras en las escuelas y otros horrores. Dios va a hacer algo nuevo. Y verás que ahora mismo va a aparecer.

Isaías sabía acerca del trastorno de estrés postraumático. Él se dirigía a los traumatizados judíos quienes vieron a Jerusalén en llamas y luego fueron llevados al exilio. Él les rogaba que permitieran que el poder liberador de Dios se antepusiera ante esos terribles recuerdos.

El Dios de “algo nuevo” puede sanar nuestras memorias. Aférrate fuertemente a esta escritura tan poderosa.

¿Qué método has usado para dejar de “pensar demasiado en cosas del pasado”?

 

Kathy McGovern ©2019 Translation by Deisy Andrew

Kathy McGovern © 2014-2015

Cuarto Domingo de Cuaresma – Ciclo C

30 marzo 2019

Reflexionando sobre Luke 15: 1-3, 11-32

NO es para nada fácil sentarse aquí con los vecinos para ver como ese muchacho medio muerto de hambre regresa a su casa. Se enteran de que llegó a la puerta del patio, y le preparan una guante para burlarse, saliva, y hasta unos cinturones para darle la bienvenida cuando pase por enfrente de ellos de camino a su casa.

¡Pero vean eso! ¡Allá viene el avergonzado padre, levantándose la vestidura y corriendo como una chica para encontrarlo! Se lanza a dar un gran abrazo a ese hijo deshonroso y hasta lo besa! Y ahora está pidiendo que le traigan un hermoso vestuario y que se lo pongan a este hijo despreciable.

¿Será que esto es lo que nos espera a todos ahora? ¿Ahora se supone que tenemos que entregarle sus herencias a nuestros hijos avariciosos cuando nos digan, “muérete, ya quiero mi dinero.”?

¡Imagínense como se lo gastó! Probablemente esté todo infectado después de andar metiéndose con esas bailarinas gentiles. ¡Y míralo tan flaco! Se dice que ha trabajando ALIMENTANDO CERDOS. Un muchacho judío, alimentando a los puercos. Que deshonra. Para nosotros está muerto. Al menos no le dieron ese friego horripilante que le dan a los cerdos. Tendría diarrea por un mes si se hubiera comido esos arándanos amargos.

Él y su padre se abrazan. Él llora, y su padre baila y se ríe y—espera–¿Sí será un anillo lo que le está poniendo en el dedo? ¿Y calzado para sus pies? ¡Ese hijo que se les fue ahora está siendo tratado como si nada hubiese pasado, como si fuese cualquier otro miembro de la familia!

Caramba. ¿Qué no es ese el cordero gordo en el asador? Esa comida basta para alimentar a toda la aldea. ¡Y todos estamos invitados! Bueno, pues tendremos que ir a la fiesta. Al menos veamos que es lo que tiene que decir.

¿De qué manera has sido atraído al perdón por medio de los poderes artísticos que tiene Dios para persuadir?

Kathy McGovern ©2019 Translator: Deisy Andrew

 

Kathy McGovern © 2014-2015

Tercer Domingo de Cuaresma – Ciclo C

27 marzo 2019

Reflexionando sobre Luke 13:1-9

Así que, por tres años el dueño de la higuera viene a revisar el árbol para ver si tiene fruto y se decepciona al ver que no tiene nada. Mmm. El dueño seguramente no es judío, ya que cualquier buen judío sabe que el libro de Levítico le prohíbe a cualquier dueño de un árbol frutal que consuma la fruta de tal árbol durante los primeros tres años de su vida (19:23-25).

El jardinero es obviamente un Judío muy cumplido, ya que se mete cuando el dueño de la tierra que no es judío, no lo ve y le arranca los brotes al árbol—el fruto no maduro—para que el dueño no encuentre nada cuando venga a revisar.

Pero al dueño de la tierra le espera aun otra sorpresa, ya que el siguiente año, cuando el árbol FINALMENTE de un fruto maduro y delicioso, éste no le pertenece a él, sino a Dios. Solamente cuando esta higuera tan codiciada tenga cinco años de vida es que el dueño de la tierra donde está sembrada tendrá todo el derecho de comer sus frutos.

Esta podría ser una broma judía contra los ocupantes romanos. ¡Que listo es ese sirviente que contrataron! ¡Engaña a los romanos para que obedezcan las leyes de Moisés! ¿Cuánto se sorprenderían de saber que se estaban comportando como judíos? Tal vez eso los obligue a darse por vencidos y regresar a sus casas de una vez por todas.

O tal vez es una parábola acerca de la gratificación aplazada. Dios nos dio reglas acerca de cómo conseguir comida—o de hecho cualquier otra cosa—demasiado pronto. Debemos ejercitar la disciplina de la paciencia sobre todas las cosas. Los mejores frutos vienen a aquellos que no desperdician sus vidas en las cosas fáciles, sino que más bien trabajan arduamente para aquello que vale la pena esperar.

Pero esos son los frutos secundarios. El primer fruto es este: todos vivimos en tiempo prestado. Toma ventaja de cada gracia que se te dio el día de ayer, y haz que tu vida sea una deliciosa ofrenda el día de hoy.

 ¿En qué forma es tu vida un dulce fruto?

Kathy McGovern ©2019

Kathy McGovern © 2014-2015

Segundo Domingo de Cuaresma – Ciclo C

16 marzo 2019

Reflexionando sobre Luke 9: 28b-36

¿Qué estarían pensando Pedro, Santiago, y Juan aquel día en el Monte Tabor? En el capitulo anterior de Lucas fueron ellos a quienes Jesús eligió para entrar al cuarto de una niña que había muerto. Todos estaban lamentándose y llorando, y Jesús les pidió a estos tres que entraran con él a la casa.

¡Que espantoso! Es cierto, ese mismo día lo habían visto curar a la mujer que tenia la hemorragia. Habían presenciado varios milagros, pero esto era diferente. Esta vez se trataba de una niña muerta.

Sin embargo se llenaron de valor y entraron en la casa, y por haber hecho ese esfuerzo tuvieron la oportunidad de presenciar como una niña muerta volvía a la vida. Pero ni siquiera eso los podía haber preparado para lo que seguía. Allá arriba de la montaña, mientras que él oraba (y ellos, como de costumbre, dormían) su Maestro repentinamente se transformó.

Sus ropas estaban sucias y polvorientas por el viaje; las de él estaban resplandecientemente blancas. Ellos hablaban entre ellos; Jesús hablaba con la Ley y los Profetas. Y no se trataba de cualquier charla sin importancia. Moisés y Elías hablaban con Jesús acerca de su éxodo. Que manera tan enteramente Judía de decir que hablaban de su muerte.

Yo también les hubiera rogado que me dejaran construirles un campamento. Después de escuchar a esas voces del cielo que hablaban de los terribles eventos que se avecinaban, yo también les hubiera rogado que nos quedásemos allá arriba de la montaña.

Y, como ya te imaginaste, fueron exactamente esos tres a los que Jesús llamó una última vez, para que oraran con el en Getsemaní durante esa noche de su arresto. Pero no hay que adelantarnos tanto. Nos quedan tres imponentes domingos antes de que nos reunamos a recordar esa terrible Pasión.

Manténganse en sintonía.

Las historias mas increíbles que se hayan contado nos esperan.

¿Alguna vez has tenido que ser al que se le llama para hacer algo valiente?

Kathy McGovern ©2019

Kathy McGovern © 2014-2015

Primer Domingo de Cuaresma – Ciclo C

13 marzo 2019

Reflexionando sobre Luke 4:1-13

Me encontraba yo parada en la línea de recepción en el funeral de una amiga recientemente cuando entablé una conversación con una conocida mía. Ella me recordó que yo había cantado en el funeral de su primer esposo, quien murió trágicamente en una navegación en lancha por los rápidos de un rio durante su luna de miel.

“Espera,” le dije, “ ¿Esa eres TÚ? He contado la historia tantas veces de cuando canté ‘No tengas Miedo’ durante el funeral de un novio que se había ahogado durante su luna de miel. Cuando llegaba a la parte que dice Aunque pases por las aguas rugientes del mar no te ahogarás sabía que si alguien no me explicaba que significaban esas palabras yo simplemente no podría seguir creyendo en Jesús.”

Un año después encontré un anuncio que decía que iban a abrir una escuela de entrenamiento bíblico. Supe inmediatamente que había encontrado a las personas que me podrían explicar aquellas discrepancias entre las promesas de las escrituras y las cosas que experimentamos en la vida.

Satanás sabía de la lucha continua que enfrentaba el Pueblo de la Palabra, tratando de reconciliar el consuelo de las escrituras con los terrores de sus vidas reales. Los mismos judíos a quienes las escrituras les prometían restauración de sus tierras estaban viviendo bajo el yugo de los violentos invasores romanos. El hambre era la prueba diaria de aquellos profetas a quienes se les prometió una larga vida en esa tierra, con calles rebosantes de niños felices.

Hazlo, dice Satanás, pon a prueba tus famosas escrituras. Lánzate de ese cerro. Veamos que sucede.

Si durante esta Cuaresma cuando veas las noticias y luego leas las escrituras Cuaresmales comienzas a desesperanzarte de que esas escrituras sean realmente verdaderas, anímate. Jesús venció a Satanás cuando él le susurró esas mismas preguntas.

Y Jesús ha vencido al mundo.

¿Qué cosas haré durante esta Cuaresma para aprender a leer las escrituras más a profundidad?

Kathy McGovern ©2019

Kathy McGovern © 2014-2015

Domingo De Ramos de La Pasión del Señor – Ciclo C

19 marzo 2016

Reflexionando sobre Luke 22: 14-23: 56

 Es raro, las cosas de las que te acuerdas.  Estoy segura de que he estado más sedienta, o he tenido más calor, o más dolor de lo que sentí aquel abrasador Viernes Santo hace muchos años.  Pero el hecho de cargar cuatro bolsas de mandado mientras subía muchos escalones a las tres de la tarde en ese particular día me permitió percatarme de esa fracción del dolor del Calvario, y en ese día me di cuenta de que tan central en nuestra fe es el Sirviente que Sufre.

No es que el Padre lo requiera.  Es que nosotros requerimos a un Dios que conozca la sed, que conozca el dolor, que conozca el terror, que nos conozca a nosotros.  No puedo pensar en una experiencia de dolor que Jesús no halla conocido, y eso me da mucho consuelo.

Él conoció de las cosas pequeñas- como el ardor de los brazos después de cargar unas cuantas bolsas al subir muchos escalones- porque él soportó las cosas grandes, como cargar un madero de cruz mientras subía el cerro del Calvario.

Él sabia del dolor que sufrimos cuando nuestros amigos no nos aman, porque la noche antes de morir, Pedro, flaqueando ante las preguntas de una sirvienta en el patio de Caifás, negó que lo hubiese conocido.

¿Tienes asma?  Jesús sabe lo que es luchar por alcanzar resuello.  Fue en la particular tortura de la crucifixión en la que la victima eventualmente se asfixia de jalarse hacia arriba para alcanzar aire, y entonces dejarse caer otra vez.

Algún día los pequeños dolores de nuestras vidas serán magnificados.  Las decadencias de la ancianidad nos harán caer de rodillas, y oraremos una vez más, Jesús, acuérdate de mi.

Y entonces el que fue obediente hasta la muerte, hasta la muerte en una cruz, nos dirá, -Este día, tú estarás conmigo en el Paraíso.-

 ¿Qué sufrimiento en particular de tu propia vida también sufrió Jesús?

Kathy McGovern ©2016

Kathy McGovern © 2014-2015

Quinto Domingo de Cuaresma – Ciclo C

14 marzo 2016

Reflexionando sobre John 8:1-11

 Que no se te escape el tema oculto en las tres maravillosas lecturas de hoy.  La iglesia las ha elegido cuidadosamente.  Esa pobre mujer que fue arrastrada hasta donde estaba Jesús para que él la condenara- los fariseos sabían que no podían matarla, por supuesto, pero querían que todos presenciaran a Jesús desafiando las escrituras que decían que ella debería- ciertamente morir- con seguridad no había salida para ella.  Ella tenia de frente a los fariseos cargando las piedras, y detrás a su pasado difícil.  Y ahí, escribiendo en la tierra, estaba el Rabí.  Ella pronto comprendería que él, quien tenía por segundo nombre MISERICORDIA, era su salida.

¿No te encantaría saber lo que Jesús estaba escribiendo?  Sugiero que fue derechito a las escrituras y escribió el versículo que oímos hoy de Isaías: No recuerden los eventos del pasado; no consideren las cosas que sucedieron hace tanto tiempo; vean, que estoy creando algo nuevo!  ¿Se dan cuenta?

O tal vez estaba escribiendo lo que su gran apóstol, San Pablo, diría después a los Filipenses: Olvídense de lo que quedo atrás; esfuércense por lo que está por venir.

Jesús nos tenia en mente mientras escribía, de eso estoy segura.  Nos ruega que recordemos la misericordia de Dios en el pasado, y que no recordemos las injusticias y perdidas y penas que nos han clavado en la tierra, dejándonos incapacitados de movernos hacia enfrente.

No sabemos lo que le sucedió después a la mujer “descubierta en el adulterio.”  ¿Se pasó el resto de su vida amargamente recordando esa experiencia humillante?  ¿O valientemente entró en su nueva vida, llena de la gracia y siempre recordando su encuentro con Jesús?

Dios siempre esta haciendo algo nuevo en tu vida.  ¿Te das cuenta de ello?

¿Qué tan abierto estás a la gracia de “no recordar los eventos del pasado”?

Kathy McGovern ©2016

Kathy McGovern © 2014-2015

Cuarto Domingo de Cuaresma – Ciclo C

7 marzo 2016

Reflexionando sobre Luke 15:1-3, 11-32 

Por más de veinte años, la diócesis de Saginaw, Michigan estuvo encabezada por el brillante y sabio Obispo  Ken Untener.  Él era conocido como el gran reconciliador.  Las heridas no infectaban a su diócesis.  Tu verás porque en esta pieza hermosa, El Padre que Perdona- Con el Giro de una Madre, el cual generosamente me han permitido re-publicar para uso de una única vez aquí.

Mientras que el padre y el hijo mayor están discutiendo en el patio trasero, la madre sale y dice –Ahora si que he tenido suficiente.-

A su marido: – Tu siempre has favorecido a nuestro hijo menor y lo sabes.  Nuestro hijo mayor trabaja muy duro todos los días y tú lo das por dado.  Raramente te oigo decir –gracias- al menos que sea para los trabajadores.  Ya es hora de que empieces a pensar en tu familia, para variar.-

Entonces al hijo mayor: – Y tú… siempre el mártir.  Actúas como si fueras el único que le echa todas las ganas.  Bueno, yo también lo tengo que hacer y también todos los demás.  Es hora que aprendas a aguantarte y a sobrellevar las cosas de la vida que son injustas.  Deja ya tu berrinche tonto.-

Entonces ella va por el hijo menor.  – Y tú, el principito echado a perder- ahí celebrando y ni siquiera se te ha ocurrido pensar en tu hermano y pedirle perdón por haberlo dejado con todo el trabajo.  Es hora que te des cuenta que todo el mundo no da vueltas alrededor de ti.-

Entonces a los tres: -Arreglen sus diferencias en otro momento.  Tenemos visita, así que entren ahí y compórtense como una familia en vez de actuar como niños de tres años.-

La reconciliación puede ser complicada.  Pero esa no es excusa para no reconciliarse.

 ¿Tienes algún pleito continuo en tu familia que necesita el amor duro de una mama?

 Re-impreso de The Little Black Book basado en las escrituras del Obispo Ken Untener. Aprende mas en  www.littlebooks.us 989-797-6653

Kathy McGovern © 2014-2015

Tercer Domingo de Cuaresma – Ciclo C

29 febrero 2016

Reflexionando sobre Exodus 3: 1-8a, 13-15

Mi sobrino, criado en un hogar Católico y rodeado de familiares y amigos practicantes del Catolicismo, disfruto al máximo sus doce años de escuelas Católicas.  Después de la preparatoria se fue a una universidad estatal con varios de sus amigos de la infancia. Lo visité en la universidad para su cumpleaños en abril, y, mientras que me daba un paseo por las instalaciones, le pregunté, -¿Dónde esta la iglesia Católica?-

Pude haberle hablado en Swahili.  Después de ocho meses en la universidad, compartiendo con sus amigos católicos, a ninguno de ellos se les había ocurrido preguntar acerca de una iglesia donde pudieran seguir conectados con la fe que con tanto cuidado y amor se les había inculcado.

Existen tantas zarzas ardiendo en fuego alrededor de ellos- clases fascinantes que pudiesen haber encendido sus intelectos y añoranzas para buscar al Gran Diseñador, chicos de su edad de diferentes religiones que pudiesen haber estimulado grandes conversaciones acerca de la fe, y, tal parece una comunidad Católica vibrante en el campus universitario. 

Pero nada de eso los fascino lo suficiente como para hacerlos que se acercaran, a investigar, a descalzarse y pararse humildemente ante el Misterio.  Eso es lo que hace que el suelo sea sagrado- cuando la Chispa Divina finalmente se conecta con nuestra propia añoranza, y no podemos contenernos a nosotros mismos de acercarnos. 

Yo pienso acerca de esa zarza ardiendo en el desierto, completamente consumida con Dios.  Sospecho que debió haber estado ardiendo desde el comienzo de los tiempos, esperando  a que alguien atrapara su luz y fuese inescapablemente atraído a ella.

El mundo está cargado con la grandeza de Dios, escribió  Gerard Manley Hopkins.  A, si.  Pero la gracia sobre la gracia todavía arde en el desierto, esperándonos a que tengamos suficiente frio, suficiente soledad, -no lo suficiente-  suficiente para descalzarnos y escuchar.

¿Dónde están los lugares de suelo sagrado- lugares de relacionarte con Dios- para ti?

Kathy McGovern ©2016

 

Kathy McGovern © 2014-2015

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