Pascua – Ciclo C

Secuencia de Pentecostes – Cycle C

18 mayo 2016

Ven espíritu Santo, es eso lo que decimos.

¿Pero podrás algún día ayudarnos a realmente desearlo?

¿Sabemos realmente lo que estamos pidiendo? ¿Deberíamos retractarnos?

¿Podremos absorber todo ese fuego?  ¿Podremos soportar el calor?

 

Primero, danos la gracia para prepararnos para tu poder.

Danos un corazón que esté dispuesto a renunciar a lo que tú quieras devorar.

Nuestra avaricia, nuestra culpabilidad, el que cerremos nuestros ojos.

Tómalo todo, Espíritu, desnuda todas nuestras máscaras.

 

Ayúdanos a querer quererte, esa es nuestra verdadera oración.

Agranda nuestros corazones para que haiga cupo para ti en ellos.

Este Pentecostés, Espíritu, tráenos un nuevo nacimiento.

Y después observa mientras nos juntamos todos para renovar la tierra.

¿Como vas a trabajar para lograr que la tierra vuelva a ser saludable este año?

Kathy McGovern ©2016

 

Kathy McGovern © 2014-2015

Un Recuerdo del Día de Las Madres

9 mayo 2016

¡La lluvia comenzó muy fuerte, y antes de que pudiese darme cuenta, mi muñeca y yo estábamos empapadas!  Me fui corriendo por el callejón con mi carriola de juguete, pero Susy se me cayó en el callejón enlodado.  

Me puse histérica, por supuesto.  Mi hermosa madre tuvo que salir a la lluvia a buscarla.  Me quede sorprendida al darme cuenta de que mi mama no era mágica.  Ni siquiera ella, con todos sus maravillosos podres, pudo encontrar a mi adorada muñeca.

¡A, pero dos días después entró en la casa cargando a Susy.  Resulta que el Hospital de Munecas la había estado cuidando y le llamaron a mi mamá cuando Susy estuvo lista para regresar a casa.

Susy debió haber estado muy enferma.  Su piel ya no estaba tan suavecita, y sus ojos no eran del mismo color, y su cabello rojizo ahora era castaño.  Extrañé su vestido rojo y simple, pero el vestido azul que le dieron en el hospital también estaba bonito.  Salimos a jugar.  Pasaron veinticinco años. 

Una mañana de un miércoles de enero de 1981, mientras se levantaba una nube de mi memoria, comencé a reírme.  Le llamé a mi Madre Mágica.  Esa muñeca que me trajiste aquel día no era realmente Susy.  Sin perder un momento, me dijo, tengo los hijos mas bobos de América.

Ni la lluvia, ni el granizo, ni la oscuridad de la noche iba a evitar que ella consolase a su niñita.  Ella encontraría a Susy, aunque tuviese que nadar a donde estaba, o desenterrarla del lodo, o contratar al ‘hospital de muñecas’ para poder hacerlo.  ¿Y que crees?  Todavía sigue rescatándome, todavía sigue consolándome, amándome, treinta años después de su muerte.  Esa es la magia más fuerte de todas.

Cuéntale a tu mamá, aunque esté aquí o con Dios, tu recuerdo favorito de ella.

Kathy McGovern ©2015. Originally published in Chicken Soup for the Soul: Thanks to my Mom! 

Kathy McGovern © 2014-2015

Sexto Domingo De Pascua – Ciclo C

4 mayo 2016

Reflexionando sobre Acts 15: 1-2, 22-29

Hay algunas cargas que llevamos sin un buen motivo, y algunas cosas se soportan porque tenemos una profunda intuición de que el reino de Dios está construido en los músculos que adquirimos al irlas cargando.

Considera ayunar, por ejemplo.  Por favor.  Algunos ayunos- como cortar las calorías a la mitad por un periodo prolongado de tiempo – son insoportables, y puede que si o puede que no nos acerquen más a los que sufren hambre en este mundo.  Pero, otros ayunos- como poner un alto al chisme en cuanto comience, o negarnos a nosotros mismos el lujo de ignorar las necesidades de otros- nos hacen mejores personas, y de hecho son, la misma esencia de Dios.

En las primeras etapas de la infancia de la Iglesia, algunos Cristianos Judíos Ortodoxos que vivian en Jerusalén se deleitaban en permitir que los Gentiles se unieran al Movimiento de Jesús.  ¡Ciertamente!  ¡Todos son bienvenidos!  Solo hay algunos requisitos, por supuesto.  Naturalmente, todos los hombres tendrán que ser circuncidados.  Si, es un procedimiento extremadamente doloroso y peligroso, pero Dios lo exige.  Ahora, si hubiesen tenido el sentido común de haber nacido Judíos, hubiesen sido circuncidados a los ocho días de nacidos y ni siquiera tuvieran el recuerdo.

El Espíritu Santo era tan evidente en esos primeros años.  Conforme las buenas noticias de El Resucitado se esparcían por todas las provincias Gentiles, se convirtió en algo hermosamente obvio que las leyes dietéticas judías y la circuncisión ya no aplicaban.  ¡Vengan al festejo! Participen de la mesa de la misericordia.  Y cada día, cientos se agregaban al numero.

Ya casi es Pentecostés una vez más, ese festival de integración que fortaleció a los discípulos para que predicaran a Jesús hasta los confines de la tierra.  Viajaban con equipaje ligero, y, gracias a Dios, dejaban atrás las cargas más pesadas.

¿En que maneras estás alegremente llevando las cargas de aquellos que desean acercarse más a Cristo?

Kathy McGovern ©2016

Kathy McGovern © 2014-2015

Quinto Domingo de Pascua – Ciclo C

25 abril 2016

Reflexionando sobre John 13: 31-33A, 34-35 

Yo rompo todas las reglas del cuarto de pesas de mi gimnasio del centro de recreación de mi ciudad.  Yo no le hago caso al código de silencio que ordena que los tatuados desconocidos hagan solo ruidos propios de sus rutinas agonizantes de ejercicio mientras mantengan sus ojos siempre hacia enfrente, sin hacer caso de nadie más.

iAy!  Le digo al tipo que puede levantar su propio peso al mismo tiempo que hace como mil abdominales en una maquina.  ¿Cómo haces ESO? He estado viniendo aquí toda mi vida y no puedo hacer ni uno.  Y así como si nada, El Tipo Rudo se convierte en el Tipo Amable.  O, claro que puedes, me dice.  Déjame veo que es lo que estás haciendo mal.

Me encanta ese momento de encuentro, cuando dos personas de antecedentes diferentes encuentran un lugar en común donde la gentileza y la gracia brotan tan fácilmente.  Y eso casi siempre sucede cuando les pido ayuda a los desconocidos.

Ayer le sonreí al Tipo Rudo que estaba sentado en la banca, esperando un espacio en la cancha de baloncesto.  ¿Me podría ayudar, por favor? No tengo la extensión en esta pierna para atarme las correas de los zapatos.   Así Como si nada, él ya estaba sonriendo y diciéndome ¡No se preocupe!  ¿Así está suficientemente apretado? ¿Quiere que le ate también el izquierdo?  Y luego su adorable hijita se acerco corriendo para mostrarme sus zapatos que aluzan, y como ella misma se los puede atar.

Ámense unos a los otros, tal como yo los he amado, nos dice Jesús.  Mi ejercicio diario- y no estoy hablando de las flexiones de piernas- es encontrar oportunidades para romper los raros silencios entre nosotros en el trafico, en los elevadores, en el gimnasio.  Tal como sucede, yo necesito ayuda a veces.  Es en pedir ayuda de los “desconocidos” que surgen los bellos momentos de calidez y amistad.

Esta semana, pídele a un desconocido que te haga un favor simple.  ¡Estarán agradecidos de que no les pediste dinero!

 

Kathy McGovern ©2016

 

Kathy McGovern © 2014-2015

Cuarto Domingo de Pascua – Ciclo C

21 abril 2016

Reflexionando sobre John 10:14

Me gusta recordar a todos los grandes pastores que he tenido en la vida.  Mi maestra de música en la primaria, Sor Genoveva, me viene a la mente.  –Kathy,- me decía cuando yo tenía doce años, – aquí tienes la llave de la puerta trasera de la iglesia.  Entra, vete a donde se reúne el coro, prende el órgano, date la primera nota y canta la Misa.-

Recuerdo, poco después de mi Confirmación, que me recogieron después de la escuela y me llevaron a una parroquia del centro de la ciudad para ayudar con la clase de Educación Religiosa.  –Kathy,- me dijo la maravillosamente bondadosa directora de ahí, -Aquí esta el libro.  Aquí están los niños.  Cántales.  Cuéntales historias.  Ensénales a amar a Jesús.-

Recuerdo al Padre Frank Syrianey, que Dios lo guarde en su santa gloria, quien fue el pastor de mi parroquia cuando yo estaba en la universidad.  No tenia idea entonces de que tan grande bendición sería tener un sacerdote tan sabio, tan cálido a mi disposición.  Unos años después del Concilio, toqué el timbre de la rectoría una tarde, y él me abrió. 

-Hola Padre,- le dije, – usted no me conoce, pero me llamo Kathy.- Y el me contestó estas inolvidables palabras: -Por supuesto que te conozco.-

Ese es un buen pastor.  El que saca de ti los dones, el que inspira a la gente joven a ser lideres, el que nos conoce por nuestro nombre- ese es el Buen Pastor que tan desesperadamente necesitamos hoy.

Hace unas semanas, mientras que estábamos trabajando en la música para la Semana Santa, el director del coro tuvo que sacar fuera de la iglesia a una docena de los sorprendentemente talentosos adolecentes de mi parroquia porque ya tenían que cerrar.

¿Sabes que?  Dijo uno de ellos.  La iglesia es mi lugar favorito donde estar.

¿Quiénes son los buenos pastores que están ayudando a construir la siguiente generación de creyentes?

Kathy McGovern ©2016

Kathy McGovern © 2014-2015

Tercer Domingo de Pascua – Ciclo C

9 abril 2016

Reflexionando sobre John 21: 1-19

La otra noche vimos una película muy boba.  La esposa fue desfigurada, pero después transformada por medio de cirugías plásticas.  Ahora, bella de nuevo, se encuentra estupefacta de que su esposo no la reconozca.

-Ay ay ay- dijo mi marido, -Yo te reconocería si midieras un pie más de altura y estuvieras calva.  En el momento en que respiraras para decir palabra, yo sabría que eras tú.-

Y yo reconocería también a Ben.  Es por eso que me intriga tanto que los discípulos, quienes habían estado con Jesús desde el principio de su ministerio publico en el Mar de Galilea, no lo reconozcan cuando se les aparece en ese mismo mar después de su resurrección.

Todos, menos uno.  El Discípulo Amado se da cuenta inmediatamente de que se trata de Jesús.

¿Quién es este misterioso “discípulo a quien Jesús amó”?  Este discípulo anónimo se reclina al  lado de Jesús durante la Ultima Cena, está junto a María al pie de la cruz, corre hacia la tumba con Pedro en la mañana de Pascua, y, ahora, es el primero en saber que aquel desconocido quien les llama desde la orilla es Jesús mismo.

Un estudiante mío de hace muchos años retó mi entendimiento del Discípulo Amado para siempre.  Me dijo, -Kathy, siempre que leo acerca del discípulo a quien Jesús Amó, yo solamente pongo mi nombre ahí.  Digo, y entonces José, el discípulo a quien Jesús amó, puso su cabeza en el pecho de Jesús.  O, en la cruz, -Mujer, aquí está José.  José, aquí está tu madre.-

Ahí tienes la manera de orar los evangelios.  Trátalo.  Pon tu nombre ahí.  Imagínate que eres tú quien corre a la tumba, y tú quien ve a los ángeles.  Y si, eres tu a quien se le da el cargo de –ve y diles a los otros.-

¿Te da temor hablar de la resurrección de Jesús en nuestra cultura que es cada vez más secular?

Kathy McGovern ©2016 

Kathy McGovern © 2014-2015

Domingo de la Divina Misericordia – Ciclo C

5 abril 2016

Reflexionando sobre John 20:19-31

Como Tomas, yo también añoro presenciar milagros frente a frente.  Por eso me encantó la nueva y maravillosa película Milagros del Cielo.  La película, protagonizada por Jennifer Garner, cuenta de un milagro que le sucedió a una pequeña niña que estaba recibiendo tratamiento para una obstrucción abdominal inoperable en el Hospital Pediátrico de Boston.

El milagro glorioso, por supuesto, es la parte que detiene el corazón en la película, pero es una compilación corta que sucede hacia el final la que me inspira cada vez que pienso en ella.  En esta sección muy corta, vemos la bondad escondida de mucha gente que dejaron su zona de comodidad para poder llevar misericordia a la traumatizada familia en los meses antes de que sucediese el milagro.  Hicieron parecer que lo que hacían no era importante, pero, nosotros nos damos cuenta al final, que cada uno de ellos sacrificó algo- un día libre, una noche de descanso, una posible despedida de su trabajo- para poder ofrecerle a esta familia que sufría cualquier posible consuelo.

Esos actos escondidos de misericordia son milagros en si mismos, y nosotros los hemos experimentado muchísimas veces en nuestras propias vidas.  No importa que, como Tomas, no estuviésemos en el cuarto con el Que Resucito esa noche de Pascua.  Lo hemos visto, y lo hemos tocado, y recibimos su Espíritu Santo en miles de maneras.  ¿Cómo?  Por medio de la generosa bondad de aquellos que han sacrificado su tiempo y energía para poder cuidarnos en nuestras enfermedades, para escuchar nuestras penas, o tan solo al menos llamarnos por nuestro nombre.

Benditos son aquellos que han visto milagros.  Pero que más benditos son aquellos quienes con su generosa bondad abren las puertas para los milagros de otros.  Esa es la Divina Misericordia que celebramos hoy.

Estas consciente de las bondades escondidas de otros? 

Kathy McGovern ©2016 

Kathy McGovern © 2014-2015

La Resurrección del Señor – Ciclo C

26 marzo 2016

Reflexionando sobre John 20: 1-9

Pascua, 2016

Mi muy querida María Magdalena,

¿María, sabías que aquel a quien tu corazón amó no estaría en la tumba cuando tú fueras a cuidar de su cuerpo esa triste mañana de primavera?

¿María, sabías que aquel quien rompió tu corazón en dos con su tan temida muerte también rompería las tumbas de todos los creyentes?

¿María, sabías que cuando valientemente corriste a contarles las noticias al Discípulo Amado y a Pedro, tu maravillosa carrera marcaría los primeros pasos de la fe que cambiaría el mundo?

¿María, sabías que cuando los ángeles en la tumba te preguntaron porque estabas llorando, estaban preguntándonos la misma pregunta a todos los que vendríamos después de ti, demasiado asustados para esperar, demasiado maravillados para no creer?

¿María, sabías que una vez que los hombres se marcharan de la tumba vacía y te dejaran ahí, llorando, tu Señor aparecería y te llamaría con dulzura por tu nombre? ¿Y que, si, sería tu nombre el cual los evangelios registrarían como el primer nombre hablado por El Que Resucitó?

Debes saber esto, querida hermana de Magdala: En esta mañana de Pascua nosotros corremos contigo hacia la tumba, nos quedamos en agradecido asombro frente a los ángeles en nuestras vidas quienes nos preguntan por qué lloramos, y volteamos nuestros rostros de la tumba, sabiendo que la Voz que oímos es la de Jesús, llamándonos por nuestro nombre.

¿Qué cosas sabes con certeza acerca de Jesús?

Kathy McGovern ©2016

Kathy McGovern © 2014-2015

Solemnidad de la Santísima Sangre y Cuerpo de Cristo – Ciclo C

2 junio 2013

Reflexionando Sobre I Corinthians 11:23-26

La Sagrada Escritura es infinitamente fascinante y nunca antes más que hoy,  como nos lo muestra la lectura de la primera carta de Pablo a los Corintios (11, 23-26). Algunos de los pasajes que leemos en domingo  deberían ser acompañados por el sonido de trompetas, alertándonos de que será leído algo de importancia única para nuestra fe. Este es uno de ellos, ya que es uno de los fragmentos más antiguos de la tradición litúrgica cristiana preservados en el Antiguo Testamento.

Así que, considera esto: He aquí a Pablo, que NO era uno de los doce, que NO estuvo presente en la Ultima Cena, “entregando” a la iglesia infante de Corintio lo que Jesús dijo la noche antes de morir. ¿Como podia saber Pablo todo esto? El no estaba ahí, y con todo, no da un recuento sobre la institución de la Eucaristía. Y aquí esta lo realmente interesante: el evangelio de Lucas, escrito veinte años mas tarde, nos da exactamente las mismas frases (22,19-20).

¿Cual es la conexión? Creo que se encuentra en una oración fácilmente omitida en los Hechos de los Apóstoles (11,19), indicando que el verdadero testigo de lo dicho por Jesús viajó a Antioquia inmediatamente después de Pentecostés.

En algún momento Pablo también se traslada a Antioquia, para vivir ahí, por muchos años, con los más devotos cristianos. Pienso que el aprendió las palabras pronunciadas por Jesús sobre el Pan y el Cáliz de aquellos cristianos en Antioquia, quienes ya celebraban la Eucaristía mucho antes que Pablo llegara.

San Lucas, miembro de esa comunidad llena de fe, una generación mas tarde, nos da las mismas exactas palabras porque estas ERAN las mismas exactas palabras, fielmente recordadas por aquellos que verdaderamente estuvieron presentes ese día con Jesus. De vez en cuando, la escritura nos lleva directamente a la sala de los más antiguos cristianos para escuchar sus relatos.

¿Cuáles son tus primeros recuerdos sobre la Eucaristía?

Inscríbete hoy mismo y únete a la conversación.

Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Sylvia Gould

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Kathy McGovern © 2014-2015

Solemnidad de la Santísima Trinidad – Ciclo C

31 mayo 2013

¿No te gustan las grandes fiestas? Acabo de asistir a una recientemente, fue el cumpleaños sesenta de una amiga. Se ofreció en el acogedor hogar de dos amigos que han brindado fiestas para nuestro grupo de amigos por casi cuarenta años. A cualquier parte que miraba, me encontraba con la cálida faz de alguien a quien amo. Era como el Paraíso.

Todos nos deslizábamos por esa sala, detestando salir de una conversación para entrar a otra. Cada conversación se llenaba con el alivio y la tranquilidad de estar en la presencia de alguien que te conoce muy bien, y que ha elegido amarme a pesar de todo.

Después de la cena pasamos a la sala, diseñada hace años para ser un lugar totalmente cómodo para su gran familia y su también grande círculo de amistades. Más tarde, y porque todos lo necesitábamos, le pedimos a nuestro huésped de honor que tomara asiento y nos permitiera decirle las muchas razones por las cuales le amamos. Podríamos haber continuado mucho más tarde, pero los adolescentes empezaban a llegar a casa y sus padres no querían dejarles saber que habían estado fuera de la casa más tarde de lo que ellos lo habían estado.

Un círculo de amigos como ese toma toda una vida formarlo, y no es siempre fácil. El perdón, como el amor, es una fruta que está en cosecha todo el tiempo. Todas esas amistades están con mucha vida porque el perdón ha estado vivo también. Sé que he sido perdonada fácilmente unas setenta veces siete.

De eso es exactamente lo que trata la solemnidad de hoy. Como las Tres Personas, eternamente en relación y eternamente trayendo a la unidad el Cuerpo y la Sangre de Cristo, hemos sido creados para ser  unos para  otros, perdonando y amándonos radicalmente unos a otros hasta que estemos para siempre unidos al corazón de Dios.

¿De qué manera estas creando amistades que se lleven mutuamente al cielo?

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Sylvia Gould

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Kathy McGovern © 2014-2015

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