Daily Archives: mayo 10, 2019

Tercer Domingo de Pascua – Ciclo C

10 mayo 2019

Reflexionando sobre John 21: 1-19

Aunque no aparece en ningún lugar de las escrituras, la tradición dice que Pedro, cuando era anciano, fue arrastrado por la fuerza y crucificado. Como no se sentía digno de recibir la misma muerte que su Señor, Pedro pidió que lo crucificaran boca abajo. Las escrituras nunca nos dicen dónde o cuándo sucedió esto, pero con certeza el autor del evangelio de Juan estaba muy bien enterado de todo, ya que nos dice que las palabras de Jesús a Pedro—llegará el día cuando te llevarán a donde no quieras ir—apuntaban al tipo de muerte con el cual Pedro glorificaría a Dios.

Posiblemente Pedro fue martirizado por el Emperador Nero en Roma a mediados de los años sesentas después de Cristo. Se desconoce el origen de la tradición por la cual fue crucificado boca abajo. Pero su muerte HA glorificado a Dios por todos estos siglos. ¿No ha sido para ti  desde el primer día que supiste una fuente de inspiración y fuerza la imagen de Pedro soportando una muerte aún más humillante que la de Jesús?

No tenemos que atar cabos con los hechos de la resurrección. Los testigos presenciales de la tumba vacía, y del Resucitado, no dijeron tales cosas como, “Bueno, él ha resucitado en nuestros corazones,” o “Sentimos su Espíritu y nos sentimos fortalecidos.” Eso jamás sería suficiente para pedirle a tus ejecutores que te crucifiquen boca abajo.

Pedro y todos los mártires fueron a sus muertes totalmente convencidos de que la tumba donde Jesús estuvo estaba vacía, y que Cristo los resucitaría a ellos junto a él. El testimonio—esa es otra palabra para “mártires”—de aquellos primeros creyentes resuena por todas las épocas: Él ha Resucitado, y nuestras vidas y nuestras muertes deben dar gloria a ese Nombre.

¿Qué muertes has presenciado que le hayan dado gloria a Dios?

Kathy McGovern ©2019 Translated by Deisy Andrew

 

Kathy McGovern © 2014-2015

Domingo de la Divina Misericordia

10 mayo 2019

Reflexionando sobre Jn. 20: 19-31

Este domingo es cuando más me gusta recordar todas las misericordias que ha tenido Dios hacia mí durante el año pasado. Permíteme invitarte a una meditación similar.

Haz memoria, ¿qué victorias has logrado al controlar tu temperamento, al controlar tu lengua, al evitar presumir de sabelotodo frente a alguien? Eso fue misericordia.

Bienaventurados aquellos a los que no se les han dicho palabras desagradables; pero más bienaventurados aún son aquellos los cuales no han dicho palabras desagradables a los demás.

¿Cuáles retos físicos has superado este año? ¿Tuviste alguna caída o caíste en cama a causa de alguna terrible gripe, o tal vez los resfríos de la temporada, o inclusive una pulmonía? Que bienaventurados son aquellos los que estuvieron enfermos y ahora están saludables. Y aún más bienaventurados aquellos que permanecieron a tu lado, cuidándote, dándote auxilio como médicos privados hasta que te recuperaste. Ellos mostraron misericordia, y misericordia recibirán.

¿Y qué tal tu vida de oración? ¿Experimentaste el consuelo y la compañía del Espíritu Santo al adentrarte en la profundidad de la vida de Cristo en ti? Tal vez fuiste acogido y bienvenido por una comunidad de fe. Por esa misericordia, en el invierno y la primavera de tus días en este año, siéntete agradecido. Aún más bienaventurados son aquellos que te ofrecieron esa amistad y gracia.

Yo conozco un tanto acerca de la misericordia, porque soy receptora infinita de ella. En este Domingo de la Divina Misericordia, te ofrezco esta sugerencia. Encuentra la imagen de la Divina Misericordia. Colócate ante su presencia. Imagínate los rayos sanadores que brotan del corazón de Jesús y van directamente a esa parte de tu cuerpo y mente que te lastima. Permite que los rayos entren. La misericordia del Resucitado añora derramarse dentro de ti.

Jesús, en ti confiamos.

¿Cómo puede transformarte este año la Misericordia de Jesús?

Kathy McGovern ©2019 Translated by Deisy Andrew

Kathy McGovern © 2014-2015