Monthly Archives: marzo 2019

Cuarto Domingo de Cuaresma – Ciclo C

30 marzo 2019

Reflexionando sobre Luke 15: 1-3, 11-32

NO es para nada fácil sentarse aquí con los vecinos para ver como ese muchacho medio muerto de hambre regresa a su casa. Se enteran de que llegó a la puerta del patio, y le preparan una guante para burlarse, saliva, y hasta unos cinturones para darle la bienvenida cuando pase por enfrente de ellos de camino a su casa.

¡Pero vean eso! ¡Allá viene el avergonzado padre, levantándose la vestidura y corriendo como una chica para encontrarlo! Se lanza a dar un gran abrazo a ese hijo deshonroso y hasta lo besa! Y ahora está pidiendo que le traigan un hermoso vestuario y que se lo pongan a este hijo despreciable.

¿Será que esto es lo que nos espera a todos ahora? ¿Ahora se supone que tenemos que entregarle sus herencias a nuestros hijos avariciosos cuando nos digan, “muérete, ya quiero mi dinero.”?

¡Imagínense como se lo gastó! Probablemente esté todo infectado después de andar metiéndose con esas bailarinas gentiles. ¡Y míralo tan flaco! Se dice que ha trabajando ALIMENTANDO CERDOS. Un muchacho judío, alimentando a los puercos. Que deshonra. Para nosotros está muerto. Al menos no le dieron ese friego horripilante que le dan a los cerdos. Tendría diarrea por un mes si se hubiera comido esos arándanos amargos.

Él y su padre se abrazan. Él llora, y su padre baila y se ríe y—espera–¿Sí será un anillo lo que le está poniendo en el dedo? ¿Y calzado para sus pies? ¡Ese hijo que se les fue ahora está siendo tratado como si nada hubiese pasado, como si fuese cualquier otro miembro de la familia!

Caramba. ¿Qué no es ese el cordero gordo en el asador? Esa comida basta para alimentar a toda la aldea. ¡Y todos estamos invitados! Bueno, pues tendremos que ir a la fiesta. Al menos veamos que es lo que tiene que decir.

¿De qué manera has sido atraído al perdón por medio de los poderes artísticos que tiene Dios para persuadir?

Kathy McGovern ©2019 Translator: Deisy Andrew

 

Kathy McGovern © 2014-2015

Tercer Domingo de Cuaresma – Ciclo C

27 marzo 2019

Reflexionando sobre Luke 13:1-9

Así que, por tres años el dueño de la higuera viene a revisar el árbol para ver si tiene fruto y se decepciona al ver que no tiene nada. Mmm. El dueño seguramente no es judío, ya que cualquier buen judío sabe que el libro de Levítico le prohíbe a cualquier dueño de un árbol frutal que consuma la fruta de tal árbol durante los primeros tres años de su vida (19:23-25).

El jardinero es obviamente un Judío muy cumplido, ya que se mete cuando el dueño de la tierra que no es judío, no lo ve y le arranca los brotes al árbol—el fruto no maduro—para que el dueño no encuentre nada cuando venga a revisar.

Pero al dueño de la tierra le espera aun otra sorpresa, ya que el siguiente año, cuando el árbol FINALMENTE de un fruto maduro y delicioso, éste no le pertenece a él, sino a Dios. Solamente cuando esta higuera tan codiciada tenga cinco años de vida es que el dueño de la tierra donde está sembrada tendrá todo el derecho de comer sus frutos.

Esta podría ser una broma judía contra los ocupantes romanos. ¡Que listo es ese sirviente que contrataron! ¡Engaña a los romanos para que obedezcan las leyes de Moisés! ¿Cuánto se sorprenderían de saber que se estaban comportando como judíos? Tal vez eso los obligue a darse por vencidos y regresar a sus casas de una vez por todas.

O tal vez es una parábola acerca de la gratificación aplazada. Dios nos dio reglas acerca de cómo conseguir comida—o de hecho cualquier otra cosa—demasiado pronto. Debemos ejercitar la disciplina de la paciencia sobre todas las cosas. Los mejores frutos vienen a aquellos que no desperdician sus vidas en las cosas fáciles, sino que más bien trabajan arduamente para aquello que vale la pena esperar.

Pero esos son los frutos secundarios. El primer fruto es este: todos vivimos en tiempo prestado. Toma ventaja de cada gracia que se te dio el día de ayer, y haz que tu vida sea una deliciosa ofrenda el día de hoy.

 ¿En qué forma es tu vida un dulce fruto?

Kathy McGovern ©2019

Kathy McGovern © 2014-2015

Segundo Domingo de Cuaresma – Ciclo C

16 marzo 2019

Reflexionando sobre Luke 9: 28b-36

¿Qué estarían pensando Pedro, Santiago, y Juan aquel día en el Monte Tabor? En el capitulo anterior de Lucas fueron ellos a quienes Jesús eligió para entrar al cuarto de una niña que había muerto. Todos estaban lamentándose y llorando, y Jesús les pidió a estos tres que entraran con él a la casa.

¡Que espantoso! Es cierto, ese mismo día lo habían visto curar a la mujer que tenia la hemorragia. Habían presenciado varios milagros, pero esto era diferente. Esta vez se trataba de una niña muerta.

Sin embargo se llenaron de valor y entraron en la casa, y por haber hecho ese esfuerzo tuvieron la oportunidad de presenciar como una niña muerta volvía a la vida. Pero ni siquiera eso los podía haber preparado para lo que seguía. Allá arriba de la montaña, mientras que él oraba (y ellos, como de costumbre, dormían) su Maestro repentinamente se transformó.

Sus ropas estaban sucias y polvorientas por el viaje; las de él estaban resplandecientemente blancas. Ellos hablaban entre ellos; Jesús hablaba con la Ley y los Profetas. Y no se trataba de cualquier charla sin importancia. Moisés y Elías hablaban con Jesús acerca de su éxodo. Que manera tan enteramente Judía de decir que hablaban de su muerte.

Yo también les hubiera rogado que me dejaran construirles un campamento. Después de escuchar a esas voces del cielo que hablaban de los terribles eventos que se avecinaban, yo también les hubiera rogado que nos quedásemos allá arriba de la montaña.

Y, como ya te imaginaste, fueron exactamente esos tres a los que Jesús llamó una última vez, para que oraran con el en Getsemaní durante esa noche de su arresto. Pero no hay que adelantarnos tanto. Nos quedan tres imponentes domingos antes de que nos reunamos a recordar esa terrible Pasión.

Manténganse en sintonía.

Las historias mas increíbles que se hayan contado nos esperan.

¿Alguna vez has tenido que ser al que se le llama para hacer algo valiente?

Kathy McGovern ©2019

Kathy McGovern © 2014-2015

Primer Domingo de Cuaresma – Ciclo C

13 marzo 2019

Reflexionando sobre Luke 4:1-13

Me encontraba yo parada en la línea de recepción en el funeral de una amiga recientemente cuando entablé una conversación con una conocida mía. Ella me recordó que yo había cantado en el funeral de su primer esposo, quien murió trágicamente en una navegación en lancha por los rápidos de un rio durante su luna de miel.

“Espera,” le dije, “ ¿Esa eres TÚ? He contado la historia tantas veces de cuando canté ‘No tengas Miedo’ durante el funeral de un novio que se había ahogado durante su luna de miel. Cuando llegaba a la parte que dice Aunque pases por las aguas rugientes del mar no te ahogarás sabía que si alguien no me explicaba que significaban esas palabras yo simplemente no podría seguir creyendo en Jesús.”

Un año después encontré un anuncio que decía que iban a abrir una escuela de entrenamiento bíblico. Supe inmediatamente que había encontrado a las personas que me podrían explicar aquellas discrepancias entre las promesas de las escrituras y las cosas que experimentamos en la vida.

Satanás sabía de la lucha continua que enfrentaba el Pueblo de la Palabra, tratando de reconciliar el consuelo de las escrituras con los terrores de sus vidas reales. Los mismos judíos a quienes las escrituras les prometían restauración de sus tierras estaban viviendo bajo el yugo de los violentos invasores romanos. El hambre era la prueba diaria de aquellos profetas a quienes se les prometió una larga vida en esa tierra, con calles rebosantes de niños felices.

Hazlo, dice Satanás, pon a prueba tus famosas escrituras. Lánzate de ese cerro. Veamos que sucede.

Si durante esta Cuaresma cuando veas las noticias y luego leas las escrituras Cuaresmales comienzas a desesperanzarte de que esas escrituras sean realmente verdaderas, anímate. Jesús venció a Satanás cuando él le susurró esas mismas preguntas.

Y Jesús ha vencido al mundo.

¿Qué cosas haré durante esta Cuaresma para aprender a leer las escrituras más a profundidad?

Kathy McGovern ©2019

Kathy McGovern © 2014-2015

Octavo Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo C

3 marzo 2019

Reflexionando sobre Sirach 27: 4-7

Que hermosas son las lecturas de esta semana, y no nos podrían haber llegado en mejor momento. Ambas, el evangelio y esa sección tan chistosa del libro del Eclesiástico revelan la profunda verdad acerca de la naturaleza humana: aquellas cosas en las que pasamos mucho tiempo pensando sin duda encontraran una manera de ir de nuestros cerebros hacia nuestros corazones, y por último salir por nuestras bocas.

Y luego nos echaos para atrás,  y decimos cosas como “Es que estaba tomando un medicamento que me hace olvidar lo que digo.” Excusas, aquellos intentos interminables de volver a recuperar las palabras dichas, tal como lo demostró San Felipe Neri tan eficazmente, es como recuperar las plumas que han salido volando después de haber sacudido una almohada.

Si esa lectura de Eclesiástico te parece un tanto extraña, estás en lo correcto. Solamente en aquellos años cuando la cuaresma comienza tarde sucede que lleguemos hasta el octavo o noveno domingo de tiempo ordinario. Ya que cambiamos las lecturas de Mateo, Marcos y Lucas durante un ciclo de tres años, y esa lectura del Eclesiástico es elegida para armonizar con la lectura de hoy de Lucas, para poder escuchar esa lectura debemos estar en el Ciclo C (así que cada tres años) y tenemos una Cuaresma tardía.

Sin embargo, esto me da una oportunidad de alabar el humor de este libro, su entendimiento de la naturaleza humana,  su hermoso trato de la amistad, sus acertados consejos acerca del dinero, y, tristemente, prevenirles de sus desagradables comentarios acerca de las mujeres.

Lo disfrutarán y les dará un tanto de vergüenza ajena, pero no se aburrirán. Les debemos las gracias a los cristianos del primer siglo por haberlo rescatado, a la iglesia Católica por seguir usándolo y copiándolo. Y por cierto, el leccionario es la brillante creación del Vaticano II, y ha sido adaptado por tantas otras tradiciones Cristianas, que casi todos los domingo, todos los cristianos quienes comparten el calendario litúrgico oyen las mismas lecturas. ¿Acaso no te encanta eso?

¿Cómo se te salen a veces al hablar las cosas retorcidas que traes en la mente?

Kathy McGovern ©2019 www.lahistoriayusted.com

Kathy McGovern © 2014-2015

Séptimo Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo C

2 marzo 2019

Reflexionando sobre Luke 6: 27-38

Una de las experiencias más agradables que disfruté cuando era maestra era el pasar tiempo en el comedor para el personal de la escuela. Ahí era donde, al final del día, los maestros contaban sus adorables historias de sus chistositos niños de primer grado, o los maestros que tenían los grados más altos compartían sus retos de hacer que la historia fuese interesante para los chicos de secundaria quienes estaban más interesados en quitarse las sillas unos a otros para hacerse caer al suelo.

Pero la parte más difícil (y ahora viendo hacia atrás, más valiosa) de ese tiempo era el aprender de aquellos maestros más experimentados. Un día estaba felicitándome a mí misma de haberme defendido de una niña de cuarto grado quien me había estado hablando irrespetuosamente. Esa niña recibió mi mirada más humillante, y después, en su silencio, una larga tarea para terminar en casa.

“Pues bien,” dijo una venerada y muy querida miembro de la facultad. “Yo creo que la avergonzaste porque tú eres más grande y tienes la autoridad. Yo nunca trato de ridiculizar o rebajar a un estudiante, no importa que tan ofensivo sea, solamente porque puedo hacerlo. Existen otras maneras de disciplinar sin tener que humillar a un niño.”

¡Ay! Su corrección fue directo a mi corazón, y directo a ese lugar donde cambia el comportamiento. Espero nunca más desde ese día haber usado cualquier autoridad que se me haya dado para rebajar a nadie, especialmente a alguien inofensivo.

Es lindo ver como San Lucas va directo al grano, muy al comenzar del evangelio, a asegurarse que recordemos que tan profundamente Jesús desea que comprendamos esto. Oren por aquellos que los tratan mal, nos dice Jesús. Bendigan a aquellos que los maldigan. Hagan el bien a aquellos que los odian.

Es exactamente lo opuesto de lo que queremos hacer. Es totalmente contradictorio. Del mismo modo, si te pones a pensar, es la cruz. Mas por medio de tan maravilloso amor, el mundo fue salvado.

¿Qué gracia has encontrado al orar por aquellos que te han lastimado?

Kathy McGovern ©2019

Kathy McGovern © 2014-2015