Monthly Archives: julio 2018

Decimo-Séptimo Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B

29 julio 2018

Vimos una película la otra noche que espero poder recordar por el resto de mi vida. No está disponible en los cines, pero si tu diócesis la ofrece como evento de una noche, como lo hizo la nuestra, haz todo lo posible por ir a verla.

“Outcasts” se traduce a marginados y es un documental acerca del trabajo de los sacerdotes Franciscanos en los lugares más decrépitos del planeta. Comienza en una clínica de SIDA en el Bronx, y persigue su trabajo en los barrios pobres de Irlanda, Inglaterra, y Honduras. Es en Honduras donde su valor es más evidente, ya que sirven en la misma prisión donde 330 hombres murieron durante el incendio de Comayagua en el 2012.

Los prisioneros abiertamente cargan sus armas en la prisión. Los ojos de esas pobres almas están llenos de desesperanza, ira, y miedo. Un huérfano de quince años está encarcelado ahí solo porque robó algo para comer.

“Siempre me pregunto a mí mismo por qué quiero estar en Honduras,” dice uno de los frailes. “Y la única respuesta que tengo es que Jesús quiere estar en Honduras.”

Jesús quiere estar donde quiera que nosotros estemos, y en la mayor parte del mundo esto quiere decir que Jesús está con los pobres. “La mano del Señor nos alimenta,” dice el salmista hoy (145). Y la mano que el

Señor utiliza para alimentar al mundo es la tuya y la mía.

Ambas escrituras de hoy, aunque 700 años de separadas, exponen la misma experiencia humana. La gente tiene hambre, y el aquel que es enviado por Dios sabe como alimentarlos para que no sufran más.  El hambre más profunda, nos dice Santa Teresa de Calcuta, es el hambre de amor.

¡Buenas noticias! Podemos encargarnos de esa hambre hoy mismo.

¿Cómo amarás tan intensamente que puedas saciar hasta el hambre más profunda?

Kathy McGovern ©2018

Kathy McGovern © 2014-2015

Decimo-Sexto Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B

21 julio 2018

Reflexionando sobre Ephesians 2: 13-18

San Pablo tenía tanto talento en el uso de las palabras—usaba palabras hermosas y elocuentes. Estaremos leyendo su carta a la iglesia de Efesios hasta septiembre, así que pon atención cada domingo. Esta es la carta a la iglesia que existió desde el mero comienzo del siglo cristiano. Está llena de lenguaje esplendoroso, y la sección del día de hoy es una de las más preciosas.

La carta aborda temas y cuestiones que afectarían a la iglesia en crecimiento DESPUÉS del martirio de San Pablo a mediados de los años sesentas. Por causa de esto, y de otros tantos argumentos, muchos académicos bíblicos (aunque no todos) están convencidos de que el autor verdadero probablemente fue un secretario de Pablo, quien conocía su estilo de escritura y la manera devota en la cual Pablo resolvía los asuntos de liderazgo a finales del primer siglo.

Sin embargo la carta siempre ha llevado el nombre de Pablo, ya que los antiguos escritores no hacían reparo de asignar como autor a la persona que había inspirado la obra.

Para los primeros cristianos, el evangelio solo significaba una palabra: paz. Pero no te sientas excluido porque no viviste durante esos tiempos. Efesios dice, “Él vino y a ustedes, que estaban lejos, les anunció las buenas nuevas de paz, lo mismo que a los que estaban cerca.”

Nosotros somos los que están “lejos.” ¿Acaso los escritores llegaron a imaginarse que, casi dos mil años después, estas palabras serían leídas en las iglesias de alrededor del mundo en el verano del año 2018? El mensaje más singular de Jesús sigue siendo este: paz.

Que este sea nuestro “recuerdo” de este verano: mil valientes rescatistas de alrededor del mundo, trabajando juntos para rescatar a esos doce niños y su entrenador de la cueva. Eso es paz. ¿Podemos permitir que ese logro humano monumental nos cambie, y nos eleve? Por supuesto que podemos.

¿Qué es lo que más te conmovió al mirar como el mundo se unía para lograr un objetivo común?

Kathy McGovern ©2018

Kathy McGovern © 2014-2015

Decimo-Quinto Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B

16 julio 2018

Reflexionando sobre Mark 6: 7-13

Ya estamos de nuevo en esa temporada del año. Llegaron nuestros tiernos y gentiles amigos sacerdotes de Juárez aquí a Denver, a visitarnos y a hablar en algunas parroquias acerca de su trabajo en el seminario de allá. Se están quedando en el hogar de los generosos Voluntarios Vicentinos (CVV) en el centro de Denver, y cada acto de bondad que reciben de cualquier persona lo consideran el acto más bondadoso que alguien ha hecho por ellos.

Esta mañana me preguntaba a mí misma porque no se encaminaban. Ya era hora de irse a un excursión a las montanas, pero en lugar de eso se pusieron en fila, y cada uno de ellos espero su turno para darme un abrazo y un beso y darme las gracias por el MEJOR almuerzo que han comido.

Te rompen el corazón, estos tipos. Son profesores altamente educados del seminario de allá, pero viven tan humildemente como los más pobres de sus parroquias. Cuando les alisté unas botellas de agua para que las cargaran por las calles calurosas de Denver no lo podían creer.  ¡Una botella de agua—llena de nuestra deliciosa, limpia y segura agua de Denver, para cada uno de ellos!

Me recordaron a Jesús y a sus amigos. Ellos también caminaban por esos caminos calientes y desérticos sin ninguna de las comodidades que todos creemos necesitar. Sin agua, sin mochila, sin reservación de hotel.

La urgencia del evangelio los empujaba, lejos de todo lo conocido, hacia los caminos peligrosos del mundo romano.

¿Dónde en lo ancho de este mundo puede uno encontrar tal simplicidad hoy en día?  Encuéntrala en nuestros visitantes de Juárez. Una de las ciudades más pobres del mundo, que sigue produciendo la sal para la tierra y la luz para el mundo. Y por supuesto que estos amigos de nuestra frontera sur llegaron con regalos de sus parroquias para todos nosotros.

A veces tengo que darme la media vuelta y ocultar mi rostro; simplemente no puedo detener las lagrimas.

¿Quiénes son las personas en tu vida que te recuerdan a Jesús y a sus amigos?

Kathy McGovern ©2018

Kathy McGovern © 2014-2015

Decimo Tercer Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B

16 julio 2018

Reflexionando sobre Mark 5: 21-43

Tocar. Tal vez esa sea la acción mas poderosa que podemos hacer en este mundo. El recién nacido es amorosamente cargado y besado y tocado por su mamá y papá durante los primeros años de su vida, y así desarrolla las conexiones neurales de seguridad y confianza que lo sostendrán por el resto de su vida.

Me pregunto por que no podremos recordar esos primeros años. Mientras que jugaba en la piscina con mi sobrinita bebé el otro día y nos la pasábamos de un familiar a otro, se me vino a la mente un recuerdo de mi mama, cargando a mi hermanito bebé enredado en una toalla mientras que el resto de su montón de niños salpicaban y nadaban en la piscina.

Marty pronto pasaría a ser parte del montón, pero en esa etapa de su vida lo único que necesitaba era la calidez del sol, y la seguridad de ser cargado por su mamá. En realidad, eso es precisamente lo que todos necesitamos ¿Qué no?

Nuestro Jesús lo sabe. Imagínate a esa pobre mujer, “impura” según los estándares, tan desesperada de sanación que estiró el brazo tan solo para poder tocar el borde de su manto. Había sido tratada con aspereza por sus tantos doctores, y su toque solamente le había traído más dolor. Pero el solo hecho de tocar el vestimento de El Compasivo la sanó de inmediato.

Jesús pudo haber sanado a la hija de Jairo con tan solo una palabra. Pero yo creo que viajó hasta su casa porque él sabia que toda la familia necesitaba ser tocada por él. Y cuando lo escuchamos decir “No tengan miedo, solo tengan fe” podremos sentirnos tocados por él, cargados por él, a través de los milenios, a través de las experiencia dolorosas de nuestras vidas, y a través del texto de Marcos.

Acabo de sentir el poder que salió de él. ¿Tú no lo sentiste?

¿En qué maneras puedes sentir el toque poderoso de Jesús en tu vida?

Kathy McGovern ©2018

Kathy McGovern © 2014-2015

Decimo-Cuarto Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B

8 julio 2018

Reflexionando sobre Mark 6: 1-6

¿Cuántas veces se te dijo cuando eras niño, y le has dicho tú a tus propios hijos, que la verdadera sabiduría consiste en aprender cuando mantener la boca cerrada? Esa es una lección central en nuestras vidas, y casi todos nosotros sentimos mucha gratitud al pensar en todas esas veces que queríamos decir algo horrible pero no lo hicimos. Esa es verdadera madures, y la sociedad funciona mucho mejor cuando la gente ejercita esa disciplina.  Ejem.

Pero la pregunta es: ¿cuándo es santo y correcto hablar? Admito que siempre me felicito a mi misma cada noche, cuando me hago mi examen, por haber mostrado tanta madures al quedarme callada en situaciones donde quise haber dicho algo. Oye, yo no hice olas. Y me olvido de mis promesas de bautismo y confirmación.

No se por que no me había dado cuenta de esto durante tantos años, pero la imagen verdadera que recuerdo haber tenido de Jesús en las distorsiones de mi juventud era que Él siempre tenía problemas con las autoridades religiosas y políticas, y con aquellos que se lucraban a causa de ellos. El arriesgaba su vida−y sí, murió terriblemente a causa de esto−cada vez que hablaba, cuando era mucho más inteligente quedarse callado.

Jesús el profeta rompía todas las reglas. Él sanaba en el día de reposo. El comía con pecadores. El tocaba a los “impuros.” Hasta llego a entrar al Templo y corrió a todos los que estaban estafando a los pobres. Y cuando entró en Jerusalén la semana antes de su muerte, montaba un burrito, una bestia de carga, un animal de paz. Los romanos, por supuesto, quienes entraban por el lado oeste al mismo tiempo, venían en sus caballos de guerra.

Oh Jesús. ¿Cómo es que no te vimos antes?

¿En qué manera ha cambiado tu imagen de Jesús a través de los años?

Kathy McGovern©2018

Kathy McGovern © 2014-2015