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Undécimo Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo B

Reflexionando sobre Mark 4: 26-34

Esta sección de Marcos puede ser mi parte favorita de todo el Nuevo Testamento. Nunca he visto el despliegue de nuestras vidas expresado más bellamente que cuando Jesús ofrece su brillante analogía de la semilla secreta (4: 26-29).

Así es como se construye el reino de Dios: con la bondad y la gracia cotidianas, con la educación no reconocida de padres y maestros, con decisiones éticas que otros toman nota pero nunca mencionan. La noche viene, y la mañana sigue, año tras año. Y un día, una persona que no recuerda lo lleva a un lado en un aeropuerto y le dice: “Nunca olvidaré lo que me dijiste ese día. Cambio mi vida.”

O tal vez un día, después de años de lucha, te sientas y toques una sonata de Mozart con belleza y facilidad. O tal vez su tutorial diario en español finalmente da sus frutos cuando puede conversar con, o al menos entender una conversación con, las personas agradables de la parroquia con las que ha estado sonriendo durante años.

O tal vez tus jeans ajustados FINALMENTE en forma. O tal vez finalmente los tiras y dejes de medir tu derecho a vivir si puedes usarlos o no. Ahora ESE es el reino de Dios, seguro.

Mi línea favorita ocurre después de que el agricultor disemina la semilla en la tierra, y duerme y se levanta, día tras día, y la semilla, sin él, hace brotes y crece. ¿Cómo? El no sabe.

Toma padres, por ejemplo. Ningún niño decide conscientemente cuál de sus rasgos llevará al mundo. Pero los estudios demuestran que su presencia y fuerza cotidiana la ayudarán a formar una mujer segura de sí misma.

¿Cómo? Ella no sabe. Pero tal es el reino de Dios.

 ¿De qué manera ha influido tu padre más en tu vida?

Kathy McGovern © 2018

Kathy McGovern © 2014-2015

Tiempo Ordinario - Ciclo B

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