Monthly Archives: septiembre 2017

Vigésimo-Quinto Domingo De Tiempo Ordinario – Ciclo A

29 septiembre 2017

Reflexionando sobre Matt. 20:1-16a

No pienses más en esos jornaleros que trabajaron todo el día.  Los comprendemos.  Los entendemos.  Nosotros SOMOS ellos.  Dios es justo.

En lugar de eso, imagínate que tú fuiste uno de los que llegó tarde.  Te quedaste dormido.  Ordenaste una pizza, te pusiste a ver la telenovela y se te fueron las horas.  Como a eso de las 3pm te diste una ducha, y te presentaste a trabajar como a las 4:30.  Hagámoslo más interesante y agreguémosle que era el día MÁS temido en la oficina, y el MÁS estresante, el que requiere de todos los trabajadores.  Elijes ese día para presentarte al trabajo al final del día y poner tu única hora de trabajo riguroso.

¡Híjole! Aquí viene la jefa.  Llamémosle Susana.  Susana le agradece a todos por su arduo trabajo en este día tan pesado.   Distribuye los bonos.  Y tu agachas la cabeza.  Ahora que estás aquí desearías haber llegado ms temprano y haber trabajado todo el día.  Se siente el compañerismo de tu equipo, y tú te lo estás perdiendo.  Se están riendo acerca de algún acontecimiento del día, y tú tampoco serás parte de eso.  Y aquí viene tu miserable bono, probablemente el mismo volante con un cupón para ahórrate $2 en cortes de césped que te dejaron en la puerta de tu casa ayer.

¿QUÉ?   ¡Un viaje de diez días en un crucero de lujo por Hawái!!  ¡Y trae tu nombre!  Y una amable nota de agradecimiento por tu arduo trabajo de una hora.

Nadie en toda tu vida te ha mostrado tanta bondad desmerecida.  Tu cuerpo entero se estremece de gratitud, al darte cuenta del indudable y extremo amor de Dios por ti.

Todos hemos experimentado eso.  Sabemos como se siente.  Nosotros SOMOS los que llegaron tarde.  Dios es misericordioso.  AMEN.

¿Cuáles experiencias de bondad desmerecida has tenido en tu vida?

Kathy McGovern ©2017

Kathy McGovern © 2014-2015

Vigésimo-Cuarto Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A

16 septiembre 2017

Reflexionando sobre Matthew 18: 21-35

Los padres saben muy bien de lo que se trata la historia del deudor que no quería perdonar a su propio deudor.  ¿Cuántos millares de veces han perdonado los papás y las mamás a su hija antes de que ella salga de la preparatoria porque el amor los hace comprenderla y darle una segunda oportunidad?  Pero deja que se les pase ir a uno de sus juegos de futbol y ella no los perdonará por décadas.  Esas son las matemáticas extrañas de los hijos y los padres, las cuales dan un circulo total cuando los hijos tienen hijos propios.  Y esa es la misma matemática extraña de las escrituras de hoy.

El deudor del rey le debe diez mil talentos, lo cual equivale a 6 billones de dólares hoy en día.  Y el deudor del deudor le debe una millonésima de eso- lo que sea que equivalga.  Tú deberás hacer las cuentas, yo no puedo, pero sea lo que sea, él no se lo perdonará y manda al deudor a la cárcel.  Que coraje.

Una amiga me compartió esta historia hace muchas décadas, y nunca la he olvidado.  Su hijo e hija, siempre mejores amigos, por alguna razón habían tenido un desacuerdo y no se habían hablado por un mes.  Por algo que hizo su hijo, su hija anunció que jamás lo perdonaría porque le había mentido.  La respuesta de mi amiga no tiene precio:

¿En serio?  A mi me ha mentido cada miembro de la familia en algún momento a través de los años, y todavía me ves aquí, haciéndoles la cena y llevándolos a todos lados.  Te he perdonado a ti y a tu hermano al menos mil veces.  ¿Qué yo soy la única aquí que sabe perdonar?

Que metáfora para el amor de Dios, el cual nos regala nuevas misericordias cada mañana.  Perdona a alguien hoy.  Haz que tu mama se sienta orgullosa de ti.

¿En que maneras estás consciente de que has sido perdonado por otros?

Kathy McGovern ©2017

Kathy McGovern © 2014-2015

Vigésimo-Tercer Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A

13 septiembre 2017

Reflexionando sobre Matthew 18: 15-20

Es una idea apestosa del todo, ¿qué no?  Si me siento lastimada porque mi amiga fue a tomarse un cafecito con otra amiga nuestra y no me invitaron, ¿Se supone que tengo que ir a decirle, como una bebe llorona, “Lastimaste mis sentimientos”?   Prefiero hacer cualquier otra cosa.

De hecho, HARE cualquier otra cosa.  Me comportaré distante y fría con ella la próxima vez que la vea.  Y  sí, probablemente le diré a alguna otra amiga algo así: “Algunas amigas son menos leales que otras.”  Entonces tendré que contarle de cómo mi amiga me invito a tomar un café y después me canceló para irse con otra amiga.

¿Te fijaste en lo que sucedió aquí?  Una pequeña, entendible reunión entre dos amigas se convirtió en un motivo de dolor- y digámoslo como es- una ultra sensible tercera amiga, quien intensifico la situación al imponer una confusa distancia emocional y, finalmente, contar una mentirota acerca de la ofensa original.

¿Hay alguien que realmente ha intentado hacer lo que dice el evangelio que hagamos cuando se trata de resolver un conflicto entre amigos?  Imagínate esto: voy con mi amiga y le digo, “No puedo creer que a mi edad todavía pueda sentirme celosa acerca de estas cosas, pero realmente me sentí lastimada cuando te reuniste con____ y no me incluiste.”  Entonces ella probablemente diga, “!No!  ¿De verdad?  Me siento terrible.  No había visto a ____ desde que falleció su papá y quería tener una oportunidad de ponernos al corriente.  Me encanta pasar tiempo contigo.  ¿Podemos ponernos de acuerdo para reunirnos?”

Te apuesto lo que quieras que una conversación que al principio parece apestosa termina siendo adorable.  Y nadie tiene que terminar en el juzgado ni nada parecido.  Recordemos este ejemplo conforme se acercan los días festivos de estar con la familia.

¿Alguna vez te has acercado a un amigo pacíficamente para hablarle de algo que te haga sentir mal?

Kathy McGovern ©2017

Kathy McGovern © 2014-2015

Vigésimo Segundo Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo A

2 septiembre 2017

Reflexionando sobre Matthew 16: 21-27

Recuerdo exactamente donde estaba el día que me di cuenta de que aquellos que dan su vida al servicio del evangelio no viven en una burbuja mágica de seguridad (como Pedro pudo haber imaginado que Jesús lo hizo). Estaba de pie en el campus de la Universidad de Notre Dame, dentro del campo magnético de la Cúpula de Oro y el Tocar a Jesús, hablando con mi brillante mentora Barbara Budde (ahora directora de la Oficina de Preocupaciones Sociales de la diócesis de Austin, Tx) .

Mirando hacia atrás, no puedo creer que todavía estaba sosteniendo la esperanza de que las cosas malas nunca le pasaría a la gente buena. De alguna manera había visitado la Casa de Ana Frank en Amsterdam, y el campo de concentración de Dachau en Alemania, y nunca comprendí plenamente que el mal puede tocar a la gente más inocente. Pero cuando las cuatro mujeres de la iglesia norteamericanas fueron violadas y asesinadas en El Salvador el 2 de diciembre de 1980, el último clavo fue clavado en el ataúd de mis deseos.

-Estas mujeres estaban con los más pobres de los pobres -dije-. Su respuesta aún me enfurece: “Y fueron horriblemente asesinados por ello”.

Sospecho que Peter estaba empezando a salir de su pensamiento mágico también. Herodes había matado a Juan el Bautista, y ahora Jesús estaba profetizando su propia tortura y muerte. ¡Pero Jesús era el Hijo de Dios! ¿No le daría cierta amnistía desde la cruz?

Pobre Pedro. Vería a su Señor crucificado. ¡Pero también lo vería levantado! Tanto tiempo pasó en el corazón de Pedro entre aquel día y aquel, treinta años más tarde, cuando él mismo fue estirado boca abajo en la cruz de Nerón.

¿De qué manera fortalece el valeroso martirio de Pedro?

Kathy McGovern © 2017

Kathy McGovern © 2014-2015