Monthly Archives: junio 2017

Décimo-Segundo domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A

28 junio 2017

Reflexionando sobre Jeremías 20: 10-13

Oh, Jeremías.  Usualmente te comprendemos.  Te oyes justo como nosotros nos oíamos cuando teníamos más o menos quince años.  En ese entonces sabíamos que cada una de nuestras palabras, cada comportamiento, estaba siendo juzgado por nuestros “amigos” y usado como tema de conversación en la fiesta de piyamas a la que no fuimos invitados.  Como duelen los recuerdos todavía.

Tú eras un hombre joven, tal vez hasta un adolecente, cuando escribiste, “Todos los que eran mis amigos ahora están buscando una mancha en mí.”  Resulta que no eras un paranoico.  Tus amigos ESTABAN hablando de ti a tus espadas.  Ellos hablaban de tus advertencias proféticas acerca de la destrucción de Jerusalén, y hablaban del pasado recordando como SIEMPRE estuviste adicto al drama, SIEMPRE te preocupabas demasiado, SIEMPRE buscabas toda la atención.

Sí, tú tenías razón y ellos estaban equivocados.  Y tu oración- tan llena de la dolencia de una persona joven- fue contestada.  Ellos murieron, y tú viviste.  Pero apuesto a que, el ver a tus amigos ser torturados y asesinados, o tomados en cautiverio, no fue tan placentero como tú creías que lo sería.  Apuesto a que le rogaste a Nabucodonosor que los liberara.  ¿Pero él no era el tipo razonable que habías esperado que fuese, o sí?

Probablemente no habías escuchado todavía el salmo responsorial de hoy, ya que ese salmo no tomaría su forma final hasta que no regresasen a Jerusalén  los nietos de aquellos que fueron sacados a la fuerza ese día.  Déjame te lo recuerdo ahora: El Señor escucha a los pobres, a aquellos que son suyos él no los olvida. (69:33).

Es una bendición ser pequeño.  Es una bendición ser humilde.  Ese tipo de pobreza nos pone directamente en el centro del corazón de Dios.  Que suertudo eres tú.

¿Qué recuerdos tienes del gran amor de Dios durante algún tiempo donde te estaba haciendo humilde?

Kathy McGovern ©2017 

Kathy McGovern © 2014-2015

La Solemnidad del Santisimo Cuerpo y Sangre de Cristo – Ciclo A

17 junio 2017

Reflexionando sobre John 6: 51-58

La historia que me contó mi amigo John de cuando iba a los juegos de futbol americano con su papá me viene a la mente cada año durante este día de fiesta.  “Nunca dejaré de comprar mis boletos de temporada.  Voy a todos los juegos.  Es el lugar donde mi papá y yo tenemos nuestras mejores conversaciones.”

Su papá falleció hace treinta años.  Cuando John estaba chico, él y su papá disfrutaban todos los rituales del Día del Juego- la misa, el desayuno, conducir hacia el estadio, encender el asador, hamburguesas, y futbol americano.  Conversaban, y comían, y compartían los triunfos y las humillaciones del juego.  Y la siguiente semana, si el equipo estaba en casa, lo hacían todo de nuevo.

John sufrió muchísimo cuando su papá falleció en la primavera de 1990.  Él era su mejor amigo.  Habían construido tantos recuerdos.  Nunca más lo volvería a ver.

Excepto, por supuesto, los domingos por la tarde, en el sol y el viento y el frio, y en los hot dogs y la cerveza, y en las porras y en los abucheos, y en los recuerdos que son tan reales que John siente que su papá está allí al lado de él durante cada juego.  Él va a ver a su papa, para realmente sentir su presencia.

Existen muchas cosas que activan nuestros sentidos y nos pueden transportar.  Piensa en el humo de una pipa.  ¿Puedes olerlo?  Yo sí puedo, y de repente mi abuelito está conmigo.  Una canción de los Beach Boys en un día de verano puede traernos a nuestros amigos de la infancia hasta donde estemos.  Estas señales hacen que el Pasado esté realmente en el Presente.

Como católicos, nosotros entendemos eso.  Cada domingo nos ponemos en la actitud de Recordar a Aquel que nos amó hasta su muerte.  En la Eucaristía el Pasado Amado se convierte en una Presencia Real.  Esta es la fiesta que nos dice quienes somos.

¿Cuáles experiencias sensoriales te traen al pasado de vuelta?

Kathy McGovern ©2017

 

Kathy McGovern © 2014-2015

Solemnidad de la Santisima Trinidad – Ciclo A

12 junio 2017

Reflexionando sobre 2 Cor. 13: 11-13

 Realmente fue un golpecito pequeño en la defensa del auto.  Yo iba en la rampa para  entrar a la autopista, y pues como que dudé.  (En este momento estarás pensando en como detestas  cuando los otros conductores dan toda indicación de que van a arrancar y no lo hacen.)

Y que me pega por atrás.  Furioso, salió de su camioneta y se vino corriendo hacia mi auto, gritando lleno de frustración.  Unas cuantas palabrotas después se puso a hablar por teléfono, llamándole a la policía.

Entonces le pregunte a quien pensaba que le iban a dar la multa.  “Ya lo sé,” me dijo.  “Me la van a dar a mí porque yo te pegué por atrás.”  Como ninguno de nuestros autos fue dañado, le pregunté si no podría llamarles otra vez y decirles que ya habíamos arreglado las cosas entre nosotros y que continuaríamos nuestros caminos para no seguir obstruyendo la rampa.  “No,” me dijo, ya mucho más calmado, “es la ley.  Necesito reportar esto.”

Mientras que el oficial obtenía nuestra información le pregunté- para ahora ya nos hablábamos por nuestros nombres de pila- si podría decirle al oficial que yo no quería que le dieran multa ya que iba TAN DESPACIO que ninguno de los dos sufrimos daño ni fuimos lastimados cuando me pegó.  “¿Harías eso?” me preguntó.

Fue tan fácil.  El oficial estuvo de acuerdo que había sido tan pequeño el incidente que no se requería de una multa.  Y el tipo que estaba gritando hacía un rato me dijo, “Kathy, lo siento.” Y dos extraños se abrazaron en la rampa y siguieron sus caminos para tener, ciertamente, un muy lindo día.

Pónganse de acuerdo unos con otros.  Vivan en paz.  Y el Dios del amor y de la paz estará con ustedes.

¿Qué oportunidades aprovechaste esta semana para traer paz a tu mundo?

 

Kathy McGovern ©2017

Kathy McGovern © 2014-2015

Secuencia de Pentecostés 2017 – Ciclo A

5 junio 2017

Reflexionando sobre Acts 2: 1-11

Al principio no les entendíamos para nada.

¿Qué eran estas declaraciones-

estas lenguas habladas salidas de sus labios,

Hacia la calle

Hacia el mundo?

 

Mas con el tiempo, nuestros oídos tapados se abrieron.

Vimos como los enemigos se hablaban entre ellos

Y aquellos que estaban enemistados

Unían sus manos en amistad.

 

Vimos como se construyeron hospitales, y los enfermos sanaron.

Y vimos a Francisco y Clara, Vicente y Luisa,

Francisco de Sales y Juana de Chantal,

Benedicto y Domingo e Ignacio, Catalina y Juana e Isabel

A Los Juanes contemplativos y a las poderosas Teresas,

 

¡Y a nosotros mismos – sí, a nosotros mismos!- Perdonando Radicalmente

Escuchando Radicalmente

Comprendiendo Radicalmente

A aquellos que no ven las cosas como las vemos nosotros.

 

Y así, con un viento poderoso, un nuevo cielo y una nueva tierra comenzaron a tomar forma.

Y desde entonces no existen lenguajes “extranjeros”.

Y desde entonces todos hablamos un solo lenguaje

El lenguaje del Espíritu Santo

El primer lenguaje, el único lenguaje

El lenguaje del Amor.

 

 

Kathy McGovern ©2017

Kathy McGovern © 2014-2015