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Cuarto Domingo De Pascua – Ciclo A

Reflexionando sobre Jn. 10:1-10

He venido a que tengan vida, y que la tengan en abundancia.  ¿Quién puede resistirse a El que nos promete esto a cada uno de nosotros?  Yo no puedo.  Nunca he podido resistirme a Jesús, y esta gracia me ha traído solo bendiciones cada día de mi vida.

Imagínate a Jesús, usando el lenguaje de la crianza de ovejas, tratando de atraer a los Fariseos a esta vida nueva que es su herencia.  Les recuerda de la puerta en el redil, y como las ovejas no entraran hasta que el portero les abra.  Los Fariseos solo se le quedan viendo.  Bueno, les dice, tratemos con esto:  las ovejas solamente seguirán al buen pastor.  Ellas solo conocen la voz del pastor que realmente se interesa por su bienestar, y no seguirán a los ladrones y bandidos.  Los Fariseos ponen mirada de bobos.  Simplemente no comprenden nada de esto.

MIREN, les dice Jesús impacientado.  YO SOY LA PUERTA DEL REDIL, SU ESPERANZA, SU SEGURIDAD, SU PAZ.  No se los puede decir más claramente que eso.  ¿Pero como puede ser él el tan esperado Mesías cuando no tiene ejercito, ni generales a quienes mandar, cuando rompe la ley del día de descanso, cuando dejo libre a esa adultera, y cuando come y bebe con pecadores?

Oh, les dice Jesús, si tan solo escucharán hoy mi voz.  Les estoy llamando- es a TI a quien le esta hablando, por cierto.  Cava hondo.  Escucha con todo tu corazón.  Desconéctate de todo el clamor de esta cultura que mata nuestras almas.  Si me buscas, dice Jesús, me encontrarás.  Si me buscas con todo tu corazón me dejaré encontrar por ti.

¿Vida en abundancia?  O, sí.  Llámanos por nuestro nombre, Buen Pastor.  Te oímos fuerte y claro.

¿En que maneras estás sintonizándote a la voz de Jesús?

Kathy McGovern ©2017

 

Kathy McGovern © 2014-2015

Pascua - Ciclo A

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