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Séptimo Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A

18 febrero 2017

Reflexionando sobre Matt. 5: 38-48

La estrategia tradicional para responder a las palabras de Jesús acerca de decirle no a la violencia es, por supuesto, olvidarse de que lo escuchamos y seguir con nuestra propia estrategia.   Pero seamos valientes e intentemos comprender.

En un proyecto de investigación de hace unos años, se les daba a los participantes un pellizco en los dedos, entonces se les pedía que pellizcaran a su compañero con la misma intensidad.  Todas las veces, el primero en ser pellizcado ejercía más presión a su compañero de lo que ellos mismos habían recibido.  ¿Por qué?  Porque el dolor que se siente es siempre más que el dolor que se da.  Por eso la violencia siempre escala.

Aquí está un ejemplo que tal vez llegue más al punto.  Pasas junto a un grupo de amigos y oyes tu nombre en su conversación.  Bueno, tal vez (pero muy poco probable) están de echo hablando acerca de que has subido de peso, o comentando del proyecto de ciencias en donde tu hijo hizo trampa, o de que ya no te presentas en la clase de yoga.  Pero si mides la cantidad verdadera de malicia en sus corazones hacia ti (diminuta) no sentirías ni una pizca de la cantidad de enojo que sientes por tan solo haber oído tu nombre en una conversación en la cual no estás presente.  El dolor que se siente es siempre más que el dolor que se da.

Jesús sabe lo débiles que somos.  Él sabe que las demandas y las pequeñas batallas escalan hasta convertirse en guerras porque no podemos diferenciar entre el dolor verdadero (pequeño) y el dolor que experimentamos (grande).  Una vez que entramos en shock, no podemos recordar que fuimos nosotros los que lo iniciamos.  Es rara la persona que es lo suficientemente humilde para admitir que el daño es pequeño, y que la probabilidad de que ella misma sea responsable de alguna parte en el es grande.

Oren por sus enemigos, nos dice Jesús.  ¿No sería sorprendente enterarte de que tú eres el “enemigo” por el que otra persona está orando, también?

¿Alguna vez has contemplado algún conflicto del pasado y te has dado cuenta de que tú eras el villano?

Kathy McGovern ©2017

Kathy McGovern © 2014-2015

Tiempo Ordinario - Ciclo A

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