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Onceavo Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo C

Reflexionando sobre Luke 7:36-50

Cuando leo acerca del esplendido cuidado que la “mujer pecadora” tuvo con Jesús, experimento una sensación de prolongado enojo.  Los fariseos están sorprendidos, por supuesto, y creo que también yo lo estaría.  Están estupefactos de que este “profeta” no se de cuenta de que está permitiendo que una mujer de la calle lo toque.  Nosotros estaríamos sorprendidos en nuestro mundo de hoy de cualquier persona que sea capaz de sentir gran pesar por el pecado. 

Estoy pensando, por ejemplo, en Dylann Roof.  A solo horas después de haber asesinado a nueve personas en un grupo de oración en la Iglesia Metodista Episcopal Africana Emanuel hace un año, los sobrevivientes y los seres queridos de los asesinados se reunieron para anunciar que lo habían perdonado.  Lo perdonaron porque ya habían elegido desde mucho tiempo atrás sumergir sus cerebros y corazones en Jesús y las escrituras.  Así que, ellos sabían que el perdón seria el único bálsamo que los podría curar.

Dylann parecía despreocupado por ese amor extraordinario.  A la edad de 21 años, su cerebro no estaba, por supuesto, totalmente formado.  Él era, como muchos de sus compañeros asesinos en masa, “tímido.”  Y tenía acceso fácil a despiadados y horrendos sitios de internet racistas extremos, los cuales sin duda rellenaron los huecos que deja una cultura que no requiere que honesta y dolorosamente reflexionemos acerca de nuestros pecados, en lo que hemos hecho y hemos omitido hacer.

Esta escritura nos muestra como un corazón humado correctamente formado debe responder al perdón.  Piensa en el hijo prodigo, o en la “mujer pecadora,” o en San Pedro.  Hasta el centurión Romano, lleno de remordimiento después de la crucifixión, gritó, “Ciertamente este era el Hijo de Dios” (Marcos 15:39).

¿Dónde están los traficantes de armas que lloran?  ¿Dónde están los horrorizaos supervisores de sitios de internet?  ¿Dónde estamos, a propósito, nosotros mismos?

¿Cómo estás mostrando tu profunda gratitud a aquellos que te han perdonado?

Kathy McGovern ©2016

Kathy McGovern © 2014-2015

Tiempo Ordinario - Ciclo C

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