Monthly Archives: marzo 2016

La Resurrección del Señor – Ciclo C

26 marzo 2016

Reflexionando sobre John 20: 1-9

Pascua, 2016

Mi muy querida María Magdalena,

¿María, sabías que aquel a quien tu corazón amó no estaría en la tumba cuando tú fueras a cuidar de su cuerpo esa triste mañana de primavera?

¿María, sabías que aquel quien rompió tu corazón en dos con su tan temida muerte también rompería las tumbas de todos los creyentes?

¿María, sabías que cuando valientemente corriste a contarles las noticias al Discípulo Amado y a Pedro, tu maravillosa carrera marcaría los primeros pasos de la fe que cambiaría el mundo?

¿María, sabías que cuando los ángeles en la tumba te preguntaron porque estabas llorando, estaban preguntándonos la misma pregunta a todos los que vendríamos después de ti, demasiado asustados para esperar, demasiado maravillados para no creer?

¿María, sabías que una vez que los hombres se marcharan de la tumba vacía y te dejaran ahí, llorando, tu Señor aparecería y te llamaría con dulzura por tu nombre? ¿Y que, si, sería tu nombre el cual los evangelios registrarían como el primer nombre hablado por El Que Resucitó?

Debes saber esto, querida hermana de Magdala: En esta mañana de Pascua nosotros corremos contigo hacia la tumba, nos quedamos en agradecido asombro frente a los ángeles en nuestras vidas quienes nos preguntan por qué lloramos, y volteamos nuestros rostros de la tumba, sabiendo que la Voz que oímos es la de Jesús, llamándonos por nuestro nombre.

¿Qué cosas sabes con certeza acerca de Jesús?

Kathy McGovern ©2016

Kathy McGovern © 2014-2015

Domingo De Ramos de La Pasión del Señor – Ciclo C

19 marzo 2016

Reflexionando sobre Luke 22: 14-23: 56

 Es raro, las cosas de las que te acuerdas.  Estoy segura de que he estado más sedienta, o he tenido más calor, o más dolor de lo que sentí aquel abrasador Viernes Santo hace muchos años.  Pero el hecho de cargar cuatro bolsas de mandado mientras subía muchos escalones a las tres de la tarde en ese particular día me permitió percatarme de esa fracción del dolor del Calvario, y en ese día me di cuenta de que tan central en nuestra fe es el Sirviente que Sufre.

No es que el Padre lo requiera.  Es que nosotros requerimos a un Dios que conozca la sed, que conozca el dolor, que conozca el terror, que nos conozca a nosotros.  No puedo pensar en una experiencia de dolor que Jesús no halla conocido, y eso me da mucho consuelo.

Él conoció de las cosas pequeñas- como el ardor de los brazos después de cargar unas cuantas bolsas al subir muchos escalones- porque él soportó las cosas grandes, como cargar un madero de cruz mientras subía el cerro del Calvario.

Él sabia del dolor que sufrimos cuando nuestros amigos no nos aman, porque la noche antes de morir, Pedro, flaqueando ante las preguntas de una sirvienta en el patio de Caifás, negó que lo hubiese conocido.

¿Tienes asma?  Jesús sabe lo que es luchar por alcanzar resuello.  Fue en la particular tortura de la crucifixión en la que la victima eventualmente se asfixia de jalarse hacia arriba para alcanzar aire, y entonces dejarse caer otra vez.

Algún día los pequeños dolores de nuestras vidas serán magnificados.  Las decadencias de la ancianidad nos harán caer de rodillas, y oraremos una vez más, Jesús, acuérdate de mi.

Y entonces el que fue obediente hasta la muerte, hasta la muerte en una cruz, nos dirá, -Este día, tú estarás conmigo en el Paraíso.-

 ¿Qué sufrimiento en particular de tu propia vida también sufrió Jesús?

Kathy McGovern ©2016

Kathy McGovern © 2014-2015

Quinto Domingo de Cuaresma – Ciclo C

14 marzo 2016

Reflexionando sobre John 8:1-11

 Que no se te escape el tema oculto en las tres maravillosas lecturas de hoy.  La iglesia las ha elegido cuidadosamente.  Esa pobre mujer que fue arrastrada hasta donde estaba Jesús para que él la condenara- los fariseos sabían que no podían matarla, por supuesto, pero querían que todos presenciaran a Jesús desafiando las escrituras que decían que ella debería- ciertamente morir- con seguridad no había salida para ella.  Ella tenia de frente a los fariseos cargando las piedras, y detrás a su pasado difícil.  Y ahí, escribiendo en la tierra, estaba el Rabí.  Ella pronto comprendería que él, quien tenía por segundo nombre MISERICORDIA, era su salida.

¿No te encantaría saber lo que Jesús estaba escribiendo?  Sugiero que fue derechito a las escrituras y escribió el versículo que oímos hoy de Isaías: No recuerden los eventos del pasado; no consideren las cosas que sucedieron hace tanto tiempo; vean, que estoy creando algo nuevo!  ¿Se dan cuenta?

O tal vez estaba escribiendo lo que su gran apóstol, San Pablo, diría después a los Filipenses: Olvídense de lo que quedo atrás; esfuércense por lo que está por venir.

Jesús nos tenia en mente mientras escribía, de eso estoy segura.  Nos ruega que recordemos la misericordia de Dios en el pasado, y que no recordemos las injusticias y perdidas y penas que nos han clavado en la tierra, dejándonos incapacitados de movernos hacia enfrente.

No sabemos lo que le sucedió después a la mujer “descubierta en el adulterio.”  ¿Se pasó el resto de su vida amargamente recordando esa experiencia humillante?  ¿O valientemente entró en su nueva vida, llena de la gracia y siempre recordando su encuentro con Jesús?

Dios siempre esta haciendo algo nuevo en tu vida.  ¿Te das cuenta de ello?

¿Qué tan abierto estás a la gracia de “no recordar los eventos del pasado”?

Kathy McGovern ©2016

Kathy McGovern © 2014-2015

Cuarto Domingo de Cuaresma – Ciclo C

7 marzo 2016

Reflexionando sobre Luke 15:1-3, 11-32 

Por más de veinte años, la diócesis de Saginaw, Michigan estuvo encabezada por el brillante y sabio Obispo  Ken Untener.  Él era conocido como el gran reconciliador.  Las heridas no infectaban a su diócesis.  Tu verás porque en esta pieza hermosa, El Padre que Perdona- Con el Giro de una Madre, el cual generosamente me han permitido re-publicar para uso de una única vez aquí.

Mientras que el padre y el hijo mayor están discutiendo en el patio trasero, la madre sale y dice –Ahora si que he tenido suficiente.-

A su marido: – Tu siempre has favorecido a nuestro hijo menor y lo sabes.  Nuestro hijo mayor trabaja muy duro todos los días y tú lo das por dado.  Raramente te oigo decir –gracias- al menos que sea para los trabajadores.  Ya es hora de que empieces a pensar en tu familia, para variar.-

Entonces al hijo mayor: – Y tú… siempre el mártir.  Actúas como si fueras el único que le echa todas las ganas.  Bueno, yo también lo tengo que hacer y también todos los demás.  Es hora que aprendas a aguantarte y a sobrellevar las cosas de la vida que son injustas.  Deja ya tu berrinche tonto.-

Entonces ella va por el hijo menor.  – Y tú, el principito echado a perder- ahí celebrando y ni siquiera se te ha ocurrido pensar en tu hermano y pedirle perdón por haberlo dejado con todo el trabajo.  Es hora que te des cuenta que todo el mundo no da vueltas alrededor de ti.-

Entonces a los tres: -Arreglen sus diferencias en otro momento.  Tenemos visita, así que entren ahí y compórtense como una familia en vez de actuar como niños de tres años.-

La reconciliación puede ser complicada.  Pero esa no es excusa para no reconciliarse.

 ¿Tienes algún pleito continuo en tu familia que necesita el amor duro de una mama?

 Re-impreso de The Little Black Book basado en las escrituras del Obispo Ken Untener. Aprende mas en  www.littlebooks.us 989-797-6653

Kathy McGovern © 2014-2015