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La Asencion del Senor – Ciclo B

Reflexionando sobre Actos 1: 1-11

Se supone que deberíamos irnos a Jerusalén.  No sabemos por qué.  Estamos ansiosos de irnos, de llegar ahí, donde asesinaron a los profetas y crucificaron al Salvador.  Queremos hacer lo que él nos pidió que hiciéramos antes de que se lo llevaran.  Queremos ser sus testigos hasta los confines de la tierra, y estamos listos para ir YA.

Pero él nos ordenó que nos quedáramos aquí en Jerusalén hasta que fuéramos “Bautizados en el Espíritu Santo”.  Lo que sea que eso signifique.  Nos da terror quedarnos.  Pasamos noches sin sueño, esperando que los Romanos vengan con sus antorchas y sus espadas a hacernos lo que le hicieron a nuestro Cristo.

Pero no han venido.  En vez de eso, pasamos el tiempo recordándolo.  Hablamos de nuestros años con él.  Susurramos con asombro antes las señales que presenciamos.  Asentimos con la cabeza cuando uno de nosotros pregunta -¿Realmente vimos a esas cinco mil personas llenarse con cinco panes y dos pescados?  ¿Era realmente Jesús en Galilea aquella noche de la tormenta?  ¿Realmente murió ese día en el Calvario?  ¿Y estaba realmente la tumba vacía cuando las mujeres la visitaron después del día de reposo?-

Su madre esta aquí con nosotros, quedándose en el cuarto de arriba.  Ella quiere oír estas historias una y otra vez.  Y ella tiene muchas historias propias, historias que no habíamos oído antes.  En la noche que él nació en Belén, por ejemplo, los ángeles llenaron el cielo con cantos.

¿Es eso lo que esperamos? ¿Ángeles en el cielo?  No lo sabemos.  Jerusalén va a estar llena de gente la próxima semana para el festival de Pentecostés.  Tal vez algo suceda entonces.

¿Qué intenciones especiales esta poniendo usted en oración durante la novena de Pentecostés?

Kathy McGovern © 2014-2015

Pascua - Ciclo B

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