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Vigésimo Tercer Domingo Ordinario – Ciclo A

11 septiembre 2014

Reflexionando sobre Salmo Responsorial 95:1-2,6-7,8-9

¿En qué estado se encuentra tu Corazón hoy día? ¿Irascible? ¿Triste? ¿Sumiso? ¿Rígido? Détente por un minuto y obsérvalo, el salmo responsorial es muy claro: si Dios te habla hoy, no endurezcas tu Corazón. La voz de Dios la escuchan mejor los que mantienen su corazón flexible y tangible.

El mortal virus e bola esta aterrorizando a todos, pero es otra enfermedad altamente contagiosa- particularmente virulenta en los Estados Unidos- que se transmite rápidamente. He aquí una pequeña prueba para asegurarte de que no te has infectado con el temido endurecimiento del Corazón.

  1. Tu amigo o amiga en perpetuo estado de mala suerte necesita tu aliento y atención. Tú le llamas nuevamente
  2. El correo llega, y tu lees por lo menos una de las cartas que piden caridad. La colocas a un lado y consideras agregarla a tu lista de donaciones.
  3. Los himnos se están entonando, el evangelio se lee, la homilía es escuchada, y las intenciones generales se oran. Te conmueves, y se hace un cambio en ti, y tomas nota para recordar a las personas por las que estamos pidiendo esta semana.
  4. Algunas veces te sientes secretamente aliviado de que tus hijos quieran jugar más con sus aparatos electrónicos que hablar contigo, pero tú no te rindes. Tú limitas su consumo de tecnología y los invitas a pasar un tiempo de calidad con la familia.
  5. Tu nunca te cansas de pensar que la gente puede cambiar, y pones en riesgo el afecto de aquellos que están cercanos a ti al animarlos a que enfrenten sus debilidades y se sobrepongan victoriosos.
  6. Tú nunca dejas de creer en el poder de Jesucristo de transformar vidas.

¡Felicidades! Estas libre del virus. Ahora mantente trabajando en inocular a todos nosotros

¿De qué manera estas ayudando a limitar el endurecimiento de corazón en el mundo?

Inscríbete hoy mismo y únete a la conversación.

Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Sylvia Gould

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Kathy McGovern © 2014-2015

Tiempo Ordinario - Ciclo A

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