Monthly Archives: marzo 2014

Tercer Domingo de Cuaresma – Ciclo A

24 marzo 2014

Reflexionando sobre John 4: 5-42

Dame de beber. Lo digo en serio Jesus. Estoy sedienta.

Estoy sedienta, y sé que eso es exactamente lo que quieres escuchar. Mi vaciedad es la contraseña que desbloquea tu gracia, y ¡ah! como la necesito.

Supongo que, como tu gran discípula samaritana, he tenido cinco esposos también. Los suyos fueron las cuatro religiones que había practicado por los esclavos asirios a samaria hace setecientos años. Los habitantes de babilonia, de Cuta, de Ava, de Hamat, y Sefarvain no sabían nada de Jacob o Moisés, o de los grandes profetas Amós y Oseas.

Bueno, para ser honesta, ni Amós u Oseas pudieron terminar con la sordera de los habitantes de Samaria de hace tantos años. Tenían el pozo que su ancestro  Jacobo excavó, interpretaron insinceramente las leyes de Moisés, sin embargo siguieron quemando a sus hijos vivos en los altares dedicados a los dioses cananitas. Así que había definitivamente grandes espacios en sus corazones para los atractivos dioses de los forasteros que llegaron con los asirios.

Deje mi Corazón bastante abierto también para cinco maridos también, y me esclavizaron. Sus nombres son Confort, y Comida, y Seguridad, y de personas que lucen como yo, y (mi amo más poderoso), La Consideración Positiva de Todos los que Conozco.

He bebido profundamente de esos pozos, pero solo lograron ponerme más sediento otra vez. El Confort y la Comida y la Seguridad me dejaron apática e inútil. Y la verdad es que, y las caras de tu pobre no lucen como yo, y aquellos que se preocupan por ellos solo por TU consideración positiva. Dame un trago del pozo de donde ellos beben y por lo que están tan satisfechos.

Llena mi copa, Señor. Estoy finalmente levantándola.

¿Que “esposos” te han dejado insatisfechos?

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Sylvia Gould

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Kathy McGovern © 2014-2015

Segundo Domingo de Cuaresma – Ciclo A

19 marzo 2014

Reflexionando sobre Matt. 17: 1-9

He pensado mucho últimamente en “papi hambre”, el termino para toda una generación de hombres y mujeres jóvenes que crecieron sin un padre en casa. Las prisiones están llenas de ellos- hombres que no tuvieron un padre quien los amara y buscaron a “papi amor” participando en las pandillas, y las mujeres que compran armas para hacer felonías y se ponen en gran riesgo en manos de peligrosos hombre quienes les brindaron la atención que necesitaban.

La otra parte de la historia es el padre desinteresado, violento, y degradado cuya presencia fría y sin amor sirve como modelo a muchos niños y adultos. Papi no puede decir “Buen trabajo, estoy orgulloso de ti” porque nunca lo escucho de su propio  padre. Escarba la superficie en la vida de un hombre crónicamente depresivo de cualquier edad, y a menudo encontraras a un padre emocionalmente inexistente en el centro de sus heridas.

Pero no Jesús. Desde el momento de su bautismo en el Jordán hasta el momento dela  revelación en la transfiguración en el Monte Tabor, el Padre le dice a Jesús quien es El: Mi Hijo amado en quien tengo mis complacencias.

¿No sería este mundo un lugar diferente si los niños, jóvenes en particular, escucharan esto de sus padres regularmente? Si, este es mi hijo amado. ¡Me hace sentir orgulloso todos los días!

Este es el pedacito de cielo del  que aprendemos primeramente en los evangelios; Jesús es el Hijo amado del Padre celestial quien lo reclama, y lo nombra, y está muy complacido con él. Es ese conocimiento profundo de ser eternamente amado lo que fortalece a Jesús para regresar al Tabor y enfrentar a Jerusalén y a su destino.

¿De qué manera presencias a “papi hambre” en el mundo?

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Sylvia Gould

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Kathy McGovern © 2014-2015

Primer Domingo de Cuaresma – Ciclo A

14 marzo 2014

Reflexionando sobre Gen. 2:7-9; 3:1-7

¿Que puede haber en una mentira para que resulte mucho más cómoda que la verdad? Pienso que cualquier mentira que corrobora nuestros más secretos deseos-y que por cierto es lo  que eventualmente nos mata- encontrará siempre un lugar de bienvenida en nosotros.

El enemigo comienza con una mentira al sugerirle a Eva que Dios le ha prohibido todos los arboles del jardín. Oh no, dice Eva, solamente de la que está en medio.

¿En serio? No lo puedo creer. Estoy indignado por ti. ¿Porque no DEBERIAS tenerlo todo?

¿Y sabes qué? Hay una parte en nosotros que piensa que si deberíamos tenerlo todo. Solo dame una razón, cualquier razón, del porque debería de consumir mucho más de la parte que me corresponde de los recursos mundiales y daré un respiro de alivio. Ningún punto opuesto de vista encontrara un oído más atento.

O sugiere, como lo hizo la serpiente, que debería de dudar de los demás, que me están dejando fuera de la jugada a propósito, o que mi experiencia es mucho más exquisitamente dolorosa que  el resto de la humanidad, y que amorosamente alimentare esa mentira por el resto de mi vida.

Esa Mentira Original, que se nos está secretamente excluyendo por un Dios conspirador- y agrega que también lo han hecho un padre, o maestro, o compañeros de trabajo, o amigos- es nuestra Herida Original. Y nosotros voluntariamente abrimos esa herida una y otra vez.

Un millón de años después el Tentador  dijo las mismas mentiras a Jesús. Pero el nuevo Adán rechazó a Satán, y a sus obras, y a todas sus promesas bacías. Y al final de esos cuarenta días nos reuniremos en la fuente de la Pascua, renovaremos nuestras promesas bautismales, y rechazaremos al  padre de la Mentira una vez más.

¿Que mentiras has resuelto rechazar esta Cuaresma?

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Sylvia Gould

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Kathy McGovern © 2014-2015

Octavo Domingo Ordinario – Ciclo A

3 marzo 2014

Existe un momento en la serie de televisión de hace algún tiempo llamada Treinta y algo y que ha permanecido conmigo todos estos años. Uno de los protagonistas principales era un ávido ecologista que no manejaba un auto. El manejaba su bicicleta durante las cuatro estaciones del año, y sus amigos se preocupaban de que un día pudiera ser golpeado por un auto, o resbalar en el hielo y caer en el tráfico, o caer en un bache y romperse las costillas, o recibir una picadura de abeja en la lengua y chocar su bicicleta y derrapar diez yardas hacia el trafico.

No, Espera un momento. ¡Eso es el currículum de la bicicleta de mi esposo Ben! El ciclista en la serie de televisión fue asesinado repentinamente en un episodio, y en efecto, fue un accidente de auto, pero el giro inesperado fue que esa noche el ecologista era pasajero en un auto que fue alcanzado por un conductor ebrio.

¿No sucede siempre así? Decidimos  las cosas por las que nos preocuparemos, y consagraremos nuestras noches de desvelo y nuestros años a ellas, y algunas veces las cosas por las que hemos estado preocupados suceden a tiempo, pero muy a menudo son las cosas en las que nunca pensamos llegarían y resultan ser las que nos hacen arrodillarnos. Eso es lo que Jesús quiso decir al expresar: A Cada día le bastan sus propios problemas. Cada día trae sus propios desafíos, y después las benditas noches de sueño reparan nuestra psique y nos preparan para el siguiente día. O, como el autor del Génesis escribió tan bellamente cuando se refiere a la obra de Dios durante los seis días de la creación, y atardeció y amaneció.

Hubo, por supuesto, esa angustiosa, noche de insomnio en el Getsemaní, y los terrible hechos del día siguiente. Pero atardeció el Viernes Santo, y amaneció la Pascua. Jesús se ha Ganado el derecho de decirnos que dejemos de preocuparnos.

¿Qué preocupaciones te han hecho perder el sueño?

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Sylvia Gould

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Kathy McGovern © 2014-2015