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Sexto Domingo Ordinario – Ciclo A

17 febrero 2014

Reflexionando sobre Matthew 5: 17-37

Ahora que las grabaciones con las entrevistas a Jaqueline Kennedy han sido publicadas, sabemos del fascinante consejo que su esposo le dio sobre cómo manejar  la hostilidad que sentía hacia algunos invitados a las cenas en la Casa Blanca. Le dijo, “Jackie, no puedes pensar estas cosas ofensivas sobre la gente, aún en privado, porque algún día, esos pensamientos se escurrirán de tu boca en alguna cena de estado, y lo que escucharas después será que estamos en guerra con Rusia.”

Muy Cierto. Tal vez eso es lo que Jesús quería explicar cuando dijo que el insultarse uno a otro es como el cometer un asesinato. Las palabras crueles dirigidas a las personas no son fáciles de olvidar, no importa que tanto le aseguremos al amigo arrepentido que todo está olvidado. La trayectoria general de las palabras hirientes es herir los sentimientos, lo cual vuelve aun mas hiriente al agresor original, pero dichas a otros porque supuestamente hemos olvidado el insulto inicial y no contamos con un modelo culturalmente aceptable como para decir,” Tu realmente heriste mis sentimientos el mes pasado, pretendí perdonarte, pero en vez de eso fui con varios de nuestros amigos y les conté toda clase de mentiras sobre ti porque no podía ir contigo y decirte: Olvida lo que dije sobre el perdonarte.”

Así que, la manera de evitar todo esto es ponerse en ayuno de pensar cosas poco caritativas sobre los demás. Esto es hoy más difícil de hacer que nunca ya que el insultar creativamente a las personas es el pasatiempo nacional de los medios de comunicación, especialmente en tiempos de elecciones (¿y cuando no es tiempo de elecciones?).  Ayuna de imaginar algún comentario cruel que te gustaría lanzar como una púa a alguien, y las probabilidades son que nunca lanzaras esa púa, haciendo esto va a mantener a esa persona lejos del deseo de llegar a ti con un hacha.

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Sylvia Gould

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Kathy McGovern © 2014-2015