Monthly Archives: enero 2014

Tercer Domingo Ordinario – Ciclo A

26 enero 2014

Reflexionando Sobre Matthew 4:12-23

Y así comienza. El Espíritu Santo se cierne sobre Jesús, y anuncia su identidad como el propio Hijo de Dios. Poco después, Juan es arrestado y puesto en prisión. Ha llegado el momento, la hora marcado desde el inicio de los tiempos. Jesucristo se aleja de los cómodos barrios judíos de Nazaret y funda la era de la Gracia en la Galilea de los gentiles.

Los que caminaban en la oscuridad, ahora pueden ver una gran Luz. Su nombre es Jesús, y esta viviendo, y predicando, y sanando entre ellos. Y les llama a salir de sus barcas e iniciar la mayor aventura de pesca de todos los tiempos.

Algunas veces solo sabes que ha llegado la hora. El tiempo de crecer. El tiempo de alejarse. El tiempo de dejar a un lado conductas infantiles, mezquinos resentimientos, hábitos enfermizos, e ideas inmaduras sobre Dios que te mantienen a una distancia segura (pero tan arriesgada) de Aquel que es DIOS con nosotros.

La distancia entre Nazaret y Cafarnaun era de solo 48 millas. Aveces los mas largos de nuestros viajes son mas cortos en distancia que este, pero cuando reflexionamos sobre ello exclamamos: “Si, es cuando mi vida cambio para siempre”. Jesús sabia que era el tiempo de extender sus brazos a todas las personas, gentiles o judíos, para sanar y consolar, para capturar a toda la creación en su abrazo seguro, y dejar que la angustia desapareciera.

Con el tiempo, esos mismos brazos sanadores se extenderían en la cruz. ¿Sabia Jesús que cuando dejaba la pequeña Nazaret era para pescar a Pedro y a Andres, y a Santiago y a Juan en la red de la eternidad? Nos pesco a nosotros también, por supuesto. Le vivimos en eterna gratitud por ello, y esperamos ser su mejor pesca.

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Sylvia Gould

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Kathy McGovern © 2014-2015

Segundo Domingo Ordinario – Ciclo A

19 enero 2014

Reflexionando Sobre John 1: 29-34

No le conocía. Esto es una verdadera confesión, especialmente viniendo de Juan el Bautista, el mismo que fue enviado a anunciar su llegada. Incluso Juan no le conocía, pero el día en que Jesús se apareció en Betania al otro lado del Jordán todos los misterios de la vida de Juan finalmente tuvieron un enfoque para él.

Ah. Fue por esto que gritaba en el desierto. Fue por esto que viví una vida ascética, en el celibato. Fue por esto que estuve de pie en el rio Jordán bautizando. Fue por esto que, lo proclamaba y le reconocía, porque sabía que para esto había nacido. (Y fue por esto que Juan, poco después, diría la verdad a Herodes y seria martirizado por ello.)

Tal vez te sientas como Juan. Estás trabajando duro. Eres voluntario en algún lugar. Estás formando una familia, entrenando el equipo de voleibol, enseñando a los niños sus oraciones, y orando por ellos con todo tu corazón.

O tal vez ahora ya estás retirado. O has enviudado. O nunca te casaste. Y todavía realizas tus ofrendas matutinas como siempre lo has hecho: Aquí estoy Señor. He venido a cumplir tu voluntad.

Como Juan, continuas presentándote para la vida que Dios te ha dado. Algunas veces te preguntas si tus oraciones serán algún día escuchadas. Otras veces te preguntaras el por qué toda una vida de fidelidad a Él parece tener tan poco significado a los demás. Pero de vez en cuando experimentas la gracia de llegar al reconocimiento de que: Cristo, a quien tu corazón anhela, está aquí contigo.

Y el Espíritu se cierne.

¿De qué manera en tu vida te haces “presente” para Cristo?

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Sylvia Gould

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Kathy McGovern © 2014-2015

Festividad del Bautismo del Señor – Ciclo A

12 enero 2014

Reflexionando Sobre Mt. 3: 13-17

Algunas veces me encuentro con una palabra que parece seguirme hasta que le presto atención. Por muchos años esta palabra ha sido “someter”.

Someter. Esta es una palabra tan llena de gracia que lo único que necesitamos es confiar en ella, solo descansa en ella y deja que sus misteriosos consuelos nos filtren. ¿Como seria si nos permitimos someternos en nuestras relaciones familiares y, misericordiosamente, permitimos que cada uno de nuestros impecables hermanos, padres e hijos sean ellos mismos? La verdad es que, en miles de maneras desconocidas para nosotros, ellos se han sometido también en su deseo de cambiarnos a nosotros a través de los años.

Jesús inicio su ministerio público no enseñando o sanando, sino sometiéndose. Sometió a las heladas aguas del Jordán, aunque antes del inicio del tiempo el diseñò las montañas cuyas nevadas alimentarían a los ríos, sometió al tiempo y al espacio y le pidió a Juan que lo bautizara, aunque Juan se asombró de que El sin pecado permitiera tal ironía.

Juan tuvo que someterse también. Él hubiera preferido mucho mejor ser bautizado por Jesús, pero el lo “permitió”, se sometió también, porque Jesús se lo pidió. El inmediatamente recibió los dones por haberse sometido, porque después pudo ser testigo de que los cielos se abrieran y se anunciara a Jesús como el Hijo muy Amado de Dios.

¿Existe una tristeza crónica o una enfermedad en tu vida por continuar haciendo los mismos errores una y otra vez, o por las injusticias que has experimentado hace mucho tiempo? ¿No estas cansado ya? Trata de rendirte a la lucha. Sométete. Y después deja la paz correr como un río.

¿Has experimentado una gracia reciente por “someterte”?

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Sylvia Gould

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Kathy McGovern © 2014-2015

Solemnidad de la Epifanía del Señor – Ciclo A

5 enero 2014

Reflexionando sobre Mt.2: 1-12

Últimamente me he entretenido con los juegos para el cerebro de Lumosity.com. Me gustan los que me retan a mirar las cosas desde un ángulo diferente para lograr resolver el crucigrama. Cuando trato de resolverlo desde mi estrecha perspectiva siempre pierdo. Pero cuando abro mis ojos a una nueva dirección, repentinamente aparece la solución, y me parece tan sencilla, que me pregunto cómo no la descubrí anteriormente.

Los Reyes Magos eran fabulosos en eso. Probablemente eran de Persia, buscando en los cielos las señales astrológicas, cuando descubrieron esta Estrella dominante, y se sintieron tan atraídos a ella que dejaron todo para seguirla por dos años. ¿Y a donde los dirigió? Muy lejos, hasta el corazón de Jerusalén. Tal vez esa sea la razón por la que supusieron que la estrella estaba anunciando el nacimiento del rey de los judíos.

Hablando de actitud receptiva. Ellos no eran hebreos, pero estaban dispuestos a cambiar el rumbo de sus vidas para poder encontrar a este Rey Judío y rendirle homenaje. Entonces, encantados por haberle encontrado en Belén, pusieron atención a sus sueños y cambiaron su rumbo nuevamente, regresando a casa por otro camino y llevar así a la Sagrada Familia con algo de ventaja en su huida de Herodes hacia Egipto.

Treinta y tres años más tarde, el ortodoxo, respetuoso de las Leyes Saúl de Tarso, encontraría a ese mismo Jesús, ahora resucitado y  ascendido al cielo, como una Luz cuyo brillo cegador lo detuvo a su paso. Pablo dejo el camino a Damasco y cambio la dirección de su vida, y de esta manera la dirección de la historia del mundo.

Pregúntale el nacimiento de quien fue pregonado por una estrella y  te da la gracia para descubrir un nuevo camino este año.

¿Qué callejones sin salida quisieras dejar de perseguir este año?

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Sylvia Gould

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Kathy McGovern © 2014-2015