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Tercer Domingo de Adviento – Ciclo A

14 diciembre 2013

Reflexionando sobre Mat. 11: 2-11

La Espera. Es insoportable. Y no me refiero a la espera usual: como hacer fila, o en el tráfico, o en la oficina del médico. Esas son esperas que ayudan a formar nuestro temperamento y nos brindan diariamente una oportunidad para orar por todas las personas, las que llegaron a la oficina de correos antes que nosotros, por las que están soñando despiertos cuando se hizo el cambio en la señal del semáforo, por los que estaban recibiendo malas noticias de su médico mientras nosotros leíamos revistas en la sala de espera.

Hoy estoy hablando de la clase de espera que es realmente dolorosa. Como la de esperar que el medicamento par alas nauseas funciones cuando tienes gripe estomacal. O como cuando esperar a que la puerta de tu estacionamiento funcione cuando tus adolescentes están con dos horas de retraso. O cuando esperas los resultados de la biopsia realizada a ese lunar de bordes irregulares.

Parece que toda la creación se agita en un constante estado de espera. Las ardillas son buenas para la espera. Almacenan semillas y nueces debajo de sus nidos a finales del verano, después se despiertan de su sueño durante el invierno para comer lo que sabiamente han almacenado. Los osos son expertos en esto también. Almacenan grasa corporal antes del invierno, y después entran en estado de hibernación en un sueño tan profundo, que no despiertan hasta la primavera. Después toman su propio rumbo. Están famélicos a causa de los meses de espera.

Y no te atrevas a mencionar la palabra “espera” a las mariposas. Ellas son las superestrellas de la creación en cuanto a espera se refiere.

Juan el Bautista, encerrado en la prisión de Herodes, sabía que se acercaba el final de su espera terrenal. Envió a sus discípulos para que vieran y escucharan al Único a quien los profetas habían anunciado.

Ve y cuenta a Juan lo que has visto. El ciego ve, el cojo camina, los pobres han recibido la Buena Nueva que se les predicó.

La noche oscura se ha marchado. Al fin inició un día brillante.

¿Qué es lo que tu estas esperando?

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Sylvia Gould

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Kathy McGovern © 2014-2015

Navidad - Ciclo A

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