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Undécimo Primer Domingo Ordinario – Ciclo C

La semana pasada mi esposo Ben me invitó para que lo acompañara a la procesión de Corpus Cristi en la histórica iglesia de la Anunciación. Como algunos vecinos curiosos salían a observar la procesión, Ben (y yo con  actitud renuente, me remolcaba) se acercó a ellos y les preguntó si asistían a la iglesia en algún  lugar y de no ser así, si habían considerado la posibilidad de unirse a la parroquia Anunciación.

Fue una maravillosa, positiva experiencia hablar con las amables personas  y de buen corazón que nos dieron la bienvenida. Un hombre, sin embargo, nos impactó. El agitó su mano en dirección a un edificio de apartamentos en ruinas y dijo: “Observen a su alrededor”. La Iglesia Católica no se preocupa por los pobres.”

Miramos a nuestro alrededor, y nos percatamos de tres cosas. Por lo menos ocho casas del vecindario fueron renovadas en los 90’s por los socios de la iglesia de Anunciación con el fin de ayudar  a familias de bajos recursos  para que compraran sus propias casas. El departamento para la Vivienda Arquidiocesana financió los vecinos Apartamentos de Humboldt. Y el Laboratorio de Computación de la Hna. Mary Lucy Downey proporcionó el espacio para tutorías gratis después del colegio.

Esa “mujer pecadora” en el evangelio de hoy lo entendió muy bien. Si quieres mostrarle a alguien lo agradecido que estás por  haber sido perdonado, dale agua para que  asee, un beso para que salude, y aceite para ungir. Es decir, proporciona a las familias trabajadoras la manera de comprar sus propias casas, obtener apartamentos asequibles para aquellos que son pobres, y proporciona tutorías para después del colegio para los niños.

Las palabras de Pablo hoy, siempre sonaran ciertas. Entramos al cielo porque nuestra Fe en Jesús nos moldea para entrar al cielo. Pero es la diaria hospitalidad mostrada a aquellos que están sin hogar, pasando apuros, o que necesitan ayuda con su tarea de matemáticas, la que revela la profundidad de nuestro agradecimiento, que no somos más nosotros, sino Cristo quien vive en nosotros.

¿Qué actos de hospitalidad desempeñas para expresar tu gratitud hacia Dios?

Inscríbete hoy mismo y únete a la conversación.

Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Sylvia Gould

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Kathy McGovern © 2014-2015

Tiempo Ordinario - Ciclo C

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