Monthly Archives: febrero 2012

Primer Domingo de Cuaresma – Ciclo B

26 febrero 2012

Reflexionando sobre.- Primera Epístola de San Pedro 3:18-22

He aquí la pregunta: En que momento exacto se abrieron los cielos? Fue acaso en el momento de la crucifixión (ver Mat. 27:52-53)? Y a que lugar exacto se dirigió el espíritu de Jesús cuando su cuerpo yacía en la «morada de los muertos?»

La segunda lectura de hoy (I Pedro 3: 18-22) nos sugiere una tentadora respuesta: Jesús también fue (en Espíritu) a predicar a los espíritus encarcelados, a los que se negaron a creer en Dios en tiempos de Noe …

Esta frase enigmatica se convirtio en una base de las escrituras para el segmento en el cual el Credo de los Apostoles afirma «descendio a los infiernos».

Lo solíamos repetir cada domingo, pero que significa realmente esto? Hablando sobre este misterio,les comparto a continuación, una parte de un antiguo poema escrito por un desconocido autor cristiano y que me encanta.

La tierra se estremece y se detiene porque Dios se ha dormido en la carne y ha resucitado a todo aquel que permanecía dormido desde el inicio del mundo. Dios ha muerto para la carne y el infierno se estremece horrorizado. Ha ido en busca de nuestros primeros padres, a liberar de sus penas a los cautivos Adán y Eva. Los tomo de la mano y los resucito diciendo: «Despierten, oh durmientes, y levántense de entre los muertos, que Cristo les trae su luz».

De que manera trabaja el espacio y el tiempo con Dios? En verdad habían esperado «todos aquellos que permanecían dormidos desde que el mundo era» todos esos miles de anios, en «tiempo real»? O existe tal vez una «arruga en el tiempo», un simple parpadeo que separa esta vida (y la muerte) de la eternidad?

Tened paz. El Dios de cielos y tierra (y debajo la tierra) ha salido a buscarnos.

?Es difícil imaginar que el infierno pueda estar vacío?

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Sandy Gould

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Kathy McGovern © 2014-2015

Séptimo Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B

19 febrero 2012

Reflexionando sobre Evangelio según San Marcos 2:1-2

Uno de mis momentos más emotivos de mis días en el colegio es con mis amigos Jim y Mary. Ellos habían sido novios en la preparatoria, y despues se matricularon en universidades  que estaban en lados opuestos del pais. Pero por un corto tiempo durante el verano, en su primer ano estuvieron juntos en Denver. Una noche, James Taylor llego inesperadamente para ofrecer un concierto improvisado a cientos de asombrados  estudiantes en el patio de la Universidad de Denver.

Ahora bien, Jim estaba viviendo ahi  ese verano, y Mary se encontraba al otro extremo de la ciudad. Mientras iniciaba el concierto, Jim llamo a Mary para pedirle que se apresurara en llegar, lo mas rapido possible! Pero Mary no tenia auto ni manera de como llegar. Asi que Jim, quien no podia soportar la idea de disfrutar esa hermosa experiencia sin Mary, atraveso la ciudad para recogerla y regresar volando, llegaron a tiempo para escuchar las ultimas canciones juntos. Y saben que? Fue algo que valio   la pena.

Recuerdo esa historia mientras me complazco en el amor que esos cuatro amigos tenian por el paralitico del Evangelio de hoy. Sin importar lo que se tenia que hacer, incluso cargarlo a traves del pueblo y bajarlo por el techo, ellos llevarian a su amigo enfermo ante la presencia de Jesus. No importaba si ellos no podian entrar.

En algunos momentos de nuestra vida, alguien nos llevo ante Jesus. Quiza fueron nuestros padres, quienes nos trajeron a las puertas de la iglesia para nuestro bautismo. Quiza fue un amigo, quien nos dijo “Vengan y vean.” Gracias sean dadas a Dios por su caridad, ya que ahora nosotros tambien podemos decir, “Oh Jesus. Que dulzura ser amado por ti.”

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Sandy Gould

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Kathy McGovern © 2014-2015

Sexto Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B

11 febrero 2012

Reflexionando Sobre Evangelio según San Marcos1: 40-45

El leproso, arrodillado ante Jesus, se pregunta si el quiere sanarlo. Si tu quieres, tu puedes limpiarme, le dice. Pero tal vez no lo deseas. Tal vez, tu eres un Dios con poder de curacion maravilloso para mitigar nuestros sufrimientos, nuestra ceguera, nuestra cojera, nuestra posesion diabolica, pero simplemente no quieres hacerlo.  Y eres asi convencido y adulado y manipulado por por todos los que estamos enfermos.

Debo admitir que me he acercado a Dios de manera similar. Ahora escucha, Dios, esta es la pequena de la que estabamos hablando. Esta sufriendo. Tu amas a los ninos, recuerdas? Tienes el poder de sanarla. Dios, si tu quieres, tu puedes sanarla. Yo se que puedes hacerlo. Permite que mis palabras te convenzan para tener misericordia.

Pensamos que debemos endulzar nuestras palabras al dirigirnos a Dios para convencerlo de ser compasivo porque, a pesar de nuestras oraciones, sondeos, nuestros gritos, eventualmente los que amamos, de todas maneras mueren. Dios, si tu quieres, tu puedes salvarnos de la muerte! Y si la muerte llega, inevitablemente concluimos que Dios simplemente no quiso salvarlos.

Sin embargo, encuentro un gran consuelo en la traduccion de la Biblia de Jerusalen de 1966. cuando el leproso dice a Jesus, si tu quieres, tu puedes hacer que quede limpio, Jesus responde, por supuesto que quiero!

Por supuesto que quiero. Eso es todo lo que necesitamos saber. Jesus nuestros Sanador quiere sanarnos. El por que aun asi sufrimos y morimos  es un misterio que continua presente. Pero la victoria de la muerte tiene una vida muy corta, ya que el Dios que nos ama sabe perfectamente donde encontrarnos despues de que hemos dado nuestro ultimo suspiro. Y oh Senor, entonces iniciara nuestra verdadera curacion.

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Sandy Gould

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Kathy McGovern © 2014-2015

Quinto Domingo Tiempo Ordinario – Ciclo B

4 febrero 2012

Reflexionando Sobre Evangelio según San Marcos1:29-39

Todos te están buscando a ti, Jesús.

La mayoría del tiempo no nos damos cuenta. Cuando  nos sentimos bien, y nuestro trabajo tiene un sentido para nosotros, nuestra familia está bien, se nos olvida cuánto anhelamos  encontrar a Jesús, como esos sufridos creyentes  del Evangelio de hoy.

Aunque algunas veces, unas cuantas horas de enfermedad nos pueden poner de rodillas, y cuando experimentamos el toque sanador de Jesús a través de los doctores que Dios nos ha enviado, sentimos una conexión especial con la suegra de Simón, quien se regocijó de su renovada fortaleza y se levantó inmediatamente de su  lecho para atender  a Jesús.

El Libro de Job nos permite echar una mirada al sufrimiento, y su descripción de las “noches atribuladas” le permite traer la verdad a todo aquel que ha experimentado la agonía de un hijo, la pérdida de un amor, o los sufrimientos de una enfermedad. Pese a todo, Jesús, nuestro Sanador permanece frente a nosotros. Y Job vivió siglos antes de poder conocerlo.

Todos te están buscando a ti, Jesús.

Jesús, estamos enfermos. Tócanos. Estamos buscando trabajo, ayúdanos. Estamos ansiosos, con dudas, o seducidos por las mentiras de este mundo que ha olvidado buscarte. Jesús, sálvanos. Camina a nuestro lado para que nosotros podamos mantenernos cerca de ti.

Jesús, todos te están buscando. Pero el profeta Jeremías ya se ha dirigido a ti: Cuando me busquen, me encontrarán, porque me buscarán de todo corazón,  y yo me dejaré encontrar por ustedes (29:13-14).

Busca a Jesús esta semana. El hizo la promesa de dejarse encontrar.

¿Te puedes colocar entre los amigos que pueden ayudar a encontrar a Jesús?

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Sandy Gould

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Kathy McGovern © 2014-2015