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Trigésimo-Primer Domingo – Ciclo A

30 octubre 2011

Reflexionando Sobre Matthew 23: 1-12

¿No te encanta la gente que hace cosas santas y maravillosas todos los días, fuera de nuestra vista? De vez en cuando accidentalmente los descubrimos haciendo algún bien, y me parece importante que lo hagamos. ¿De qué otra manera podríamos ser inspirados y edificarnos con su ejemplo, si nunca nos enteramos que acompañaron en el hospicio a un vecino anciano durante sus últimos meses de vida? O que han confortado amorosamente a una esposa mentalmente enferma, o que han cantado y bailado tras bambalinas con una hermosa niña por cuatro horas hasta que baja a la pasarela con Ed McCaffrey en el desfile de modas para personas con Síndrome de Down? No existe otra explicación posible para los actos heroicos que la gente realiza cada día, excepto esta: están enamorados. Se han permitido a si mismos enamorarse profundamente con el Amor, y de repente en esa colisión, han llegado los hospitales, las escuelas, los refugios, los bancos de comida, las fundaciones, y la esposa que, justo después de casi un año de la partida de su propia madre, ahora ayuda al cuidado de la mama de su esposo que inicia el mismo camino.

Los padres de familia son el ejemplo más inspirador en el que puedo pensar, especialmente aquellos con niños que, cómo decir esto, ¿tienen desafíos? El amor es paciente y amable, todo lo cree y todo lo espera. ¿Existe algo más hermoso que un padre que espera y cree y ama a su hijo a través de la antipática adolescencia?

Permitamos por un segundo que toda esa bondad se vierta sobre nosotros, entre a nosotros y se derrame hacia los demás. Es difícil ser inspirados por los fariseos, que ponen sus buenas obras a la vista de todos. Qué tristeza. Porque demostramos lo que somos en realidad cuando nadie nos observa.

¿Qué ejemplo puedes dar de alguien que es heroico, en cosas pequeñas y en silencio?

Inscríbete hoy mismo y únete a la conversación.

Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Sylvia Gould

Kathy McGovern © 2014-2015

Tiempo Ordinario - Ciclo A

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