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30º. Domingo de Tiempo Ordinario

22 octubre 2011

Reflexionando Sobre Matthew 22:34-40

Hoy día el desafío de amar a nuestro vecino como a nosotros mismos es, como lo expresó un sabio escritor, “como tener arena dentro de su traje de baño”. Tú puedes retorcerte, contonearte y tratar de recobrar la postura, pero esa arena no te permitirá ir a ningún lado hasta que no la enfrentes.

¿Contamos nosotros con los recursos suficientes como para lograr que los demás nos importen tanto como se importan a si mismos? Pienso que sí. Permíteme hablar sobre los miembros de la Sociedad de San Vicente de Paúl, quienes lo han visto y escuchado todo y aún así continúan llegando a lo profundo de su ser, de modo que puedan seguir escuchando atenta y amorosamente la voz de aquellos que están más necesitados de misericordia.

Déjame contarte del doctor e investigador Brian Drucker de Portland. Cuando el recién iniciaba la escuela de medicina, examinaba la leucemia mielógena crónica y dijo, “Voy a encontrar la cura para esta enfermedad”. Por espacio de veinte años trabajó casi obsesivamente, incluso tuvo que enfrentar las burlas de sus compañeros durante una conferencia en la que presentaba sus avances sobre la cura de este cáncer. Sin embargo, el Dr. Brian permitió que sus pacientes fueran tan importantes para el, como lo eran para ellos mismos. Y en 2001 el Dr. Brian Drucker introdujo al mercado la droga de Quimioterapia Gleevec, el único y verdadero farmacéutico de nuestro tiempo.

Ahora te hablaré de los Voluntarios Vicentinos de Colorado, un grupo de veinte y tantas personas que donan un año de servicio a los niños, adolescentes y adultos en Denver- preciosos seres humanos que buscan servir y preocuparse por otras personas (tanto o más, algunas veces) de lo que ellos se preocupan por si mismos.

¿Recuerdas alguna de las veces que recibiste esta clase de amor? ¿La ocasión en que alguien verdaderamente escuchó tu broma y sonrió? ¿La persona que notó tu dolor y te ayudó a aliviarla? Ve y ahora, haz tú lo mismo.

Inscríbete hoy mismo y únete a la conversación.

Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Sylvia Gould

Kathy McGovern © 2014-2015

Tiempo Ordinario - Ciclo A

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