Monthly Archives: septiembre 2011

Vigésimo-sexto Domingo del Tiempo Ordinario

24 septiembre 2011

Reflexionando sobre Evangelio según San Mateo 21:28-32

Los ensayos de bodas siempre están repletos de preguntas nerviosas: ¿Y si me tropiezo con mi velo? ¿Y, si olvido decir mis votos? ¿Y si el fotógrafo llega tarde?

Existe un antídoto para toda esta ansiedad: Haz un error deliberadamente a la primera y después disfruta el resto de la boda. ¡Sí! ¡Tal vez, la niña de los pétalos tuvo que ser arrastrada hasta el pasillo mientras pataleaba y gritaba! Uf.  Ahora que la presión para que todo salga perfecto ha pasado, podemos relajarnos. En algún punto de nuestra vida, finalmente vemos lo que todo mundo siempre ha sabido sobre nosotros: que cometemos errores. Es fácil olvidarse de nuestras propias culpas y observar solo las grandes imperfecciones de nuestros amigos, y cuando se terminan nuestras excusas, podemos siempre volver nuestras miradas a las estrellas de cine, las corporaciones bancarias internacionales y a todos esos sinvergüenzas en Washington. Finalmente, podemos contar con los terroristas, asesinos en serie, los carteles de la droga para atrasar el momento de la inevitable y conmocionada verdad: nosotros también hemos decepcionado a otras personas y hemos fallado al amar correctamente. Nosotros también hemos prometido ir al viñedo, pero de hecho, no hemos cumplido esa promesa.

Y es ese momento del descubrimiento de nuestro propio pecado que la gracia comienza a actuar en nosotros. ¡Qué grande es el perdón que otros nos han otorgado muchas más ocasiones de lo que nosotros nos hemos dado cuenta! Recuerda tu misericordia, O Señor, y otórgala a tus siervos. Porque nos hemos dado cuenta que bondadoso has sido en olvidar, perdonar y en ayudarnos a recuperar nuestra dignidad, una y otra vez.

Y así, cobijados, podemos relajarnos en el amor de Dios, con los recaudadores de impuestos y las prostitutas que se dirigen apresurados al reino de Dios, llenos de pecado, llenos de gracias.

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Sylvia Gould

Kathy McGovern © 2014-2015

25º Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo A

17 septiembre 2011

Reflexionando sobre Isaías 55:6-9, Evangelio según San Mateo 20:1-16a

Me doy por vencida. Todos nos damos por vencidos. Usted también se daría por vencido si tuviera que trabajar todo el día bajo este sol abrasador, quitando la maleza y tratando de sembrar en ese árido suelo. ¡He trabajado todo el día! Fui una de las primeras personas en llegar esta mañana. Me subí a la camioneta comiendo una tortilla que María hizo para mí, mientras nos llevaban al campo. Estuve trabajando hasta la hora del almuerzo. Y tú sabes que caluroso ha estado últimamente. Sin embargo, trabajé bajo ese intenso calor todo el día, y en todo el día, los labradores no dejaban de llegar.

Son tu ojo malo porque yo soy bueno?

¡Y a ellos le pagaron primero! Cuando me di cuenta de lo que recibieron, pensé que el patrón había aumentado la paga, pero no, me pago exactamente lo que me prometió. Pero para mí, no era justo que los trabajadores que llegaron tarde, incluso los que llegaron hasta las 5 de la tarde, ¡recibieran exactamente la misma paga que yo! Si así es como funcionan las cosas entonces de ahora en adelante me voy a presentar al final del día también. “¿Sientes envidia porque soy generoso?” nos preguntó el patrón cuando nos quejamos. Bueno, te puedo decir que la forma en que el se comporta, ¡no es la forma de hacer negocios! ¡Y sus pensamientos no son los pensamientos de alguien que quiere mantener a sus trabajadores laborando fuerte para el!

Estoy molesto.  Me siento frustrado.  Pero he reflexionado sobre todas las cosas que Dios me ha dado durante mi vida y que no merecía. Quisiera conocerle mejor, quisiera conocer sus caminos que no son como mis caminos y sus pensamientos que no son mis pensamientos.

Menciona alguna de las cosas que has recibido de Dios y que no merecías

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Wendy Feliz

Kathy McGovern © 2014-2015

24º Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo A

10 septiembre 2011

11 Septiembre, 2011

Reflexionando sobre .- Eclesiástico 27:30-28:7

Los Salmos 103:1-2, 3-4, 9-10, 11-12

Evangelio según San Mateo 18: 21-35

Permítame agregar mi voz a las millones de voces que habrán dicho sorprendidas hoy, después de escuchar el Evangelio correspondiente, “De todas estas lecturas leídas a través de la historia, esta es la que nos dice en forma clara,.” “Dios esta definitivamente en medio de nosotros.”

Reflexionemos un poco. Cuarenta y dos anos de Misas Dominicales han pasado desde que la Iglesia recibió el nuevo leccionario en el primer domingo de Adviento, en 1969. Eso significa, 2,184 domingos. La extraordinaria parábola de hoy que nos habla de la gran necesidad del perdón se ha mencionado solamente en catorce de esos Domingos, y uno de ellos es precisamente hoy, en el décimo aniversario del suceso que desafío nuestro deseo de no hablar sobre el perdón, ya no digamos llevarlo a cabo.

En septiembre 11, 2011 es el día que vivirá en la infamia para la mayoría de los americanos, ya que muchos de nosotros teníamos en ese entonces la edad de los que vivieron la tragedia del 7 de diciembre de 1941, y la generación que vivió ese horrendo día de 1941 quedo igualmente horrorizada cuando las torres colapsaron.

En este décimo aniversario del triunfo temporal del odio y de la ignorancia, deja que los recuerdos lleguen a nuestra mente. Permite que el horror y la tristeza se apoderen de nosotros nuevamente. Y después, nuestra mirada vuelve a reposar sobre Jesus, quien habla a nuestra nación de una forma tan intima hoy, y cuya infinita misericordia se renueva cada mañana.

Escuchemos al viejo Siracides, llegando a nosotros justo a tiempo el día de hoy: El Odio y la venganza son cosas detestables, y sin embargo el pecador las atesora….La persona vengativa sufrirá la venganza del SENOR, porque le recordara sus pecados al detalle.

¿Quién hablará con la sabiduría de Jesus, el Conciliador, de este tiempo? Si no somos nosotros, ¿entonces quien? Si no es ahora, entonces, ¿cuándo? Levantemos nuestras voces ahora. Busquemos juntos el camino hacia la paz verdadera. ¡Hagámoslo ya!

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Wendy Feliz

Kathy McGovern © 2014-2015

23er Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo A

5 septiembre 2011

Reflexionando sobre Evangelio según San Mateo 18:15-20

Un amiga mía, madre de dos jóvenes adultos, una vez dijo esto: Pienso que a mis hijos les encanta ver “Amigos” porque los personajes en ese programa de televisión  muestran abiertamente sus confrontaciones (en una forma cómica, por supuesto)y sin guardar ningún resentimiento. Aunque en la vida real nadie se relaciona de esa manera, aun mis hijos dejan muchas cosas sin decir, incluso entre ellos mismos. Ellos eran mucho mas unidos cuando eran niños, antes de que aprendieran a esconder sus sentimientos.

Esto es cierto, verdad? Los desafíos de las interacciones sociales son tan grandes que muchas conversaciones nunca suceden, y los resentimientos guardados por largo tiempo jamás se dicen en voz alta, lo cual significa que nunca se alcanza la verdadera intimidad.

Jesús sabe una o dos cosas acerca de la intimidad, y nos da esta atrevida sugerencia: solo abre tu boca y expresa lo que piensas. Ahora, esto es muy riesgoso. Grandes son las probabilidades de que la persona con la que deseas tener mas cercanía, pero no puedes debido a alguna cosa que te esta molestando, escuchara respetuosamente, te agradecerá por tu “observación”, y después te borrara de la lista de sus mas íntimos amigos porque, la  realidad es que esta interiormente furioso.

Y aquí es donde caben bien las palabras de Dios a Caín, enfermo de celos por su hermano Abel: Por que estas enojado y con la cabeza baja? Si actúas bien andarás con la cabeza levantada. En cambio, si obras mal el pecado está a las puertas como fiera al acecho: ¡tú debes dominarlo! (Gen 4,7)

En los momentos de abundante gracia, el pecado acecha a la puerta. Honestamente, esto es terrible, pero ningún  matrimonio ejemplar o comunidad ha madura sin antes enfrentarse a el.

Has logrado alguna vez la gracia de permitir que una amigo(a) te diga lo que verdaderamente piensa de ti?

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Wendy Feliz

Kathy McGovern © 2014-2015