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18º Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo A

Reflexionando sobre Epístola a los Romanos

¿Has sentido alguna vez la ausencia del amor de Cristo? Porque Pablo nos promete en la hermosa segunda lectura de hoy (Rom  8:35-39), que nada puede apartarnos de su amor.

Veamos. Ni migrañas crónicas o dolor en la ciática. Ni artritis reumatoide. No calvicie o náuseas. Ni siquiera la recurrencia del cáncer que tanto oramos para que no volviera.

Ni la pérdida de nuestra casa. Ni la pérdida de nuestro fondo de retiro. Ni la pérdida de nuestra salud, nuestras fuerzas, nuestro vigor, o incluso la pérdida de nuestra memoria.

Ni la tristeza por nuestros hijos que no desean asistir a misa. Ni la falta de sentido de seguridad propia  y en el mundo. Ni el horror experimentado al leer las atrocidades cometidas a los niños. Ni la pérdida de aquellos a los que amamos. Ni la pérdida del mismo amor. Nada puede apartarnos del amor de Dios.

Quisiera ahora pensar en Pablo. Por el tiempo en que escribió esta carta a los Romanos (probablemente la primavera del 57 AD) él había ya sufrido en carne propia, peligro de ríos, peligros de bandidos, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, noches sin dormir, hambre y sed, muchas veces sin nada que comer, con frío y sin abrigo. (2 Corintios11: 26-27).

Parece como si Pablo estuviera recordando su propio sufrimiento a través de sus valientes viajes misioneros. Me reconforta pensar que el autor de estas palabras- Estoy convencido que ni la muerte ni la vida…ni los acontecimientos presentes ni los futuros…ni ninguna otra criatura, podrán separarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor- sufrió profundamente todo esto en carne propia.

Nerón ejecutó a Pablo por profesar esta clase de fe. Y ahora él y sus palabras de aliento, viven por siempre.

¿De qué manera te ha sostenido el amor de Cristo?

Inscríbete hoy mismo y únete a la conversación.

Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Wendy Feliz

Kathy McGovern © 2014-2015

Tiempo Ordinario - Ciclo A

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