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Noveno Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo A

Reflexionando Sobre Deuteronomio 11:18, 26-28, 32,  Evangelio según San Mateo 7:21-27

Obligar a la Palabra en su corazón y su cabeza

Hablando de tomar las cosas literalmente. Moisés dijo al pueblo para celebrar tan rápido la palabra de Dios que se aseguraron  en las muñecas y en sus frentes, y todavía hoy en día el hombre judío ortodoxo se prepara para la oración atándose pequeñas cajitas en la muñeca y la frente, con rollos pequeños del libro de Deuteronomio en su interior. Estas filacterias han servido como compañeros de oración – los católicos les llaman sacramentales-al menos desde la época de Cristo (Mt. 23:5). Significa  que el interesado ha tomado la palabra de Dios en su corazón y alma.

¿Cómo sería si nosotros los católicos lleváramos  nuestra fe en las mangas de esa manera? Por supuesto, hay algunos signos externos de nuestra fe  interior. Ponemos un nacimiento  en el césped durante la temporada de Navidad y la marca  de las cenizas en la frente en el inicio de la Cuaresma.
Estas son las señales hacia el mundo exterior (y recordatorios a nosotros mismos) que están indeleblemente marcados por Cristo. Pero mi amigo Vicente me hizo una gran pregunta el otro día: ¿por qué  nosotros, los católicos no hacemos  más que  una marca en la cultura que hacemos? ¿Por qué absorber tanto la cultura y corregir la cultura tan poco? ¿Por qué estamos orgullosos de que, después de una vida de formación católica, podemos ir hacia el lugar de trabajo y mezclarnos tan bien que nadie diría que son católicos?
¿Cuan  inquietante es preguntarse si, después de una vida de tibieza “aparentando”  en la iglesia, llegaremos delante de Cristo en nuestra muerte y él dirá: Nunca os conocí.

¿Qué cree usted que es un auténtico signo exterior de su fe?

Y TÚ ¿qué opinas sobre esta pregunta ó sobre las lecturas de hoy, ó sobre las columnas del año pasado? ¡Las conversaciones sagradas están encendiendo el fuego de Pentecostés!

Inscríbete hoy mismo y únete a la conversación.

Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Wendy Feliz

Kathy McGovern © 2014-2015

Tiempo Ordinario - Ciclo A

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