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Cuarto Domingo de Adviento – Ciclo A

18 diciembre 2010

Reflexionando Sobre Evangelio según San Mateo 1: 18-24

¿Conoces esta vieja broma?

Johnny: ¡Mamá, voy a hacer de San José en el programa de Navidad!

Mamá: Regresa con la hermana y dile que te de una parte que hables.

Es cierto. José no pronuncia una sola palabra en ninguno de los Evangelios, y si no fuera por Mateo, con su recuerdo único de la función de San José como protector de María a lo largo de su embarazo y de la Madre y el Niño después del nacimiento, con el peligroso viaje a Egipto y el eventual retorno no se sabría mucho acerca de San Jose.

Ya en el siglo II, los escritores comenzaron a agregar comentarios de su propia imaginación debido a la escasa información que figura en los evangelios sobre María y José.

En esos libros nos enteramos de que José era un viudo con varios hijos, lo que causa las frases del Nuevo Testamento «los hermanos y hermanas del Señor». (Esa es una razón por la que a menudo se dibuja como un hombre viejo en las escenas de la Natividad.) En esos libros María vivió en el templo. Cuando tenía catorce años todos los hombres solteros del linaje real de David fueron convocados a fin de que su esposo fuera elegido. Pidiendo a la profecía de Isaías que hemos escuchado la semana pasada-una rama saldrá de la familia de Jesse, una flor brotará de ese árbol- todos ellos trajeron ramas y las extendió. Y, por supuesto! El Espíritu Santo descendió en la rama de José.

Es por eso que San José es a menudo representado en pinturas sosteniendo una rama con una flor en la parte superior.

No importa que San Jerónimo le quitó importancia a las historias, simplemente traduciendo «hermanos» como «primos» y puso fin a la necesidad de crear historias en línea con teología. De todas formas hay algo encantador en esas historias.

Compartiendo la Palabra de Dios en el Hogar:

¿Qué costumbres comparto sobre San José?

Y TÚ ¿qué opinas sobre esta pregunta ó sobre las lecturas de hoy, ó sobre las columnas del año pasado? ¡Las conversaciones sagradas están encendiendo el fuego de Pentecostés!

Inscríbete hoy mismo y únete a la conversación.

Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Wendy Feliz

Kathy McGovern © 2014-2015

Adviento - Ciclo A

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