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Tercer Domingo de Adviento – Ciclo A

11 diciembre 2010

Reflexionando Sobre Epístola de Santiago

Es fácil decirle a alguien que sea paciente, pero es realmente difícil hacerlo. Nuestros hijos nos necesitan para que los cuidemos muy de cerca, pero también nos necesitan que les demos mucho espacio mientras ellos maduran y eventualmente encuentran su camino en el mundo sin nosotros.

Nuestros padres necesitan también de nuestra paciencia. Mientras ellos atraviesan por las mayores pérdidas en la vida-pérdida de la salud, pérdida de la memoria-nos necesitan para cuidar de ellos, que encontremos formas creativas para ayudarles a recuperar la fuerza y el bienestar en un mundo cada vez más inquietante.

También tenemos que ser pacientes con nosotros mismos. El cambio real – cambios en la forma en que comemos, cómo vivimos, cómo nos recuperamos después de una cirugía o enfermedad- seguramente llegará. Así como el agricultor espera la cosecha, nosotros esperamos ver los cambios en que trabajamos poco a poco a través de los años.

La primavera pasada me sacaron una uña encarnada. Todo el episodio tomó cerca de seis meses. La uña nueva creció al mismo tiempo que la otra murió. Yo podía ver el límite entre la muerte y la nueva vida cada vez que me examinaba mi dedo del pie. No vemos la transición de una manera tan clara en otras partes de nuestras vidas sino hasta que un día, nos fijamos en alguien a quien amamos y nos pregunta: «¿Cuándo creciste tanto? ¿Tan hermoso? Así tan seguro de ti mismo, ¿Cuándo fue creciendo dentro de ti? »

La paciencia, la gente. No hay duda de que Dios está trabajando en nosotros, dándonos la gracia y la visión a través de los años. Esté atento a los cambios en ti mismo ya que son una señal de que el Señor ha estado cerca todo el tiempo.

Compartiendo la Palabra de Dios en el Hogar:

¿Cómo puede la ayuda de Dios impulsarle a hacer un cambio real?

Y TÚ ¿qué opinas sobre esta pregunta ó sobre las lecturas de hoy, ó sobre las columnas del año pasado? ¡Las conversaciones sagradas están encendiendo el fuego de Pentecostés!

Inscríbete hoy mismo y únete a la conversación.

Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Wendy Feliz

Kathy McGovern © 2014-2015

Adviento - Ciclo A

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