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Primer Domingo de Adviento – Ciclo A

27 noviembre 2010

Reflexionando Sobre Epístola a los Romanos 13:11-14

Una vez tuve una intensa experiencia de oscuridad, durante una noche helada en el monasterio religioso de Snowmass, Colorado. Nos invitaron a caminar la milla de distancia que va de la casa de retiro a la capilla de vigilia a las 4:30 AM. En ese valle, sin luna, la única luz era una humilde bombilla sobre la puerta de la capilla. Para los que no se desviaron del camino debió haber parecido un camino fácil hacia la luz. Pero para mí, perdida, con frío, incómoda en las oscuras montañas la ausencia de una luz que me guiara parecía inconsciente y casi hostil.

Nunca he olvidado esa sensación de abandono y de frío. No había estrellas ni luna brillante para iluminar el camino. Mis pies estaban entumecidos, y yo le había prestado mis guantes a una persona que había conocido hace apenas una hora. Caminé varias millas, sola en ese valle, perdida, buscando en el cielo el color violeta del alba.

Y sucedió, por supuesto, al final las estrellas de la mañana iluminaron los tonos violetas y rosas del cielo. La noche había avanzado, el día estaba cerca. Y como la luz de la mañana despertó el valle pude ver por fin que la luz pequeña a la salida a mi izquierda, la luz que había estado allí todo el tiempo, me llamó a la calidez de la capilla.

Pienso en la luz en este Adviento, y me pregunto, cuántas almas en silencio están ahí afuera en el frío, en busca de nosotros, pero no pueden llegar porque nuestra luz es demasiado débil, demasiado lejana, demasiado familiar para quienes conocen el camino y demasiado lejos para los que se pierden.

Compartiendo la Palabra de Dios en el Hogar:

¿Qué tanto brilla tu luz en la oscuridad?

Y TÚ ¿qué opinas sobre esta pregunta ó sobre las lecturas de hoy, ó sobre las columnas del año pasado? ¡Las conversaciones sagradas están encendiendo el fuego de Pentecostés!

Inscríbete hoy mismo y únete a la conversación.

Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Wendy Feliz


Kathy McGovern © 2014-2015

Adviento - Ciclo A

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