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Trigésimo Segundo Domingo del Tiempo Ordinario

6 noviembre 2010

Reflexionando Sobre II Macabeos 7:1-2, 9-14

Cuando era joven, me encantaba salir al patio con mis amigos de la parroquia de San Vicente de Paúl, sacábamos libros sobre los santos y nos espantábamos unos a otros con las horripilantes historias sobre el martirio de estos santos. Recuerdo esas historias al escuchar la terrible tortura y ejecución que sufrieron los siete hermanos piadosos y su madre por manos de Antíoco Epífanes IV cerca del año 170 a. C.

De hecho yo sabía más sobre la muerte de los santos que sobre sus vidas. Sus muertes fueron tan dramáticas que se me olvidó ver el gran testimonio de fe en sus vidas. En algún momento de finales de los setenta, empezó a circular un hermoso retrato de San Vicente de Paúl en algunas de las parroquias vicentinas y las comunidades vecinas. ¡Ah! Con que así era, ahora era más fácil entrar a su mundo del décimo séptimo siglo.

Últimamente he estado pensando sobre el primer Santo Canadiense: André Bessette. Que historia tan triste, él no fue devorado por los leones romanos, ni tampoco fue despojado de su piel por los emperadores sirios. Por cuarenta años él estuvo deteniendo la puerta para que la gente pasara al Colegio de Notre Dame en Quebec., y después de su desapercibida muerte más de un millón de personas se unieron en lágrimas por este simple hermano de la Santa Cruz, quien vivió su vida ordinaria con un amor extraordinario.

Me imagino que es precisamente esto lo que son todos los santos: personas que abren las puertas. Hay cosas sobre sus vidas y algunas veces sobre sus muertes que nos abren las puertas para poder ver a Jesús de manera más clara. Y en el día de nuestra propia muerte, será el mismo Jesús quien nos abra la puerta, “pues Él no es Dios de los muertos, sino de los vivos, pues en él todos estamos vivos”.

Compartiendo la Palabra de Dios en el Hogar:

¿Qué Santo, vivo o muerto, te abre la puerta para ver a Jesús?

Y TÚ ¿qué opinas sobre esta pregunta ó sobre las lecturas de hoy, ó sobre las columnas del año pasado? ¡Las conversaciones sagradas están encendiendo el fuego de Pentecostés!

Inscríbete hoy mismo y únete a la conversación.

Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Wendy Feliz


Kathy McGovern © 2014-2015

Tiempo Ordinario - Ciclo C

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