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Vigésimo tercer Domingo del Tiempo Ordinario

4 septiembre 2010

Reflexionando Sobre Lucas 14:25-33

A ver, ¿en serio dijo Jesús que tenemos que odiar a todos los que amamos para poder ser sus discípulos? Acaso no está eso en completa contradicción con lo que sabemos sobre Jesús.

Pablo escribiendo a Filemón sobre su esclavo Onésimo

Primeramente, la mejor traducción de “odio” es “amar menos que”, ¿estoy dispuesto a amar mi propia vida menos de lo que amo estar envuelto en el misterio, la gracia y sanación del amor de Jesús? Claro que sí. Porque se gana por todos lados, cuando me detengo ante ése amor de Cristo que es más grande que la muerte, descubro una vida nueva, que cada día se hace más rica a través del encuentro con su Espíritu. ¿Cómo podría amar mi vida si estuviera separada de Él?

¡Pero cuidadito! Una vida en Cristo significa una entrega total, nada de tal vez sí, tal vez no. Por ejemplo, los códigos de honor y vergüenza de las tribus que mantenían a los hijos en perpetua deuda con sus padres fueron desmantelados por la invitación que Jesús les hace a seguirlo. En esa fascinante segunda lectura de hoy, Pablo le recuerda al cristiano Filemón, dueño de esclavos, que el esclavo Onésimo había sido bautizado y ahora era su hermano en Cristo. ¡Que bárbaro!

Por lo tanto, amar a Jesús más de lo que amamos la esclavitud, los lazos familiares que no acogen extranjero alguno, restricciones religiosas que nos mantienen siempre ligados a la culpa y a la indignidad. Así es, éste es el liberador mensaje del difícil Evangelio de hoy. El discípulo de Jesús odia todo lo que guarda un rencor en marcha, una puerta cerrada, y un estatus social en el lugar que, cuando el barco se está hundiendo, mantiene a algunos manejando en el cuarto de máquinas, mientras que el resto de nosotros sale en los botes de emergencia.

Ah vaya, ahora sí lo entiendo, ese mensaje está en completo acuerdo con todo lo que conocemos de Jesús.

Compartiendo la Palabra de Dios en el Hogar:

¿Hay algo que necesitas “amar menos que” para poder tener una vida más profunda de fe?

Y TÚ ¿qué opinas sobre esta pregunta ó sobre las lecturas de hoy, ó sobre las columnas del año pasado? ¡Las conversaciones sagradas están encendiendo el fuego de Pentecostés!

Inscríbete hoy mismo y únete a la conversación.

Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Wendy Feliz


Kathy McGovern © 2014-2015

Tiempo Ordinario - Ciclo C

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