Monthly Archives: junio 2010

Décimo Tercio Domingo del Tiempo Ordinario

26 junio 2010

Reflexionando Sobre Lucas 9: 51-62

Tengo buenas noticias, esos pobres arqueólogos (benditos sean) que se pasaron sus vidas escavando bajo el ardiente sol del mediterráneo, nos han dado una muy creíble y confortante explicación sobre el MÁS  problemático de los mandamientos en el

Antigua tumba en el Monte de los Olivos

Evangelio de hoy: deja que los muertos entierren a sus muertos. Esto simplemente significa que: en tiempos de Jesús, el período de entierro era de todo un año. Después de enterrar al fallecido inmediatamente después de su muerte (como vimos en la narración del Evangelio sobre la propia muerte de Jesús) los hijos “sit shi’va” por siete días. Así que los discípulos quienes pidieron enterrar a su padre antes de seguir a Jesús ni siquiera hubiesen estado cerca si el entierro hubiese pasado en tan solo una semana – mas bien hubiesen estado en casa llevando a cabo esta responsabilidad.

El cuerpo es dejado por 11 meses en la tumba, después de este tiempo los familiares entierran el cuerpo descompuesto tomando los huesos y colocándolos en una caja especial de entierro, un osario, el cual vuelven a colocar dentro de la tumba, junto a los demás familiares que han fallecido, colocados en diferentes niveles. La tumba se continúa llenando con los cuerpos de la familia, los enterrados por primera vez y nuevamente al término de un año.

Así que… que gran alivio el pensar que Jesús estaba pensando sobre todos esos fallecidos, enterrados con los demás muertos, cuyas muertes mantenían a los hijos en un ciclo de entierro interminable. Deja que los muertos entierren a sus muertos, quédate en paz. Mi Padre celestial sabe en donde están enterrados todos los cuerpos, en tan solo un corto tiempo verás por ti mismo lo que Dios ha planeado para Mi tumba y la tuya, y la de ellos también. Quédate en paz.

Así que, quédate en paz.

Compartiendo la Palabra de Dios en el Hogar:

¿Cuál es la costumbre de entierros en tu familia?


Y TÚ ¿qué opinas sobre esta pregunta ó sobre las lecturas de hoy, ó sobre las columnas del año pasado? ¡Las conversaciones sagradas están encendiendo el fuego de Pentecostés!

Inscríbete hoy mismo y únete a la conversación.

Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Wendy Feliz


Kathy McGovern © 2014-2015

Décimo Segundo Domingo del Tiempo Ordinario

19 junio 2010

Reflexionando Sobre Lucas 9:18-24

“Kathleen, no te importaría tanto lo que piensan los demás de ti, si supieras lo poco que lo hacen.” Así me hablaba mi papá, de origen irlandés, tratando de hacerle entender a su hija adolescente una de las verdades más difíciles de la vida: las personas no te prestan mucha atención. Vaya, que bueno saberlo.

Pero resulta que a Jesús sí le importa lo que otros piensen de Él, y lo pregunta en voz alta, “¿quién dice la gente que soy?”y los discípulos tienen su respuesta lista, porque claro que la gente le ESTÁ prestando atención y tienen preguntas. ¿Es él Juan el bautista, tal vez se le escapó a la muerte? ó ¿acaso será Elías?, quien se fue a los cielos en un carruaje de fuego y desde entonces nadie lo ha vuelto a ver. Sus respuestas reflejaban el tipo de bromas e interés por el extranjero, característico del mediterráneo que hoy en día pareciera cosa del pasado.

Pero es que Jesús (el Cristo) quiere que pensemos en Él, que le prestemos atención a Él, que tengamos una opinión sobre Él, que charlemos con nuestros amigos sobre Él. Él sabe que mientras más atención le prestamos a alguien, más espacio toma ésta persona en nuestras vidas.

Vamos a revivir el arte perdido de la charla espiritual, vamos a chismear con toda la Iglesia sobre Jesús, y quien decimos nosotros que es Él. Vamos a soplar sobre las mechas encendidas de las Escrituras y a ver si podemos empezar un incendio. Mil millones de cristianos escucharon este Evangelio el día de hoy. ¿Qué es ese zumbido?

¡Vamos Iglesia, empecemos a platicar!

¿Quién dice la gente que soy?


Y TÚ ¿qué opinas sobre esta pregunta ó sobre las lecturas de hoy, ó sobre las columnas del año pasado? ¡Las conversaciones sagradas están encendiendo el fuego de Pentecostés!

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por: Wendy Feliz


Kathy McGovern © 2014-2015

Décimo Primer Domingo del Tiempo Ordinario

12 junio 2010

Reflexionando Sobre Lucas 7:36-8:3

Tengo un montón de historias sobre lo que bien que nos sentimos al ser perdonados. Dejen y les cuenta la más reciente:

Una amarga tarde de enero andaba muy apresurada en salir a un retiro de fin de semana, el lugar quedaba a unas setenta millas de distancia, se había hecho tarde y como suele suceder había guardado mis materiales del retiro en la cajuela junto con las llaves del coche para que no se me fueran a olvidar.

¡Que coraje!!! se hacía aún más tarde, más oscuro y por supuesto más frío. Usé el segundo coche y fui al Safeway donde trabaja mi esposo, ¡Corre, dame tus llaves! No tengo tiempo para explicaciones; al salir me pareció escuchar que decía: ¡No me vayas a dejar afuera!

No fue hasta varias horas después, cuando me acomodaba en mi cama en la casa de retiro, que me di cuenta que había hecho exactamente eso, dejé las llaves de Ben adentro de la casa y usé las mías para cerrar con seguro. Para completar, ninguno de los dos teníamos celular.

Así que me tiré de la cama y me fui de regreso a casa, fue una noche oscura y aún más los negros caminos de las montañas de Colorado. En el camino iba imaginando  a Ben congelándose de frío en el garaje, o durmiendo en el sillón del vecino. He aquí el momento de perdón: caminé hacia la entrada y abrí la puerta (que estaba sin seguro) La casa estaba calientita gracias a la chimenea encendida y una voz somnolienta dijo: “Sabía que regresarías.”

Gracias a Dios por el escondite secreto para las llaves, y por todas las oportunidades que nos da la vida para crecer en el amor y agradecimiento que solo podemos conocer cuando nos dejan pasar nuestros errores.

Compartiendo la Palabra de Dios en el Hogar:

¿Qué historias puedes recordar sobre cómo otros te han perdonado?

Y TÚ ¿qué opinas sobre esta pregunta ó sobre las lecturas de hoy, ó sobre las columnas del año pasado? ¡Las conversaciones sagradas están encendiendo el fuego de Pentecostés!

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Kathy McGovern © 2014-2015

Fiesta Solemne del Cuerpo y la Sangre de Cristo

6 junio 2010

Reflexionando Sobre Lucas 9:11b-17

Mosaico encontrado en la Iglesia de la Multiplicación de los Panes y los Peces - Tabgha, Galilea, Israel

Seguro que ha de haber estado bien caliente en ese lugar desértico de Betsaida, donde la multitud de gente vino a ver a Jesús – para escucharlo— para ser tocados y sanados por Él. Y cuando ya el día estaba por finalizar se han de haber sentido incómodos, hambrientos, pero aún así no dejaban el lugar donde se encontraba Jesús. No podían arriesgarse a regresar más tarde y que ya no estuviera.

En estos días tenemos las grandes ferias de empleo que atraen multitudes, el gran triste número de desempleados se forman en una línea, tan larga que le da la vuelta al edificio, sube las escaleras y sigue hacia el estacionamiento. Estas personas esperan por su oportunidad de completar una solicitud más, esté frio o caliente, aún si empezara a llover estas personas no dejarán sus lugares – no se pueden arriesgar a que otros consigan los pocos trabajos que quedan.

Me parece haber visto a Jesús que esperaba junto a ellos el otro día, Él y algunos de sus amigos repartían sándwiches y café que habían preparado para los que esperaban. La multitud era enorme, pero dio la impresión de que todos alcanzaron a recibir más de lo que necesitaban.

La semana pasada lo alcancé a ver otra vez en el Centro de Cuidado para Cáncer, uno de los pacientes de allí acababa de recibir un triste diagnóstico. Todos los que estaban con ella —doctores, enfermeras, pacientes— trataban de consolarla y darle fuerzas.

También lo vi en las noticias, trabajando en Haití y Chile, consolando fortaleciendo los afligidos. Y, siempre, lo veo al partir el pan.

Felices fiesta iglesia, ¡Sí!, realmente Él está Presente.

Compartiendo la Palabra de Dios en el Hogar:

En ésta celebración de la Eucaristía ¿de qué manera ves la Real Presencia de Cristo en el mundo?

Y TÚ ¿qué opinas sobre esta pregunta ó sobre las lecturas de hoy, ó sobre las columnas del año pasado? ¡Las conversaciones sagradas están encendiendo el fuego de Pentecostés!

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Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! (Lucas 12:49)

Traducido por:  Wendy Feliz

Kathy McGovern © 2014-2015