Domingo de la Divina Misericordia – Ciclo A

22 abril 2017

Reflexionando sobre Actos 2: 42-47

 Yo sé lo que estás pensando.  ¿Tenían todas sus pertenencias en común?  Vaya,  simplemente no podrías hacer eso.

Claro que podrías.  Lo hiciste en tu niñez.  ¿Fue tan terrible?

Hace poco tiempo mi esposo Ben renovó nuestro sótano.  Nuestra amiga Karen nos preguntó si podía vivir ahí por un tiempito.  Calculamos lo bueno de compartir nuestra pequeña casita con ella- risas todos los días, y el comienzo de la hora feliz de las seis de la tarde- y lo malo.  Es chistoso, no me acuerdo de que era lo malo.

Al principio todos nos comportábamos terriblemente amables.  Su vida era solo de ella.  Hacíamos como que no nos fijábamos cuando llegaba.  Cocinábamos nuestras cenas separadas y le asignamos un pequeño espacio en el refrigerador y un solo estante la gaveta.  Esto era un arreglo formal y temporal.  Con el tiempo su suerte cambiaría y ella podría mudarse a un encantador, solitario condominio.  ¿Qué no es ese el sueño americano?

Pasaron nueve años.  Todas nuestras suertes cambiaron.  Recordamos la manera que solíamos vivir cuando éramos niños, compartiendo armarios y ropa y tendederos.  Todavía sospecho que se quedó con dos parejas de dos calcetines míos.  Ya nadie sabe a quién le toca el turno de comprar la leche.  Ninguno de nosotros recuerda como solíamos vivir.

Hoy, en el Domingo de la Divina Misericordia, se va a casar y se va a ir.  Estamos destrozados.  Ahora se separaran todos los bienes.  ¿La cafetera?  De ella.  ¿La licuadora?  Mia.  ¿El perro?  Nuestro.

Una despiadada batalla de custodia por venir.

¿Los corazones?  Sobrecargados de gratitud por esta amiga que estuvo dispuesta a compartir todas las cosas en común con nosotros.  Así es el reino de El que ha resucitado.

¿Qué recuerdos felices tienes de haber compartido cosas en común?

Kathy McGovern ©2017

 

Kathy McGovern © 2014-2015

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La Resurrección del Señor – Ciclo A

19 abril 2017

Reflexionando sobre Actos10: 34 A, 37-43

 Mi sacrificio de este año para la Cuaresma fue el usar menos agua- bañarme más rápido, y tener consciencia del agua que desperdicio a diario.  A mil millas de distancia, y sin haberlo planeado, mi hermana eligió el mismo sacrificio, pero cada día al terminar su muy corta ducha, ella hace una oración por alguien, conocido o no conocido, quien necesite una dosis extra de amor y gracia ese día.

Dios, quien no está limitado por el tiempo o el espacio, contestó sus oraciones y los de billones de personas antes y después de ella.  En esa mañana de Pascua, Dios le dio a toda la creación, por la eternidad, una “dosis extra de amor y de gracia.”

La Pascua, y no el Viernes Santo, se encuentra en el centro del corazón de Dios.  Dios no creó la muerte.  Dios hizo la vida, y nos la dio, ajustada y rebosante, exactamente como lo expresan nuestros altares de Pascua el día de hoy.  Colores preciosos, fragancias divinas, vida nueva brotando de las tumbas frías del invierno- este es nuestro Dios, cantándole a nuestras almas para que salgan de sus duros cascarones y diciéndonos, “Háganse mis socios, amen y protejan este mundo despampanante, y les mostraré El que ha Resucitado en los frutos de la tierra y el trabajo de las manos humanas.”

Jesús no necesitaba de una tumba vacía para romper las cadenas de la muerte.  El que calmó al mar y expulsó a los demonios no necesitaba de una piedra removida para poder llenarse de gloria.  Su cuerpo resucitado fue en beneficio de aquellos, que limitados por el tiempo y el espacio, necesitaban a un Jesús en cuerpo, levantado de los muertos y comiendo y bebiendo con ellos.

Nosotros que no fuimos testigos oculares no debemos sentirnos rechazados; nosotros sabemos donde encontrar a nuestro Señor Resucitado.

 ¿En que partes radiantes de tu vida encuentras a nuestro Jesús Resucitado?

Kathy McGovern ©2017

 

Kathy McGovern © 2014-2015

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Domingo de Ramos de la Pasión del Señor – Ciclo A

8 abril 2017

Reflexionando sobre Matthew 26: 14-27:66

Debió haber hecho miles de cosas buenas en su vida.  Fue elegido por Jesús mismo para ser uno de los doce.  Se le confió para ser el tesorero, y cuidar la bolsa de dinero del grupo.  Y a pesar de eso, su titulo eterno será Judas, el Traidor.

Nunca sabremos por qué lo hizo.  ¿Por treinta monedas de plata?  El cínico dice, -Por supuesto.  La gente hace cualquier cosa por dinero.-  ¿Pero quién de nosotros entregaría un ser amado para ser torturado y asesinado solo porque podemos ganarnos unos pesos por hacerlo?  Nunca.  Judas se tramaba algo más, y aun los eruditos modernos no pueden descifrar lo que era.

Me intriga lo que dice el autor del evangelio de Mateo:  -Entonces Judas, su Traidor, viendo que había sido condenado, se arrepintió profundamente de lo que había hecho.-  ¿Trató judas de interponerse en la historia y forzar la mano de Dios?  ¿Pensó que una vez que los soldados arrestaran a Jesús en Getsemaní él llamaría a su legión de ángeles, quienes matarían a cualquiera que pusiera mano en el Ungido de Dios?

Después de eso Jesús juntaría un ejercito que expulsaría a los romanos de Israel, y entonces los Judíos una vez más tomarían control de su patria.  Judas (antes que fuera “el Traidor”) sin duda fue nombrado por Judas Macabeo, el gran guerrero que liberó a Jerusalén de los Seleucidos.  Judas- tal vez pensando en su gran ancestro- estuvo dispuesto a temporariamente “traicionar” a Jesús para así poder finalmente obligarlo a que utilizara sus poderes divinos.

Pero no sucedió así.  Jesús fue condenado a muerte.  Su Traidor se colgó.  Y Jesús comenzó su camino a la liberación de la Cruz.

Para qué traiciones en tu vida has sido perdonados y libres ser feliz otra vez?

Kathy McGovern ©2017

Kathy McGovern © 2014-2015

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Quinto Domingo De Cuaresma – Ciclo A

1 abril 2017

Reflecting on Ezekiel 37: 12-14

Estaba yo un verano sentada con muchos peregrinos en Masada, el aislado fuerte que construyó Herodes el Grande en el desierto de Judea.  Nuestro guía nos contó la triste historia de los 960 rebeldes judíos que se suicidaron ahí después de detener al ejercito romano por tres años al final de la primera guerra Judío-Romana (66-73 AD).  Ellos sabían que morirían ahí, y que los judíos serian echados de su tierra una vez más.

Hillel nos contó de su propia travesía.  Él había venido a Israel en los años 1960, solo por unas semanas.  Antes de regresar a Estados Unidos visitó Masada.  Se fijó en una inscripción hecha por uno de esos guerreros antiguos, tal vez durante las ultimas horas de su vida.  Era una inscripción, escrita en el año 73 AD, que conmovió tanto el corazón de Hillel  que se hizo la determinación de regresar a Israel y dedicar su vida a ayudar a los sobrevivientes del holocausto a construir una patria judía.

Nos invitó a sentarnos en silencio sobre esas rocas, y a dejar que el sol del desierto se filtrara en nuestros huesos, mientras que nos preguntábamos cual escritura seria la que había escrito ese guerrero para que algún día fuese encontrara por una generación que él no podía divisar- la generación de Hillel.-  Por supuesto, fue Ezequiel 37, la primera lectura de hoy.

Oh, mi pueblo, abriré sus tumbas y los levantaré de ellas, y los traeré de regreso a la tierra de Israel.

Para los cristianos, la plenitud del significado de la profecía de Ezequiel es la resurrección de Jesús de su propia tumba ladrada de piedra.  Para los judíos, esa resurrección es el estado moderno de Israel.  Pero los huesos secos del exilio nunca volverán completamente a la vida hasta que todos podamos vivir en paz en la tierra que Dios nos dio.

¿Qué promesa de resurrección ¿están dando su vida para ayudar a cumplir?

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Cuarto Domingo de Cuaresma – Ciclo A

27 marzo 2017

Reflexionando sobre John 9:1-41

Una de las cosas que sabemos con seguridad acerca de Jesús es que él trataba de despojar a la gente de las cosas que ellos pensaban saber con certeza.  Son nuestras certezas las que necesitan ser desmanteladas antes de que podamos ver claramente el trabajo de Dios en nuestras vidas.

Los discípulos sabían con certeza que la  ceguera (y toda la mala fortuna) era el resultado de algún pecado en algún lugar del árbol genealógico de la victima.  En un mundo difícil donde había una alta mortalidad infantil y donde la violencia  de los ocupantes romanos era incesante, siempre era consolador asignarle algún tipo de pecado a aquellos que enfrentaban grandes retos.

Podemos imaginarnos a los discípulos pensando, al encontrarse con el hombre ciego de nacimiento, “que tan horrible será tener que navegar por el mundo sin vista.  Debo encontrar una razón por la cual él es ciego y yo no.  ¡Ya lo tengo!  Él debe haber pecado o debe haber pecado alguien de sus antepasados.  Gracias a Dios que yo no soy pecador.”

Algunas maneras contemporáneas en las que nos convencemos a nosotros mismos que las cosas malas no les suceden a la gente buena son:  Yo uso cinturón de seguridad, así que nunca sufriré daños catastróficos en un choque de autos.  Nunca he fumado, así que nunca sufriré de cáncer del pulmón.  Hice todos los sacrificios al criar a mis hijos en la fe, así que por supuesto ellos crecerán amándola y también criarán a sus propios hijos en la misma fe.

Excepto, por supuesto, que hay gente que muere en los choques de autos aunque tengan bien puestos sus cinturones de seguridad, y a la gente que no fuma también le da cáncer del pulmón.  Y todos estamos viendo como la cultura incita a esta generación a adoptar una manera de pensar que rechaza la fe religiosa.

No podemos distanciarnos del dolor y esperar que nunca nos encuentre.  Pero esto sí lo sabemos con certeza:  Jesús está con nosotros en la ceguera y en la vista.

¿Cómo le haces para caminar en la fe dentro de un mundo aterrorizante?

Kathy McGovern ©2017

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Tercer Domingo de Cuaresma – Ciclo A

18 marzo 2017

Reflexionando Sobre Exodus 17:3-7

 ¿Está Dios en medio de nosotros o no?  He ahí la pregunta.   Una vez que habían llegado sanos y salvos al desierto-  al enfrentar los retos del hambre y la sed- los esclavos hebreos comenzaron a cuestionarse si el

Poder Divino que dividió el mar para que ellos pasaran estaría solo en sus cabezas.   Tal vez era una histeria colectiva.  Pero- Ejem- ¿Cómo podía ser que ahora estuviesen sanos y salvos del otro lado?

¿Y que no es justamente así como funciona la vida de la fe?  Nos disponemos a recibir todo regalo que Dios derrama sobre nosotros.  Podemos nombrar miles de maneras en las cuales Dios ha sido generoso con nosotros.  Pero la sequía y el fuego, la enfermedad y la muerte devastadora, la guerra y los refugiados muriéndose de hambre todavía permanecen.   ¿Será que la cercanía de Dios es solamente una ilusión?

La razón por la cual la Iglesia nos da ese refrán del Salmo 95 tan a menudo- Y si escuchan hoy su voz, no endurezcan su corazón- es porque todos los días tenemos la decisión de creer o no en la cercanía de Dios.  Nos sostuvo durante la noche y despertamos sintiéndonos de maravillas.  Sí, Dios está cerca.  Las noticias matutinas están llenas de imágenes de terror e injusticia por todo el mundo.  No, Dios claramente no está entre nosotros.

En este momento particular de la historia hay más y más cristianos volviéndose duros de corazón.  El mundo está demasiado lleno de tristeza para que ellos puedan encontrar una manera de aceptar que existe un Dios amoroso “entre nosotros.”

La decisión diaria de no endurecer nuestro corazón es exactamente lo que se requiere de un creyente.  No creemos porque las promesas del reino hayan sido cumplidas.  Elegimos esperar con alegre esperanza- y luchar por la justicia cada día- hasta que sean cumplidas.

En que maneras vas a ablandar tu corazón hoy?

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Segundo Domingo de Cuaresma – Ciclo A

15 marzo 2017

Reflexionando Sobre Gen. 12: 1-4a

Ah, la Cuaresma.  Esa bendita temporada de comienzos de nuevo.  La necesitamos tanto, pero al mismo tiempo le tememos a sus disciplinas hasta que llega.  Y entonces suspiramos de alivio al darnos cuenta de que se nos abre la puerta a otras segundas oportunidades.  Los sacramentos también son así.  Cada uno de ellos es una manera en que Dios nos arranca de las heridas y las fallas que nos están haciendo miserables.

Es eso lo que sucede en la lectura de hoy del libro de Génesis, cuando Dios, de la nada, llama a Abram y le promete bendición sobre bendición.  ¿Qué?  Abram (ya con el cambio de nombre a Abraham caemos en cuenta de que necesitaba una segunda oportunidad) nunca había oído de este Dios, y ahora Él lo está sacando de su tierra y diciéndole que se lleve a su esposa Sara (quien también obtiene una segunda oportunidad) a una tierra que ellos ni siquiera sabían que existía.

Esta pareja de ancianos necesitaba una segunda oportunidad en su vida.  Ellos no tenían hijos, lo cual significaba que su nombre no iba a trascender al futuro.  Pero, milagro de milagros, este Dios les estaba prometiendo no solamente descendientes, sino una “gran nación” que no solo sería bendecida, sino que, aun mejor, SERÍA una bendición por todos los siglos.

¿Cuál de las dos te gustaría saber acerca de tu vida, que eres bendecido, o que tú ERES una bendición?  Piensa en la gente- tus hijos, tus padres, tus amigos- quienes han traído bendiciones a tu vida.  Esta es una excelente semana para dejárselos saber.  Y aún más fantástico sería decirle a tus amigos judíos las maneras en las que ellos te han bendecido.  Después de todos estos miles de años, los judíos observantes todavía oran todos los días para que su nombre siga siendo una bendición.  Se sentirán muy felices de saber que la promesa de Dios continua.

¿En que maneras eres tú una bendición para el mundo?

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Primer Domingo de Cuaresma – Ciclo A

8 marzo 2017

Reflexionando sobre Matthew 4: 1-11

Les tengo una idea para esta Cuaresma, y me la dio Jesús.  Él debe haber sabido, desde una edad muy temprana, que Satanás le tenia el ojo puesto.  Él debe haber sabido que los poderes del infierno estaban quietos en espera de él, y por eso Jesús llenó su mente y su alma con las escrituras.

Él se aseguró de que las escrituras estuvieran en sus labios y en su corazón (Deut. 30:14).  Tal vez hasta se pegaba secciones de la escritura alrededor de su muñeca izquierda y en su frente cuando oraba (Deut. 6:8).

Por eso, cuando el Mentiroso se le acercó en el desierto Jesús estaba listo para él.  ¿Convertir estas piedras en pan?  No solo de pan vive el hombre.  ¿Arrojarme para mostrar que soy Dios?  No debes poner a prueba a tu Dios.  ¿Arrodillarte ante mi y adorarme?  Solamente al Señor tu Dios debes adorar.

¿Estás listo para las tentaciones de esta cuaresma?  Esconde tus escrituras favoritas en tu corazón.  O tal vez tienes algunos himnos favoritos que quieres memorizar para tenerlos a la mano cuando necesites el consuelo de Dios.  Cuando hacemos viajes de larga distancia, mi marido pega la letra de himnos en el volante de su auto, y se esfuerza en memorizárselos mientras que conduce.  He aquí algunas de mis escrituras favoritas, que tengo en acceso automático cada Cuaresma:

A todo puedo hacerle frente, pues Cristo es quien me fortalece. (Fil. 4:13).

Sabemos que el sufrimiento nos da firmeza para soportar, y esta firmeza nos permite salir aprobados, y el salir aprobados  nos llena de esperanza. (Rom. 5:3-5)

Yo se los planes que tengo para ustedes, planes para su bienestar y no para su mal. (Jer. 29:11).

Si hoy escuchan ustedes lo que Dios dice, no endurezcan su corazón. (Heb. 3:15).

Estoy orando para que esta sea la mejor Cuaresma que hallas tenido.

 ¿Cómo te estás preparando para confrontar la tentación en esta temporada?

Kathy McGovern ©2017

Kathy McGovern © 2014-2015

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Octavo Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A

27 febrero 2017

Reflexionando sobre Matt. 6: 24-34

Lo que más me deleita de la naturaleza es el hecho de que estamos tan inconscientes de ella.  Cada primavera- y me estoy adelantando por un par de meses, lo se- hasta grito de placer de ver a los pajaritos que hacen sus nidos en las coronas que cuelgan de las puertas, en las canastas de las bicicletas, y hasta en un zapato viejo que ha sido olvidado en el porche.

¡A!  Miren las aves que vuelan por el aire.  No pagan renta, ni llenan cuestionarios financieros.  No dan referencias, y aun así hacen sus hogares en las ventanas de tu dormitorio y ni siquiera se fijan en todos tus niños y parientes que se asoman maravillados a contemplar como ponen sus huevitos y los incuban hasta que los polluelos salen del cascaron, y luego alimentan a esos PRECIOSOS bebes con todo tipo de lombrices asquerosas que aparentemente vivían en tu patio, y les enseñan, de alguna manera, a volar del nido.  ¡Y dejan el nido hecho todo un desastre y no pagan deposito por daños!

Así que, ¿Qué saben ellos que nosotros no sabemos?  Ellos saben lo que nosotros hemos olvidado, lo cual es que Del Señor es el mundo entero, con todo lo que en él hay, con todo lo que en él vive.  (Salmo 24:1).

Nosotros vemos nuestros rascacielos y nuestros semáforos y símbolos de la civilización y la orden.  Los pájaros los ven como lugares perfectos para hacer un hogar, y construir nidos complejos y poner sus huevitos para que nazcan sus pajaritos ahí arriba de las marquesinas alumbradas de Times Square.

Jesús quiere que alcemos la mirada y recordemos lo que alguna vez supimos, antes de la Caída, antes de que comenzáramos a acaparar y dividir en pedazos la tierra y llamarlos nuestros.  Hay suficiente sol, y semillas, y lluvia para alimentar al mundo.  Nuestro Padre Celestial sabe lo que necesitamos.  ¿Y nosotros lo sabemos?

¿Cómo enmascara lo que quieres a lo que realmente necesitas?

Kathy McGovern ©2017

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Séptimo Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A

18 febrero 2017

Reflexionando sobre Matt. 5: 38-48

La estrategia tradicional para responder a las palabras de Jesús acerca de decirle no a la violencia es, por supuesto, olvidarse de que lo escuchamos y seguir con nuestra propia estrategia.   Pero seamos valientes e intentemos comprender.

En un proyecto de investigación de hace unos años, se les daba a los participantes un pellizco en los dedos, entonces se les pedía que pellizcaran a su compañero con la misma intensidad.  Todas las veces, el primero en ser pellizcado ejercía más presión a su compañero de lo que ellos mismos habían recibido.  ¿Por qué?  Porque el dolor que se siente es siempre más que el dolor que se da.  Por eso la violencia siempre escala.

Aquí está un ejemplo que tal vez llegue más al punto.  Pasas junto a un grupo de amigos y oyes tu nombre en su conversación.  Bueno, tal vez (pero muy poco probable) están de echo hablando acerca de que has subido de peso, o comentando del proyecto de ciencias en donde tu hijo hizo trampa, o de que ya no te presentas en la clase de yoga.  Pero si mides la cantidad verdadera de malicia en sus corazones hacia ti (diminuta) no sentirías ni una pizca de la cantidad de enojo que sientes por tan solo haber oído tu nombre en una conversación en la cual no estás presente.  El dolor que se siente es siempre más que el dolor que se da.

Jesús sabe lo débiles que somos.  Él sabe que las demandas y las pequeñas batallas escalan hasta convertirse en guerras porque no podemos diferenciar entre el dolor verdadero (pequeño) y el dolor que experimentamos (grande).  Una vez que entramos en shock, no podemos recordar que fuimos nosotros los que lo iniciamos.  Es rara la persona que es lo suficientemente humilde para admitir que el daño es pequeño, y que la probabilidad de que ella misma sea responsable de alguna parte en el es grande.

Oren por sus enemigos, nos dice Jesús.  ¿No sería sorprendente enterarte de que tú eres el “enemigo” por el que otra persona está orando, también?

¿Alguna vez has contemplado algún conflicto del pasado y te has dado cuenta de que tú eras el villano?

Kathy McGovern ©2017

Kathy McGovern © 2014-2015

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