Vigésimo-Quinto Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo C

17 septiembre 2016

Reflexionando sobre Luke 16: 1-13

Mmm.  Estoy viendo el billete de dólar que acabo de sacar de mi cartera.  Ciertamente, todavía esta ahí.  En Dios confiamos.  Estoy un tanto sorprendida de que todavía no lo han removido.  Antes de leer el libro de Robert Lupton “Desintoxicación de la Caridad: Como sería la caridad si nos importaran los resultados” hubiese bromeado de que realmente es un dicho perfecto para nuestro mundo de consumidores.  El dinero es nuestro Dios, y en él confiamos.

Pero ahora veo las cosas de una manera distinta, y la historia del “sirviente injusto” no me sorprende tanto como me sorprendía antes.  La verdad es que la gente de negocios brillante e innovadora quienes “sirven a la riqueza” son exactamente lo que este mundo necesita.  Necesitamos celebrar y apoyar (y ocasionalmente incluir en nuestras oraciones generales) a la gente de negocios, porque el método más efectivo de aliviar la pobreza es el desarrollo económico.

Todos tenemos nuestras frustraciones con la tecnología, pero los campos tecnológicos han creado más riqueza (y trabajos) en nuestro mundo que todas las caridades que han existido.  La pobreza extrema se ha reducido por más de la mitad en la ultima década porque China y La India- quienes representan la más grande concentración de pobreza global en el mundo- se han convertido en jugadores económicos mayores en tecnologías que han creado niveles incomparables de empleos para sus 2.5 millones de habitantes.

Aun así, sus éticas de negocios, como las del sirviente injusto, necesitan ajustes enormes.  Pero en pasos pequeños de justicia económica han dado grandes avances hacia la mejoría.  ¡Que asombroso que Jesús sabia de estos principios básicos de los negocios!  Involucre a aquellos que saben hacer dinero, y póngalos a trabajar creando el reino de Dios.

¿En que forma está su negocio invirtiendo dinero y talento en crear justicia económica?

Kathy McGovern ©2016

Kathy McGovern © 2014-2015

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Vigésimo-Cuarto Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo C

16 septiembre 2016

Reflexionando sobre Luke 15:1-32

Recientemente escuché una grabación en audio de lo que debe ser el libro más chistoso del idioma inglés, Las Aventuras de Huckleberry Finn.  ¿Por qué desperdiciar la gran literatura del mundo en niños de 10 años?  No lo entendía antes, pero ahora, claro que me percato de lo brillante que era Mark Twain al atacar la ignorancia y el racismo de su tiempo, disfrazando la sátira en las conversaciones entre Huck y Jim, el esclavo que se escapó.

Puedes encontrar ese mismo tipo de critica acerca del estado en que se encuentran las cosas en la actualidad si lees cuidadosamente el emblemático evangelio de hoy.    Hay tres historias de perdido y encontrado, tres finales felices (en lo que cabe), y tres oportunidades para que nosotros sacudamos las cabezas y digamos: -¿Existirá un mensaje escondido detrás de la superficie?-

Porque, en serio ¿Qué pastor DEJARÍA noventa y nueve ovejas en el desierto para ir a recobrar una perdida?  Su jefe lo podría meter en la cárcel por tal comportamiento irresponsable.  ¿Y una mujer realmente juntaría a todas sus amigas para que se alegraran con ella por haber recuperado una moneda perdida de un saco de diez?

Yo creo que esto es sátira judía.  La audiencia sabe que las primeras dos historias son el calentamiento para la historia real,  la que atravesará sus corazones con la relevancia de sus propias situaciones familiares, la que los hará quedarse sin aliento cuando el padre se levante la túnica y CORRA COMO UNA CHICA a tomar a su hijo perdido entre sus brazos otra vez.

Y aquí es cuando San Lucas se muestra el maestro de la sátira.  Los fariseos que escuchaban estas historias de conversión y regresos gozosos sacuden sus cabezas.  Entre tanto, los cobradores de impuestos y los pecadores irrumpen por la puerta para sentarse a cenar con Jesús.

¿qué experiencias recientes has tenido de sentir el gozo de estar reconciliado?

Kathy McGovern ©2016

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Vigésimo-tercer Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo C

7 septiembre 2016

Reflexionando sobre Luke 14: 25-33

¿Si cualquiera de nosotros hubiese sabido todas las veces que se nos iba a romper el corazón en nuestras vidas, hubiésemos procedido de todas maneras?  ¿Si hubiésemos podido terminar nuestras vidas antes porque sabíamos de los problemas de salud que nos esperaban en el futuro, quién hubiese vivido lo suficiente como para encontrar una cura para esas mismas enfermedades que tanto nos aterrorizan?

Me hago estas preguntas mientras Jesús les aconseja a aquellos que lo siguen a que midan el costo antes de comenzar algo.  Si tú no puedes renunciar a tus posesiones, no puedes dejar a los que amas, no puedes cargar tu cruz, entonces no estás listo para ser mi discípulo. 

Ninguno de los apóstoles dijo, el día en que Jesús los llamo, -No, he medido el costo y es demasiado alto.-  Lo siguieron.  Pero para cuando llegó el Viernes Santo, ya estaban como aquel que “comenzó a construir pero no tuvo los recursos para terminar.”  Pedro lo negó  Judas lo traicionó.  Y los otros huyeron.  Es verdad, después iban a ser martirizados en el primer siglo del Cristianismo.  Pero ese valor vino DESPUES de la resurrección, no antes.

Cuando era niña, Corrie ten Boom le dijo a su padre que ella nunca sería lo suficientemente valiente para enfrentar su muerte.  –Corrie,- le dijo su papa, – ¿Cuando vamos a la estación de trenes, cuando te doy el boleto? -  – Pues cuando me subo al tren- le contesto ella.  – Así es con el valor.  Cuando lo necesites, Dios te lo va a dar.-   Años después, esa tímida niñita holandesa salvó la vida de cientos de Judíos escondiéndolos en su casa.

El futuro está misericordiosamente escondido de nuestros ojos.  Los discípulos de Jesús confían que la gracia de Dios es suficiente.

¿En que maneras se te ha dado gracia en los momentos más difíciles de tu vida?

Kathy McGovern ©2016 

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Vigésimo Segundo Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo C

3 septiembre 2016

Reflexionando sobre Luke 14: 1, 7-14

A nadie le gusta el mensaje de hacernos aun mas humildes, por supuesto.  Eso no es bueno para nuestra autoestima.  Pero no te preocupes.  Invitadas o  no invitadas, las oportunidades para caer de pura cara están a la vuelta de la esquina.

Por ejemplo, el evangelio de hoy de verdad me sucedió a mi una vez.  Mi esposo Ben y yo habíamos llegado a una recepción para una boda antes que todos.  Pusimos nuestro regalo en la mesa junto al pastel, y al azar escogimos dos sillas para sentarnos.  Ciertamente, cuando comenzaron a llegar las familias de la boda, se fueron derechito a nuestra mesa .  De echo estábamos sentados en las sillas que  habían reservado para la novia y el novio.

Nunca olvidare ese momento de pura humillación cuando me di cuenta de que nos rodeaban, no porque querían platicar con nosotros más que con cualquier otros invitados ¡pero porque estaban esperando que nos moviéramos!  Solo de recordarlo me hace sonrojar de pies a cabeza.

Por supuesto, en cuanto rápidamente nos fuimos a la mesa mas escondida de todo el lugar nos preguntamos el uno al otro: -¿Puedes creer lo que nos acaba de pasar?  Entramos directamente al banquete de bodas en la historia del evangelio de Lucas.  –A que no te encanta encontrar una conexión entre tus propias experiencias y una parábola de Jesús, el maestro de las historias?

Pero aquí tienen la mejor conexión de todas: Invita a gente que no te pueda pagar, dice Jesús. Cultiva amistades con aquellos que son humildes en este mundo.  La historia ahora ha dado un giro intimo, porque resulta que NOSOTROS somos los amigos a quienes Jesús ha cultivado.  NOSOTROS somos los que nunca podremos pagarle a él.  Él nos buscó a NOSOTROS.  Ese es el mejor lugar en cualquier mesa.

¿Cómo fomenta la humildad en ti el echo de ser un hijo o hija de Dios?

Kathy McGovern ©2016 

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Vigésimo-Primer Domingo De Tiempo Ordinario – Ciclo C

22 agosto 2016

Reflexionando sobre Hebrews 12: 1-4

Las aceras de nuestro vecindario son terribles.  He tropezado tantas veces en las grietas que cada vez que me arrodillo sospecho que tengo huesos permanentemente rotos de caerme sobre ellos tantas veces. 

Probablemente esa fue la razón por la cual me llamó tanto la atención esa ultima oración en la terminación de la carta a los Hebreos:   robusteced las rodillas vacilantes, y caminad por una senda llana: así el pie cojo, en vez de retorcerse, se curará. !Oh, como me gustaría una senda recta en mi calle!  Castigada por la experiencia, camino con la cabeza baja, cuidándome de las grietas que esperan para mandarme volando por los aires.

Aquí hay una metáfora, yo creo.  El autor ha estado justificando el sufrimiento, sugiriendo que el dolor es la corrección gentil de Dios, una manera en que un padre amoroso nos vuelve al camino recto y estrecho.  Lastimados, pero no fatalmente, ahora se nos anima a que forjemos un camino nuevo en la vida, una manera nueva de caminar a través de la duda, el aburrimiento, el dolor crónico, y las muchas tentaciones que intentan hacernos tropezar.

Existen muchas aceras.  Algunas están brillantes de nuevas, pero tu deberás hacer el esfuerzo para encontrarlas.  Sus nombres son liberarse de la amargura.  Gratitud.  Aceptación.  Acoger a Jesús.  Otras son fáciles de encontrar, de hecho tu puedes haber estado caminando sobre ellas por años.  Sus nombres son inercia. Cinismo. Mas interés en tu iPad que en tus hijos. (y, lectores jóvenes, mas interés en tu teléfono que en tus padres!)

Construye una nueva senda.  No permitas que las viejas heridas se infesten.  Aléjate de los hábitos que han tallado los surcos en tu vida que continúan tropezándote e hiriéndote.  Hoy es un día perfecto para tomar una linda caminata. 

¿Cómo estas trabajando en inventar una nueva forma de caminar?

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Vigésimo Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo C

17 agosto 2016

Reflexionando sobre Luke 12: 49-53

Ya va  a comenzar el año escolar, y los niños de nuestro vecindario están frenéticos.  Si les toca la suerte de tener maestros apasionados y creativos, ellos  tendrán una experiencia productiva y emocionante.  Pero si sus maestros ya están temiéndole  a comenzar el año, ya todos sabemos como van a ser estos próximos nueve meses.

Estoy consciente de la demográfica que, siendo la comunidad correcta, todavía encuentra la gracia, año tras año, de recibir esta nueva temporada con energía y fascinación renovada.  Espero que tu parroquia esté bendecida de tener una comunidad vibrante de feligreses que lleven la misión de su parroquia al mundo.  Y oro para que tu parroquia tenga un personal que todavía tenga el corazón encendido con amor por el evangelio de Jesucristo.

Yo he observado esto por cuarenta años.  Manda a cualquier personal de alguna parroquia, que estén agotados del rigor de la Cuaresma o la Semana Santa, a un congreso de educación religiosa en Los Ángeles por algunos días.  No les tomara ni cinco minutos encender de nuevo esa pasión que los llevo hace años a hacer este trabajo. 

Yo soy parte de un equipo de tres maestros que tiene la oportunidad de enseñar un curso de treinta semanas acerca del Nuevo Testamento, comenzando el próximo mes.  Combinados, tenemos 82 años de experiencia enseñando las escrituras.  Y nuestro secreto es: literalmente temblamos de emoción por comenzar de nuevo.  Nunca nos recuperaremos de ese profundo privilegio de abrirles los hermosos evangelios a otra clase de estudiantes apasionados.

He venido a prender fuego a este mundo  Ese es el Espíritu Santo.  Oro para que tu parroquia se encuentre en llamas. 

¿cómo puedes tú ayudar a que las llamas del Espíritu Santo ardan en tu parroquia?

Kathy McGovern ©2016

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Decimo Noveno domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo C

8 agosto 2016

Reflexionando sobre Luke 12: 32-48

Si tú eres una de esas personas a quienes les encanta asustarse, a quienes les gustan los cuentos de fantasmas y casas embrujadas y películas de tipos que esperan en las esquinas con hachas, aquí te tengo algo bueno que leer.  Se llama la sección de Negocios.

Ahí podrás leer, hasta que te sientas débil de tanto terror, acerca del dinero que debiste haber ahorrado, los bienes raíces que debiste haber comprado, acerca de cómo ciertamente debes tener varios años de “liquidez”  para ese inevitable día cuando todas las malas decisiones  que has hecho se junten para atormentarte.

Recuerda a Fagan, en la versión de película de Oliver Twist, escabulléndose al segundo piso, tan calladito sacando todos sus tesoros, y con amor acariciando sus joyas robadas durante toda una vida de asaltar bolsillos aquí y allá.  Ya está viejo, y ellas son su seguridad.  Esto es todo lo que lo separa de la prisión de pordioseros.  Charles Dickens, un cristiano magnifico y la consciencia de la Inglaterra del siglo 19, llevó a la luz publica las injusticias sociales de sus tiempos.  Y luego escribió un libro acerca de Jesús para sus hijos usando el evangelio de Lucas- el evangelio de hoy, de echo- como su planilla.

Donde está tu tesoro, ahí también está tu corazón.  Yo conozco a mucha gente adinerada.  Han amasado grandes tesoros, los cuales tienen por nombre Cuidar a aquellos quienes no tienen a nadie, hacer amistad con aquellos que más necesitan la misericordia de Dios, y Fidelidad para sus conyugues y sus hijos, en los tiempos buenos y los malos.

Esto es lo que yo observo de aquellos que han acumulado “bolsas de dinero que no se gastan”: todos están rodeados de gente que los ama.  Ese es un tesoro que ni siquiera Fagan les puede robar.

¿Cómo estás tú acumulando un “tesoro que no se gasta en el cielo”?

Kathy McGovern ©2016

 

Kathy McGovern © 2014-2015

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Decimo Octavo Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo C

1 agosto 2016

Reflexionando sobre Luke 12: 13-21

Quiero ser rica- escandalosa, despampanantemente rica.  Pero he aquí lo que me salva: quiero ser rica en las cosas que le importan a Dios.  Quiero tener amigos que sean amigos de Dios.  Anhelo amistades con gente que ore, que ponga atención cuidadosa en la manera que Dios trabaja en el mundo, que me ayude a ver una imagen más grande de lo que veo en mi rincón privilegiado en el mundo.  Quiero leer el periódico de la manera que Dios lo lee.

Algún día- por la misericordia de Dios- cuando vea a Cristo cara a cara, yo se que él estará rodeado de sus mejores amigos.  Quiero ser reconocida entre esa gente.  Mejor aun, quiero que algunas de esas personas me reconozcan. 

Así que veamos.  Si los evangelios son una indicación de LO QUE le encanta a Jesús, sabemos que a Jesús le encanta comer.  Puedes comerte la escritura de Lucas mientras te sientas a la mesa con Jesús, a veces con los ricos, a veces con sus amigos más cercanos, a veces con la gente más odiada del pueblo.  Me da la impresión de que, para Jesús, una cena se trata de mucho mas que de simplemente comer.

Algo que al parecer NO le importa a Dios es la comodidad personal.  Jesús manda a sus discípulos a decirle al mundo que el reino de Dios ha llegado.   Ese mensaje es tan urgente que sus mensajeros deben ir YA, sin llevar nada con ellos más que esas buenas noticias que transformarán los corazones.  Jesús viaja a lo largo y ancho de Israel para consolar, sanar, y llamar a todos hacia él.

Un corazón abierto.  Un abrazo cálido para toda las personas.  Y un apetito saludable.  Aunque sea ya tengo el ultimo de los tres.

¿Cómo estás llenando tu vida con las cosas que le importan a Dios?

Kathy McGovern ©2016

 

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Décimo Séptimo Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo C

24 julio 2016

Reflexionando sobre Luke 11: 1-13

Si no leemos las ultimas ocho palabras del evangelio de hoy, estoy convencida de que ya sea, nos desilusionaremos de la misericordia de Dios, o trágicamente, de nuestra completa Fe en Dios.  No hay nadie que no le haya rogado a Dios que sanara, solo para después llorar en el lecho de muerte de un ser querido.  No hay nadie que no haya tocado, solo para sentir la fría puerta cerrada.  No hay nadie que no hay buscado, y no haya encontrado.  Pero el evangelio insiste que ninguna de estas cosas le sucederá a una persona que ore. 

Esta es la la manera de que esto va a tener sentido:  Nuestro Padre en el cielo le dará el Espíritu Santo a aquellos que lo pidan.  Esa es la profunda y perdurable verdad.  Cuando pedimos al Espíritu, lo recibiremos.  Cuando tocamos la puerta del Espíritu, él la abrirá.  Cuando buscamos al Espíritu, el Espíritu se dejará encontrar.  Esa oración nunca fallará.  Jamás. 

Así es que, ahora que ya conoces la oración que funciona siempre, pruébala.  Pide al Espíritu Santo.  Pídele los siete dones.  Y ya que estás en eso, pídele los frutos- amor, gozo, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, gentileza, y autocontrol.  ¡Tal vez sea una buena idea pedir solo una a la vez!  Es demasiada transformación para hacerla de la noche a la mañana. 

Mi oración en estos días es: O Dios, dame más de tu Espíritu Santo.  Dame un deseo de orar.  Ayúdame a ver a cada ser humano por medio de tus ojos.  Dame valor para transformar la verdad en poder.

Bueno.  Eso se oye como una descripción de Jesús.  Ahora lo entiendo.  Cuando recibimos el Espíritu Santo, recibimos el mismo corazón de Cristo.  Ahora comprendo porque Dios nos ruega que lo pidamos.

¿Cómo actúa el Espíritu Santo en tu vida?

Kathy McGovern ©2016

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Decimo Sexto Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo C

18 julio 2016

Reflexionando sobre Luke 10:38-42

¿A que no te encanta el Ciclo C?  Si no tuviésemos el evangelio de Lucas nunca hubiéramos sabido acerca de las grandes mujeres del Nuevo Testamento.

Comienza en los primeros capítulos.  Solo Lucas sabía que María caminó desde Nazaret hasta Ein Karem- como unas noventa millas, en su primer etapa de embarazo- para contarle a Isabel las increíbles noticias y ayudarle con el nacimiento de su propio hijo milagroso. 

Lucas sabía de la profetisa Ana en el templo, acerca de la sanación de la mujer a quien Jesus llamo “hija de Abraham.”  Las mujeres protagonizan algunas de las parábolas, como la mujer que barre toda la noche en búsqueda de una moneda perdida, o la viuda que toca la puerta del juez toda la noche hasta que él se enoja tanto que termina haciéndole justicia. 

Y ahora, hoy, esta historia maravillosa de Lucas acerca de los dos amigas muy allegadas de Jesús, Marta y María.  Vemos el final antes de que todo comience.  Jesús, quien nació de una mujer, la misma quien le enseño las escrituras- y tomen nota, que María está citando a esa gran mujer del Antiguo Testamento, Ana (1 Sm 2: 1-10) cuando entona el Magníficat a Isabel (1: 46-55,)― fue apoyado por mujeres en su ministerio (8: 2,3,) y tan amado por María de Magdala que todos los cuatro evangelios la nombran a ella como la primer testigo de su resurrección.  Él comprende.   Él ha visto las restricciones que mantienen a las mujeres en sus lugares.

Con solo unas cuantas palabras él libera a ambas mujeres.  Y guau, Marta responde grandemente.  Esta sirvienta y discípulo se convierte, en este ultimo evangelio,  en la primer persona que reconoce a Jesús como El Cristo (Juan 11:27).

¿Cuál de estos carismas te atraen más a ti: el servicio o la contemplación?

Kathy McGovern ©2016

Kathy McGovern © 2014-2015

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