La Resurrección de Nuestro Señor – Ciclo C

20 abril 2019

Reflexionando sobre John 20: 1-9

¡Finalmente llegamos a la Pascua! Respírala. Huélela. Saboréala. Tócala. Llegó una vez más la gloriosa, preciosa Pascua, a pesar de nuestros fallidos intentos de prepararnos para recibirla.

Ay, las flores. Experimenta ese delicioso aroma Pascual del desenfreno de gozo que fue anoche—el crisma, la Vela, las exclamaciones de gozo de los Elegidos al ser sumergidos en las aguas del Rio Jordán y el Mar Rojo partido en dos.

¡Ya es Pascua, hermanos! Saquen sus hermosos vestuarios de los colores de la Pascua, sus sombreros de Pascua y sus guantes blancos, sus canastas de Pascua y sus corazones de Pascua, que fueron abiertos el Viernes Santo, rebosantes de gozo por la noticia de que la tumba esta vacía.

¿Tienes algún recuerdo hermoso y eterno de la Pascua? Si lo tienes, sácalo. Gracias, Tía Margarita, por aquellos gloriosos chocolates en forma de huevos de Pascua, cada uno de ellos con nuestros nombres grabados con unas hermosas letras rosadas.

Gracias, Hermana Genoveva, por enseñarnos la música de la Semana Santa. Nuestra clase de octavo grado dirigió toda la música del Triduo. Como siempre me ha pasado en la vida, me tocó estar en el lugar correcto, en el momento correcto.

Gracias, a esa linda parroquia de mi juventud. Abriste el espacio del coro para todos los niños, y jamás me ha dejado la marca imborrable de la misión y la música.

Gracias, Egeria, moja intrépida del cuarto siglo. Viajaste desde España a la Tierra Santa a ver como celebraban los Cristianos la Pascua en Jerusalén. Tu fascinante diario, descubierto en 1884, es el motivo por el cual nuestras Semanas Santas son tan deslumbrantemente hermosas.

Gracias, Santa María Magdalena, discípulo de discípulos. Tu testimonio resuenan hasta los confines de la tierra: ¡La tumba está vacía!

La muerte no pudo detener al Autor de la Vida. Y tampoco a ti te detendrá.

¿Cuáles son tus mejores recuerdos de la Pascua?

 

Kathy McGovern ©2019 www.lahistoriayusted.com Translation: Deisy Andrew

Kathy McGovern © 2014-2015

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Domingo de Ramos de La Pasión de Nuestro Señor – Ciclo C

13 abril 2019

Reflexionando sobre Luke 22: 14-23:56

¿Cómo comienza Jesús su entrada a la ciudad de la muerte?  Ha estado en camino hacia Jerusalén por los últimos diez capítulos del evangelio de Lucas. Esta jornada debe haberle tomado varias semanas. ¿O tal vez años? ¿O tal vez toda su vida? ¿O comenzó esta Jornada con la creación del mundo, y culminó en el Calvario, y encontró su pleno significado muy cerca de Gólgota, en una tumba nueva que sería usada solo por un momento?

Habiendo hecho la jornada para la cual nació, por la cual vino al mundo, Jesús se detuvo a las afueras de la ciudad y les dio instrucciones a dos de sus discípulos de ir por un burrito—un animalito de paz—y les dijo que lo desataran y se lo trajeran para hacer su entrada en Jerusalén.

Imagínate eso. El dueño del burrito atado ve a dos personas desatándolo, y llevándoselo. Les pregunta, “¿Por qué se llevan mi propiedad?” Le contestan, como si esto resolviera todo, “El Maestro lo necesita.” Y ya. La criatura que cargará a Jesús para que entre en la ciudad que lo asesinará se va con los discípulos. Tal parece que el dueño comprende perfectamente. Podemos imaginárnoslo de rodillas mientras que les entrega su burrito a estos dos servidores del Maestro.

En nuestras vidas, la muerte y el sufrimiento, la resurrección y la vida siempre andan rondándonos. Jesús siempre viene de camino hacia nosotros, dándonos instrucciones de donde encontrar lo que es “nuestro” para podérselo entregar a él y así extraer vida de entre nuestras muertes.

¿Esa calidez y esa fe fuerte como una roca que has estado escondiendo para que otros no vean quien realmente eres? Tendrás que hacer entrega de todo eso. El Maestro lo necesita.

¿En qué formas es tu vida un Hosanna que viene desde lo más profundo de tu corazón?

Kathy McGovern ©2019 Translation: Deisy Andrew

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Quinto Domingo de Cuaresma – Ciclo C

11 abril 2019

Reflexionando sobre Isaías 43: 16-21

Dirijamos nuestra mirada por un momento a la primera lectura (Isaías 43: 16-21). Todos los días leemos acerca de los suicidios que cometen tantos jóvenes atormentados quienes desesperadamente necesitan de esta escritura.

Hace algunos años me atacó una repentina infección de estafilococo. Al medio día estaba yendo a almorzar con una amiga. A las 3 de la tarde estaba en una sala de emergencias, gritando. Meses después, y tras cinco hospitalizaciones, por fin me liberé de la infección. Pero el shock de la experiencia me dejó sumamente alterada.

Una amiga sicóloga me ofreció un nevó tratamiento para el trastorno de estrés postraumático. Por un periodo de tres meses, trabajó conmigo, colocándome pequeños electrodos en la palma de cada mano. Me invitó a recordar la escalofriante experiencia de sentirme indefensa y llena de dolor. El electrodo en una mano pulsó ligeramente.

Después me invito a pensar en mis lugares seguros, mis lugares queridos, y le dio al electrodo un pulso más fuerte en la otra mano. Al pasar del tiempo el pulso del electrodo en esa palma fue incrementado hasta el punto que superó la fuerza del pulso de la otra palma. Ella forjó un camino en mi cerebro—un pasaje a través del Mar, Isaías nos diría—que disminuyó la memoria del terror y aumentó mi espíritu de paz.

Ya no pienses más en cosas del pasado, oramos por aquellos que han presenciado balaceras en las escuelas y otros horrores. Dios va a hacer algo nuevo. Y verás que ahora mismo va a aparecer.

Isaías sabía acerca del trastorno de estrés postraumático. Él se dirigía a los traumatizados judíos quienes vieron a Jerusalén en llamas y luego fueron llevados al exilio. Él les rogaba que permitieran que el poder liberador de Dios se antepusiera ante esos terribles recuerdos.

El Dios de “algo nuevo” puede sanar nuestras memorias. Aférrate fuertemente a esta escritura tan poderosa.

¿Qué método has usado para dejar de “pensar demasiado en cosas del pasado”?

 

Kathy McGovern ©2019 Translation by Deisy Andrew

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Cuarto Domingo de Cuaresma – Ciclo C

30 marzo 2019

Reflexionando sobre Luke 15: 1-3, 11-32

NO es para nada fácil sentarse aquí con los vecinos para ver como ese muchacho medio muerto de hambre regresa a su casa. Se enteran de que llegó a la puerta del patio, y le preparan una guante para burlarse, saliva, y hasta unos cinturones para darle la bienvenida cuando pase por enfrente de ellos de camino a su casa.

¡Pero vean eso! ¡Allá viene el avergonzado padre, levantándose la vestidura y corriendo como una chica para encontrarlo! Se lanza a dar un gran abrazo a ese hijo deshonroso y hasta lo besa! Y ahora está pidiendo que le traigan un hermoso vestuario y que se lo pongan a este hijo despreciable.

¿Será que esto es lo que nos espera a todos ahora? ¿Ahora se supone que tenemos que entregarle sus herencias a nuestros hijos avariciosos cuando nos digan, “muérete, ya quiero mi dinero.”?

¡Imagínense como se lo gastó! Probablemente esté todo infectado después de andar metiéndose con esas bailarinas gentiles. ¡Y míralo tan flaco! Se dice que ha trabajando ALIMENTANDO CERDOS. Un muchacho judío, alimentando a los puercos. Que deshonra. Para nosotros está muerto. Al menos no le dieron ese friego horripilante que le dan a los cerdos. Tendría diarrea por un mes si se hubiera comido esos arándanos amargos.

Él y su padre se abrazan. Él llora, y su padre baila y se ríe y—espera–¿Sí será un anillo lo que le está poniendo en el dedo? ¿Y calzado para sus pies? ¡Ese hijo que se les fue ahora está siendo tratado como si nada hubiese pasado, como si fuese cualquier otro miembro de la familia!

Caramba. ¿Qué no es ese el cordero gordo en el asador? Esa comida basta para alimentar a toda la aldea. ¡Y todos estamos invitados! Bueno, pues tendremos que ir a la fiesta. Al menos veamos que es lo que tiene que decir.

¿De qué manera has sido atraído al perdón por medio de los poderes artísticos que tiene Dios para persuadir?

Kathy McGovern ©2019 Translator: Deisy Andrew

 

Kathy McGovern © 2014-2015

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Tercer Domingo de Cuaresma – Ciclo C

27 marzo 2019

Reflexionando sobre Luke 13:1-9

Así que, por tres años el dueño de la higuera viene a revisar el árbol para ver si tiene fruto y se decepciona al ver que no tiene nada. Mmm. El dueño seguramente no es judío, ya que cualquier buen judío sabe que el libro de Levítico le prohíbe a cualquier dueño de un árbol frutal que consuma la fruta de tal árbol durante los primeros tres años de su vida (19:23-25).

El jardinero es obviamente un Judío muy cumplido, ya que se mete cuando el dueño de la tierra que no es judío, no lo ve y le arranca los brotes al árbol—el fruto no maduro—para que el dueño no encuentre nada cuando venga a revisar.

Pero al dueño de la tierra le espera aun otra sorpresa, ya que el siguiente año, cuando el árbol FINALMENTE de un fruto maduro y delicioso, éste no le pertenece a él, sino a Dios. Solamente cuando esta higuera tan codiciada tenga cinco años de vida es que el dueño de la tierra donde está sembrada tendrá todo el derecho de comer sus frutos.

Esta podría ser una broma judía contra los ocupantes romanos. ¡Que listo es ese sirviente que contrataron! ¡Engaña a los romanos para que obedezcan las leyes de Moisés! ¿Cuánto se sorprenderían de saber que se estaban comportando como judíos? Tal vez eso los obligue a darse por vencidos y regresar a sus casas de una vez por todas.

O tal vez es una parábola acerca de la gratificación aplazada. Dios nos dio reglas acerca de cómo conseguir comida—o de hecho cualquier otra cosa—demasiado pronto. Debemos ejercitar la disciplina de la paciencia sobre todas las cosas. Los mejores frutos vienen a aquellos que no desperdician sus vidas en las cosas fáciles, sino que más bien trabajan arduamente para aquello que vale la pena esperar.

Pero esos son los frutos secundarios. El primer fruto es este: todos vivimos en tiempo prestado. Toma ventaja de cada gracia que se te dio el día de ayer, y haz que tu vida sea una deliciosa ofrenda el día de hoy.

 ¿En qué forma es tu vida un dulce fruto?

Kathy McGovern ©2019

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Segundo Domingo de Cuaresma – Ciclo C

16 marzo 2019

Reflexionando sobre Luke 9: 28b-36

¿Qué estarían pensando Pedro, Santiago, y Juan aquel día en el Monte Tabor? En el capitulo anterior de Lucas fueron ellos a quienes Jesús eligió para entrar al cuarto de una niña que había muerto. Todos estaban lamentándose y llorando, y Jesús les pidió a estos tres que entraran con él a la casa.

¡Que espantoso! Es cierto, ese mismo día lo habían visto curar a la mujer que tenia la hemorragia. Habían presenciado varios milagros, pero esto era diferente. Esta vez se trataba de una niña muerta.

Sin embargo se llenaron de valor y entraron en la casa, y por haber hecho ese esfuerzo tuvieron la oportunidad de presenciar como una niña muerta volvía a la vida. Pero ni siquiera eso los podía haber preparado para lo que seguía. Allá arriba de la montaña, mientras que él oraba (y ellos, como de costumbre, dormían) su Maestro repentinamente se transformó.

Sus ropas estaban sucias y polvorientas por el viaje; las de él estaban resplandecientemente blancas. Ellos hablaban entre ellos; Jesús hablaba con la Ley y los Profetas. Y no se trataba de cualquier charla sin importancia. Moisés y Elías hablaban con Jesús acerca de su éxodo. Que manera tan enteramente Judía de decir que hablaban de su muerte.

Yo también les hubiera rogado que me dejaran construirles un campamento. Después de escuchar a esas voces del cielo que hablaban de los terribles eventos que se avecinaban, yo también les hubiera rogado que nos quedásemos allá arriba de la montaña.

Y, como ya te imaginaste, fueron exactamente esos tres a los que Jesús llamó una última vez, para que oraran con el en Getsemaní durante esa noche de su arresto. Pero no hay que adelantarnos tanto. Nos quedan tres imponentes domingos antes de que nos reunamos a recordar esa terrible Pasión.

Manténganse en sintonía.

Las historias mas increíbles que se hayan contado nos esperan.

¿Alguna vez has tenido que ser al que se le llama para hacer algo valiente?

Kathy McGovern ©2019

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Primer Domingo de Cuaresma – Ciclo C

13 marzo 2019

Reflexionando sobre Luke 4:1-13

Me encontraba yo parada en la línea de recepción en el funeral de una amiga recientemente cuando entablé una conversación con una conocida mía. Ella me recordó que yo había cantado en el funeral de su primer esposo, quien murió trágicamente en una navegación en lancha por los rápidos de un rio durante su luna de miel.

“Espera,” le dije, “ ¿Esa eres TÚ? He contado la historia tantas veces de cuando canté ‘No tengas Miedo’ durante el funeral de un novio que se había ahogado durante su luna de miel. Cuando llegaba a la parte que dice Aunque pases por las aguas rugientes del mar no te ahogarás sabía que si alguien no me explicaba que significaban esas palabras yo simplemente no podría seguir creyendo en Jesús.”

Un año después encontré un anuncio que decía que iban a abrir una escuela de entrenamiento bíblico. Supe inmediatamente que había encontrado a las personas que me podrían explicar aquellas discrepancias entre las promesas de las escrituras y las cosas que experimentamos en la vida.

Satanás sabía de la lucha continua que enfrentaba el Pueblo de la Palabra, tratando de reconciliar el consuelo de las escrituras con los terrores de sus vidas reales. Los mismos judíos a quienes las escrituras les prometían restauración de sus tierras estaban viviendo bajo el yugo de los violentos invasores romanos. El hambre era la prueba diaria de aquellos profetas a quienes se les prometió una larga vida en esa tierra, con calles rebosantes de niños felices.

Hazlo, dice Satanás, pon a prueba tus famosas escrituras. Lánzate de ese cerro. Veamos que sucede.

Si durante esta Cuaresma cuando veas las noticias y luego leas las escrituras Cuaresmales comienzas a desesperanzarte de que esas escrituras sean realmente verdaderas, anímate. Jesús venció a Satanás cuando él le susurró esas mismas preguntas.

Y Jesús ha vencido al mundo.

¿Qué cosas haré durante esta Cuaresma para aprender a leer las escrituras más a profundidad?

Kathy McGovern ©2019

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Octavo Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo C

3 marzo 2019

Reflexionando sobre Sirach 27: 4-7

Que hermosas son las lecturas de esta semana, y no nos podrían haber llegado en mejor momento. Ambas, el evangelio y esa sección tan chistosa del libro del Eclesiástico revelan la profunda verdad acerca de la naturaleza humana: aquellas cosas en las que pasamos mucho tiempo pensando sin duda encontraran una manera de ir de nuestros cerebros hacia nuestros corazones, y por último salir por nuestras bocas.

Y luego nos echaos para atrás,  y decimos cosas como “Es que estaba tomando un medicamento que me hace olvidar lo que digo.” Excusas, aquellos intentos interminables de volver a recuperar las palabras dichas, tal como lo demostró San Felipe Neri tan eficazmente, es como recuperar las plumas que han salido volando después de haber sacudido una almohada.

Si esa lectura de Eclesiástico te parece un tanto extraña, estás en lo correcto. Solamente en aquellos años cuando la cuaresma comienza tarde sucede que lleguemos hasta el octavo o noveno domingo de tiempo ordinario. Ya que cambiamos las lecturas de Mateo, Marcos y Lucas durante un ciclo de tres años, y esa lectura del Eclesiástico es elegida para armonizar con la lectura de hoy de Lucas, para poder escuchar esa lectura debemos estar en el Ciclo C (así que cada tres años) y tenemos una Cuaresma tardía.

Sin embargo, esto me da una oportunidad de alabar el humor de este libro, su entendimiento de la naturaleza humana,  su hermoso trato de la amistad, sus acertados consejos acerca del dinero, y, tristemente, prevenirles de sus desagradables comentarios acerca de las mujeres.

Lo disfrutarán y les dará un tanto de vergüenza ajena, pero no se aburrirán. Les debemos las gracias a los cristianos del primer siglo por haberlo rescatado, a la iglesia Católica por seguir usándolo y copiándolo. Y por cierto, el leccionario es la brillante creación del Vaticano II, y ha sido adaptado por tantas otras tradiciones Cristianas, que casi todos los domingo, todos los cristianos quienes comparten el calendario litúrgico oyen las mismas lecturas. ¿Acaso no te encanta eso?

¿Cómo se te salen a veces al hablar las cosas retorcidas que traes en la mente?

Kathy McGovern ©2019 www.lahistoriayusted.com

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Séptimo Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo C

2 marzo 2019

Reflexionando sobre Luke 6: 27-38

Una de las experiencias más agradables que disfruté cuando era maestra era el pasar tiempo en el comedor para el personal de la escuela. Ahí era donde, al final del día, los maestros contaban sus adorables historias de sus chistositos niños de primer grado, o los maestros que tenían los grados más altos compartían sus retos de hacer que la historia fuese interesante para los chicos de secundaria quienes estaban más interesados en quitarse las sillas unos a otros para hacerse caer al suelo.

Pero la parte más difícil (y ahora viendo hacia atrás, más valiosa) de ese tiempo era el aprender de aquellos maestros más experimentados. Un día estaba felicitándome a mí misma de haberme defendido de una niña de cuarto grado quien me había estado hablando irrespetuosamente. Esa niña recibió mi mirada más humillante, y después, en su silencio, una larga tarea para terminar en casa.

“Pues bien,” dijo una venerada y muy querida miembro de la facultad. “Yo creo que la avergonzaste porque tú eres más grande y tienes la autoridad. Yo nunca trato de ridiculizar o rebajar a un estudiante, no importa que tan ofensivo sea, solamente porque puedo hacerlo. Existen otras maneras de disciplinar sin tener que humillar a un niño.”

¡Ay! Su corrección fue directo a mi corazón, y directo a ese lugar donde cambia el comportamiento. Espero nunca más desde ese día haber usado cualquier autoridad que se me haya dado para rebajar a nadie, especialmente a alguien inofensivo.

Es lindo ver como San Lucas va directo al grano, muy al comenzar del evangelio, a asegurarse que recordemos que tan profundamente Jesús desea que comprendamos esto. Oren por aquellos que los tratan mal, nos dice Jesús. Bendigan a aquellos que los maldigan. Hagan el bien a aquellos que los odian.

Es exactamente lo opuesto de lo que queremos hacer. Es totalmente contradictorio. Del mismo modo, si te pones a pensar, es la cruz. Mas por medio de tan maravilloso amor, el mundo fue salvado.

¿Qué gracia has encontrado al orar por aquellos que te han lastimado?

Kathy McGovern ©2019

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Sexto Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo C

16 febrero 2019

Reflexionando sobre Luke 6: 17, 20-26

Bienaventurados aquellos que necesitan ayuda.

He andado con muletas durante estos últimos días. Tengo fe en que me recuperaré de mi más reciente reto ortopédico, pero en este momento nuestra casa se parece un tanto a Lourdes, con muletas y caminadoras por todos lados.

Lograr ir al supermercado es un reto enorme en este momento, con toda esa nieve y hielo que cubren el estacionamiento. La semana pasada me fui pasito a pasito llena de optimismo atravesando el curso de obstáculos de hielo. “Oiga,” dijo una dulce voz con acento hispano detrás de mí, “permítanos ayudarle.” Inmediatamente vi como una mamá con sus dos niños se pusieron a mi lado, deteniéndome por ambos lados hasta que llegamos a la puerta.

“Es linda tu mamá ¿qué no?” pregunté. “Sí,” me respondió su hijo con orgullo. “Ella es muy linda.” Que bendecida estoy.

¿Y cómo regresar al auto? No se me había ocurrido pensar en eso cuando salí. Estaba a dos pies de la tienda cuando un amable hombre, con quien había tenido una conversación acerca de nuestras discapacidades compartidas cuando estábamos esperando a pagar, se me acercó. “Oh, Señorita, déjeme ayudarla.”

“¡Pero si usted usa bastón! No quiero que se vaya a resbalar.” “No se preocupe,” me dijo, “nos sostenemos el uno al otro.” Así que una fila de autos tuvo que esperar pacientemente mientas un hombre afroamericano discapacitado ayudaba a una señora mayor blanca a cruzar por en medio de los charcos de hielo.

Se llama Mario. Le han tenido que amputar dos dedos de los pies a causa de la diabetes. También tiene enfermedad del riñón y enfermedad cardiaca. Me enteré de esto porque, al observar como cojeaba hacia la calle, le pregunté si quería que le diera una aventón a su departamento que quedaba a seis cuadras de ahí.

“Cuídese mucho Mario.” Le dije, mientras que se bajaba del auto. “Señora Kathy, el Señor es mi fuerza y mi escudo.”

Bienaventurados aquellos que necesitan ayuda. Ellos serán saciados.

¿Qué bendiciones te han llegado cuando te encontrabas necesitado?

Kathy McGovern ©2019

Kathy McGovern © 2014-2015

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