Segundo Domingo de Adviento – Ciclo A

12 diciembre 2017

Reflexionando sobre Mark 1: 1-8

Cuando oigo la historia de Juan el Bautista sumergiendo a los israelitas en el rio Jordán me viene a la mente un tierno momento que pasé con mi amigo Charles Onofrio, el gran león de Dios que se nos fue al cielo el año pasado.  Nadie amaba a Jesús y a la Iglesia más que Chuck, y nadie era tan receptivo y educado en lo que concierne a las reformas del vaticano II como lo era este elocuente abogado católico.

Pero la primer vez que Chuck observó a los catecúmenos que estaban siendo preparados para el bautismo  salir de la iglesia después de la homilía se escandalizó.  “Oigan, yo no voy a soportar esto.  Si ellos no se pueden quedar a la Comunión entonces yo tampoco me quedaré.  Yo soy más pecador que cualquiera de ellos.  ¿Con qué cara me puedo quedar yo si a ellos se les pide que salgan?”

Chuck necesitó unas cuantas amables palabras de explicación de parte del gran obispo George Evans para poder comprender que ese era el nuevo rito de iniciación para los conversos a la fe.  Ellos no tienen que marcharse –¡ni lo mande Dios!- porque son pecadores y nosotros no lo somos.  Se marchan en frente de nosotros para ir al catecismo juntos, y para que nosotros oremos por ellos mientras que se dirigen para allá.

Chuck se convirtió en el catequista líder de la parroquia, y debió haber orado por cientos de católicos nuevos que se dirigían a la fuente bautismal en esos próximos treinta y cinco años.  Pero creo que secretamente siempre le gustó el estilo de aquel salvaje, come-langostas que era el Bautista, quien arrastraba a su propia gente- no a los que se convertían al judaísmo, sino a los que ya eran judíos fieles de toda una vida- hacia el desierto y los hacía admitir que ELLOS eran pecadores y ELLOS necesitaban el bautismo del arrepentimiento.

El Adviento es una temporada tan llena de silencio y reflexión.  Escucha cuidadosamente.  Una voz proclama en el desierto.

 

¿Qué es lo que te dice a ti la voz de Juan el Bautista?

Kathy McGovern ©2017

Kathy McGovern © 2014-2015

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Primer Domingo de Adviento – Ciclo A

12 diciembre 2017

Nosotros los católicos somos medio raros.  Aquí nos tienen, ya transcurrieron doce semanas del año escolar, cinco meses del año fiscal, y once meses el año natural y nosotros apenas vamos a comenzar nuestro año nuevo.  El primer domingo de adviento es donde todo comienza de nuevo.  Nuevos himnos.  Nuevos colores (violetas y rosados).  Nuevo evangelista (San Marcos).  Nuevos cantos, en la escala menor de la añoranza del Adviento.  Vivimos en disonancia cronológica.  Y nos fascina.

Desde los primeros comienzos de la Iglesia, los cristianos han medido el tiempo de una manera diferente.  El domingo- el día de la resurrección- se convirtió en el día principal para la adoración, a pesar de que era un día laborar en el mundo romano.  Los primeros cristianos creían que Cristo debía cambiar la manera en la que ellos vivían.

Hace algunos años un amigo mío me presentó una de las acusaciones más amargas en contra de nuestro sistema escolar Católico.  Al observar que todos los niños que se graduaban de la preparatoria aspiraban a ser estrellas de cine o héroes del deporte, él me dijo, “¿Y a que no estamos orgullosos?  Nadie podría adivinar que nuestros niños pasaron doce años sumergidos en el evangelio de Jesús.”

Si no nos apegamos a una ética de vida consistente, si no tenemos un interés especial en servir a los pobres, si nuestra agenda no es radicalmente diferente a las agendas de otros partidos políticos, entonces estamos solo fingiendo que el Señor del tiempo no interrumpió en la historia humana e hizo todas las cosas nuevas, con el él Mismo como el Alfa y el Omega.

Sí, nosotros los católicos tan raros comenzamos nuestro año con el Adviento.  Nosotros seguimos otra estructura de tiempo.  Es una “estructura de fe,” y todo en nuestras vidas debería marchar a partir de ese reloj.

 

¿Cómo estás viviendo tu vida para Cristo en formas que son contra la cultura?

Kathy McGovern ©2017

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Solemnidad de Cristo el Rey – Ciclo A

25 noviembre 2017

Reflexionando sobre Matthew 25: 31-46

 Cristo, mi rey, estas son las cosas que he visto últimamente, cosas que me recordaron la parábola del Juicio Final:

  1. Vi a una madre cansada limpiar la leche derramada por su hijo pequeño mientras le daba un abrazo y un beso.
  2. Vi a cientos de parroquias donando tarjetas de regalo a las familias de bajos recursos para que pudieran tener una cena este día de Acción de Gracias.
  3. Vi a mi esposo que generosamente decidió dejar de ver el juego y tomar cerveza para poder ayudar a un amigo.
  4. Vi a un ex presidario anciano salir de las calles e ingresar en un cálido centro de consejería.
  5. Vi un nuevo complejo de apartamentos abrir sus puertas y proveer albergue permanente a aquellos que alguna vez vivian en las calles.
  6. Vi a jóvenes extraordinarios acompañar a los refugiados sirios a un lugar seguro.
  7. Vi a tiernos niños de alrededor del país organizando recaudaciones de fondos para las victimas del huracán de Puerto Rico y las Islas Vírgenes.

Cristo, mi Rey, ellos no lo sabían, pero cada una de estas bellas acciones fueron hechas para ti.  Pero esta semana también vi como los efectos de la avaricia y el poder y el egoísmo y el síndrome de yo-primero destruyeron y causaron devastación por todo el mundo.  Eso te lo hicimos a ti, oh Jesús.  Debiste haber dicho algo.  Debiste haber dicho,  “¡Oigan!  Es a mi a quien están dejando solo afuera en el frio, es a mí a quien están abandonando, a mí a quien están forzando a laborar en trabajos de mínima paga.”  Deberías haber dicho algo, Jesús.  Simplemente no te vimos.

¿Dónde has visto a Cristo en su “disfraz más angustiante” recientemente?

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Trigésimo-tercer Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A

22 noviembre 2017

Reflexionando sobre Matthew 25: 14-30

Bueno, hicimos lo mejor que pudimos.  Nos mantuvimos fieles a la iglesia en donde fuimos bautizados.  Nos integramos a los grupos y tomamos las clases de escritura.  Tendimos una mano a los necesitados.

Servimos en el consejo parroquial.  Pero, ¿quien va tomar nuestro lugar?  ¿A dónde se fueron las generaciones más jóvenes?  ¿Cómo fue que se marcharon dos generaciones de gente joven sin que ni siquiera nos diésemos cuenta?

Recientemente asistí a una misión parroquial dirigida por la Dra. Eileen Burke-Sullivan.  Hablamos de la nostalgia que sentimos al recordar las abarrotadas iglesias de los años cincuentas y sesentas- y le confesé que todavía añoro lo que recuerdo era la iglesia vibrante de esos días- y me dijo (lo pongo en mis propias palabras), “Aun aunque pudiésemos de alguna forma regresar a esos tiempos ahora mismo, no encontraríamos ahí a Jesús.  Él está donde nosotros estamos, y nosotros ya no vivimos ahí.  Estamos vivos hoy, en el 2017.”

De alguna forma, a pesar de nuestros mejores esfuerzos- o tal vez de nuestros tibios esfuerzos- las inversiones que hemos hecho con los “talentos” que se nos dieron para darle paso a una Iglesia viva y robusta no han impresionado a nadie con sus dividendos.  Recordemos lo que dijo San Juan Pablo Segundo acerca del tema: No estamos en la tierra para resguardar un museo, sino más bien para cultivar un floreciente jardín de vida.

A diferencia del Amo que se fue de viaje, Jesús nunca nos dejó.  Pero sí nos encargó a su Iglesia.  Cierto, la cultura que solía cargar la fe ya no existe.  ¿Pero realmente creemos que Cristo es incapaz de sanar y salvar y atraer personas a él en el 2017?  Este es en el tiempo en que vivimos.  Pero Jesucristo es Señor de todos los tiempos.  Esa es una verdad que ninguno de nosotros debemos enterrar en el suelo.

En qué maneras estás invirtiendo en tu parroquia?

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Trigésimo-segundo Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A

12 noviembre 2017

Reflexionando sobre 1 Thessalonians 4: 13-18

¿Alguna vez te has imaginado tu propia muerte?  Es difícil hacerlo.  Podemos imaginarnos, tal vez, nuestro funeral, y quizás hasta las enfermedades que van a finalmente acabar con nosotros.  Pero de veras imaginar ese ultimo aliento de nuestro estado despierto nos parece tan raro como el hecho de morir- el estrellarse en el suelo al caerse de un edificio alto- en nuestro estado de sueño.  El subconsciente lo resiste con todas sus fuerzas.

La verdad es que, de algún modo, creemos que estaremos aquí para leer nuestro propio obituario.  No sabemos todavía exactamente como sucederá, pero los humanos vivimos en una disonancia cognitiva acerca de nuestras propias muertes.

Pablo era un “bebe cristiano” cuando escribió su primer carta a los Filipenses. Esto sucedió muy temprano durante su propia vida como creyente, y escribía para aliviar las ansiedades de otros nuevos cristianos.

Aparentemente se había desparramado un rumor de que Jesús ya había regresado, y aquellos que se murieron antes de su regreso (o no vivían en Jerusalén) se habían perdido de la segunda venida y por ende no experimentarían el cielo.

Que terrible rumor.  Pablo les ofrece una confianza detallada acerca de cómo sucedería “el final de los tiempos”- y seguramente él creía que esto sucedería antes de que él mismo muriera- y esta confianza tenía como propósito asegurar a la comunidad de que el Dios del Universo los encontraría, aunque murieran antes de que Cristo regresara a la tierra de nuevo.

En menos de veinte años, los dos, San Pablo y San Pedro fueron martirizados en Roma.  No fue hasta que los dos lideres de la fe cristiana murieron que la gente se dio cuenta de veras que la Segunda Venida podría no estar muy cercana.  Fue entonces que San Marcos comenzó a escribir lo que sería el primer evangelio.  La Segunda Venida fue retrasada, sí, pero las Buenas Nuevas apenas comenzaban.

¿Cómo te estás preparando para tu muerte y al mismo tiempo viviendo una vida abundante?

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Trigésimo-primer Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A

4 noviembre 2017

Reflexionando sobre Matthew 23: 1-12

En mi mundo, los humildes están por todos lados, y su intención es seguir siendo humildes.  Desearía conocer a alguien arrogante para poder imaginarme como sería su transformación a la humildad. Pero a mi alrededor solo tengo el tipo de personas opuesto.

En el Facebook mi humilde amiga pregunta si hay alguien disponible para servir en el Albergue de Ancianos esta semana.  En la parroquia, la lista de aquellos dispuestos a llevar alimentos a los que están confinados en casa es casi más larga de la lista de los que necesitan ese servicio.  La interminable buena voluntad y el ingenio de tanta gente que conozco quienes trabajan para aliviar el sufrimiento del mundo no solo es inspiradora, sino que transforma mi corazón.

Aunque, sí tengo dos amigas que a menudo hablan acerca de su compromiso con las tantas organizaciones a las que dedican su tiempo en servir.  Desearía que más gente hiciera esto.  El mantenerte en silencio acerca del generoso regalo que les das a tus nietos con tu tiempo, o de tus visitas semanales al asilo, o del tiempo que pasas cuidando niños para las familias que se encuentran atrapadas en trabajos de bajos sueldos, nos roba al resto de nosotros la oportunidad de ser retados a abandonar nuestra zona Netflix de comodidad.

Me encanta escuchar a las personas hablar de las diferentes formas que han descubierto de ayudar al mundo.  Si eso es presumir, ¡entonces más fuerza para los presumidos!   Necesitamos sus historias y sus testimonios desesperadamente.  Me imagino al cielo como simplemente más de eso mismo:  personas amorosa dedicándose por la eternidad a amar a otras personas.  Pero no quiero asomarme desde afuera, preguntándome porque nadie me mencionó que estaban haciendo estas cosas que nunca se me hubieran ocurrido a mí, porque las personas que las estaba haciendo eran demasiado humildes para hablarme de esas cosas.

¿Qué sorpresas te has llevado recientemente al descubrir las buenas obras de los demás?

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Trigésimo Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A

3 noviembre 2017

Reflexionando sobre Matthew 22: 34-40

Mis amigos Jen y Paul tienen un par de ADORABLES mellizos , y se sorprendieron y deleitaron al darle la bienvenida al gracioso Max hace dos años.  Y luego, hace un mes, llegaron a casa del hospital con- ya lo adivinaste- un segundo par de niños mellizos.  Sí, son cinco niños menores de cuatro años.

Sophia lloró al principio al darse cuenta de que está rodeada de puros hermanos, pero su mellizo, Lucas, la consoló diciéndole esto:  No te preocupes, apuesto a que la siguiente vez que mamá tenga mellizos van a ser niñas.   Aja.

El lugar más feliz del universo es el sillón de la sala, donde duermen los bebes y los tres hermanos “mayores’ se acurrucan para leer cuentos.  Aunque su biblia ilustrada no cuenta la historia del terrible Rey Herodes, Sophia y Lucas se la saben, y ahora me dicen todo lo que ellos harían para proteger al niñito Jesús de ese horrible rey.

“Si el niñito Jesús estuviera aquí,” dice Lucas, “Y el Rey Herodes me preguntara donde está, yo le señalaría para otra dirección y le diría, “Está ALLÁ.”  Y Sophia agrega, “ Y yo nunca, nunca permitiría que él encontrara al Niñito Jesús.  Jesús es bueno, y el Rey Herodes es muy malo.”

Son puramente adictivos, estos cinco hermosos niños, y sus corazones son de la forma perfecto para Jesús.  Me recuerdan una parte de una oración que cada Judío debe orar todos los días por la mañana y por la tarde, y la parte que Jesús, el judío perfecto, recitó para el maestro de la ley: Debes amar a Dios con todo tu corazón con toda tu alma y toda tu mente.

No es para nada difícil, amar a Dios con todo lo que tenemos.  Solo debemos encontrar al niño de cuatro años que llevamos dentro, listo para amar a Dios con todo lo que somos.

¿Tienes un momento en el día cuando te siente más cerca de amar a Dios con todo tu corazón tu alma y tu mente?

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Vigésimo-Noveno Domingo De Tiempo Ordinario – Ciclo A

24 octubre 2017

Reflexionando Sobre Isaiah 45: 1, 4-6

¿Alguna vez has tenido una charla con alguien que pensabas que conocías, para darte cuenta de que realmente no lo conocías, y luego terminar siendo buenos amigos?  ¿Alguna vez te has metido al salón de clases equivocado y luego has terminado matriculándote en esa clase en vez de la clase que habías planeado inicialmente?

Hay historias que contar acerca de cada una de estas situaciones.  Son historias verídicas de “accidentes” que cambian vidas, las cuales me han compartido mis estudiantes a través de los años.  El Rey Ciro de Persia, cerca del año 538 A.C, podría identificarse con esto.

Él era un tipo que no sabia nada acerca de los judíos o de su extraordinaria historia.  Acababa de hacer trizas al gran ejercito de Babilonia y expulsó a todos sus reyes.  Este conquistador mundial condujo un censo rápido de la población del territorio que acababa de conquistar y se dio cuenta de que habían grandes números de comunidades judías que habían salido de Judá durante el horrorizarte asedio del Rey Nabucodonosor hacía ya cincuenta años.

Casi como un detalle extra les dijo, “Váyanse ya.  Llévense todos los tesoros que se les arrebataron de su Templo cuando Nabucodonosor tomo poder.  Reconstruyan sus vidas y su Templo.  Y recen por la Familia Real y por mí.

Así fue como el rey Gentil empezó a ser llamando “el Ungido de Dios” por el profeta Isaías.  Accidentalmente cayó dentro de la historia de la salvación y la cambió para siembre.  ¿Cómo hubiese podido imaginarse que  él estaba enviando al Pueblo Elegido de Dios de vuelta a casa para reconstruir su territorio, y con el tiempo, ser el hogar de Jesús de Nazaret?

¿Cómo, de hecho, podrías tú saber si Dios esta trabajando por medio de ti para hacer el bien?  Invita a Dios a que te use como una vasija.  Y luego prepárate a tomar tu lugar en la historia al lado del Gran Rey Ciro.

Kathy McGovern ©2017

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Vigésimo-Octavo Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A

14 octubre 2017

Reflexionando sobre Phil. 4: 12-14, 19-20

Se oye tan simple cuando lo dice San Pablo: He aprendido el secreto de comer bien y de tener hambre, de vivir en abundancia y en necesidad.  Cierto.  Es verdad que muchos de nosotros vivíamos con mucha más simplicidad cuando éramos jóvenes.  Casi todos hemos elegido tener casas más grandes y mejores aires acondicionados, y tal vez muchos de nosotros hasta nos asombramos de recordar que vivíamos en una casas que tenía un solo baño.

De hecho, me sorprende que tan bien se adaptan los estudiantes de primer año de universidad a sus diminutos dormitorios, especialmente después de haber crecido con una recamara propia, una nevera repleta y su propio auto.  Lo que hace que la austeridad de un dormitorio universitario sea divertido, por supuesto, es la proximidad de los amigos a todas horas, y también vivir solos por primera vez.

Pero ¿podrías hacerlo de nuevo?  San Pablo dice que él sí.  Él dice que él puede estar cómodo en todo tipo de circunstancias, aunque tenga frio o calor, hambre o con panza llena, viva en un cuarto calentito o en la calle.  Lo que le permite soportar (y hasta encontrarlo divertido) es ver la gracia de Dios en acción en todo tipo de circunstancias.

Este es el “secreto” que él ha descubierto.  Es ese versículo poderoso que es el favorito de muchos: “Todo lo puedo en Cristo que me sostiene (Filipenses 4:13).  ¿Te lo has memorizado, lo has puesto en tu espejo, lo has convertido en calcomanía para tu auto?  Si no has hecho tuyo este versículo, inténtalo y ve si te queda. (No se va a repetir en las lecturas por otros tres años, así que hoy es el día de grabar esta escritura en tu corazón.)

¿Qué reto en particular está Cristo fortaleciendo dentro de ti en este momento?

Kathy McGovern ©2017

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Vigesimoséptimo Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A

13 octubre 2017

Reflexionando sobre Phil. 4: 6-9

Que carta tan hermosa.  Imagínate vivir en Filipos alrededor del año 54 d.C.  Situado solo a diez millas tierra adentro del Mar Agano, tu ciudad es una ciudad llena de orgullo, nombrada en honor a Filipo de Macedonia (padre de Alejandro el Grande).  El ejercito Romano es muy visible, es parte de la vida diaria aquí.  Pero tú eres cristiano, creyente en “El Camino,” bautizado por Pablo cuando vino de visita hace varios años.

De hecho, Filipos fue la primer ciudad europea en ser evangelizada por Pablo, y él ama a tu comunidad profundamente.  En su carta los llama “su gozo y su corona,” y dice que ustedes serán la comunidad de la cual presumirá cuando esté en el cielo con Jesús.  (2:16).  Él se ha mantenido en contacto a través de los años, y ahora, escribiendo cadenas de cartas desde Efesio, les ha enviado esta carta de amor.

Tú en especial reflexionas acerca de las ultimas líneas, su típica conclusión cálida.  Los exhorta, en la confusión de la predicación contradictoria de otros cristianos quien recientemente los han visitado desde Jerusalén, a siempre regresar a su formula cuando busquen la verdad.

¿Es verdadero?  Sí.  ¿Es honorable?  Sí.  ¿Es justo?  Siempre.  ¿Es puro?  Hermosamente lo es.  ¿Es adorable?  Tu corazón se levanta cuando lo recuerdas.  ¿Está lleno de gracia? El comportamiento de tus compañeros cristianos te llena de orgullo.  ¡Que si es excelente− claro que sí!  Y digno de alabanza−¡para siempre! Entonces piensen en estas cosas. Cuando intentes descifrar la verdad de las mentiras de la cultura, usa esto como tu examen.

A, y sí, sigan haciendo lo que Pablo les dijo.  Eso es todo.  Este es el mensaje.  Y empiezas as sentir como la paz de Dios te llena por dentro.

Usando esta lista: ¿Qué tal estás haciendo?

Kathy McGovern ©2017

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