Segundo Domingo de Cuaresma – Ciclo C

16 marzo 2019

Reflexionando sobre Luke 9: 28b-36

¿Qué estarían pensando Pedro, Santiago, y Juan aquel día en el Monte Tabor? En el capitulo anterior de Lucas fueron ellos a quienes Jesús eligió para entrar al cuarto de una niña que había muerto. Todos estaban lamentándose y llorando, y Jesús les pidió a estos tres que entraran con él a la casa.

¡Que espantoso! Es cierto, ese mismo día lo habían visto curar a la mujer que tenia la hemorragia. Habían presenciado varios milagros, pero esto era diferente. Esta vez se trataba de una niña muerta.

Sin embargo se llenaron de valor y entraron en la casa, y por haber hecho ese esfuerzo tuvieron la oportunidad de presenciar como una niña muerta volvía a la vida. Pero ni siquiera eso los podía haber preparado para lo que seguía. Allá arriba de la montaña, mientras que él oraba (y ellos, como de costumbre, dormían) su Maestro repentinamente se transformó.

Sus ropas estaban sucias y polvorientas por el viaje; las de él estaban resplandecientemente blancas. Ellos hablaban entre ellos; Jesús hablaba con la Ley y los Profetas. Y no se trataba de cualquier charla sin importancia. Moisés y Elías hablaban con Jesús acerca de su éxodo. Que manera tan enteramente Judía de decir que hablaban de su muerte.

Yo también les hubiera rogado que me dejaran construirles un campamento. Después de escuchar a esas voces del cielo que hablaban de los terribles eventos que se avecinaban, yo también les hubiera rogado que nos quedásemos allá arriba de la montaña.

Y, como ya te imaginaste, fueron exactamente esos tres a los que Jesús llamó una última vez, para que oraran con el en Getsemaní durante esa noche de su arresto. Pero no hay que adelantarnos tanto. Nos quedan tres imponentes domingos antes de que nos reunamos a recordar esa terrible Pasión.

Manténganse en sintonía.

Las historias mas increíbles que se hayan contado nos esperan.

¿Alguna vez has tenido que ser al que se le llama para hacer algo valiente?

Kathy McGovern ©2019

Kathy McGovern © 2014-2015

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Primer Domingo de Cuaresma – Ciclo C

13 marzo 2019

Reflexionando sobre Luke 4:1-13

Me encontraba yo parada en la línea de recepción en el funeral de una amiga recientemente cuando entablé una conversación con una conocida mía. Ella me recordó que yo había cantado en el funeral de su primer esposo, quien murió trágicamente en una navegación en lancha por los rápidos de un rio durante su luna de miel.

“Espera,” le dije, “ ¿Esa eres TÚ? He contado la historia tantas veces de cuando canté ‘No tengas Miedo’ durante el funeral de un novio que se había ahogado durante su luna de miel. Cuando llegaba a la parte que dice Aunque pases por las aguas rugientes del mar no te ahogarás sabía que si alguien no me explicaba que significaban esas palabras yo simplemente no podría seguir creyendo en Jesús.”

Un año después encontré un anuncio que decía que iban a abrir una escuela de entrenamiento bíblico. Supe inmediatamente que había encontrado a las personas que me podrían explicar aquellas discrepancias entre las promesas de las escrituras y las cosas que experimentamos en la vida.

Satanás sabía de la lucha continua que enfrentaba el Pueblo de la Palabra, tratando de reconciliar el consuelo de las escrituras con los terrores de sus vidas reales. Los mismos judíos a quienes las escrituras les prometían restauración de sus tierras estaban viviendo bajo el yugo de los violentos invasores romanos. El hambre era la prueba diaria de aquellos profetas a quienes se les prometió una larga vida en esa tierra, con calles rebosantes de niños felices.

Hazlo, dice Satanás, pon a prueba tus famosas escrituras. Lánzate de ese cerro. Veamos que sucede.

Si durante esta Cuaresma cuando veas las noticias y luego leas las escrituras Cuaresmales comienzas a desesperanzarte de que esas escrituras sean realmente verdaderas, anímate. Jesús venció a Satanás cuando él le susurró esas mismas preguntas.

Y Jesús ha vencido al mundo.

¿Qué cosas haré durante esta Cuaresma para aprender a leer las escrituras más a profundidad?

Kathy McGovern ©2019

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Octavo Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo C

3 marzo 2019

Reflexionando sobre Sirach 27: 4-7

Que hermosas son las lecturas de esta semana, y no nos podrían haber llegado en mejor momento. Ambas, el evangelio y esa sección tan chistosa del libro del Eclesiástico revelan la profunda verdad acerca de la naturaleza humana: aquellas cosas en las que pasamos mucho tiempo pensando sin duda encontraran una manera de ir de nuestros cerebros hacia nuestros corazones, y por último salir por nuestras bocas.

Y luego nos echaos para atrás,  y decimos cosas como “Es que estaba tomando un medicamento que me hace olvidar lo que digo.” Excusas, aquellos intentos interminables de volver a recuperar las palabras dichas, tal como lo demostró San Felipe Neri tan eficazmente, es como recuperar las plumas que han salido volando después de haber sacudido una almohada.

Si esa lectura de Eclesiástico te parece un tanto extraña, estás en lo correcto. Solamente en aquellos años cuando la cuaresma comienza tarde sucede que lleguemos hasta el octavo o noveno domingo de tiempo ordinario. Ya que cambiamos las lecturas de Mateo, Marcos y Lucas durante un ciclo de tres años, y esa lectura del Eclesiástico es elegida para armonizar con la lectura de hoy de Lucas, para poder escuchar esa lectura debemos estar en el Ciclo C (así que cada tres años) y tenemos una Cuaresma tardía.

Sin embargo, esto me da una oportunidad de alabar el humor de este libro, su entendimiento de la naturaleza humana,  su hermoso trato de la amistad, sus acertados consejos acerca del dinero, y, tristemente, prevenirles de sus desagradables comentarios acerca de las mujeres.

Lo disfrutarán y les dará un tanto de vergüenza ajena, pero no se aburrirán. Les debemos las gracias a los cristianos del primer siglo por haberlo rescatado, a la iglesia Católica por seguir usándolo y copiándolo. Y por cierto, el leccionario es la brillante creación del Vaticano II, y ha sido adaptado por tantas otras tradiciones Cristianas, que casi todos los domingo, todos los cristianos quienes comparten el calendario litúrgico oyen las mismas lecturas. ¿Acaso no te encanta eso?

¿Cómo se te salen a veces al hablar las cosas retorcidas que traes en la mente?

Kathy McGovern ©2019 www.lahistoriayusted.com

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Séptimo Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo C

2 marzo 2019

Reflexionando sobre Luke 6: 27-38

Una de las experiencias más agradables que disfruté cuando era maestra era el pasar tiempo en el comedor para el personal de la escuela. Ahí era donde, al final del día, los maestros contaban sus adorables historias de sus chistositos niños de primer grado, o los maestros que tenían los grados más altos compartían sus retos de hacer que la historia fuese interesante para los chicos de secundaria quienes estaban más interesados en quitarse las sillas unos a otros para hacerse caer al suelo.

Pero la parte más difícil (y ahora viendo hacia atrás, más valiosa) de ese tiempo era el aprender de aquellos maestros más experimentados. Un día estaba felicitándome a mí misma de haberme defendido de una niña de cuarto grado quien me había estado hablando irrespetuosamente. Esa niña recibió mi mirada más humillante, y después, en su silencio, una larga tarea para terminar en casa.

“Pues bien,” dijo una venerada y muy querida miembro de la facultad. “Yo creo que la avergonzaste porque tú eres más grande y tienes la autoridad. Yo nunca trato de ridiculizar o rebajar a un estudiante, no importa que tan ofensivo sea, solamente porque puedo hacerlo. Existen otras maneras de disciplinar sin tener que humillar a un niño.”

¡Ay! Su corrección fue directo a mi corazón, y directo a ese lugar donde cambia el comportamiento. Espero nunca más desde ese día haber usado cualquier autoridad que se me haya dado para rebajar a nadie, especialmente a alguien inofensivo.

Es lindo ver como San Lucas va directo al grano, muy al comenzar del evangelio, a asegurarse que recordemos que tan profundamente Jesús desea que comprendamos esto. Oren por aquellos que los tratan mal, nos dice Jesús. Bendigan a aquellos que los maldigan. Hagan el bien a aquellos que los odian.

Es exactamente lo opuesto de lo que queremos hacer. Es totalmente contradictorio. Del mismo modo, si te pones a pensar, es la cruz. Mas por medio de tan maravilloso amor, el mundo fue salvado.

¿Qué gracia has encontrado al orar por aquellos que te han lastimado?

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Sexto Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo C

16 febrero 2019

Reflexionando sobre Luke 6: 17, 20-26

Bienaventurados aquellos que necesitan ayuda.

He andado con muletas durante estos últimos días. Tengo fe en que me recuperaré de mi más reciente reto ortopédico, pero en este momento nuestra casa se parece un tanto a Lourdes, con muletas y caminadoras por todos lados.

Lograr ir al supermercado es un reto enorme en este momento, con toda esa nieve y hielo que cubren el estacionamiento. La semana pasada me fui pasito a pasito llena de optimismo atravesando el curso de obstáculos de hielo. “Oiga,” dijo una dulce voz con acento hispano detrás de mí, “permítanos ayudarle.” Inmediatamente vi como una mamá con sus dos niños se pusieron a mi lado, deteniéndome por ambos lados hasta que llegamos a la puerta.

“Es linda tu mamá ¿qué no?” pregunté. “Sí,” me respondió su hijo con orgullo. “Ella es muy linda.” Que bendecida estoy.

¿Y cómo regresar al auto? No se me había ocurrido pensar en eso cuando salí. Estaba a dos pies de la tienda cuando un amable hombre, con quien había tenido una conversación acerca de nuestras discapacidades compartidas cuando estábamos esperando a pagar, se me acercó. “Oh, Señorita, déjeme ayudarla.”

“¡Pero si usted usa bastón! No quiero que se vaya a resbalar.” “No se preocupe,” me dijo, “nos sostenemos el uno al otro.” Así que una fila de autos tuvo que esperar pacientemente mientas un hombre afroamericano discapacitado ayudaba a una señora mayor blanca a cruzar por en medio de los charcos de hielo.

Se llama Mario. Le han tenido que amputar dos dedos de los pies a causa de la diabetes. También tiene enfermedad del riñón y enfermedad cardiaca. Me enteré de esto porque, al observar como cojeaba hacia la calle, le pregunté si quería que le diera una aventón a su departamento que quedaba a seis cuadras de ahí.

“Cuídese mucho Mario.” Le dije, mientras que se bajaba del auto. “Señora Kathy, el Señor es mi fuerza y mi escudo.”

Bienaventurados aquellos que necesitan ayuda. Ellos serán saciados.

¿Qué bendiciones te han llegado cuando te encontrabas necesitado?

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Quinto Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo C

12 febrero 2019

Reflexionando sobre Luke 5:1-11

¿Qué se necesita para hacer llorar a un adulto? Para mí, siempre es experimentar la cercanía de Dios. Ahí tenemos por ejemplo a esos hombres en la orilla del lago de Galilea. Estuvieron pescando toda la noche y regresaron con las redes vacías. Pero una sola palabra de Jesús, y los peces vinieron encarrerados, rogando ser atrapados por el gran Misterio.

Cuando Simón Pedro vio esto se desmoronó. Aléjate de mí, Maestro. No me conoces y una vez que lo hagas no querrás tener nada que ver conmigo. Esa es usualmente la respuesta de cualquier persona cuando piensan que han tenido un encuentro con Dios, un momento de tanta gracia que aparte de las lagrimas, les viene ese sentimiento, que es alguien más quien debió haber recibido esto, alguien mejor, alguien más merecedor, alguien…pues…que simplemente no sea nosotros.

No se preocupen, les dice Jesús. Esa fue una pesca de practica. De hoy en delante estaremos pescando personas, billones y billones de personas. Así que no te estreses por tus insuficiencias. Mi gracia es suficiente.

Mira, Jesús sabe donde están los peces. Él conoce el lugar a donde debemos llevar las barcas, muy en lo profundo. Él sabe donde están tus heridas, tus perdidas y tus dudas. Nunca están en la superficie, siempre se encuentran en las memorias profundas, ahí donde la tristeza se infecta.

¿Sientes como que has estado pescando toda la noche por un trabajo, por amigos, por amor, por sanación? Jesús te ve. Él sabe en que parte del gran Mar te encuentras. El quiere reconfortarte, jalarte hasta su red de comunión y compasión. Nunca se trata de ser merecedor. Se trata de ser bienvenido.

Permite que Jesús te atrape en su red. Es el lugar más seguro en toda la mar.

¿En qué formas has experimentado la cercanía de Dios?

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Cuarto Domingo del Tiempo Ordinario – Ciclo C

2 febrero 2019

Reflexionando sobre I Cor. 12: 31-13:13

Si me pongo todos los sombreros adecuados, u odio a los que lo hacen, pero no tengo amor, es mejor que no me presente.

Si confío tanto en mi autoridad en un tema que nadie puede enseñarme nada, es mejor que me quede fuera para que no termine pisando el amor.

Si tengo las ideas más geniales de las Escrituras, pero no le digo a la gente lo mucho que las amo, se desesperarán de que Dios pueda ser encontrado allí.

Si amo tanto a Jesús y a la gente tan poco, necesito pedirle a una persona amorosa que me convierta, porque he confundido a la religión con algo completamente distinto.

El amor escribe una nota de agradecimiento a la persona que extiende un gesto reflexivo, incluso si esa persona no es “importante”. Él o ella es importante para Dios.

El amor escucha, y recuerda, y se ríe de las bromas de otras personas.

El amor no mete pequeñas críticas de los demás en la conversación, luego retrocede y disfruta de las consecuencias.

El amor realmente se regocija cuando algo maravilloso le sucede a alguien más. El amor promueve a otras personas.

El amor es expansivo, y perdonador, y gracioso. El amor no hace que las personas se sientan inseguras o “menos que”.

El sol puede quemarse, y el universo puede expandirse hacia el escalofrío. El cielo y la tierra pueden pasar; pero el amor permanecerá para siempre.

¿Cómo es tangible la presencia del amor en tu parroquia?

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Tercer Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo C

30 enero 2019

Reflexionando sobre Nehemiah 8: 2-4a, 5-6, 8-10

Fue como si hubiese un gran elefante en medio del salón ese día cuando Esdras les lee esa escritura tan fundamental a todos los hombres, mujeres y  niños de edad suficiente para comprender. Lo que ninguno de ellos admite es que al regresar a la tierra después de exilio en Babilonia, las cosas no les estaban resultando tan bien como se lo habían esperado.

Su nuevo Templo parece insignificante comparado con el majestuoso Templo que construyó Salomón (y que Nabucodonosor quemó). Los que regresaban estaban viviendo en una ciudad desolada, desprotegida, arando unos cuantos campos devastados, y siendo presas fáciles de bandidos saqueadores.

Cuando Esdras les lee este documento (que ahora se llama el Torá), ellos en respuesta cuelgan las cabezas y lloran. ¿Y qué es lo que hace el gobernador Nehemías? Los interrumpe para declarar un día de fiesta, y los exhorta a comer y beber y regocijarse. ¿Por qué? Porque sabe lo que han olvidado: el gozo del Señor será su fuerza. Ninguna otra cosa nunca les bastará.

En los servicios de las sinagogas que se llevan acabo hoy hay un momento emotivo. Después de las lecturas sagradas, la homilía, y el cantar de los salmos, se dirige una luz hacia el tabernáculo. Aquellos que tienen el apellido sacerdotal Cohen (o Kohen) pasan al frente. Este grupo, con el rabí, toman cinco deslumbrantes rollos de Torá y comienzan a bailar con ellos.

Y luego el cielo cae a la tierra. Los niños brincan a bailar con sus padres. Los grupos gozosos salen de sus bancas a saludar al Torá mientras que pasa por donde están. Por unos cuantos momentos estrepitosos la tranquila asamblea se regocija en la alegría del Torá. Les espera otra ardua semana de trabajo a todos, pero en el Sabbat ellos sacan de la profundidad donde hallan sus mayores fuerzas, que es el gozo que solamente procede de la intimidad con Dios.

¿En qué manera es el gozo del Señor tu fuerza mayor?

Kathy McGovern ©2019

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Segundo Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo C

23 enero 2019

Reflexionando sobre I Cor. 12:4-11

Existen diferentes tipos de talentos, gracias a Dios, y el Espíritu Santo respira en cada uno de ellos. Considera por ejemplo que tan brillante se debe ser para poder diseñar un sitio electrónico en la web para una parroquia, bendito sea la persona que visita este sitio con la intención de quizás conectarse a esa iglesia por primera vez.

A algunos se les da la destreza de crear fuentes de datos para la parroquia, a otros el buscar la manera más fácil para que el resto de nosotros pueda contribuir financieramente a esa parroquia. Estas destrezas son muy técnicas, pero es el mismo Dios quien da la energía y pasión que se necesitan para lograr estas cosas.

A algunos se les da el amar a los niños para que nuestras clases de educación religiosa y nuestras escuelas estén llenas de amor y gozo. Hasta existen algunos—y que Dios bendiga a estas personas tan únicas—quienes dedican sus vidas a la formación de adolescentes. Que mil bendiciones desciendan sobre sus cabezas.

Algunos poseen la experiencia de servir de administradores y socios pastorales, y cuidadosamente cuidan y se aseguran de que las necesidades sacramentales y espirituales de la parroquia se den por servidas. Algunos administran los tantos ministerios a refugios, lugares donde se alimentan a los desamparados, y las casas de protección, y algunos trabajan personalmente con la sociedad de St. Vincent de Paul.

Otros dedican su tiempo a orar por todos nosotros. Sí, existen miembros de la parroquia quienes hacen esto, todos los días, por toda su vida. Se llevan la lista de los enfermos y moribundos, y oran. Hay una adorable pareja, en una parroquia donde yo serví hace muchos años, quien oró por mí mientras desayunábamos juntos todos los días por quince años.

Esta es la punta del iceberg, por supuesto. Ni siquiera hemos hablado de la música, la escritura, y la liturgia, o del sacerdocio, santo cielo. Iglesia: ¿Ves que ricos somos?

¿Cómo utilizare mis talentos para trabajar para el Reino de Dios este año?

 

Kathy McGovern ©2019

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Solemnidad del Bautismo de Nuestro Senor – Ciclo C

12 enero 2019

Reflexionando sobre Luke 3: 15-16, 21-22

Fuimos a ver el musical “Querido Evan Hansen” el otoño pasado. El final es verdaderamente inspirador, aunque durante todo el show la audiencia sufre por Evan, quien padece de una ansiedad social tan terrible que se imagina a sí mismo saludando al mundo detrás de una ventana, sin ver ni oír a nadie nunca jamás.

Me recordó un incidente raro que me sucedió hace algunos años. Andaba caminando con mi perro por el vecindario, cuando por algún motivo volteé a ver la casa que acababa de pasar. Ahí, saludándome efusivamente por la ventana y gesticulando con la boca “feliz año nuevo,” estaban los adorables niños que vivían en esa casa.

Les regresé el saludo y seguí caminando, pensando en que coincidencia tan inusual había sido esa, que sin haberlos visto al pasar por su casa, se me ocurrió voltear en su dirección justo a tiempo para recibir ese cálido saludo.

Durante el bautismo de Jesús, los cielos se abrieron, y la voz del Padre se oyó, y el Espíritu Santo ciertamente apareció en forma de una paloma. Pero Lucas no nos dice quién vio a esa paloma, o quién oyó esa voz.  Sabemos que sucedió. ¿Pero aparte de Jesús (y el evangelista, quien fue inspirado por el Espíritu) quién tuvo ojos para ver y oídos para oír?

Si pudiésemos entrenar a nuestros ojos y oídos, apuesto a que nosotros también podríamos ver a los cielos abrirse, y oír a aquella voz del cielo que nos habla. Esta aparición de la Trinidad—el Hijo saliendo de las aguas, el Espíritu descansando como una paloma, y el Padre hablando desde los cielos—no fue un evento de una sola ocasión. Cristo está siempre con nosotros al morir y al resucitar y al vivir de nuevo, el Espíritu siempre nos señala hacia los caminos de paz, y el Padre siempre nos habla.

O poniéndolo de otro modo, el amor y el consuelo y la sabiduría siempre nos están saludando a través de las ventanas Divinas. Tómate un momento para voltear y darte cuenta.

¿Cómo te ha dado a conocer recientemente la presencia amorosa de Dios?

Kathy McGovern c. 2019

Kathy McGovern © 2014-2015

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