Sexto Domingo De Pascua

22 mayo 2017

Reflexionando sobre Acts 8:5-8, 14-17

Mi muy estimado nuevo cristiano,

Te vi la semana pasada en misa. ¿Cómo no reconocerte?  Tenias ese porte de gozo y profunda paz que viene de Jesús.  Hace un mes, en la Vigilia Pascual, entraste, con lagrimas resbalándote por las mejillas, directamente a la fuente bautismal, hiciste tus promesas bautismales, recibiste agua, aceite, y luz, tu rostro reflejaba la profunda serenidad que trae el haber buscado y encontrado a El que te ama más allá de lo que las palabras pueden expresar.

¡Este proceso de recibir al Espíritu Santo es intenso!  Y tú también eres intenso.  Todos nos fijamos en la manera en la que escuchas las escrituras-especialmente estas escrituras de Pascua, que se tratan completamente de TI y del amor que los primeros discípulos tenían por aquellos que por primera vez oían acerca de Jesús, y de que fue crucificado (1 Cor. 2:2), y que resucito (Mat 28:6), y que vive radiantemente en aquellos que creen (Hechos 8:17).

Pero debo preguntarte, simplemente porque este mundo no da la paz que yo veo en tu rostro: “¿Cómo ha cambiado tu vida desde que fuiste bautizado hace un mes?”

“Maravilloso.  Estamos tan felices.  Fuimos bautizados juntos, toda nuestra familia.  Y ahora recibimos la Comunión juntos.  Nos sentimos tan bendecidos.”

Para aquellos de nosotros a los que nuestros padres llevaron al frente como bebes, y que crecimos en la iglesia, este es el tiempo de agradecer.  Nosotros no tuvimos que luchar para obtener lo que nuestros nuevos cristianos han finalmente recibido.

¿Tenemos el mismo gozo de los que han sido recientemente bautizados?  El versículo de la primera lectura de Pedro de hoy debe ser nuestro: Siempre estén listos para dar una explicación a cualquier que les pregunte cual es la razón de su esperanza (3:15).

Cómo estás cooperando con la gracia para estar lleno del Espíritu Santo?

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Quinto Domingo De Pascua – Ciclo A

15 mayo 2017

Reflexionando sobre John 14:6

Si me vez conduciendo en estos días probablemente comenzarás a preocuparte por mi salud mental.  Es porque estoy escuchando la tercera y más chistosa novela de Charles Dickens, La Vida y las Aventuras de Nicholas Nickleby.  Hay partes de este libro que son tan graciosas que me rio a carcajadas, yo solita en el auto.

Hay en el libro, por supuesto, adultos crueles que oprimen a niños huérfanos e inocentes.  Pero, ay, que tan geniales son los adultos del libro que modelan las palabras de Jesús en el evangelio de hoy: “Quien cree en mi hará las obras que yo hago.”

En un mundo de avaros y grasosos psicópatas que acechan las calles de Londres, conocemos a los hermanos Cheeryble, un par de hombres de negocio millonarios de edad media quienes viven todos los dones del Espíritu Santo, y dedican su vida alegremente a llevar a cabo los actos corporales de misericordia.

Es tan sanador observar su bondad y consideración el uno para el otro.  Estos dos hermanos se aman el uno al otro.  Les desborda la gratitud por su visión de negocios, la cual les ha creado una fortuna que se deleitan en compartir con cualquiera que se cruce en su camino.

Por alguna razón todavía se sorprenden de que cualquier niño fuese lastimado en su amada ciudad.  Ninguna persona con hambre era recibida con algo más que la más cálida amistad.  Se puede encontrar empleos, se puede encontrar un departamento, se puede encontrar comida y chimeneas y ropa nueva.

Dickens nos permite imaginarnos un mundo donde todos se comportan con un amor increíble y apasionado, haciendo las obras que Jesús hizo.  Los dos hermanos presagian, yo sospecho, a su posterior e inmortal personaje Ebenezer Scrooge, quien despierta justo a tiempo para darse cuenta de que la humanidad si se suponía ser de su incumbencia.  También es de nuestra incumbencia, por supuesto.  ¿Cómo le va con su incumbencia?

En esta temporada de Pascua, ¿Cómo estás haciendo las obras que Jesús hizo?

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Cuarto Domingo De Pascua – Ciclo A

7 mayo 2017

Reflexionando sobre Jn. 10:1-10

He venido a que tengan vida, y que la tengan en abundancia.  ¿Quién puede resistirse a El que nos promete esto a cada uno de nosotros?  Yo no puedo.  Nunca he podido resistirme a Jesús, y esta gracia me ha traído solo bendiciones cada día de mi vida.

Imagínate a Jesús, usando el lenguaje de la crianza de ovejas, tratando de atraer a los Fariseos a esta vida nueva que es su herencia.  Les recuerda de la puerta en el redil, y como las ovejas no entraran hasta que el portero les abra.  Los Fariseos solo se le quedan viendo.  Bueno, les dice, tratemos con esto:  las ovejas solamente seguirán al buen pastor.  Ellas solo conocen la voz del pastor que realmente se interesa por su bienestar, y no seguirán a los ladrones y bandidos.  Los Fariseos ponen mirada de bobos.  Simplemente no comprenden nada de esto.

MIREN, les dice Jesús impacientado.  YO SOY LA PUERTA DEL REDIL, SU ESPERANZA, SU SEGURIDAD, SU PAZ.  No se los puede decir más claramente que eso.  ¿Pero como puede ser él el tan esperado Mesías cuando no tiene ejercito, ni generales a quienes mandar, cuando rompe la ley del día de descanso, cuando dejo libre a esa adultera, y cuando come y bebe con pecadores?

Oh, les dice Jesús, si tan solo escucharán hoy mi voz.  Les estoy llamando- es a TI a quien le esta hablando, por cierto.  Cava hondo.  Escucha con todo tu corazón.  Desconéctate de todo el clamor de esta cultura que mata nuestras almas.  Si me buscas, dice Jesús, me encontrarás.  Si me buscas con todo tu corazón me dejaré encontrar por ti.

¿Vida en abundancia?  O, sí.  Llámanos por nuestro nombre, Buen Pastor.  Te oímos fuerte y claro.

¿En que maneras estás sintonizándote a la voz de Jesús?

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Tercer Domingo de Pascua – Ciclo A

2 mayo 2017

Reflexionando sobre Luke 24: 13-35

Mi esposo Cleofás y yo decidimos irnos de Jerusalén.  Estábamos desgarrados.  Habíamos puesto nuestras esperanzas en que Jesús, nuestro amado amigo, liberaría a Israel.  Pero en vez de eso, los Romanos lo crucificaron.  Los Romanos son unas bestias.

Nuestro grupo pasó las siguientes horas todos amontonados, aterrorizados de los soldados.  Esta mañana, tres de los discípulos fueron a la tumba con especias para ungir su cuerpo.  ¡Regresaron corriendo con el cuento más descabellado!  ¡Venían gritando que su cuerpo ya no estaba, que había resucitado!  Y hasta Pedro corrió a la tumba y encontró los paños de la envoltura del cuerpo tirados dentro de la tumba vacía.

La gente está llorando y riéndose y gritando y cantando, -¡Resucitó!-  Pero nosotros no somos tontos.  No lograrán que nos hagamos ilusiones.  El grupo de Jerusalén puede continuar con su gozo.  Nosotros lo vimos crucificado.  Él no tuvo ningún poder sobre los Romanos.   Después de todo, él no era al que tanto habíamos esperado.

Pero he aquí esto.  En el camino de regreso a Emaús, un desconocido se nos apareció por el sendero.  Nos preguntó por qué llorábamos.  ¿Cómo es que él no sabía?  Comenzamos a contarle desde el principio, desde aquel día hace tres años cuando por primera vez oímos hablar de Jesús, y fuimos a encontrarle, y nos enamoramos tanto de él.  Le contamos acerca de los amigos que hicimos, los amigos que pensamos serían amigos para siempre.  Nos sentimos bien al contarle la historia.  De hecho, nuestros corazones ardían dentro de nosotros al solo recordarlo.

Ese desconocido sabia escucharnos muy bien.  ¡Ja!  ¿Cómo fue que no lo reconocimos?  ¡Era Jesús!  Como siempre, pensamos que nos alejábamos de él, pero él estuvo en el camino con nosotros todo ese tiempo.

¿Cómo es que recordar la Historia nos acerca más a Jesús?

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Domingo de la Divina Misericordia – Ciclo A

22 abril 2017

Reflexionando sobre Actos 2: 42-47

 Yo sé lo que estás pensando.  ¿Tenían todas sus pertenencias en común?  Vaya,  simplemente no podrías hacer eso.

Claro que podrías.  Lo hiciste en tu niñez.  ¿Fue tan terrible?

Hace poco tiempo mi esposo Ben renovó nuestro sótano.  Nuestra amiga Karen nos preguntó si podía vivir ahí por un tiempito.  Calculamos lo bueno de compartir nuestra pequeña casita con ella- risas todos los días, y el comienzo de la hora feliz de las seis de la tarde- y lo malo.  Es chistoso, no me acuerdo de que era lo malo.

Al principio todos nos comportábamos terriblemente amables.  Su vida era solo de ella.  Hacíamos como que no nos fijábamos cuando llegaba.  Cocinábamos nuestras cenas separadas y le asignamos un pequeño espacio en el refrigerador y un solo estante la gaveta.  Esto era un arreglo formal y temporal.  Con el tiempo su suerte cambiaría y ella podría mudarse a un encantador, solitario condominio.  ¿Qué no es ese el sueño americano?

Pasaron nueve años.  Todas nuestras suertes cambiaron.  Recordamos la manera que solíamos vivir cuando éramos niños, compartiendo armarios y ropa y tendederos.  Todavía sospecho que se quedó con dos parejas de dos calcetines míos.  Ya nadie sabe a quién le toca el turno de comprar la leche.  Ninguno de nosotros recuerda como solíamos vivir.

Hoy, en el Domingo de la Divina Misericordia, se va a casar y se va a ir.  Estamos destrozados.  Ahora se separaran todos los bienes.  ¿La cafetera?  De ella.  ¿La licuadora?  Mia.  ¿El perro?  Nuestro.

Una despiadada batalla de custodia por venir.

¿Los corazones?  Sobrecargados de gratitud por esta amiga que estuvo dispuesta a compartir todas las cosas en común con nosotros.  Así es el reino de El que ha resucitado.

¿Qué recuerdos felices tienes de haber compartido cosas en común?

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La Resurrección del Señor – Ciclo A

19 abril 2017

Reflexionando sobre Actos10: 34 A, 37-43

 Mi sacrificio de este año para la Cuaresma fue el usar menos agua- bañarme más rápido, y tener consciencia del agua que desperdicio a diario.  A mil millas de distancia, y sin haberlo planeado, mi hermana eligió el mismo sacrificio, pero cada día al terminar su muy corta ducha, ella hace una oración por alguien, conocido o no conocido, quien necesite una dosis extra de amor y gracia ese día.

Dios, quien no está limitado por el tiempo o el espacio, contestó sus oraciones y los de billones de personas antes y después de ella.  En esa mañana de Pascua, Dios le dio a toda la creación, por la eternidad, una “dosis extra de amor y de gracia.”

La Pascua, y no el Viernes Santo, se encuentra en el centro del corazón de Dios.  Dios no creó la muerte.  Dios hizo la vida, y nos la dio, ajustada y rebosante, exactamente como lo expresan nuestros altares de Pascua el día de hoy.  Colores preciosos, fragancias divinas, vida nueva brotando de las tumbas frías del invierno- este es nuestro Dios, cantándole a nuestras almas para que salgan de sus duros cascarones y diciéndonos, “Háganse mis socios, amen y protejan este mundo despampanante, y les mostraré El que ha Resucitado en los frutos de la tierra y el trabajo de las manos humanas.”

Jesús no necesitaba de una tumba vacía para romper las cadenas de la muerte.  El que calmó al mar y expulsó a los demonios no necesitaba de una piedra removida para poder llenarse de gloria.  Su cuerpo resucitado fue en beneficio de aquellos, que limitados por el tiempo y el espacio, necesitaban a un Jesús en cuerpo, levantado de los muertos y comiendo y bebiendo con ellos.

Nosotros que no fuimos testigos oculares no debemos sentirnos rechazados; nosotros sabemos donde encontrar a nuestro Señor Resucitado.

 ¿En que partes radiantes de tu vida encuentras a nuestro Jesús Resucitado?

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Domingo de Ramos de la Pasión del Señor – Ciclo A

8 abril 2017

Reflexionando sobre Matthew 26: 14-27:66

Debió haber hecho miles de cosas buenas en su vida.  Fue elegido por Jesús mismo para ser uno de los doce.  Se le confió para ser el tesorero, y cuidar la bolsa de dinero del grupo.  Y a pesar de eso, su titulo eterno será Judas, el Traidor.

Nunca sabremos por qué lo hizo.  ¿Por treinta monedas de plata?  El cínico dice, -Por supuesto.  La gente hace cualquier cosa por dinero.-  ¿Pero quién de nosotros entregaría un ser amado para ser torturado y asesinado solo porque podemos ganarnos unos pesos por hacerlo?  Nunca.  Judas se tramaba algo más, y aun los eruditos modernos no pueden descifrar lo que era.

Me intriga lo que dice el autor del evangelio de Mateo:  -Entonces Judas, su Traidor, viendo que había sido condenado, se arrepintió profundamente de lo que había hecho.-  ¿Trató judas de interponerse en la historia y forzar la mano de Dios?  ¿Pensó que una vez que los soldados arrestaran a Jesús en Getsemaní él llamaría a su legión de ángeles, quienes matarían a cualquiera que pusiera mano en el Ungido de Dios?

Después de eso Jesús juntaría un ejercito que expulsaría a los romanos de Israel, y entonces los Judíos una vez más tomarían control de su patria.  Judas (antes que fuera “el Traidor”) sin duda fue nombrado por Judas Macabeo, el gran guerrero que liberó a Jerusalén de los Seleucidos.  Judas- tal vez pensando en su gran ancestro- estuvo dispuesto a temporariamente “traicionar” a Jesús para así poder finalmente obligarlo a que utilizara sus poderes divinos.

Pero no sucedió así.  Jesús fue condenado a muerte.  Su Traidor se colgó.  Y Jesús comenzó su camino a la liberación de la Cruz.

Para qué traiciones en tu vida has sido perdonados y libres ser feliz otra vez?

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Quinto Domingo De Cuaresma – Ciclo A

1 abril 2017

Reflecting on Ezekiel 37: 12-14

Estaba yo un verano sentada con muchos peregrinos en Masada, el aislado fuerte que construyó Herodes el Grande en el desierto de Judea.  Nuestro guía nos contó la triste historia de los 960 rebeldes judíos que se suicidaron ahí después de detener al ejercito romano por tres años al final de la primera guerra Judío-Romana (66-73 AD).  Ellos sabían que morirían ahí, y que los judíos serian echados de su tierra una vez más.

Hillel nos contó de su propia travesía.  Él había venido a Israel en los años 1960, solo por unas semanas.  Antes de regresar a Estados Unidos visitó Masada.  Se fijó en una inscripción hecha por uno de esos guerreros antiguos, tal vez durante las ultimas horas de su vida.  Era una inscripción, escrita en el año 73 AD, que conmovió tanto el corazón de Hillel  que se hizo la determinación de regresar a Israel y dedicar su vida a ayudar a los sobrevivientes del holocausto a construir una patria judía.

Nos invitó a sentarnos en silencio sobre esas rocas, y a dejar que el sol del desierto se filtrara en nuestros huesos, mientras que nos preguntábamos cual escritura seria la que había escrito ese guerrero para que algún día fuese encontrara por una generación que él no podía divisar- la generación de Hillel.-  Por supuesto, fue Ezequiel 37, la primera lectura de hoy.

Oh, mi pueblo, abriré sus tumbas y los levantaré de ellas, y los traeré de regreso a la tierra de Israel.

Para los cristianos, la plenitud del significado de la profecía de Ezequiel es la resurrección de Jesús de su propia tumba ladrada de piedra.  Para los judíos, esa resurrección es el estado moderno de Israel.  Pero los huesos secos del exilio nunca volverán completamente a la vida hasta que todos podamos vivir en paz en la tierra que Dios nos dio.

¿Qué promesa de resurrección ¿están dando su vida para ayudar a cumplir?

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Cuarto Domingo de Cuaresma – Ciclo A

27 marzo 2017

Reflexionando sobre John 9:1-41

Una de las cosas que sabemos con seguridad acerca de Jesús es que él trataba de despojar a la gente de las cosas que ellos pensaban saber con certeza.  Son nuestras certezas las que necesitan ser desmanteladas antes de que podamos ver claramente el trabajo de Dios en nuestras vidas.

Los discípulos sabían con certeza que la  ceguera (y toda la mala fortuna) era el resultado de algún pecado en algún lugar del árbol genealógico de la victima.  En un mundo difícil donde había una alta mortalidad infantil y donde la violencia  de los ocupantes romanos era incesante, siempre era consolador asignarle algún tipo de pecado a aquellos que enfrentaban grandes retos.

Podemos imaginarnos a los discípulos pensando, al encontrarse con el hombre ciego de nacimiento, “que tan horrible será tener que navegar por el mundo sin vista.  Debo encontrar una razón por la cual él es ciego y yo no.  ¡Ya lo tengo!  Él debe haber pecado o debe haber pecado alguien de sus antepasados.  Gracias a Dios que yo no soy pecador.”

Algunas maneras contemporáneas en las que nos convencemos a nosotros mismos que las cosas malas no les suceden a la gente buena son:  Yo uso cinturón de seguridad, así que nunca sufriré daños catastróficos en un choque de autos.  Nunca he fumado, así que nunca sufriré de cáncer del pulmón.  Hice todos los sacrificios al criar a mis hijos en la fe, así que por supuesto ellos crecerán amándola y también criarán a sus propios hijos en la misma fe.

Excepto, por supuesto, que hay gente que muere en los choques de autos aunque tengan bien puestos sus cinturones de seguridad, y a la gente que no fuma también le da cáncer del pulmón.  Y todos estamos viendo como la cultura incita a esta generación a adoptar una manera de pensar que rechaza la fe religiosa.

No podemos distanciarnos del dolor y esperar que nunca nos encuentre.  Pero esto sí lo sabemos con certeza:  Jesús está con nosotros en la ceguera y en la vista.

¿Cómo le haces para caminar en la fe dentro de un mundo aterrorizante?

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Tercer Domingo de Cuaresma – Ciclo A

18 marzo 2017

Reflexionando Sobre Exodus 17:3-7

 ¿Está Dios en medio de nosotros o no?  He ahí la pregunta.   Una vez que habían llegado sanos y salvos al desierto-  al enfrentar los retos del hambre y la sed- los esclavos hebreos comenzaron a cuestionarse si el

Poder Divino que dividió el mar para que ellos pasaran estaría solo en sus cabezas.   Tal vez era una histeria colectiva.  Pero- Ejem- ¿Cómo podía ser que ahora estuviesen sanos y salvos del otro lado?

¿Y que no es justamente así como funciona la vida de la fe?  Nos disponemos a recibir todo regalo que Dios derrama sobre nosotros.  Podemos nombrar miles de maneras en las cuales Dios ha sido generoso con nosotros.  Pero la sequía y el fuego, la enfermedad y la muerte devastadora, la guerra y los refugiados muriéndose de hambre todavía permanecen.   ¿Será que la cercanía de Dios es solamente una ilusión?

La razón por la cual la Iglesia nos da ese refrán del Salmo 95 tan a menudo- Y si escuchan hoy su voz, no endurezcan su corazón- es porque todos los días tenemos la decisión de creer o no en la cercanía de Dios.  Nos sostuvo durante la noche y despertamos sintiéndonos de maravillas.  Sí, Dios está cerca.  Las noticias matutinas están llenas de imágenes de terror e injusticia por todo el mundo.  No, Dios claramente no está entre nosotros.

En este momento particular de la historia hay más y más cristianos volviéndose duros de corazón.  El mundo está demasiado lleno de tristeza para que ellos puedan encontrar una manera de aceptar que existe un Dios amoroso “entre nosotros.”

La decisión diaria de no endurecer nuestro corazón es exactamente lo que se requiere de un creyente.  No creemos porque las promesas del reino hayan sido cumplidas.  Elegimos esperar con alegre esperanza- y luchar por la justicia cada día- hasta que sean cumplidas.

En que maneras vas a ablandar tu corazón hoy?

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