Vigésimo-Primer Domingo De Tiempo Ordinario – Ciclo C

22 agosto 2016

Reflexionando sobre Hebrews 12: 1-4

Las aceras de nuestro vecindario son terribles.  He tropezado tantas veces en las grietas que cada vez que me arrodillo sospecho que tengo huesos permanentemente rotos de caerme sobre ellos tantas veces. 

Probablemente esa fue la razón por la cual me llamó tanto la atención esa ultima oración en la terminación de la carta a los Hebreos:   robusteced las rodillas vacilantes, y caminad por una senda llana: así el pie cojo, en vez de retorcerse, se curará. !Oh, como me gustaría una senda recta en mi calle!  Castigada por la experiencia, camino con la cabeza baja, cuidándome de las grietas que esperan para mandarme volando por los aires.

Aquí hay una metáfora, yo creo.  El autor ha estado justificando el sufrimiento, sugiriendo que el dolor es la corrección gentil de Dios, una manera en que un padre amoroso nos vuelve al camino recto y estrecho.  Lastimados, pero no fatalmente, ahora se nos anima a que forjemos un camino nuevo en la vida, una manera nueva de caminar a través de la duda, el aburrimiento, el dolor crónico, y las muchas tentaciones que intentan hacernos tropezar.

Existen muchas aceras.  Algunas están brillantes de nuevas, pero tu deberás hacer el esfuerzo para encontrarlas.  Sus nombres son liberarse de la amargura.  Gratitud.  Aceptación.  Acoger a Jesús.  Otras son fáciles de encontrar, de hecho tu puedes haber estado caminando sobre ellas por años.  Sus nombres son inercia. Cinismo. Mas interés en tu iPad que en tus hijos. (y, lectores jóvenes, mas interés en tu teléfono que en tus padres!)

Construye una nueva senda.  No permitas que las viejas heridas se infesten.  Aléjate de los hábitos que han tallado los surcos en tu vida que continúan tropezándote e hiriéndote.  Hoy es un día perfecto para tomar una linda caminata. 

¿Cómo estas trabajando en inventar una nueva forma de caminar?

Kathy McGovern ©2016 

Kathy McGovern © 2014-2015

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Vigésimo Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo C

17 agosto 2016

Reflexionando sobre Luke 12: 49-53

Ya va  a comenzar el año escolar, y los niños de nuestro vecindario están frenéticos.  Si les toca la suerte de tener maestros apasionados y creativos, ellos  tendrán una experiencia productiva y emocionante.  Pero si sus maestros ya están temiéndole  a comenzar el año, ya todos sabemos como van a ser estos próximos nueve meses.

Estoy consciente de la demográfica que, siendo la comunidad correcta, todavía encuentra la gracia, año tras año, de recibir esta nueva temporada con energía y fascinación renovada.  Espero que tu parroquia esté bendecida de tener una comunidad vibrante de feligreses que lleven la misión de su parroquia al mundo.  Y oro para que tu parroquia tenga un personal que todavía tenga el corazón encendido con amor por el evangelio de Jesucristo.

Yo he observado esto por cuarenta años.  Manda a cualquier personal de alguna parroquia, que estén agotados del rigor de la Cuaresma o la Semana Santa, a un congreso de educación religiosa en Los Ángeles por algunos días.  No les tomara ni cinco minutos encender de nuevo esa pasión que los llevo hace años a hacer este trabajo. 

Yo soy parte de un equipo de tres maestros que tiene la oportunidad de enseñar un curso de treinta semanas acerca del Nuevo Testamento, comenzando el próximo mes.  Combinados, tenemos 82 años de experiencia enseñando las escrituras.  Y nuestro secreto es: literalmente temblamos de emoción por comenzar de nuevo.  Nunca nos recuperaremos de ese profundo privilegio de abrirles los hermosos evangelios a otra clase de estudiantes apasionados.

He venido a prender fuego a este mundo  Ese es el Espíritu Santo.  Oro para que tu parroquia se encuentre en llamas. 

¿cómo puedes tú ayudar a que las llamas del Espíritu Santo ardan en tu parroquia?

Kathy McGovern ©2016

Kathy McGovern © 2014-2015

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Decimo Noveno domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo C

8 agosto 2016

Reflexionando sobre Luke 12: 32-48

Si tú eres una de esas personas a quienes les encanta asustarse, a quienes les gustan los cuentos de fantasmas y casas embrujadas y películas de tipos que esperan en las esquinas con hachas, aquí te tengo algo bueno que leer.  Se llama la sección de Negocios.

Ahí podrás leer, hasta que te sientas débil de tanto terror, acerca del dinero que debiste haber ahorrado, los bienes raíces que debiste haber comprado, acerca de cómo ciertamente debes tener varios años de “liquidez”  para ese inevitable día cuando todas las malas decisiones  que has hecho se junten para atormentarte.

Recuerda a Fagan, en la versión de película de Oliver Twist, escabulléndose al segundo piso, tan calladito sacando todos sus tesoros, y con amor acariciando sus joyas robadas durante toda una vida de asaltar bolsillos aquí y allá.  Ya está viejo, y ellas son su seguridad.  Esto es todo lo que lo separa de la prisión de pordioseros.  Charles Dickens, un cristiano magnifico y la consciencia de la Inglaterra del siglo 19, llevó a la luz publica las injusticias sociales de sus tiempos.  Y luego escribió un libro acerca de Jesús para sus hijos usando el evangelio de Lucas- el evangelio de hoy, de echo- como su planilla.

Donde está tu tesoro, ahí también está tu corazón.  Yo conozco a mucha gente adinerada.  Han amasado grandes tesoros, los cuales tienen por nombre Cuidar a aquellos quienes no tienen a nadie, hacer amistad con aquellos que más necesitan la misericordia de Dios, y Fidelidad para sus conyugues y sus hijos, en los tiempos buenos y los malos.

Esto es lo que yo observo de aquellos que han acumulado “bolsas de dinero que no se gastan”: todos están rodeados de gente que los ama.  Ese es un tesoro que ni siquiera Fagan les puede robar.

¿Cómo estás tú acumulando un “tesoro que no se gasta en el cielo”?

Kathy McGovern ©2016

 

Kathy McGovern © 2014-2015

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Decimo Octavo Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo C

1 agosto 2016

Reflexionando sobre Luke 12: 13-21

Quiero ser rica- escandalosa, despampanantemente rica.  Pero he aquí lo que me salva: quiero ser rica en las cosas que le importan a Dios.  Quiero tener amigos que sean amigos de Dios.  Anhelo amistades con gente que ore, que ponga atención cuidadosa en la manera que Dios trabaja en el mundo, que me ayude a ver una imagen más grande de lo que veo en mi rincón privilegiado en el mundo.  Quiero leer el periódico de la manera que Dios lo lee.

Algún día- por la misericordia de Dios- cuando vea a Cristo cara a cara, yo se que él estará rodeado de sus mejores amigos.  Quiero ser reconocida entre esa gente.  Mejor aun, quiero que algunas de esas personas me reconozcan. 

Así que veamos.  Si los evangelios son una indicación de LO QUE le encanta a Jesús, sabemos que a Jesús le encanta comer.  Puedes comerte la escritura de Lucas mientras te sientas a la mesa con Jesús, a veces con los ricos, a veces con sus amigos más cercanos, a veces con la gente más odiada del pueblo.  Me da la impresión de que, para Jesús, una cena se trata de mucho mas que de simplemente comer.

Algo que al parecer NO le importa a Dios es la comodidad personal.  Jesús manda a sus discípulos a decirle al mundo que el reino de Dios ha llegado.   Ese mensaje es tan urgente que sus mensajeros deben ir YA, sin llevar nada con ellos más que esas buenas noticias que transformarán los corazones.  Jesús viaja a lo largo y ancho de Israel para consolar, sanar, y llamar a todos hacia él.

Un corazón abierto.  Un abrazo cálido para toda las personas.  Y un apetito saludable.  Aunque sea ya tengo el ultimo de los tres.

¿Cómo estás llenando tu vida con las cosas que le importan a Dios?

Kathy McGovern ©2016

 

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Décimo Séptimo Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo C

24 julio 2016

Reflexionando sobre Luke 11: 1-13

Si no leemos las ultimas ocho palabras del evangelio de hoy, estoy convencida de que ya sea, nos desilusionaremos de la misericordia de Dios, o trágicamente, de nuestra completa Fe en Dios.  No hay nadie que no le haya rogado a Dios que sanara, solo para después llorar en el lecho de muerte de un ser querido.  No hay nadie que no haya tocado, solo para sentir la fría puerta cerrada.  No hay nadie que no hay buscado, y no haya encontrado.  Pero el evangelio insiste que ninguna de estas cosas le sucederá a una persona que ore. 

Esta es la la manera de que esto va a tener sentido:  Nuestro Padre en el cielo le dará el Espíritu Santo a aquellos que lo pidan.  Esa es la profunda y perdurable verdad.  Cuando pedimos al Espíritu, lo recibiremos.  Cuando tocamos la puerta del Espíritu, él la abrirá.  Cuando buscamos al Espíritu, el Espíritu se dejará encontrar.  Esa oración nunca fallará.  Jamás. 

Así es que, ahora que ya conoces la oración que funciona siempre, pruébala.  Pide al Espíritu Santo.  Pídele los siete dones.  Y ya que estás en eso, pídele los frutos- amor, gozo, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, gentileza, y autocontrol.  ¡Tal vez sea una buena idea pedir solo una a la vez!  Es demasiada transformación para hacerla de la noche a la mañana. 

Mi oración en estos días es: O Dios, dame más de tu Espíritu Santo.  Dame un deseo de orar.  Ayúdame a ver a cada ser humano por medio de tus ojos.  Dame valor para transformar la verdad en poder.

Bueno.  Eso se oye como una descripción de Jesús.  Ahora lo entiendo.  Cuando recibimos el Espíritu Santo, recibimos el mismo corazón de Cristo.  Ahora comprendo porque Dios nos ruega que lo pidamos.

¿Cómo actúa el Espíritu Santo en tu vida?

Kathy McGovern ©2016

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Decimo Sexto Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo C

18 julio 2016

Reflexionando sobre Luke 10:38-42

¿A que no te encanta el Ciclo C?  Si no tuviésemos el evangelio de Lucas nunca hubiéramos sabido acerca de las grandes mujeres del Nuevo Testamento.

Comienza en los primeros capítulos.  Solo Lucas sabía que María caminó desde Nazaret hasta Ein Karem- como unas noventa millas, en su primer etapa de embarazo- para contarle a Isabel las increíbles noticias y ayudarle con el nacimiento de su propio hijo milagroso. 

Lucas sabía de la profetisa Ana en el templo, acerca de la sanación de la mujer a quien Jesus llamo “hija de Abraham.”  Las mujeres protagonizan algunas de las parábolas, como la mujer que barre toda la noche en búsqueda de una moneda perdida, o la viuda que toca la puerta del juez toda la noche hasta que él se enoja tanto que termina haciéndole justicia. 

Y ahora, hoy, esta historia maravillosa de Lucas acerca de los dos amigas muy allegadas de Jesús, Marta y María.  Vemos el final antes de que todo comience.  Jesús, quien nació de una mujer, la misma quien le enseño las escrituras- y tomen nota, que María está citando a esa gran mujer del Antiguo Testamento, Ana (1 Sm 2: 1-10) cuando entona el Magníficat a Isabel (1: 46-55,)― fue apoyado por mujeres en su ministerio (8: 2,3,) y tan amado por María de Magdala que todos los cuatro evangelios la nombran a ella como la primer testigo de su resurrección.  Él comprende.   Él ha visto las restricciones que mantienen a las mujeres en sus lugares.

Con solo unas cuantas palabras él libera a ambas mujeres.  Y guau, Marta responde grandemente.  Esta sirvienta y discípulo se convierte, en este ultimo evangelio,  en la primer persona que reconoce a Jesús como El Cristo (Juan 11:27).

¿Cuál de estos carismas te atraen más a ti: el servicio o la contemplación?

Kathy McGovern ©2016

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Decimo Quinto Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo C

12 julio 2016

Reflexionando sobre Dt. 30: 10-14

Nunca se me olvida aquel día cuando escuché por primera vez las palabras de la lectura de hoy del libro del Deuteronomio: Al contrario: el mandamiento está muy cerca de ustedes; está en sus labios y en su pensamiento, para que puedan cumplirlo. (30:14)  Escuchaba a nuestra brillante maestra de escuela bíblica, Angeline Hubert, quien nos introducía al hermoso libro del Deuteronomio.

Me percate de que este texto era muy personal para ella.  Se ha convertido, a través de los años, en su “texto distintivo,” la sección que las personas más asocian con ella.  Pensé en el testimonio de su vida, su humilde y profunda compañía con aquellos que son ancianos, enfermos, pobres, o excluidos de las riquezas de nuestros recursos.  Pensé en los sacrificios- algunos que te dejarían boquiabierto- que ella estaba dispuesta a hacer para poder “cumplir” el mandamiento tan a fondo.

Que disparador tan acertado es el autor de este libro.  Él entiende que nosotros utilizaremos cualquier pretexto posible para no hacer lo que nuestros corazones saben que es lo correcto.  ¡Oh, la biblia es demasiado misteriosa y remota para mi! ¿Quién puede descifrar la manera correcta de comportarse en esta sociedad siempre cambiante?  No soy lo suficientemente santa (Gracias a Dios) para ser voluntario/tomar una clase/vivir una vida que sea digna de mi llamado.

Tonterías.  El sacerdote y el Levita se sabían todo acerca de la santidad, pero, atados a su legalismo, no pudieron detenerse en el camino para ayudar a aquel hombre herido.  El despreciado Samaritano, por otro lado, quien se consideraba fuera de la Ley, estaba libre para actuar guiado por la urgencia santa de su corazón.  Usando sentido común, no títulos teológicos avanzados, podemos mantenernos seguros y aun así actuar cuando la palabra de Dios, plantada en nuestro corazón, así nos mande.

¿Qué “urgencias Santas” te hacen hacer cosas que tu corazón sabe son lo correcto?

Kathy McGovern ©2016

Kathy McGovern © 2014-2015

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Decimo Cuarto Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo C

6 julio 2016

Reflexionando sobre Luke 10: 1-12, 17-20

Que evangelio tan interesante.  Aparentemente, esos 72 discípulos estaban haciendo “trabajo por adelantado” en los pueblos que Jesús planeaba visitar.  Tal vez fueron enviados a confirmarle a la gente que lo que oían acerca de él era realmente cierto.

¡Si, tal vez decían, él realmente dijo que él es el cumplimiento de las profecías de Isaías!  ¡Y cuando intentaron aventarlo del barranco, él se escapo por en medio de ellos!   ¡Y si, él les dijo a sus amigos que echaran las redes de vuelta al agua después de que no habían pescado nada en toda la noche, y atraparon tantos peces que no podían subir las redes!  ¡Y si, él resucito al hijo de la viuda!

Imagínate a ti mismo en esa misión.  No tienes nada que te consuele en ese camino polvoso.  No tienes celular para comunicarte con tu familia.  No tienes curitas para las ampollas.  No tienes una chaqueta para las noches frías.  Suena, en mis oídos cobardes, como una experiencia miserable.

Y aun así, imagínate ser la primer persona en anunciar el reino de Dios a una ciudad que añora ese mensaje.  Que dicha.  Que gracia.  O si.  Yo me apuntaría para eso.

Hablando de apuntarse, esos que valientemente firmaron la declaración de la independencia estuvieron de acuerdo con Thomas Jefferson en que “todos los hombres son creados iguales.”  Algunos de ellos lo creían tan profundamente que, si tenían esclavos, los liberaban.  Jefferson propio, de echo, hipócritamente tenia 175 esclavos y los tuvo hasta el día de su muerte, el cuatro de julio de 1826.

El Reino de Dios esta Cerca, decía Jesús.  Mientras que celebramos nuestra libertad este fin de semana, consideremos las maneras en las que estamos construyendo el reino, y declarando la independencia de aquellas hipocresías que aguadan nuestro testimonio de Cristo.

¿Qué inconsistencias en tu vida te previenen de experimentar la libertad verdadera?

Kathy McGovern ©2016

Kathy McGovern © 2014-2015

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Decimo Tercer Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo C

28 junio 2016

Reflexionando sobre Luke 9: 51-62

Tengo buenas noticias.  Esos arqueólogos llenos de polvo (que Dios los cuide) que pasan sus vidas escarbando en el sol ardiente del Mediterráneo nos han obsequiado una explicación muy confortante para ese mandato TAN desconcertante del evangelio de hoy: dejen que los muertos entierren a sus muertos.

Se trata de simplemente esto:  ¡el tiempo de sepultar a los muertos en la época de Jesús era todo un año entero!  Tal como lo vimos en los relatos evangélicos del sepelio de Jesús, los muertos eran sepultados antes de que cayera el sol.  Recuerden que, en Génesis 50:1-14, José “experimento el duelo por su padre” por siete días.  Después de esa tradición, los discípulos que le pidieron a Jesús que los dejara sepultar a su padre antes de seguirlo ya tendrían que haber observado siete días de duelo- guardando luto- en la casa por siete días. 

Después del sepelio el cuerpo se depositaba en una tumba por once meses, después de esto los familiares volvían a sepultar al cuerpo descompuesto al tomar los huesos y ponerlos en una caja mortuoria, un osario, y depositaban esta caja de nuevo en la tumba, al lado de otros miembros de la familia muertos en diferentes etapas de sepelio.   La tumba se seguía llenando con otros muertos de la familia, sepultados por primera vez, y luego otra vez un año después. 

Así que… es un gran alivio considerar que Jesús estaba pensando en todos esos muertos, enterrados con otros muertos, que por sus exigencias mantenían a sus hijos en ciclos de sepelio que nunca terminaban. 

Dejen que los muertos entierren a sus muertos.  Su Padre Celestial sabe donde se entierran sus cuerpos terrenales.  En poco tiempo ustedes verán por si mismos lo que Dios ha planeado para mi tumba, y la suya, y la de ellos también.  Así que tengan paz.

¿Cuales tradiciones de sepelio hay en tu familia?

Kathy McGovern ©2016

Kathy McGovern © 2014-2015

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Doceavo Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo C

21 junio 2016

Reflexionando sobre Luke 9: 18-24

Estaba leyendo un articulo en la portada de la revista Times el otro día que fui al salón de belleza.  No nos sorprende que el matrimonio se encuentre bajo ataque por todos lados en estos tiempos, pero resulta que 100% de aquellos que han logrado tener un matrimonio largo y exitoso afirman que este es la satisfacción más grande de sus vidas. 

Un montón de consejeros matrimoniales dieron su opinión, mencionando que tan fastidioso puede ser el compromiso, que un matrimonio feliz principalmente se debe a un golpe de suerte, y que las parejas que están determinadas a aguantar lo logran por medio de encontrar todas las cosas imaginables que disfruten hacer juntos.

Mientras leía esto, una señora mayor se me acerco y me dijo, “Me fastidió tanto ese articulo que dejé de leerlo.  Yo he estado casada por 46 años.   Déjame te cuento lo que me hizo mi marido.” Entonces me contó  a mi y a todos los que pudieran oír de su furia por algo que él le había hecho ese día.

Parecía una telecomedia.  Solo agrégale las risas enlatadas.  Ella estaba realmente furiosa por algo que una simple conversación podría haber arreglado.  Claramente, un matrimonio largo no esta siempre formado por maestros en la comunicación.  Eso es triste.

Mientras tanto, debe estar a la moda, al menos para los sicólogos de la revista Time, sugerir que la verdadera receta para un matrimonio feliz es: que ambos conyugues pongan primero a la otra persona.  Todos hemos visto, espero, como se ve un matrimonio feliz.  Es un vistazo al mismo cielo.

Pierde tu vida para encontrarla, dijo Jesús.  Aférrate a ella y la perderás, agregó después.  Ese era Jesús, el novio, dándonos el mejor de los consejos para el matrimonio, para nuestra vida con él en la gloria.

 ¿Qué cosas observas en los grandes matrimonios que conoces?

Kathy McGovern ©2016 

Kathy McGovern © 2014-2015

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