Vigésimo Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A

20 agosto 2017

Reflexionando sobre Matthew 15:21-28

Ella es como una Mamá Oso, esta mujer.  No sabe ni pizca acerca de Moisés o de los profetas.  Pero sí sabe que su hija está siendo atormentada por un demonio,  y que Jesús tiene la habilidad de sanarla.  ¿Tú crees que el cielo o el infierno impedirán que ella logre su propósito?  ¿Impedirán que tú logres tu propósito, si tu hija está desesperadamente enferma y Jesús va pasando por ahí?  No lo creo.

Lo chistoso es que, Jesús es también una Mamá Oso.  Tan ferozmente como ella ama a su hija, Jesús todavía le ama más.  ¿Crees tú que el infierno o el cielo evitarán que la cure?  Jamás de los jamases.

Pero a veces él utiliza una situación para enseñarle a los presentes- por ejemplo, a esos discípulos que le exigían que se deshiciera de esa madre fastidiosa- una que otra cosa acerca de la fe.  Es tan fascinante que sus amigos más cercanos, esos que habian soportado tanto a su lado, todavía no entendieran que su poder y su gracia son para TODOS los que crean.  De alguna manera, después de todo este tiempo, ellos todavía querían que la salvación fuese solamente para los judíos.

Así que Jesús se apodera de este momento para enseñarles una lección y permite que esta mujer llena de fe, esta marginada, tome el papel principal y sostenga con él un diálogo que va dirigido para nada a él, sino a los discípulos.  Él sabe algunas cosas acerca del amor de una madre.   ¡Miren quien es su mamá!  Él le permite a ella “enseñarle” a él- y a todos los que estaban escuchando- acerca del amor misericordioso de Dios para TODA la gente.

Me encanta imaginar a los discípulos sorprendidos.  Pero más que eso me encanta imaginar a la madre y a Jesús, y al abrazo de oso que se deben de haber dado después de que el demonio abandonó a su hija.

¿De qué maneras has sido una “Mamá Oso” cuando has orado a Jesús por tus seres queridos?

Kathy McGovern ©2017

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Decimo-Noveno Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A

20 agosto 2017

Reflexionando sobre Matthew 14: 22-33  

Se me ocurre algo.  ¿Qué tal si la verdadera razón por la cual Pedro saltó al agua hacia los brazos de Jesús no fue por haber tenido el suficiente valor para hacerlo, sino porque tuvo demasiado miedo para quedarse?

Debió haber recibido muchos aplausos cuando regresó al barco, la tormenta ya calmada, Jesús finalmente de nuevo con ellos después de habérselas arreglado solos toda la noche.

¡Uf!  ¡Pedro, eso es valor!    ¡Me encantaría tener tu fe!  Cierto, dudaste por un momento, pero que valentía la tuya saltar del barco e ir hacia Jesús!

Para entonces, Pedro se debe haber estado aguantando una carcajada, y pensando, ¿En serio?  ¿Pensaron que era valiente?  Solamente trataba de salvar mi propio pellejo.

Yo se que he recibido mucho alago en mi vida por “ser valiente” de cosas que cambiaría en un segundo si pudiese.  Las cosas que realmente podría cambiar siguen igual, porque estas cosas requieren verdadero valor.

Pero debemos darle crédito a Pedro por esto:  cuando tuvo la opción de regresar a la seguridad de la barca o tratar de alcanzar a Jesús, él trato de alcanzarlo con todas sus fuerzas.  Esa es la fe dura como la piedra (Petra o Pedro) en la cual se construyó nuestra iglesia.  Cuando Pedro, asustadizo como un gato como a menudo era, tuvo la opción entre el barco detrás de él o Jesús en frente de él, el tomó la decisión correcta.

Esa fue la verdadera gracia de esa noche en el mar.  Pedro nos mostró en cual dirección ir cuando las olas nos envuelven.  La próxima vez que estés en una tormenta, inténtalo.  Te lo prometo que encontraras las fuerzas para alcanzarlo.

¿En qué maneras has tratado de “alcanzar” a Jesús?

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La Fiesta de La Transfiguración del Señor – Ciclo A

5 agosto 2017

Reflexionando sobre Matthew 17:1-9

“Una día, cuando estaba sirviendo en Iraq, un pájaro que nunca antes había visto pasó volando justo enfrente de mí y se me quedó viendo.  En ese momento supe que regresaría a casa sano y salvo.”

“Un día, cuando mi mamá estaba agonizando, recibí una llamada de un amigo que no había visto desde  la preparatoria.  Todavía recuerdo como se me puso la piel de gallina, al darme cuenta de que Dios estaba muy cerca de mí.”

Oh, las cosas que recordamos.  Estos son verdaderos “momentos de encuentro con Dios” que mis estudiantes han compartido conmigo a través de los años.  Tienen dos cosas en común.  Primero, esta experiencia consoladora les vino durante un tiempo de gran estrés en la vida de la persona.  Segundo, aunque solo les pasó una vez, nunca lo olvidaron, ni siquiera después de toda una vida.

¿Fueron avistamientos de Dios?  Bueno, ciertamente no fueron visiones de un Jesús transfigurado en una montaña.  Pero sus efectos fueron los mismos.  Consagramos esos momentos en ese lugar sagrado donde aguardamos lo asombroso.  Les construimos “casas de campaña” a nuestros recuerdos de los encuentros con lo Divino para poder revisitarlos durante todas nuestras vidas.

Los tres discípulos en el monte Tabor conocían algo del estrés.  Habían dejado atrás sus vidas para poder seguir al Rabino.  Las hostiles autoridades judías y los romanos, les seguían los pasos de cerca.  La siguiente vez que estarían solos con Jesús sería en Getsemaní.  Con que razón se querían quedar en la montaña.

¿Pero que hay de aquellos que honestamente reportan que nunca jamás han sentido la cercanía de Dios?  No se preocupen.  Las escrituras cuentan de varias personas que presenciaron milagros reales, y después se olvidaron de ello y se decepcionaron de la bondad de Dios.

Al final, es el continuo vivir en una gozosa esperanza lo que nos lleva a la meta final.

 ¿Cómo vas a buscar la presencia consoladora de Dios en tu vida hoy?

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Decimo-Séptimo Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A

31 julio 2017

Reflexionando sobre Matthew 13:44-52

Es tan interesante observar a los pájaros en nuestro vecindario.  Parecería que andan visitando, platicando con sus amigos desde los arboles, o  relajadamente flotando por ahí, haciendo figuras de ocho en el cielo, llevando lombrices y otros tesoros a sus nidos.

De eso se trata.  Si quieres encontrar el tesoro escondido, deberás ponerte en posición de encontrarlo.  Y luego viene la parte de discernir lo que es realmente valioso.  La leche descremada, cantaban Gilbert y Sullivan, muy a menudo se hace pasar por crema.

Si queremos algo lo suficientemente estamos dispuestos a comprar un terreno entero para poder apoderarnos de ese tesoro que sabemos esta escondido ahí.  Pero los grandes regalos como un conyugue amoroso, amigos fieles, familias amorosas y excelentes empleos requieren de nuestra devota atención.  No podemos botarlos por ahí y esperar que estén esperándonos cuando decidamos regresar por ellos.  Los más grandes tesoros requieren de nuestros más grandes esfuerzos.

La fe es así.  Una fe madura, una fe edificante que resiste el paso de toda una vida es la perla de gran valor, pero tenemos que mantenernos en el juego para poder tenerla.  Como los pájaros que circulan la comida que han estado observando desde lejos, los humanos también necesitan acercarse a lo que realmente los alimenta.

Los católicos de hoy están viviendo una explosión espiritual.  Existen al menos veinte grandes publicaciones, impresas o en línea, que nos ofrecen reflexiones profundas del evangelio de cada día del año.  Abundan las clases y los retiros.  Hay muchos directores espirituales disponibles.  ¿Tienes hambre?  Desciende de picada y vente a desayunar.

 ¿En que maneras mantienes tu fe viva y alimentada?

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Decimo-Sexto Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A

22 julio 2017

Reflexionando sobre Matthew 13: 24-33

¿Qué tipo de persona se mete en el campo del vecino y planta maleza?  Es un ejemplo impactante de la capacidad de maldad que tenemos los humanos.  Mi papá me contaba historias similares acerca de las “guerras lácteas” durante la Gran Depresión, cuando las lecherías rivales perseguían los camiones de leche de la competencia e introducían gusanos en la leche que los otros entregaban a las casas de los ricos de Denver.  La lechería de mi abuelo perdió su contrato con Molly Brown de esta manera.

En el cine es fácil analizar los corazones de aquellos que se dedican a cosas tan obviamente malvadas.  Los tipos malos saben que son tipos malos, y se cuentan a ellos mismos cuentos de crímenes imaginados en su contra para poder convencerse de robar un banco o asesinar a alguien por paga.

¿Qué tipo de cuentos se cuenta la gente mientras se mete a la casa de alguien para robar, o arrebatarle los ahorros de toda la vida a los ancianos?  Si estuviesen dispuestos a cavar más profundo, admitirían que alguien tiene algo que ellos desean, y que el daño colateral que resulta de obtener eso es, pues, desafortunado.

Pero nunca lo admitirán, por supuesto.  Hasta la gente virtuosa inventa razones totalmente transparentes para justificar su egoísmo.  Si pudiésemos ver solo esa realidad- que cada uno de nosotros es capaz, a veces, de comportamientos que nos colocan de lleno en la columna de los “tipos malos”- que gracia sería eso.  Imagínate como sería este mundo si la gente que planta semillas de maleza en los campos se detuviera a pensar, “Espera.  ¿Qué estoy haciendo?”

Todos nosotros estamos trabajando para convertirnos más y más en el campo fértil que nos fue plantados durante nuestro bautismo, y con un respiro de bondad, soplar lo demás lejos.

¿Cómo está el fruto que ha dado tu vida venciendo algún acto pasado de egoísmo?

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Decimo-Quinto Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A

19 julio 2017

Reflexionando sobre Matthew 13: 1-23

Palabras, palabras, palabras.  A diferencia de Eliza Doolittle, a mi nunca me cansan las palabras.  Las adoro- palabras gordas, palabras flacas, palabras chistosas, y mis favoritas, palabras encantadoras.

Los palos y las piedras pueden rompernos un hueso, pero las palabras siempre nos pueden sanar.  Y como la lluvia que cae y nunca regresa al cielo sin haber nutrido la tierra, una palabra a tiempo y bien dicha a un niño del siglo pasado todavía está dando fruto en este siglo.

Una palabra bondadosa es como la semilla fecunda en la parábola de Jesús.  Simplemente sigue dando cosecha tras cosecha.  Ahora, en la mitad del verano, cuando los cultivos crecen y crecen sin parar- y al par crece la siempre fértil maleza- es una acción santa recordar las palabras buenas que han sido plantadas dentro de nosotros a través de los años, y como esas palabras nunca han dejado de protegernos y darnos sombra de las palabras feas y malvadas que han viajado a su lado en nuestros corazones a través de nuestras vidas.

He aquí unas palabras que me fueron dichas en algún punto de mi vida que me son tan deliciosas hoy como lo fueron hace décadas cuando por primera vez las escuche:

¡Ja!  Eres muy graciosa.

Eres mi mejor amiga.

Cuéntanos otra vez esa historia.

Te amo.

¿Te casarías conmigo?

También hay, por supuesto, palabras dolorosas, palabras criticas, pero esas palabras que al principio te lastiman como maleza también a menudo pueden comportarse como semillas fecundas.  Así es el misterio de la gracia de la humildad; si estamos abiertos a recibirla, puede producir también un excelente fruto.

¿Todavía estás hirviendo por una palabra dolorosa que te dijeron hace mucho tiempo?  Pídele a Dios que te traiga a la memoria los cientos de palabras fructíferas que también han ayudado a formarte.  El amor triunfa sobre la maleza.

¿Cuáles son algunas de tus palabras favoritas que te hayan dicho en tu vida?

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Decimo-Cuarto domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A

8 julio 2017

Reflexionando sobre Matthew 11: 25-30

Mi insignificante caminata de seis cuadras parece ser de seis millas cuando lo hago en la hora más caliente del día, que parece ser a todas horas.  Siempre comienzo tempranito en la mañana, con una chaqueta ligera y una botella de agua.  Después de tres cuadras ya traigo la chaqueta amarrada a la cintura, y para cuando llego a la casa la botella de agua parece pesar toneladas.

Mi fantasía siempre es la misma, que mi esposo me acompañe en su bicicleta y cargue la chaqueta y la botella, y finalmente me cargue a mí hasta la línea de meta.  De alguna manera siempre me las arreglo para terminar- este poco ejercicio que es- pero nunca lo he hecho sin desear que alguien viniera conmigo para hacerlo más fácil.

Que carga tan pesada llevaban los judíos en los tiempos de Jesús.  Trabajaban largas horas bajo el sol del desierto, y una gran porción de lo que ganaban iba directo a los romanos.  También se encontraban agobiados con las cargas de la ley mosaica, la cual había sido recibida con mucho gozo siglos antes en el Monte Sinaí, pero ahora se había convertido en imposible de cumplir por causa de todos los cientos de adiciones y legalidades que se le fueron agregando con el paso del tiempo.

Qué alivio tan enorme fue el evangelio para los discípulos, y para todos aquellos de nosotros que llevamos cargando demasiadas cosas encima.  En el calor del verano es mejor viajar a lo ligero, y no hay nada más ligero que el yugo del perdón y el amor incondicional que Jesús quiere poner en nuestros hombros, mientras que remueve el peso del remordimiento y el arrepentimiento.

¿Estás agobiado por llevar una carga muy pesada y ruegas a Dios que te dé alivio?  Yo oro para que el Cuerpo de Cristo esté de camino hacia ti, justo a la vuelta de la esquina, listo para cargarte, a ti y a todas tus cosas, para cruzar la línea de meta.

¿Cómo ayudas a aquellos que llevan grandes pesos encima a llevar sus cargas?

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Decimo-Tercer domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A

1 julio 2017

Reflexionando sobre 2 Kings 4: 8-11, 14-16a

¿Podré hacer algo por ella?  Me encanta esto.  Elíseo visita a esta familia tan a menudo que la “mujer de influencia” (también esto me encanta) arregla un cuarto para él en la azotea, con una cama y una mesa, y apuesto a que también una fruta y un panecito para la mañana.

Elíseo, quien es muy bien conocido, y tal vez, está un tanto acostumbrado a estas delicadezas, ve a esta mujer bondadosa tal por lo que es- llena de gracia, atenta, trabajadora- y se pregunta si hay algo que podrá hacer por ella.

¿Alguna vez te ha sorprendido la bondad de alguien que te vio por lo que eres, y realmente comprendió el esfuerzo que tú haces por mantener a los demás cómodos?  Tanto de lo que hacemos en la vida es invisible a todos menos a Dios.  Esa atención extra que el ingeniero pone en construir ese puente para que no solamente sea adecuado, sino realmente seguro, me viene a la mente.  Nadie se fija en la manera en que él revisa tres veces las cosas para que estén bien, pero la vida es mejor porque él lo hace.

Yo tengo un oncólogo quien es meticuloso, tan amoroso en el cuidado que les da a sus pacientes que bromeo con él y le digo que tal vez después de salvar mi vida también puede cambiarle el aceite a mi auto.  ¿Qué podré hacer por él?   Siempre me pregunto.

Me encantan las personas en este mundo que ven a otras personas luchando contra alguna enfermedad mental y dicen, “¿Podremos hacer algo por ella?”  En muchas parroquias existe un puesto en el personal que se dedica a fijarse en las necesidades de las personas que están confinados en casa, los inmigrantes, las familias jóvenes que batallan para ajustarse a la vida con un nuevo bebe en casa, y se preguntan, “¿Podremos hacer algo por ellos?”

¿Y tú qué?  ¿Podremos hacer algo por ti?  Dios quiere saber.  Todos queremos saber.

¿Alguna vez te has fijado en alguien, y has actuado inmediatamente para ayudarles?

¡FELIZ DIA DE LA INDEPENDENCIA A TODOS!  QUE DIOS BENDIGA A ESTADOS UNIDOS

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Décimo-Segundo domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo A

28 junio 2017

Reflexionando sobre Jeremías 20: 10-13

Oh, Jeremías.  Usualmente te comprendemos.  Te oyes justo como nosotros nos oíamos cuando teníamos más o menos quince años.  En ese entonces sabíamos que cada una de nuestras palabras, cada comportamiento, estaba siendo juzgado por nuestros “amigos” y usado como tema de conversación en la fiesta de piyamas a la que no fuimos invitados.  Como duelen los recuerdos todavía.

Tú eras un hombre joven, tal vez hasta un adolecente, cuando escribiste, “Todos los que eran mis amigos ahora están buscando una mancha en mí.”  Resulta que no eras un paranoico.  Tus amigos ESTABAN hablando de ti a tus espadas.  Ellos hablaban de tus advertencias proféticas acerca de la destrucción de Jerusalén, y hablaban del pasado recordando como SIEMPRE estuviste adicto al drama, SIEMPRE te preocupabas demasiado, SIEMPRE buscabas toda la atención.

Sí, tú tenías razón y ellos estaban equivocados.  Y tu oración- tan llena de la dolencia de una persona joven- fue contestada.  Ellos murieron, y tú viviste.  Pero apuesto a que, el ver a tus amigos ser torturados y asesinados, o tomados en cautiverio, no fue tan placentero como tú creías que lo sería.  Apuesto a que le rogaste a Nabucodonosor que los liberara.  ¿Pero él no era el tipo razonable que habías esperado que fuese, o sí?

Probablemente no habías escuchado todavía el salmo responsorial de hoy, ya que ese salmo no tomaría su forma final hasta que no regresasen a Jerusalén  los nietos de aquellos que fueron sacados a la fuerza ese día.  Déjame te lo recuerdo ahora: El Señor escucha a los pobres, a aquellos que son suyos él no los olvida. (69:33).

Es una bendición ser pequeño.  Es una bendición ser humilde.  Ese tipo de pobreza nos pone directamente en el centro del corazón de Dios.  Que suertudo eres tú.

¿Qué recuerdos tienes del gran amor de Dios durante algún tiempo donde te estaba haciendo humilde?

Kathy McGovern ©2017 

Kathy McGovern © 2014-2015

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La Solemnidad del Santisimo Cuerpo y Sangre de Cristo – Ciclo A

17 junio 2017

Reflexionando sobre John 6: 51-58

La historia que me contó mi amigo John de cuando iba a los juegos de futbol americano con su papá me viene a la mente cada año durante este día de fiesta.  “Nunca dejaré de comprar mis boletos de temporada.  Voy a todos los juegos.  Es el lugar donde mi papá y yo tenemos nuestras mejores conversaciones.”

Su papá falleció hace treinta años.  Cuando John estaba chico, él y su papá disfrutaban todos los rituales del Día del Juego- la misa, el desayuno, conducir hacia el estadio, encender el asador, hamburguesas, y futbol americano.  Conversaban, y comían, y compartían los triunfos y las humillaciones del juego.  Y la siguiente semana, si el equipo estaba en casa, lo hacían todo de nuevo.

John sufrió muchísimo cuando su papá falleció en la primavera de 1990.  Él era su mejor amigo.  Habían construido tantos recuerdos.  Nunca más lo volvería a ver.

Excepto, por supuesto, los domingos por la tarde, en el sol y el viento y el frio, y en los hot dogs y la cerveza, y en las porras y en los abucheos, y en los recuerdos que son tan reales que John siente que su papá está allí al lado de él durante cada juego.  Él va a ver a su papa, para realmente sentir su presencia.

Existen muchas cosas que activan nuestros sentidos y nos pueden transportar.  Piensa en el humo de una pipa.  ¿Puedes olerlo?  Yo sí puedo, y de repente mi abuelito está conmigo.  Una canción de los Beach Boys en un día de verano puede traernos a nuestros amigos de la infancia hasta donde estemos.  Estas señales hacen que el Pasado esté realmente en el Presente.

Como católicos, nosotros entendemos eso.  Cada domingo nos ponemos en la actitud de Recordar a Aquel que nos amó hasta su muerte.  En la Eucaristía el Pasado Amado se convierte en una Presencia Real.  Esta es la fiesta que nos dice quienes somos.

¿Cuáles experiencias sensoriales te traen al pasado de vuelta?

Kathy McGovern ©2017

 

Kathy McGovern © 2014-2015

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