Trigésimo Tercer Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B

17 noviembre 2018

Reflexionando sobre Mark 13: 24-32

El otro día estaba yo viendo las fotos que tengo en el teléfono. Se me había olvidado que le había tomado fotos al jardín urbano que teníamos en nuestro patio trasero el año pasado. Ahí, como en una pintura de naturaleza muerta, aparece el frio y deprimente enero. Y luego en la siguiente foto se abre otro mundo: el azadón y la plantación, y los hermosos surcos y surcos verdes de mayo. Y luego, con un solo clic, ahí estaban: miles de exuberantes y regordetes tomates, listos para ser cosechados, listos para ser llevados a su último destino: los bancos de comida de varias partes de la ciudad. Deliciosos.

Mi foto favorita es la del día antes de la gran helada del mes pasado. Los jardineros llegaron con sus canastas rebosantes y dejaron cientos de tomates verdes y rojos en nuestro porche, listos para llevárselos en cuanto tuviesen espacio en sus repletas camionetas.

Pero la más impresionante es la última foto. Tan solo una semana después de la helada, nuestro patio trasero se transformo de ser el Jardín del Edén a ser un pueblo fantasma de Halloween. Ya muertas, las pobres ramas se quejaban. Sin vida, las plantas sin hojas se agachaban a decir su triste adiós. Y ahí estaba todo, justo ahí, en el teléfono que he estado ignorando por años. La vida y la muerte al alcance de mis manos, cada vez que hago clic en “fotos.”

De eso siempre se ha tratado el 33o domingo. Se nos ordena que abramos nuestros corazones a la vida y a la muerte que cada uno cargamos muy adentro de ellos. Sí, ya se nos vino el invierno, y no sabemos ni el día ni la hora cuando veremos a Jesús.

Pero he aquí las buenas nuevas. Jesús es el Señor del verano y del invierno. Invitada o no, la muerte nos espera a todos. Nuestra tarea es plantar, cosechar, y esperar con gozosa esperanza.

¿En qué manera sostienes la vida y la muerte muy adentro de tu corazón?

Kathy McGovern ©2018

Kathy McGovern © 2014-2015

No hay comentarios to “Trigésimo Tercer Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B”

Dejar un comentario

Usted debe estar conectado en publicar un comentario.

Trigésimo-Segundo Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B

13 noviembre 2018

Reflexionando sobre Mark 12: 38-44

Me encanta juntarme con gente que da todo lo que tiene, porque es donde encuentran su gozo. Me fascina ver a los abuelos cuando juegan con sus adorables nietecitos, sin importarles que podrían dislocarse las espalda al levantar a los bebés.

Me encanta ver a la gente haciendo los trabajos que les gustan. Las personas que conozco que tocan algún instrumento se la pasarían fácilmente tocando todo el día y toda la noche. La gente que es hospitalaria, que sabe hacer sentir cómodos a los extraños y bienvenidos a los amigos, recibirían invitados todos los días si ellos pudiesen.

A mí me encantaría escribir esta columna dos veces al día si los boletines de las iglesias publicaran así. Mi esposo Ben repararía el mofle de nuestro auto cada semana si por él fuera. Nos encanta hacer lo que nos hace feliz, y sospecho que la gente más triste son aquellos a quienes se les niegan los más básicos derechos humanos.

Recuerdo ese programa de los noventas llamado Mad About You, y que tan bien capturaba la esencia de los personajes principales. Pero yo no necesito un corte de pelo le decía el esposo a su súper energética esposa. Ya se, le contestaba ella pero yo de verdad necesito cortártelo.

Esa es la cosa que debemos recordar. A veces, realmente es mejor recibir que dar, por todo lo que eso significa para el dador.

Pienso en esa viuda del templo. ¿Dio su última monedita porque sentía que debía hacerlo para parecer justa delante de Dios? La gente que yo conozco da todo lo que tienen porque, para ellos, nada se asemeja a ese tipo de gozo. Espero que así se halla sentido ella.

¿Qué es lo que te encanta hacer porque te trae gozo?

Kathy McGovern ©2018

Kathy McGovern © 2014-2015

No hay comentarios to “Trigésimo-Segundo Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B”

Dejar un comentario

Usted debe estar conectado en publicar un comentario.

Trigésimo-Primer Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B

10 noviembre 2018

Reflexionando sobre Mark 6: 2-6

 Pues bien, ya hemos celebrado a los santos, y durante todo este mes hemos recordado a todas las almas que se han ido con Dios. En un suspiro llegaremos al Adviento—El sagrado Adviento—y a la gloriosa—que suenen las trompetas—Navidad.

Por lo tanto, antes de que se nos escape todo esto, respiremos. Hemos estado sumergidos en el evangelio de Marcos durante todos estos meses. ¿De qué forma nos ha cambiado? Cada tres años nos vemos sumergidos en este evangelio que es el que está lleno de más urgencia, ya que fue escrito durante un tiempo cuando los que seguían EL CAMINO eran torturados y asesinados en formas terribles.

Si existe algún pasaje del Antiguo Testamento que capture la pasión de Marcos es, sin duda alguna, el que menciona Jesús hoy del libro de Deuteronomio. Nos suplica que amemos al Señor con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerzas.

Me encanta recordar a todos esos gigantes que celebramos el mes pasado. ¿Ha existido alguien en la historia que ame a Dios con todo su corazón más que San Francisco de Asís? ¿Ha habido otro mártir que ha entregado su alma y mente a Jesús más que San Ignacio de Antioquia?

Sin embargo es Santa Teresa de Ávila a quien tengo hoy en mi corazón.  Es tan conmovedor ver cuanto le aman los jóvenes de Ávila. “A Teresa de Lisieux le llamamos la Pequeña Flor,” te dirán orgullosos. “Pero nuestra Teresa es la Flor Grande.”

Un día en el monasterio se encontró con un hermoso niño. “ ¿Quién eres?” Le preguntó él. “Soy Teresa del Niño Jesús.  Y ¿Quién eres tú?” Su respuesta siempre me llena los ojos de lagrimas: “Yo soy El Niño Jesús de Teresa.”

Eso es lo que significa amar a Jesús con todas nuestras fuerzas. Ahora pon tu nombre ahí. Algún día Jesús te va llamar por tu nombre verdadero.

¿Cómo te hace más fuerte el amar a Jesús?

Kathy McGovern ©2018

 

Kathy McGovern © 2014-2015

No hay comentarios to “Trigésimo-Primer Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B”

Dejar un comentario

Usted debe estar conectado en publicar un comentario.

Trigésimo Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B

3 noviembre 2018

Reflexionando sobre Mark 10: 46-52 

Lo último que hace Jesús antes de hacer su entrada en Jerusalén (y eventualmente morir) es compadecerse del pobre ciego Bartimeo, quien lo llama mientras Jesús va de salida de Jericó. De hecho, este pordiosero se encuentra al lado del camino, lo que supongo significa que pide limosna a la gente que va saliendo de la ciudad.

Algunos en la multitud, quienes creen que son expertos conocedores del corazón de Jesús, le dicen que se largue. Jesús es demasiado importante para molestarse con él. Apuesto a que este ciego era muy conocido. La gente de Jericó probablemente lo había visto toda su vida. Probablemente era un fastidio, sentado a las puertas de la ciudad, pidiendo limosna, año tras año. Ahora el Maestro está de visita en la ciudad, y han hecho todo lo posible para darle una buena impresión, y justo cuando piensan que lo han logrado, ahí está el pobre ciego, llamando al Maestro.

¡Caramba! Nosotros cruzamos la calle para evitar encontrárnoslo, y ahí va a Jesús caminando directo hacia él! ¿Qué a nadie se le ocurrió sacarlo de las calles antes de que Jesús se fuera? Lo está arruinando todo.

Tengo un presentimiento que, justo como Bartimeo se colocó estratégicamente afuera de las puertas de la ciudad para tener mejor acceso a los viajeros (al menos a los que no había cansado a través de los años), Jesús también se puso en el punto exacto para tener acceso máximo al pordiosero. Por nada del mundo se lo quería perder. Ni a ti. Ni a mí.

¿En qué momentos de tu vida se ha colocado Jesús directamente en tu camino?

Kathy McGovern ©2018

Kathy McGovern © 2014-2015

No hay comentarios to “Trigésimo Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B”

Dejar un comentario

Usted debe estar conectado en publicar un comentario.

Vigésimo-Noveno Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B

20 octubre 2018

Reflexionando sobre Hebrews 4: 14-16

La película de 1983 Sin Ningún Rastro es una horrorizarte historia de un niño perdido. Los reporteros rodean a la madre histérica y le dicen “Sabemos como se siente en este momento, pero por favor trate de ser coherente.” Y la respuesta de ella es perfecta: “Si ustedes sintieran lo que yo siento estarían gritando en este momento.”

La lectura de la carta a los Hebreos me recuerda esto: “Pues nuestro Sumo sacerdote puede compadecerse de nuestra debilidad, porque él también estuvo sometido a las mismas pruebas que nosotros” (4:15).

Tenemos un Dios quien conoce todo lo que experimentamos. Imagínate el terror que sintió Jesús cuando los Romanos vinieron a llevárselo en el Jardín de Getsemaní. Imagínate ser traicionado con un beso. (No es tan difícil, me supongo, para aquellos que han sido engañados por sus conyugues.)

Imagínate ser detenido con cadenas por aquellos que quieren hacerte daño. (De la misma manera, esto será fácil para aquellos que sirven en ejércitos, o que han sido capturados por grupos como ISIS.)

Imagínate no poder escapar de alguien quien te lastima. (La gran cantidad de mujeres y hombres que están saliendo a la luz con sus historias durante estos momentos es suficiente prueba de que hay millones que se pueden identificar con esto.) Imagínate tener mucha sed (así como está sucediendo en el área de Florida). Imagínate ver a tu madre llorar mientras que tú mueres (como seguramente sucede en los lugares donde los prisioneros son ejecutados).

La crucifixión fue un escandalo en el mundo Griego-Romano, donde sus dioses intocables reinaban para siempre sobre los cielos, los mares, y hasta en los infiernos. El hecho de que estos judíos alabaran a un Dios quien había sido despiadadamente clavado a un tronco de árbol era incomprensible para ellos. ¿Quién necesita un Dios como él?  Nosotros lo necesitamos.

¿Qué sufrimiento en tu vida es similar a algún sufrimiento de Jesús?

Kathy McGovern ©2018

 

 

Kathy McGovern © 2014-2015

No hay comentarios to “Vigésimo-Noveno Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B”

Dejar un comentario

Usted debe estar conectado en publicar un comentario.

Vigésimo-octavo Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B

15 octubre 2018

Reflexionando sobre Mark 10: 17-30

¿Qué es lo que ocasiona que un bebé  pequeñito deje de aferrarse al vientre y finalmente se rinda? Pues tiene que ver con las células inmunológicas las cuales, después de terminar su trabajo de limpiar los pulmones, se desplazan hasta la pared uterina, de donde se liberan químicos que estimulan la reacción inflamatoria que da comienzo al parto.

El bebé, después de 40 semanas de ser protegido por su mama, ahora debe rendirse ante el ritmo del útero que se contrae. Pronto este bebe será arrojado fuera del vientre a los brazos gozosos de sus padres, quienes seguirán protegiéndole todos los días de sus vidas.

Por supuesto que el bebé no lo sabe en ese momento.  Pero tendrá que hacer el acto heroico de nacer, ya sea que confíe o no. Y la muerte es lo mismo.

Cada uno de nosotros tuvimos que, de alguna manera, reunir todo el valor para poder nacer, y cada uno de nosotros encontrará el valor para morir, estemos o no estemos listos para hacerlo. Seremos arrastrados de lo conocido hacia el Gran Incognoscible. Dios estará ahí para guiarnos.

El joven rico hizo todo lo correcto. Obedeció las leyes, y dio generosamente a los pobres. Pero no estaba listo para morir, y por eso no pudo vivir. Como el bebé en el vientre, todo lo que conocía y en lo que confiaba estaba justo ahí. Pero cuando comenzaron las contracciones, esas preguntas problemáticas que tenía que hacerle a Jesús para poder tener paz en lo referente a su futuro eterno, se resistió a las respuestas que recibió.

Pensó, “¡No! No me digas que debo abandonar todo lo que conozco y amo!” Así que se fue triste. Jesús se quedo triste también. Es tan difícil ayudarle a la gente a nacer.

¿A qué cosa te estás aferrando que de hecho sospechas te está manteniendo en cautiverio?

 

Kathy McGovern ©2018

Kathy McGovern © 2014-2015

No hay comentarios to “Vigésimo-octavo Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B”

Dejar un comentario

Usted debe estar conectado en publicar un comentario.

Vigesimoséptimo Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B

6 octubre 2018

Reflexionando sobre Genesis 2: 18-24

¿Qué no sería chévere si los hombres tuvieran una costilla menos que las mujeres? Podríamos pensar en eso cada vez que nos atascamos en la escritura, cuestionándonos qué cosas tomar literalmente y que cosas no.  ¡Qué alivio! ¡Podemos confiar en la biblia porque Génesis dice que Dios le quitó una costilla a Adán y la usó para formar a Eva!

Que lastima, ya que excepto en casos de enfermedad, tanto los hombres como las mujeres tienen doce pares de costillas, y así damos fin a esa teoría. Pero por supuesto que el escritor sagrado no nos estaba enseñando anatomía, sino que nos daba un curso de nivel maestría acerca de la sabiduría de Dios al crear al hombre y la mujer uno para el otro, conectándolos justo por debajo del corazón. Encantador.

Pero también hay algunos momentos fascinantes en Génesis que nos hacen sacudir la cabeza con asombro. Por ejemplo ¿Cómo sabía este escritor antiguo que las serpientes solían tener patas? Es cierto. Hace más de cien millones de años las serpientes podían caminar Y TAMBIÉN deslizarse.  En algún momento perdieron las patas, pero con certeza eso fue muchos millones de años antes de que el autor de Génesis (quien escribió apenas hace 3,000 años) recordó a Dios diciéndole a la hipócrita serpiente, “Por esto que has hecho… de panza te arrastrarás” (3:14).

Las gentes de la antigüedad vivían mucho más sintonizadas con el mundo natural de lo que vivimos hoy en día. Posiblemente una serpiente muerta se prestaba a investigaciones fascinantes. Tal vez los diminutos vestigios de patas (llamadas espolones) los llevaron a concluir esto, que en el Jardín del Edén, las serpientes tenían patas. Fascinante. Y desagradable.

Los primeros once capítulos de Génesis nos muestran el Jardín, la Caída, y la Gran Inundación. Desde el comienzo, Dios nos atrae con historias que son más eternas que cualquier ciencia.

¿Cuál eia favorita del libro de Génesis?

Kathy McGovern ©2018s tu histor

 

 

Kathy McGovern © 2014-2015

No hay comentarios to “Vigesimoséptimo Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B”

Dejar un comentario

Usted debe estar conectado en publicar un comentario.

Vigésimo-sexto Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B

2 octubre 2018

Reflexionando sobre Mark 9: 38-43, 45, 47-48

Últimamente he estado pensando en que tipo de cirugía radical podría yo necesitar para ser una persona más feliz. ¿Será posible que por fin deba admitir que simplemente no tengo ningún poder para resistirme a las papitas? Me han llevado a pecar demasiadas veces. ¿Por qué no mejor las arrojo a los fuegos de Gehena y me olvido de ellas para siempre?

Tengo tantas fallas de carácter y estoy convencida de que sería mucho más feliz sin ellas. En lugar de arreglármelas para convivir con ellas, ¿por qué no las dejo pasar hambre hasta que se marchiten y mueran una muerte piadosa? Imagina como sería liberarnos de los pecados que nos hacen la vida miserable. Imagina poder simplemente cortarlos de nuestras vidas. Mis ofensas, ciertamente las conozco, dice el salmista.

Bueno, he ahí la mitad de la batalla.

Sospecho que si llegamos a vivir lo suficiente tendremos la oportunidad de repasar cada acto egoísta, cada conversación chismosa, cada estilo de vida desenfrenado. Ese es un regalo, vivir lo suficiente para poder verdaderamente conocer nuestros pecados, y para luego darnos cuenta de cuantas veces nos han perdonado las personas que nos rodean a través de los años, sin que nosotros siquiera lo sepamos.

Sería muy útil si el pecado causara un dolor así como una picadura de abeja. Inmediatamente nos ahuyentaríamos a ese pecado, y nos aplicaríamos un ungüento curativo. Mas el pecado al principio consuela y al final duele. Las mentiras son descubiertas, los desfalcos salen a la luz. Tal como vemos en este momento atroz para la iglesia, lo que pudo haber parecido un mal menor—el mantener el pecado escondido con el fin de no causar escándalos—se ha convertido en el propio pecado.

Quizá no exista tal cosa como la moderación. Tal vez lo que debemos hacer es extirpar los pecados que de cualquier forma ya nos están matando.

¿Cuál falla de carácter estás dispuesto a tirar por la borda para poder ser más feliz?

Kathy McGovern ©2018

Kathy McGovern © 2014-2015

No hay comentarios to “Vigésimo-sexto Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B”

Dejar un comentario

Usted debe estar conectado en publicar un comentario.

Vigésimo-quinto Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B

22 septiembre 2018

Reflexionando sobre Mark 9: 36-37

Era aún más peligroso ser niño en el mudo antiguo de lo que lo es hoy en día. El índice de mortalidad infantil era enorme, y si llegabas a tu primer cumpleaños todavía debías sobrevivir las tantas calamidades que afectan a los niños hasta el día de hoy. Acuérdate de tu niñez. ¿Cuáles accidentes o enfermedades pudieron haberte quitado la vida de no haber sido por la medicina moderna?

En tiempos de escases de alimentos los niños eran los últimos en ser alimentados—primero los niños, y finalmente las niñas. En algunas culturas del Medio Oriente, los niños eran sacrificados a los dioses para asegurar las buenas cosechas y la lluvia. Ese niñito a quien Jesús llamó a acercase a él ya había vencido las probabilidades un millón de veces.

Era lo bajo de la condición económica y social de los niños lo que Jesús señalaba a sus discípulos. He aquí este niño, tal parece que les dice. Véanlo bien. Cuando sirves a un niño, a mí me sirves. Esto debió ser incomprensible para aquellos que habían seguido a Jesús por cientos de quilómetros, a través de desiertos y lagos, atraídos por su carisma y calidez. Él tenía un estatus mucho más alto que un niño ¿qué no?

Si eres como yo, apuesto a que tienes amigos populares, atractivos, y exitosos. Al revisar mis propios “contactos,” tengo que admitir honestamente que no tengo amigos con condiciones mentales severas. No tengo amigos en la prisión o que vivan en la calle.

No es porque no he tenido tiempo de hacer amistades con este tipo de personas. De alguna manera he encontrado el tiempo, ciertamente, de cultivar las amistades que tengo. Fíjate en los que nunca te fijas. Dice Jesús. Ahí estoy yo, entre ellos.

¿En qué persona estás tratando de no fijarte?

Kathy McGovern ©2018 www.lahistoriayusted.com

Kathy McGovern © 2014-2015

No hay comentarios to “Vigésimo-quinto Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B”

Dejar un comentario

Usted debe estar conectado en publicar un comentario.

Vigésimo-cuarto Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B

17 septiembre 2018

Reflexionando sobre Mark 8:35

Hace muchos años fui muy bendecida al obtener como mentora a una de las más conocidas músicas litúrgicas de nuestra región. Kathy Faulkner fue una leyenda en los años después del Consejo. Fue ella quien nos trajo una renovación en música de calidad a nuestra arquidiócesis, fue ella quien dio las conferencias litúrgicas, ella quien nunca perdió la energía o la pasión de entrenar músicos devotos y educados para alabar en la Iglesia.

A través de las tantas décadas la vi como incansablemente incorporaba música nueva, y nos deleitábamos al ver su intuitiva habilidad de encontrar el himno perfecto para la lectura de la escritura, año tras año tras año.

Ella y su esposo Tom, quien también es músico, hacían los ensayos en su casa vieja situada en una calle llena de árboles. Los sonidos vibrantes de las voces y los instrumentos, emocionantes para la nueva música litúrgica de los ochentas y noventas, flotaba por todo el vecindario.

Ya no existe esa casa vieja, y tampoco esos músicos jóvenes que cantaban alrededor de su piano. Hace muchos años que Kathy es viuda y ahora vive en una habitación pequeña de un asilo. Sus paredes están vacías, salvo un cuadrito enmarcado de una bendición Papal, y una cita bíblica: Busquen primero el reino de Dios.

El derrame cerebral no le afecto su recuerdo de mil himnos. Los coros de las iglesias que visitan el asilo se quedan perplejos de esta mujer en la primera fila, quien canta con toda su alma, y quien no necesita libros o letras para acompañar. Ella tiene la letra grabada en su corazón.

Pareciera como que lo perdió todo al haberle dado su vida a Jesús. Pero un instante en su alegre presencia le recuerda al visitante que fue al perder su vida como la encontró.

¿Qué invitación de Jesús te llama a tener una vida más alegre?

Kathy McGovern ©2018

Kathy McGovern © 2014-2015

No hay comentarios to “Vigésimo-cuarto Domingo de Tiempo Ordinario – Ciclo B”

Dejar un comentario

Usted debe estar conectado en publicar un comentario.

Página siguiente »